3. Los apóstoles dijeron que Jesús regresaría

Por el Dr. Elio M Rivera

  Primero lo dijo Jesús:

“Vendré otra vez.”

  Después, mientras los discípulos observaban su ascensión, dos mensajeros celestiales confirmaron la promesa:

“Este mismo Jesús… así vendrá como le habéis visto ir al cielo.”

  Pero la promesa no terminó allí.

  Cuando aquellos hombres comenzaron a predicar, enseñar y escribir a las primeras comunidades cristianas, encontramos la misma convicción repetida una y otra vez:

Jesucristo regresará.

  Pedro lo enseñó.

  Pablo lo enseñó.

  Juan lo enseñó.

  Santiago lo enseñó.

  Judas habló de ello.

  No necesariamente explicaron todos los detalles de la misma manera ni respondieron todas las preguntas que nosotros quisiéramos hacer acerca de los acontecimientos futuros. Pero existe una verdad que atraviesa sus escritos:

esperaban el regreso de Jesucristo.

Pedro: el Cristo que el cielo recibió regresará

  Poco tiempo después de la ascensión, Pedro predicó públicamente en Jerusalén.

  El mismo hombre que semanas antes había negado conocer a Jesús ahora se encontraba proclamándolo abiertamente.

  Y dentro de uno de sus primeros discursos encontramos una declaración extraordinaria:

“Y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas…”

Hechos 3:20-21, RVR1960

  Para Pedro, la ascensión de Jesús no significaba que la historia de Cristo con este mundo hubiera terminado.

  El cielo lo había recibido.

  Pero llegaría un momento futuro relacionado con su regreso y con la restauración anunciada por Dios.

  Años después, Pedro continuaba hablando de la misma esperanza.

  Escribió:

“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche…”

2 Pedro 3:10, RVR1960

  Y precisamente porque esperaba ese acontecimiento, Pedro hizo una pregunta profundamente práctica:

“Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir…!”

2 Pedro 3:11, RVR1960

  Esto es importante.

  Para Pedro, la profecía no servía solamente para conocer el futuro.

  Debía transformar la manera de vivir en el presente.

Pablo: “esperando… a Jesucristo”

  Pocas personas escribieron tanto acerca del regreso de Cristo como el apóstol Pablo.

  A los creyentes de Filipos les recordó:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.”

Filipenses 3:20, RVR1960

  Observe la palabra:

“esperamos”.

  La iglesia primitiva no solamente recordaba a un Cristo que había venido.

  Esperaba a un Cristo que regresaría.

  A Tito, Pablo escribió:

“Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.”

Tito 2:13, RVR1960

  Y a los tesalonicenses les habló directamente acerca de:

“…la venida de nuestro Señor Jesucristo…”

1 Tesalonicenses 5:23, RVR1960

  Otra vez encontramos la misma convicción.

  Jesús había partido.

  Pero regresaría.

Santiago: “la venida del Señor se acerca”

  Santiago también utilizó el regreso de Cristo para animar a creyentes que atravesaban dificultades.

  Les escribió:

“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor.”

Santiago 5:7, RVR1960

  Y poco después añadió:

“Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.”

Santiago 5:8, RVR1960

  Resulta interesante que Santiago relacionara la segunda venida con la paciencia.

  Esperar a Cristo no significaba abandonar las responsabilidades.

  Significaba permanecer firmes.

  Seguir adelante.

  Mantener la fe.

  Afirmar el corazón mientras llegaba el día prometido.

Juan: “cuando él se manifieste”

  El apóstol Juan también esperaba volver a ver a Jesucristo.

  Escribió:

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.”

1 Juan 3:2, RVR1960

  Y nuevamente la esperanza futura produjo una consecuencia presente:

“Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.”

1 Juan 3:3, RVR1960

  Juan no presentó el regreso de Cristo como una curiosidad profética.

  Lo presentó como una esperanza capaz de transformar la vida.

  Y al llegar prácticamente a las últimas palabras de toda la Biblia, encontramos nuevamente la promesa.

  Jesús declara:

“Ciertamente vengo en breve.”

Apocalipsis 22:20, RVR1960

  Y Juan responde:

“Amén; sí, ven, Señor Jesús.”

Apocalipsis 22:20, RVR1960

  Difícilmente podría existir un cierre más apropiado para la esperanza de la iglesia primitiva.

Una esperanza compartida por los primeros cristianos

  Cuando reunimos estos testimonios aparece un cuadro extraordinariamente consistente.

  Jesús dijo que regresaría.

  Los ángeles dijeron que regresaría.

  Pedro enseñó que regresaría.

  Pablo esperaba su regreso.

  Santiago llamó a tener paciencia hasta su venida.

  Juan esperaba verlo nuevamente.

  Por eso, la segunda venida de Jesucristo no fue una doctrina inventada muchos siglos después.

  Forma parte de la esperanza que encontramos desde las primeras páginas de la historia de la iglesia.

  Y nuevamente no necesitamos entrar aquí en las discusiones acerca de cómo se desarrollará cada acontecimiento.

  Cristianos sinceros han sostenido diferentes posiciones respecto al orden y la interpretación de algunos acontecimientos proféticos.

  Podemos estudiar esas diferencias sin convertirlas en motivo de división.

  Porque antes de discutir los detalles existe una afirmación mucho más sencilla en la que podemos detenernos:

Cristo regresará.

  Los primeros creyentes vivieron con esa esperanza.

  Pero todavía queda una pregunta importante.

  Si Jesús dijo que regresaría, los ángeles lo confirmaron y los apóstoles lo enseñaron, ¿habría alguna manera de reconocer que su regreso se acercaba?

  Jesús respondió también esa pregunta.

  No entregó una fecha.

  No permitió que sus discípulos calcularan el día.

  Pero sí les dijo que existirían señales.

  Y precisamente allí comienza nuestro siguiente capítulo.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.