09. Jesús anunció que Jerusalén volvería a ocupar el centro de la historia

Por el Dr. Elio M Rivera

Una ciudad pequeña en el centro de las profecías

        Jerusalén no es una de las ciudades más grandes del mundo. No posee la extensión territorial de las grandes capitales ni ha sido siempre el centro económico o militar de las naciones. Sin embargo, pocas ciudades han ejercido una influencia religiosa, histórica y política comparable.

        En Jerusalén se levantó el templo de Israel. Allí ministraron sacerdotes y profetas. Allí tuvieron lugar acontecimientos centrales de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Y hacia esa ciudad apuntan numerosas profecías relacionadas con el futuro.

        Cuando Jesús habló acerca de Jerusalén, no describió solamente lo que ocurriría en los años inmediatamente posteriores a su ministerio. Sus palabras parecían extenderse desde la destrucción de la ciudad hasta un período mucho más amplio de la historia.

La profecía de Jesús

        Jesús declaró:

“Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.”

(Lucas 21:24, RVR1960).

        Este versículo contiene tres anuncios:

Primero, muchos habitantes caerían durante una guerra.

Segundo, otros serían llevados cautivos entre las naciones.

Tercero, Jerusalén sería hollada por los gentiles durante un período determinado.

        La expresión “hasta que” es especialmente importante. Sugiere que el dominio gentil sobre Jerusalén no continuaría indefinidamente. Existiría un límite dentro del propósito soberano de Dios.

El contexto de Lucas 21

        Jesús pronunció estas palabras después de anunciar la destrucción del templo. Sus discípulos admiraban la belleza de aquel edificio, pero Él les advirtió:

“En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida.”

(Lucas 21:6, RVR1960).

        La primera parte de la profecía se cumplió de una manera dramática en el año 70 d. C., cuando las legiones romanas dirigidas por Tito conquistaron Jerusalén y destruyeron el templo.

        La ciudad sufrió enormes pérdidas, muchos de sus habitantes murieron y otros fueron esclavizados o dispersados. La destrucción romana marcó el comienzo de una etapa prolongada en la que Jerusalén permaneció bajo el control de diferentes poderes gentiles.

Jerusalén bajo el dominio de diferentes naciones

        Después de la conquista romana, Jerusalén pasó por las manos de distintos imperios y gobiernos.

Fue gobernada por Roma.

Después por el Imperio bizantino.

Más tarde por gobernantes musulmanes.

Fue ocupada por los cruzados.

Regresó al dominio musulmán.

Posteriormente quedó bajo el Imperio otomano.

Después de la Primera Guerra Mundial fue administrada por el Reino Unido.

        Durante muchos siglos, el pueblo judío no tuvo soberanía sobre la ciudad. Había presencia judía en Jerusalén en diferentes épocas, pero no existía un gobierno nacional judío que controlara sus antiguos lugares históricos.

        Para numerosos intérpretes, esta larga sucesión de gobiernos extranjeros constituye una expresión histórica de las palabras: “Jerusalén será hollada por los gentiles.”

Jerusalén después de 1948

        Cuando se proclamó el Estado de Israel el 14 de mayo de 1948, Jerusalén se convirtió inmediatamente en uno de los principales escenarios de la guerra.

        Al terminar el conflicto, la ciudad quedó dividida. Israel controló la parte occidental, mientras que Jordania quedó en posesión de Jerusalén oriental, incluyendo la Ciudad Vieja, el Muro Occidental y el área del antiguo templo.

        Por tanto, aunque Israel había vuelto a existir como nación, los lugares más importantes de la Jerusalén bíblica permanecían fuera de su control.

        La Ciudad Vieja estuvo bajo dominio jordano desde 1948 hasta 1967.

La Guerra de los Seis Días

        En junio de 1967 estalló la guerra entre Israel y varios Estados árabes, principalmente Egipto, Jordania y Siria. El conflicto, conocido como la Guerra de los Seis Días, comenzó el 5 de junio y concluyó el día 10.

        Durante los combates, las fuerzas israelíes entraron en Jerusalén oriental. El 7 de junio, paracaidistas israelíes atravesaron la Puerta de los Leones y tomaron el control de la Ciudad Vieja. Ese mismo día quedó bajo control israelí el área del Monte del Templo y del Muro Occidental.

        Para el pueblo judío, aquel momento poseía una enorme carga histórica y emocional. Después de siglos sin soberanía nacional y de diecinueve años sin acceso al Muro Occidental, soldados israelíes entraron nuevamente en el corazón de la Jerusalén antigua.

        La ciudad quedó desde entonces bajo control israelí, aunque su soberanía y situación jurídica continúan siendo objeto de una profunda controversia internacional. Israel considera Jerusalén su capital unificada; los palestinos reclaman Jerusalén oriental como capital de un futuro Estado, y gran parte de la comunidad internacional no reconoce la anexión israelí de la parte oriental.

¿Terminó en 1967 el tiempo de los gentiles?

        Después de la Guerra de los Seis Días, muchos intérpretes cristianos comenzaron a preguntarse si los acontecimientos de 1967 estaban relacionados con Lucas 21:24.

        La pregunta parecía inevitable:

Si Jerusalén ya no estaba bajo el gobierno exclusivo de una nación gentil, ¿significaba esto que los tiempos de los gentiles habían terminado o estaban próximos a cumplirse?

        Algunos respondieron afirmativamente. Consideraron que 1967 marcó el cumplimiento de las palabras de Jesús o, por lo menos, el comienzo de una nueva etapa profética.

        Otros han sido más cautelosos. Señalan que Jesús no dijo simplemente que Jerusalén volvería a estar bajo control judío, sino que habló de la consumación de “los tiempos de los gentiles”, una expresión cuyo significado puede ser más amplio que el gobierno político de la ciudad.

        Además, el área del Monte del Templo conserva una administración religiosa musulmana, mientras que su situación política continúa siendo una de las cuestiones más disputadas del mundo. Por esa razón, algunos creen que 1967 fue un cambio importante, pero no el cumplimiento completo de Lucas 21:24.

¿Qué significa “los tiempos de los gentiles”?

        La expresión puede interpretarse de diferentes maneras.

Primera interpretación: el período de dominio extranjero sobre Jerusalén

        Según esta posición, los tiempos de los gentiles son los siglos durante los cuales Jerusalén estaría gobernada por pueblos no judíos.

        Quienes adoptan esta interpretación consideran que el control israelí de la Ciudad Vieja en 1967 representa una correspondencia notable con la palabra “hasta” pronunciada por Jesús.

        Después de siglos de gobierno romano, bizantino, musulmán, cruzado, otomano, británico y jordano, Jerusalén quedó nuevamente bajo un gobierno judío.

Segunda interpretación: el período de predominio de las naciones en la historia mundial

        Otros intérpretes relacionan Lucas 21:24 con una etapa más extensa de la historia en la que las naciones gentiles ejercen predominio político antes del establecimiento pleno del reino de Dios.

        Según esta posición, 1967 pudo ser una señal importante, pero los tiempos de los gentiles no terminarán completamente sino hasta la intervención final de Dios y el regreso de Jesucristo.

Tercera interpretación: el período de oportunidad para las naciones

        Algunos relacionan la expresión con el tiempo durante el cual el evangelio es anunciado entre las naciones.

        Pablo empleó una expresión semejante cuando habló de la entrada de la “plenitud de los gentiles” antes de una futura obra de Dios con Israel:

“Ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles.”

(Romanos 11:25, RVR1960).

        Aunque Lucas 21 y Romanos 11 no utilizan exactamente la misma frase ni necesariamente describen el mismo acontecimiento, muchos intérpretes consideran que ambos pasajes señalan un período definido dentro del plan de Dios para Israel y las naciones.

Un cambio imposible de ignorar

        Debemos evitar afirmar más de lo que el texto permite. Jesús no mencionó el año 1967 ni describió detalladamente una guerra de seis días.

        Sin embargo, también sería difícil ignorar la importancia histórica del acontecimiento.

Durante siglos, Jerusalén estuvo bajo gobiernos gentiles.

Después de 1948, Israel controló solamente la parte occidental.

En 1967, la Ciudad Vieja y los lugares relacionados con la historia bíblica quedaron bajo control israelí.

        Por primera vez desde la antigüedad, un Estado judío soberano gobernaba el área de la antigua Jerusalén.

        Esta correspondencia no demuestra por sí sola que Lucas 21:24 se haya cumplido completamente. Pero sí explica por qué numerosos estudiantes de la profecía consideran 1967 una fecha decisiva en el desarrollo del escenario bíblico.

Jerusalén volvió al centro de la política mundial

        Jesús no afirmó explícitamente en Lucas 21:24 que Jerusalén se convertiría en la ciudad más importante del mundo. Sin embargo, sus palabras indican que su situación permanecería vinculada al desarrollo de los tiempos proféticos.

        Eso es precisamente lo que observamos.

Jerusalén se encuentra en el centro del conflicto israelí-palestino.

Su soberanía es discutida por gobiernos y organizaciones internacionales.

Sus lugares sagrados son reverenciados por judíos, cristianos y musulmanes.

Cualquier cambio en la Ciudad Vieja o en el Monte del Templo puede producir reacciones internacionales.

        Aunque Jerusalén es pequeña comparada con otras capitales, ocupa un lugar desproporcionadamente grande en la conciencia religiosa y política del mundo.

Jerusalén en otras profecías de los últimos tiempos

        La importancia profética de Jerusalén no depende únicamente de Lucas 21.

        Zacarías anunció un tiempo en el que Jerusalén se convertiría en motivo de tensión para las naciones:

“He aquí yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor.”

(Zacarías 12:2, RVR1960).

También declaró:

“Y en aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos.”

(Zacarías 12:3, RVR1960).

        Jesús habló de acontecimientos relacionados con Judea y Jerusalén. Pablo habló de una futura obra de Dios con Israel. Apocalipsis también menciona la ciudad en el desarrollo de los acontecimientos finales.

        Para quienes interpretan estos pasajes de manera futura, la restauración de Israel y el regreso de Jerusalén al centro de la atención mundial no constituyen detalles secundarios. Son elementos necesarios para que el escenario descrito por los profetas vuelva a ser históricamente posible.

Un acontecimiento político y una posible señal profética

        La Guerra de los Seis Días puede explicarse históricamente mediante decisiones militares, tensiones regionales, alianzas políticas y movimientos de los ejércitos.

        Pero una explicación histórica no impide una reflexión teológica.

        La Biblia muestra repetidamente que Dios puede desarrollar sus propósitos por medio de reyes, imperios, guerras y decisiones humanas, aun cuando sus protagonistas no sean conscientes de estar participando en ellos.

        Por eso, la pregunta no es si hubo causas militares y políticas. Evidentemente las hubo.

La pregunta es:

¿Puede un acontecimiento plenamente histórico formar también parte del desarrollo de un escenario anunciado por la profecía?

        Para millones de cristianos, la respuesta es sí.

No debemos confundir profecía con aprobación política

        Reconocer que Jerusalén puede tener una función dentro del propósito profético de Dios no significa aprobar automáticamente cada decisión de los gobiernos israelíes.

        Tampoco significa negar los derechos, la dignidad o el sufrimiento de la población palestina.

        La Biblia nunca enseña que un gobierno humano sea incapaz de cometer injusticias. Los profetas que anunciaron la restauración de Israel también denunciaron con firmeza el pecado, la opresión y el derramamiento de sangre.

        Por tanto, podemos reconocer la importancia profética de Jerusalén y, al mismo tiempo, orar por justicia, misericordia, reconciliación y paz para todos los habitantes de la región.

¿Dónde estamos en el escenario profético?

        No podemos responder con una fecha.

No sabemos cuánto falta para el regreso de Jesucristo.

No podemos afirmar con absoluta certeza que 1967 cumplió de manera completa Lucas 21:24.

        Pero sí podemos reconocer algo extraordinario.

Jesús habló de Jerusalén.

Anunció su destrucción.

Predijo la dispersión de sus habitantes.

Declaró que sería hollada por los gentiles.

Y estableció un límite mediante la palabra “hasta”.

        Casi dos mil años después, Jerusalén volvió a estar bajo el control de un Estado judío y regresó al centro de las tensiones internacionales.

        Esto no debería conducirnos al sensacionalismo, pero tampoco a la indiferencia.

El peligro de observar Jerusalén y olvidar nuestra propia vida

        Podemos analizar mapas de Jerusalén.

Podemos estudiar la Guerra de los Seis Días.

Podemos discutir el significado de los tiempos de los gentiles.

Podemos seguir cada noticia relacionada con el Monte del Templo.

Y, sin embargo, permanecer espiritualmente dormidos.

        Jesús no pronunció estas palabras para convertir a sus discípulos en simples observadores de acontecimientos políticos. Su discurso terminó con un llamado urgente:

“Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

(Lucas 21:36, RVR1960).

        El énfasis de Jesús no estuvo solamente en lo que ocurriría con Jerusalén. Estuvo también en la condición espiritual de quienes observarían el desarrollo de estas cosas.

Reflexión final

        Durante casi dos mil años, Jerusalén permaneció bajo el control de diferentes poderes gentiles. En 1948 volvió a existir un Estado judío, pero la Ciudad Vieja continuó bajo dominio jordano. El 7 de junio de 1967, durante la Guerra de los Seis Días, Israel tomó el control de Jerusalén oriental y de la Ciudad Vieja.

        Para muchos intérpretes, aquel acontecimiento marcó un cambio importante en el escenario profético anunciado por Jesús. Otros consideran que los tiempos de los gentiles todavía no han terminado o que solo concluirán con el regreso de Cristo.

        No necesitamos resolver cada detalle para reconocer que estamos contemplando algo extraordinario.

La ciudad sobre la cual hablaron los profetas.

La ciudad donde Jesucristo murió y resucitó.

La ciudad cuya destrucción Él anunció.

La ciudad que permaneció bajo dominio extranjero durante siglos.

Esa ciudad ha vuelto a ocupar el centro de la historia mundial.

        La pregunta no es solamente qué significa Jerusalén en el calendario profético.

La pregunta es:

¿Qué significa para nosotros vivir en una época en la que el escenario descrito por Jesús vuelve a ser históricamente posible?

        Tal vez no podamos afirmar que hemos llegado al último minuto del reloj profético. Pero tampoco deberíamos vivir como si la historia no se estuviera moviendo hacia ninguna parte.

Cristo nos llamó a levantar la cabeza.

A velar.

A orar.

A vivir en santidad.

A anunciar el evangelio.

A no permitir que los afanes de esta vida endurezcan nuestro corazón.

        Mientras Jerusalén vuelve al centro de la atención del mundo, cada creyente debería hacerse una pregunta profundamente personal:

Si las palabras de Jesús se están desarrollando delante de nuestra generación, ¿estoy viviendo preparado para encontrarme con Él?

“Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”

(Lucas 21:28, RVR1960).

Referencias bíblicas

  • Lucas 19:41-44.
  • Lucas 21:5-36.
  • Romanos 11:25-29.
  • Zacarías 12:1-3.
  • Zacarías 14:1-9.
  • Apocalipsis 11:1-2.

Referencias históricas

  • Gobierno de Israel, reseña histórica de la Guerra de los Seis Días.
  • Fuerzas de Defensa de Israel, cronología del 7 de junio de 1967.
  • Historia de Jerusalén y de la Ciudad Vieja.
  • Estudios sobre la administración de Jerusalén entre 1948 y 1967.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.