4. Jesús y los apóstoles dijeron que habría señales

Por el Dr. Elio M Rivera

  Hasta aquí hemos establecido tres afirmaciones fundamentales.

  Jesús dijo que regresaría.

  Los ángeles dijeron que regresaría.

  Los apóstoles enseñaron que regresaría.

  Pero todavía queda una pregunta inevitable:

¿Habría alguna manera de reconocer que ese momento se acercaba?

  Los discípulos hicieron a Jesús una pregunta extraordinariamente parecida.

“Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”

Mateo 24:3, RVR1960

  Observe la pregunta:

“¿Qué señal habrá de tu venida?”

  Y Jesús no respondió diciendo que no existirían señales.

  Tampoco les dijo que era incorrecto observar lo que sucedería en el mundo.

  Comenzó a explicarles una serie de acontecimientos y condiciones que caracterizarían el escenario relacionado con su regreso.

  Por eso, estudiar las señales no es necesariamente especulación.

  Jesús mismo habló de ellas.

  El problema comienza cuando intentamos hacer que la Biblia diga más de lo que realmente dice.

Jesús habló de guerras, hambres, pestes y terremotos

  Algunas de las señales mencionadas por Jesús son probablemente las más conocidas:

“Y oiréis de guerras y rumores de guerras…”

Mateo 24:6, RVR1960

  Después añadió:

“Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.”

Mateo 24:7, RVR1960

  Estas palabras han llamado la atención de generaciones enteras de cristianos.

  Cada gran guerra.

  Cada epidemia.

  Cada terremoto devastador.

  Cada hambruna.

  Inevitablemente vuelve a surgir la pregunta:

¿Será esta una señal del fin?

  Son acontecimientos importantes y forman parte de las palabras de Jesús. No debemos ignorarlos ni restarles importancia.

  Pero existe un detalle en el mismo discurso que me parece fundamental.

  Después de mencionarlos, Jesús dijo:

“Y todo esto será principio de dolores.”

Mateo 24:8, RVR1960

  Y antes había advertido:

“…pero aún no es el fin.”

Mateo 24:6, RVR1960

  Esto debería hacernos leer el pasaje con cuidado.

  Jesús habló de guerras.

  Pero las guerras han acompañado a la humanidad durante siglos.

  Habló de hambre.

  Pero las hambrunas han devastado poblaciones desde la antigüedad.

  Habló de pestes.

  Pero la historia humana está marcada por epidemias terribles.

  Habló de terremotos.

  Pero generaciones muy anteriores a nosotros también experimentaron grandes terremotos.

  Todo ello es importante.

  Pero personalmente creo que existen otras señales y condiciones proféticas que resultan todavía más extraordinarias cuando intentamos comprender el escenario del regreso de Cristo.

Jesús esperaba que sus discípulos observaran

  Jesús utilizó una ilustración muy sencilla para explicar este principio:

“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.”

Mateo 24:32, RVR1960

  Nadie necesita conocer la fecha exacta en que llegará el verano para reconocer que se está acercando.

  Observa.

  Compara.

  Reconoce cambios.

  Ve aparecer las hojas.

  Y comprende que algo se aproxima.

  Entonces Jesús aplicó la ilustración:

“Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.”

Mateo 24:33, RVR1960

  Hay dos extremos que debemos evitar.

  El primero es el sensacionalismo.

  Convertir cada noticia en una profecía.

  Poner fechas.

  Identificar apresuradamente personajes.

  Afirmar que sabemos exactamente cómo ocurrirá aquello que la Biblia no explica.

  Pero existe también otro extremo:

  no observar nada.

  Jesús dijo:

“cuando veáis todas estas cosas…”

  Por tanto, existe un equilibrio.

  No especular.

  Pero observar.

  No poner fechas.

  Pero reconocer los tiempos.

  No vivir aterrorizados.

  Pero tampoco vivir indiferentes.

Hay señales que requieren un escenario muy particular

  Esta es precisamente la perspectiva que quiero seguir en este libro.

  No deseo concentrarme principalmente en las señales que tradicionalmente reciben mayor atención.

  Hablaremos de ellas cuando sea necesario.

  Las guerras son importantes.

  Las pestes son importantes.

  Las hambres son importantes.

  Los terremotos son importantes.

  Jesús los mencionó y, por tanto, merecen nuestra atención.

  Pero creo que existen otras señales proféticas mucho más específicas que merecen ser examinadas cuidadosamente.

  Algunas requieren que existan condiciones históricas que durante siglos parecieron imposibles.

  Otras describen escenarios que difícilmente podían imaginar las generaciones que originalmente recibieron aquellas profecías.

  Algunas parecen requerir que determinados pueblos, lugares o estructuras vuelvan a ocupar una posición que habían perdido.

  Otras parecen presuponer un mundo con capacidades que ninguna civilización antigua poseyó.

  Y eso es precisamente lo que hace tan fascinante nuestro tiempo.

  No porque podamos afirmar que conocemos la fecha del regreso de Cristo.

  No la conocemos.

  No porque podamos asegurar que cada acontecimiento contemporáneo sea un cumplimiento profético.

  No podemos.

  Sino porque, por primera vez en muchos casos, podemos mirar ciertas profecías antiguas y decir:

El escenario que describen ya no parece imposible.

Las señales que examinaremos en este libro

  Ese será nuestro propósito en las páginas siguientes.

  No intentaremos producir miedo.

  No intentaremos establecer fechas.

  No trataremos de convertir cada acontecimiento internacional en una señal.

  Y tampoco afirmaremos como cumplimiento aquello que solamente puede considerarse una posibilidad.

  Nuestro propósito será mucho más sencillo:

observar.

  Examinar las Escrituras.

  Mirar la historia.

  Comparar aquello que los profetas anunciaron con las condiciones que existen actualmente.

  Y preguntarnos si algunas piezas que durante siglos parecieron separadas están comenzando a formar un escenario reconocible.

  Por eso, en este libro prestaremos especial atención a señales que, en mi opinión, marcan con mucha más fuerza la preparación del escenario para el regreso de Jesucristo.

  Hablaremos de Israel, una nación que desapareció del mapa y volvió a existir.

  Del regreso del pueblo judío a la tierra de sus antepasados.

  De Jerusalén, nuevamente situada en el centro de acontecimientos religiosos y políticos mundiales.

  De las profecías que parecen requerir la existencia de un Templo y de los preparativos que hoy existen relacionados con su posible restauración.

  Del extraordinario aumento del conocimiento y de la velocidad con la que nuestra generación está transformando el mundo.

  De una humanidad capaz de comunicarse prácticamente en tiempo real alrededor del planeta.

  De un mundo donde un acontecimiento puede ser contemplado simultáneamente desde continentes diferentes.

  De una economía cada vez más interconectada.

  De la digitalización del dinero.

  De sistemas capaces de identificar personas mediante características biométricas.

  De tecnologías que hacen técnicamente imaginable restringir quién puede participar de determinados sistemas económicos.

  De la inteligencia artificial y su capacidad para analizar, identificar, persuadir y procesar información a una escala nunca antes conocida.

  Del evangelio llegando a lugares que durante siglos parecieron inaccesibles.

  Y de otras condiciones proféticas que analizaremos con cuidado.

  No afirmo que cada tecnología actual sea el cumplimiento de una profecía.

  Tampoco que cada acontecimiento que examinaremos sea necesariamente la etapa final de aquello que fue anunciado.

  Pero sí creo que existe una pregunta legítima que merece ser investigada:

¿Estamos contemplando la formación del escenario que las antiguas profecías describieron?

  Las pestes pueden aparecer y desaparecer.

  Las guerras comienzan y terminan.

  Las hambrunas han acompañado a muchas generaciones.

  Los terremotos han ocurrido durante toda la historia humana.

  Pero que muchas condiciones proféticas específicas puedan coexistir dentro de una misma generación merece, en mi opinión, una atención especial.

  Quizá no podamos saber cuánto tiempo falta.

  Jesús nunca nos autorizó a establecerlo.

  Pero sí nos dejó una instrucción:

“Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.”

Mateo 24:33, RVR1960

  Por eso escribí este libro.

  No para decir:

Cristo regresará en determinada fecha.”

  Sino para formular una pregunta:

¿Qué estamos viendo?

  Porque Jesús dijo que regresaría.

  Los ángeles dijeron que regresaría.

  Los apóstoles dijeron que regresaría.

  Y Jesús también dijo que habría señales.

  Las páginas que siguen estarán dedicadas precisamente a examinarlas.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.