Por el Dr. Elio M Rivera
Una de las declaraciones más extraordinarias del Apocalipsis
El libro de Apocalipsis comienza anunciando uno de los acontecimientos más impresionantes de toda la profecía bíblica:
“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.”
(Apocalipsis 1:7, RVR1960).
La declaración es directa.
Jesucristo regresará.
Su venida estará relacionada con las nubes.
No permanecerá oculta.
No será conocida únicamente por un pequeño grupo.
No podrá ser reducida a una experiencia interior o simbólica.
Juan declara:
Estas palabras presentan una venida visible, pública y universalmente reconocible.
No será como su primera venida
La primera venida de Jesucristo ocurrió de una manera humilde.
Nació en Belén.
Fue colocado en un pesebre.
La mayoría de los gobernantes del mundo no supieron que había nacido.
Fuera de Israel, millones de personas nunca escucharon hablar de él durante su vida terrenal.
Incluso dentro de Israel, muchos nunca lo vieron personalmente.
Su ministerio público se desarrolló principalmente en una pequeña región del Imperio romano.
Caminó por Galilea.
Enseñó en Judea.
Murió fuera de Jerusalén.
Resucitó y se manifestó a testigos escogidos.
Su segunda venida será completamente diferente.
No vendrá en humillación, sino en gloria.
No será recibido solamente por unos cuantos pastores.
No permanecerá desconocido para los reyes.
No será posible confundir su aparición con la llegada de un maestro religioso más.
El mundo entero comprenderá que algo extraordinario está sucediendo.
Jesús anunció una manifestación visible
El mismo Jesucristo explicó que su regreso no sería secreto.
“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.”
(Mateo 24:27, RVR1960).
El relámpago no necesita ser anunciado para que las personas sepan que apareció.
Su resplandor cruza el cielo.
Irrumpe repentinamente.
No puede permanecer escondido.
Jesús empleó esta imagen para mostrar que su regreso tendrá una manifestación evidente.
También declaró:
“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.”
(Mateo 24:30, RVR1960).
Jesús y Juan utilizan elementos semejantes:
Las nubes.
La visión del Hijo del Hombre.
Las naciones de la tierra.
La lamentación.
El poder y la gloria.
No estamos delante de una experiencia privada.
Estamos delante de una manifestación mundial.
La promesa pronunciada en el monte de los Olivos
Después de su resurrección, Jesús ascendió al cielo desde el monte de los Olivos.
Mientras los discípulos observaban, una nube lo recibió y lo ocultó de sus ojos.
Entonces dos varones con vestiduras blancas les dijeron:
“Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.”
(Hechos 1:11, RVR1960).
La promesa contiene una comparación.
El mismo Jesús que ascendió regresará.
Ascendió corporalmente.
Fue visto por sus discípulos.
Una nube estuvo relacionada con su ascensión.
Regresará de una manera correspondiente: personal, visible y gloriosa.
La expresión no debe reducirse a la idea de que solamente unas cuantas personas situadas en Jerusalén presenciarán el acontecimiento.
Juan amplía inmediatamente su declaración:
“Y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él.”
El efecto alcanzará a los pueblos de la tierra.
La segunda venida producirá una reacción mundial.
La humanidad no podrá continuar como si nada hubiera ocurrido.
Los gobernantes comprenderán quién ha venido.
Las naciones reconocerán que el Rey rechazado ha regresado.
Quienes lo negaron tendrán que enfrentarse con su realidad.
Apocalipsis añade una expresión especialmente solemne:
“Y los que le traspasaron.”
Esta declaración se relaciona con la profecía de Zacarías:
“Y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito.”
(Zacarías 12:10, RVR1960).
Jesucristo fue traspasado durante su crucifixión.
El evangelio de Juan identifica expresamente aquel acontecimiento con la profecía:
“Mirarán al que traspasaron.”
(Juan 19:37, RVR1960).
En su regreso, la nación vinculada históricamente con su rechazo reconocerá al Mesías.
La visión producirá lamentación y arrepentimiento en el remanente que reciba la gracia de Dios.
Pero la reacción no se limitará a Israel.
Todos los linajes de la tierra también se lamentarán.
Una dificultad para generaciones anteriores
Durante siglos, los lectores de la Biblia podían creer estas palabras, pero no podían imaginar con facilidad cómo un acontecimiento localizado sería conocido inmediatamente en todo el planeta.
Si algo ocurría en Jerusalén, la noticia podía tardar meses en llegar a otras regiones.
Las personas que vivían en continentes lejanos no tenían forma de observarlo mientras sucedía.
No existían fotografías.
No existía la televisión.
No existían satélites.
No existía internet.
No existían teléfonos capaces de transmitir imágenes en vivo.
Sin embargo, la profecía no dependía de que los lectores comprendieran su mecanismo.
Dios no necesitaba explicarles cómo ocurriría.
Solamente declaró que sucedería.
La profecía no nació de la tecnología moderna
Es importante establecer una distinción.
Apocalipsis 1:7 no se cumplirá porque el ser humano haya inventado la televisión o internet.
La palabra de Dios no depende de los inventos humanos.
Cristo tiene poder para manifestarse al mundo de la manera que él determine.
La tecnología actual solamente nos ayuda a comprender que la difusión mundial de un acontecimiento ya no resulta difícil de imaginar.
La profecía fue pronunciada cuando el mundo no estaba conectado.
Nuestra generación vive en un mundo donde una imagen puede recorrer el planeta en segundos.
La expresión “todo ojo le verá” anuncia un regreso público, visible y universalmente reconocido.
Cristo no regresará ocultándose de las naciones.
No permitirá que su segunda venida sea reducida a un rumor.
El Rey que fue coronado de espinas regresará con poder.
El que fue rechazado será reconocido.
El que fue juzgado por los hombres regresará como Juez.
Las naciones lo verán.
Israel lo reconocerá.
Sus enemigos se lamentarán.
Sus santos se regocijarán.
Y nadie podrá afirmar que no supo que el Rey había regresado.
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