Por el Dr. Elio M Rivera
Antes de hablar de las señales, debemos comenzar por la promesa
A lo largo de este libro hemos estudiaremos acontecimientos, condiciones y profecías relacionados con los últimos tiempos. Hemos hablado de Israel, Jerusalén, el Templo, las naciones, el crecimiento del conocimiento, las comunicaciones mundiales, la economía, la tecnología y muchas otras piezas que parecen formar parte de un escenario extraordinario.
Pero antes de hablar de cómo será, de cuándo será o de qué señales lo anunciarán, existe una pregunta mucho más sencilla:
¿Realmente dijo Jesús que regresaría?
La respuesta es sí.
Y para establecer este punto no necesitamos entrar todavía en las grandes controversias escatológicas.
No necesitamos discutir si determinados acontecimientos ocurrirán antes o después de otros.
No necesitamos decidir en este capítulo cómo interpretar cada detalle de Apocalipsis.
No necesitamos discutir acerca del milenio, la tribulación o las diferentes posiciones respecto al arrebatamiento.
Esos temas han producido diferentes interpretaciones entre cristianos sinceros durante generaciones.
Este capítulo pretende establecer algo mucho más básico, y extraordinariamente importante:
Jesucristo dijo que regresaría.
“Vendré otra vez”
Una de las declaraciones más claras ocurrió durante las últimas horas antes de la crucifixión.
Jesús sabía lo que estaba a punto de suceder.
Sus discípulos estaban preocupados.
Habían dejado todo para seguirlo y ahora comenzaban a comprender que algo estaba por cambiar.
Fue entonces cuando Jesús pronunció algunas de las palabras más conocidas del Evangelio de Juan:
“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.”
Juan 14:1-2, RVR1960
Pero Jesús no terminó allí.
Inmediatamente añadió:
“Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.”
Juan 14:3, RVR1960
La expresión es difícil de hacer más sencilla:
“Vendré otra vez.”
No fueron palabras pronunciadas por un teólogo siglos después.
No fueron una interpretación desarrollada posteriormente por la iglesia.
Fueron palabras atribuidas directamente a Jesucristo por el Evangelio de Juan.
Jesús anunció su partida.
Pero también anunció su regreso.
Jesús habló de su regreso como una realidad futura
Esta no fue una declaración aislada.
Durante su ministerio, Jesús habló repetidamente de un momento futuro en el que el Hijo del Hombre vendría.
En Mateo declaró:
“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”
Mateo 16:27, RVR1960
Observe el lenguaje.
“Vendrá.”
Jesús está hablando de algo futuro.
En otra ocasión declaró:
“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria.”
Mateo 25:31, RVR1960
Otra vez aparece la misma idea:
“Cuando el Hijo del Hombre venga…”
No si viene.
Cuando venga.
Para Jesús, su regreso no era presentado como una posibilidad incierta.
Era un acontecimiento futuro.
Durante su juicio volvió a hablar de ello
Existe otra declaración particularmente impresionante porque fue pronunciada cuando Jesús se encontraba frente a quienes lo juzgaban.
El sumo sacerdote le preguntó directamente acerca de su identidad.
Jesús respondió y añadió:
“…desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”
Mateo 26:64, RVR1960
Pensemos en la escena.
Jesús estaba detenido.
Sus enemigos parecían tener el control.
En pocas horas sería llevado a la crucifixión.
Desde una perspectiva puramente humana, aquel no parecía el momento para hablar de un regreso glorioso.
Sin embargo, lo hizo.
El hombre que estaba siendo juzgado anunció que llegaría el día en que las circunstancias serían completamente diferentes.
Ahora estaba delante de sus jueces.
Pero anunció que vendría nuevamente.
“Como el relámpago”
Jesús incluso advirtió a sus discípulos que no deberían dejarse engañar por rumores acerca de su regreso.
Dijo:
“Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis.”
Mateo 24:23, RVR1960
Y explicó:
“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.”
Mateo 24:27, RVR1960
Este texto será importante cuando estudiemos otros aspectos de la segunda venida.
Por ahora solamente necesitamos observar algo:
Jesús nuevamente habló de “la venida del Hijo del Hombre”.
Era parte de su enseñanza.
No discutiremos aquí exactamente cómo sucederá
Llegados a este punto es importante establecer los límites de este capítulo.
Los cristianos poseen distintas interpretaciones acerca de algunos acontecimientos relacionados con el regreso de Jesucristo.
Existen diferentes posiciones acerca del orden de los acontecimientos finales.
Existen debates acerca de determinados textos proféticos.
Existen distintas maneras de interpretar algunos pasajes de Daniel, Mateo, Tesalonicenses y Apocalipsis.
No necesitamos resolver esas discusiones para establecer el punto que estamos examinando.
Nuestro propósito aquí no es decirle al lector exactamente cómo ocurrirá cada acontecimiento.
Tampoco pretendemos discutir con quienes sostienen una interpretación diferente.
Podemos estudiar esas diferencias con respeto.
Podemos reconocer que existen preguntas difíciles.
Y podemos admitir humildemente que hay detalles que quizá solamente comprenderemos completamente cuando sucedan.
Pero detrás de todas esas diferencias existe una afirmación fundamental que aparece repetidamente en las palabras de Jesús:
Él dijo que regresaría.
El señor que regresa
Resulta interesante observar que esta idea aparece incluso en las parábolas que Jesús utilizó para enseñar cómo debían vivir sus seguidores.
Habló de un señor que se ausenta y después regresa.
Habló de un esposo cuya llegada es esperada.
Habló de siervos que no saben cuándo volverá su señor.
Habló de personas que deben mantenerse preparadas.
Por ejemplo:
“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.”
Mateo 24:46, RVR1960
Y también:
“Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.”
Mateo 25:13, RVR1960
La incertidumbre estaba en el momento.
No en la promesa.
No sabían cuándo.
Pero debían vivir esperando que sucediera.
Una promesa que comenzó en labios de Jesús
Esto es importante para nuestro estudio porque algunas personas pueden pensar que la doctrina del regreso de Cristo apareció posteriormente dentro del cristianismo.
Sin embargo, antes de llegar a Pablo, Pedro, Juan o Apocalipsis, encontramos la expectativa en las propias enseñanzas de Jesús registradas en los Evangelios.
Él habló de su partida.
Habló de una espera.
Habló de su regreso.
Y enseñó a sus discípulos a vivir preparados para ese momento.
La segunda venida no comienza, por tanto, con nuestras interpretaciones modernas de las profecías.
Comienza con una promesa sencilla:
“Vendré otra vez.”
Juan 14:3, RVR1960
No sabemos cuándo, pero sabemos quién lo prometió
Quizá allí debería descansar nuestra atención.
Podemos no coincidir acerca de todos los detalles.
Podemos estudiar diferentes posiciones.
Podemos hacernos preguntas.
Podemos reconocer que algunos textos proféticos son difíciles.
Pero ninguna de esas cosas modifica las palabras que Jesús dejó a sus discípulos.
“Vendré otra vez.”
No necesitamos convertir esa promesa en motivo de división.
Debería convertirse en motivo de esperanza.
El mismo Jesús que habló de la cruz habló de su regreso.
El mismo que anunció que sería entregado habló de un día futuro.
El mismo que preparó a sus discípulos para su partida les dejó también una promesa para sostenerlos durante su ausencia.
Volvería.
Y en el siguiente capítulo encontraremos algo extraordinario.
Después de la resurrección, cuando Jesús ascendió y desapareció de la vista de sus discípulos, ellos no fueron los únicos que hablaron de su regreso.
Dos ángeles aparecieron junto a ellos y pronunciaron una promesa que confirmaría nuevamente aquello que Jesús ya había dicho:
Este mismo Jesús volverá.
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