Por el Dr. Elio M Rivera
Una tragedia anunciada siglos antes
En el capítulo anterior vimos que Dios prometió repetidamente que Israel sería restaurado y volvería a su tierra. Sin embargo, antes de esa restauración debía ocurrir otro acontecimiento igualmente extraordinario: la dispersión del pueblo judío entre las naciones.
Esta dispersión no tomó por sorpresa a Dios. Moisés la había anunciado más de mil cuatrocientos años antes de Cristo. Más tarde la mencionaron los profetas, y el propio Señor Jesucristo volvió a advertir que Jerusalén sería destruida y que su pueblo sufriría un largo período de juicio.
Lo que ocurrió después constituye uno de los episodios más dramáticos de toda la historia del pueblo judío.
Jesús anunció la destrucción de Jerusalén
Pocos días antes de su crucifixión, mientras contemplaba la ciudad de Jerusalén, Jesús pronunció palabras profundamente conmovedoras.
“Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán; y te derribarán a tierra… por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.”
(Lucas 19:43-44, RVR1960).
Poco después, mientras sus discípulos admiraban la magnificencia del templo de Herodes, Jesús anunció otro hecho que debió parecer imposible.
“¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.”
(Mateo 24:2, RVR1960).
En aquel momento nadie podía imaginar que uno de los edificios más impresionantes del mundo antiguo desaparecería por completo.
La destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C.
En el año 66 d.C., los judíos iniciaron una gran rebelión contra el Imperio Romano.
La respuesta de Roma fue contundente.
El general Vespasiano comenzó la campaña militar y, posteriormente, su hijo Tito dirigió el sitio final de Jerusalén.
En el año 70 d.C., después de varios meses de asedio, la ciudad cayó.
Las fuentes históricas describen escenas de hambre extrema, violencia y destrucción.
El magnífico templo construido por Herodes fue incendiado y destruido.
Miles de personas murieron durante el sitio y otras muchas fueron tomadas cautivas.
El historiador judío Flavio Josefo, testigo cercano de aquellos acontecimientos, describe la destrucción con detalles conmovedores en su obra La guerra de los judíos.
Con la caída de Jerusalén terminó una etapa fundamental de la historia bíblica.
El centro político y religioso de Israel había sido destruido.
La segunda gran dispersión: la rebelión de Bar Kojba
Aunque Jerusalén había sido destruida, todavía permanecía una importante población judía en la región.
Sin embargo, unos sesenta años más tarde ocurrió un nuevo desastre.
Entre los años 132 y 135 d.C., los judíos iniciaron otra rebelión contra Roma, encabezada por Simón Bar Kojba.
Durante algún tiempo obtuvieron importantes victorias.
Pero finalmente el emperador Adriano respondió con un enorme despliegue militar.
La rebelión fue completamente aplastada.
Las consecuencias fueron devastadoras.
Jerusalén fue reconstruida como una ciudad romana llamada Aelia Capitolina.
Se prohibió a los judíos entrar en ella, excepto, según algunas fuentes antiguas, un día al año para lamentar la destrucción del templo.
Además, la provincia de Judea recibió un nuevo nombre: Siria Palestina, una denominación que muchos historiadores consideran un intento de disminuir la identidad nacional judía al asociar la región con los antiguos filisteos.
El pueblo judío fue dispersado por el mundo
Después de estas guerras comenzó un largo período conocido como la diáspora judía.
Comunidades judías se establecieron en prácticamente todos los rincones del Imperio Romano y, con el paso de los siglos, también en Europa, el norte de África, el Medio Oriente y posteriormente en América.
Vivieron en:
- Babilonia.
- Egipto.
- Siria.
- Grecia.
- Italia.
- España.
- Francia.
- Alemania.
- Polonia.
- Rusia.
- Yemen.
- Marruecos.
- Turquía.
- Y muchos otros lugares.
A pesar de estar separados por miles de kilómetros, conservaron en gran medida su identidad religiosa, sus tradiciones y el profundo anhelo de regresar algún día a la tierra de sus antepasados.
Casi dos mil años sin un Estado propio
Pocas naciones han experimentado una situación semejante.
Durante casi dos mil años, el pueblo judío existió como pueblo, pero no como Estado independiente.
No tuvo un gobierno nacional.
No tuvo un ejército propio.
No tuvo un territorio soberano.
No tuvo una capital reconocida.
Mientras numerosos imperios aparecían y desaparecían, los judíos permanecían dispersos por decenas de países.
En muchas ocasiones sufrieron discriminación, expulsiones y persecuciones.
Y, sin embargo, conservaron su identidad nacional de una manera extraordinaria.
Un fenómeno único en la historia
Los historiadores suelen señalar que este caso posee muy pocos paralelos.
Cuando otros pueblos antiguos fueron conquistados y dispersados, generalmente terminaron mezclándose con las poblaciones locales hasta perder su identidad nacional.
Así ocurrió con muchos pueblos del antiguo Cercano Oriente.
Pero el pueblo judío siguió existiendo.
Conservó sus Escrituras.
Conservó sus fiestas.
Conservó buena parte de sus costumbres.
Conservó la esperanza de volver algún día a Sion.
Generación tras generación, la oración “El próximo año en Jerusalén” siguió expresando el profundo anhelo de regresar a la tierra prometida.
Un mapa que cuenta una historia
Al observar un mapa de la diáspora judía resulta evidente la magnitud de este acontecimiento.
Lo que comenzó en una pequeña nación del Cercano Oriente terminó extendiéndose por prácticamente todo el mundo conocido.
Aquí puede incluirse un mapa que muestre:
- La salida de los judíos de Judea después del año 70 d.C.
- La dispersión posterior a la rebelión de Bar Kojba (132–135 d.C.).
- Las principales comunidades judías establecidas en Europa, el norte de África, Asia Menor y Mesopotamia.
- La expansión de la diáspora durante los siglos posteriores.
(Este mapa ayudará al lector a visualizar la magnitud de la dispersión y preparará el camino para comprender el extraordinario regreso del pueblo judío en el siglo XX.)
Desde una perspectiva humana, parecía imposible que una nación sobreviviera casi dos mil años sin territorio, sin gobierno y dispersa entre decenas de pueblos y culturas.
La lógica indicaba que, tarde o temprano, el pueblo judío terminaría desapareciendo como habían desaparecido tantos otros pueblos de la antigüedad.
Pero las promesas de Dios anunciaban algo muy diferente.
No solo sobrevivirían.
Algún día volverían.
Y precisamente esa extraordinaria restauración comenzaremos a estudiar en el siguiente capítulo.
- Deuteronomio 28:64-68.
- Deuteronomio 30:1-5.
- Lucas 19:41-44.
- Mateo 24:1-2.
- Lucas 21:20-24.
- Flavio Josefo. La guerra de los judíos.
- Eusebio de Cesarea. Historia Eclesiástica.
- Martin Goodman. Rome and Jerusalem.
- Paul Johnson. A History of the Jews.
- Simon Schama. The Story of the Jews.
- Encyclopaedia Judaica, voces: “First Jewish Revolt”, “Bar Kokhba Revolt”, “Diaspora”.
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