04. José de Arimatea y el sepulcro nuevo

José de Arimatea y el sepulcro nuevo

  Después de la muerte de Jesucristo aparece en el relato una persona que será fundamental para comprender todo lo que sucedió después:

José de Arimatea

  Su intervención conecta directamente la crucifixión con la tumba.

  Jesús ya había muerto. Su cuerpo permanecía todavía en la cruz. Se acercaba el día de reposo y había que actuar rápidamente.

  Entonces José tomó una decisión que cambiaría para siempre el escenario de los acontecimientos.

¿Quién era José de Arimatea?

  Los Evangelios nos proporcionan varios datos importantes acerca de él.

  Mateo lo describe como un hombre rico de Arimatea y también como discípulo de Jesús.

  Marcos dice que era miembro noble del concilio y que esperaba el reino de Dios.

  Lucas lo presenta como varón bueno y justo, y afirma que no había consentido en el acuerdo y los hechos de quienes habían condenado a Jesucristo.

  Juan también lo identifica como discípulo de Jesús.

  No estamos, por lo tanto, ante un personaje completamente anónimo.

  Estamos ante un hombre con posición social, recursos y acceso a las autoridades.

José se presentó ante Pilato

  Después de la crucifixión, José hizo algo extraordinariamente importante.

  Fue directamente ante Poncio Pilato y pidió el cuerpo de Jesucristo.

  Marcos registra:

“Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.”
Marcos 15:42-43

  La expresión es importante:

“Entró osadamente a Pilato.”

  En mi libro señalo que José de Arimatea debió ser una persona suficientemente poderosa para poder entrar rápidamente y sin grandes obstrucciones ante el propio gobernador romano para reclamar el cuerpo.

  Esto nos ayuda a comprender que José no fue simplemente alguien que apareció casualmente después de la crucifixión.

  Tenía una posición que le permitió hacer algo que no cualquier persona podía hacer.

Pilato no entregó el cuerpo inmediatamente

  Aquí encontramos otro detalle extraordinariamente importante para la investigación de la resurrección.

  José pidió el cuerpo.

  Pero Pilato se sorprendió al saber que Jesús ya había muerto.

  Entonces hizo llamar al centurión.

  Marcos continúa:

“Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. E informado por el centurión, dio el cuerpo a José.”
Marcos 15:44-45

  Observe la secuencia:

  José pidió el cuerpo.

  Pilato quiso asegurarse de que Jesús realmente estuviera muerto.

  Llamó al centurión.

  El centurión confirmó la muerte.

  Y solamente después de recibir esa confirmación, Pilato entregó el cuerpo.

  Esto será muy importante cuando más adelante estudiemos la posibilidad de que Jesucristo simplemente hubiera sobrevivido a la crucifixión.

  En mi libro insisto en que los soldados romanos tenían experiencia en comprobar la muerte de los crucificados y que, en este caso, existían poderosas razones para estar completamente seguros de que Jesús había muerto antes de entregar el cuerpo.

José recibió un cadáver, no un herido

  Este punto debe quedar muy claro.

  José de Arimatea no fue ante Pilato a pedir permiso para rescatar a un hombre gravemente herido.

  Pidió:

el cuerpo de Jesús.

  Pilato tampoco le entregó una persona inconsciente.

  Antes de autorizar la entrega confirmó mediante el centurión que Jesús había muerto.

  Por eso José de Arimatea se convierte también en uno de los testigos fundamentales para establecer la muerte del Señor.

  En mi libro lo incluyo, junto con Nicodemo, entre quienes con sus propias acciones confirmaron que Jesucristo estaba muerto.

Nicodemo también apareció

  José no estuvo solo.

  Juan menciona también a Nicodemo:

“También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.”
Juan 19:39

  Estos dos hombres participaron directamente en el tratamiento del cuerpo de Jesucristo.

  No escucharon simplemente que Jesús había muerto.

  Tuvieron el cuerpo delante de ellos.

  Lo tocaron.

  Lo bajaron.

  Lo envolvieron.

  Lo prepararon para la sepultura.

  Y finalmente lo colocaron dentro del sepulcro.

Sus acciones hablan de la muerte

  En mi libro planteo una pregunta:

¿Por qué digo que José de Arimatea y Nicodemo hablaron directamente de la muerte de Jesús aunque no necesitaran pronunciar la palabra “muerte”?

  Por lo que hicieron.

  Primero reclamaron el cuerpo.

  Después llevaron especias aromáticas.

  Tomaron el cuerpo de Jesucristo.

  Lo envolvieron conforme a la costumbre judía de sepultar.

  Y lo colocaron dentro de una tumba.

  No estaban atendiendo a un herido.

  Estaban preparando un cadáver para la sepultura.

La mirra y los áloes

  Juan dice que Nicodemo llevó aproximadamente cien libras de un compuesto de mirra y áloes.

  José y Nicodemo utilizaron esas especias para preparar el cuerpo conforme a las costumbres funerarias.

  En mi libro calculo aproximadamente cincuenta kilogramos de sustancias aromáticas utilizadas alrededor del cuerpo de Jesucristo.

  Este detalle tiene una importancia enorme.

  Si ellos hubieran pensado que Jesús estaba simplemente desmayado o inconsciente, no habrían actuado de esa manera.

  Lo lógico habría sido llevarlo a un lugar abierto, buscar ayuda, darle agua y tratar de salvarlo.

  Pero hicieron exactamente lo contrario.

  Lo prepararon como se preparaba a un muerto.

El cuerpo fue envuelto

  Juan dice:

“Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos.”
Juan 19:40

  Tenemos entonces otro paso preciso dentro de la secuencia.

  Crucifixión.

  Muerte.

  Confirmación del centurión.

  Entrega del cuerpo.

  Preparación funeraria.

  Lienzos.

  Especias.

  Sepultura.

  Cada elemento nos conduce hacia la tumba.

José tenía un sepulcro nuevo

  Mateo proporciona ahora uno de los datos más importantes de todo el relato:

“Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña.”
Mateo 27:59-60

  El sepulcro era propiedad de José.

  Era nuevo.

  Había sido labrado en la peña.

  Y, según Juan, se encontraba dentro de un huerto cercano al lugar donde Jesús había sido crucificado.

  Por eso José de Arimatea no solamente proporciona el sepulcro.

  También fija geográficamente el lugar donde fue depositado el cuerpo de Jesús.

Nadie había sido colocado allí

  Lucas y Juan añaden otro detalle extraordinario:

  En aquella tumba todavía no había sido sepultado nadie.

  Esto elimina una posible confusión.

  No estamos hablando de una tumba familiar utilizada repetidamente durante generaciones.

  Era un sepulcro nuevo.

  El cuerpo colocado allí era identificable.

  Y las personas que participaron en la sepultura sabían exactamente dónde lo habían puesto.

Las mujeres siguieron a José

  Este detalle será fundamental posteriormente.

  Las mujeres que habían venido desde Galilea observaron el proceso.

  Lucas dice:

“Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo.”
Lucas 23:55

  Esto significa que las mujeres conocían el lugar.

  No solamente sabían aproximadamente en qué zona estaba.

  Vieron:

el sepulcro y cómo fue puesto su cuerpo.

  Este dato será importantísimo cuando después alguien intente explicar la tumba vacía diciendo que quizá las mujeres fueron al sepulcro equivocado.

  Ellas habían seguido a José.

  Habían visto la tumba.

  Y habían observado cómo el cuerpo fue colocado dentro.

  Mi libro recoge expresamente esta secuencia: las mujeres siguieron a José de Arimatea, observaron el sepulcro donde quedó el cuerpo y posteriormente regresaron para preparar especias y ungüentos.

José hizo rodar una gran piedra

  Después de colocar el cuerpo, Mateo dice:

“Y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.”
Mateo 27:60

  Aquí aparece otro elemento que después tendrá una enorme importancia.

La piedra.

  José mismo cerró la entrada.

  El cuerpo quedó dentro.

  La tumba quedó cerrada.

  Y la piedra era suficientemente grande para que, cuando las mujeres regresaran después del día de reposo, se preguntaran:

“¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?”

  Así llegamos a una conclusión importante:

  La tumba no quedó abierta.

  El cuerpo no quedó abandonado.

  El lugar fue cerrado.

José conecta el Gólgota con la tumba

  Observe ahora cómo todas las piezas comienzan a unirse.

  Jesús murió en el Gólgota.

  José pidió su cuerpo.

  Pilato confirmó la muerte mediante el centurión.

  José recibió el cuerpo.

  Nicodemo llevó mirra y áloes.

  Ambos prepararon a Jesús para la sepultura.

  Después José llevó el cuerpo a su propio sepulcro nuevo.

  Ese sepulcro estaba dentro de un huerto cercano.

  El cuerpo fue colocado allí.

  Las mujeres observaron el lugar.

  Y finalmente José cerró la tumba mediante una gran piedra.

  Esto es mucho más que una breve escena funeraria.

  Es una cadena de acontecimientos que establece con precisión qué ocurrió con el cuerpo de Jesucristo después de la crucifixión.

El sepulcro nuevo coincide con la tumba que he investigado

  En el artículo anterior vimos que la Tumba del Huerto posee características que coinciden con la descripción bíblica.

  Una de ellas resulta especialmente importante en relación con José de Arimatea:

la tumba parece no haber sido terminada completamente.

  En mi investigación señalo que partes del sepulcro quedaron inconclusas, lo cual considero una indicación de que se trataba precisamente de un sepulcro nuevo.

  Mateo dice:

“Su sepulcro nuevo.”

  Juan dice:

“En el cual aún no había sido puesto ninguno.”

  Y la tumba que he visitado presenta justamente características de una obra que no llegó a ser terminada completamente.

José de Arimatea es una pieza fundamental del caso

  Si lleváramos nuevamente nuestra investigación ante un juez, José de Arimatea sería un personaje de enorme importancia.

  Podríamos preguntarle:

  ¿Pidió usted el cuerpo de Jesús?

  Sí.

  ¿A quién se lo pidió?

  A Poncio Pilato.

  ¿Pilato autorizó la entrega?

  Sí, después de confirmar mediante el centurión que Jesús había muerto.

  ¿Tuvo usted el cuerpo en sus manos?

  Sí.

  ¿Lo preparó para la sepultura?

  Sí, junto con Nicodemo.

  ¿Dónde lo colocó?

  En mi sepulcro nuevo.

  ¿Dónde estaba?

  En un huerto cercano al lugar de la crucifixión.

  ¿La tumba estaba vacía antes de colocar el cuerpo?

  Sí. Nadie había sido puesto allí.

  ¿Cerró usted la entrada?

  Sí.

  ¿Con qué?

  Con una gran piedra.

  Esta es la fuerza del relato.

No estamos buscando un cadáver perdido

  José de Arimatea impide que la historia termine con un cuerpo cuyo destino nadie conoce.

  Sabemos quién lo reclamó.

  Sabemos quién autorizó su entrega.

  Sabemos quién verificó previamente su muerte.

  Sabemos quién lo preparó.

  Sabemos dónde fue colocado.

  Sabemos que las mujeres vieron el lugar.

  Y sabemos que la tumba fue cerrada.

  Por lo tanto, cuando lleguemos al primer día de la semana y encontremos que el cuerpo ya no está allí, la pregunta tendrá todavía más fuerza:

¿Qué ocurrió dentro de aquel sepulcro?

  Pero antes de llegar a esa mañana debemos detenernos en otro elemento geográfico que Juan menciona con claridad.

  El sepulcro de José no estaba aislado.

  Estaba dentro de:

un huerto junto al lugar de la crucifixión.

  Y ese será nuestro siguiente tema.

El huerto junto al lugar de la crucifixión

Referencias bíblicas

Mateo 27:57-61.
Marcos 15:42-47.
Lucas 23:50-56.
Juan 19:38-42.


5. El huerto junto al lugar de la crucifixión

  Después de seguir a José de Arimatea desde el Gólgota hasta el sepulcro, encontramos un detalle que para mí tiene una enorme importancia:

La tumba estaba dentro de un huerto.

  El Evangelio de Juan lo dice con toda claridad:

“Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno.”
Juan 19:41

  Esta frase une tres elementos dentro de un mismo escenario:

  El lugar de la crucifixión.

  El huerto.

  Y el sepulcro.

  No son tres lugares separados.

  Forman parte de la misma zona.

El huerto estaba junto al lugar donde Jesús murió

  Juan no dice que después de la crucifixión trasladaron el cuerpo varios kilómetros.

  Dice que en el lugar donde había sido crucificado había un huerto.

  Y dentro de ese huerto había un sepulcro nuevo.

  Esto significa que, para investigar geográficamente el lugar de la resurrección, debemos buscar una combinación muy específica:

  Un lugar que corresponda con el Gólgota.

  Un huerto cercano.

  Y dentro de ese huerto, una tumba excavada en roca.

  Precisamente esa relación geográfica es una de las razones por las que la Tumba del Huerto adquirió tanta importancia en mi investigación. En mi libro afirmo que la tumba encontrada por el General Gordon está a escasos metros del lugar donde fue crucificado Jesucristo.

No estamos hablando solamente de una tumba

  Este punto es importante.

  Si solamente encontráramos una tumba antigua excavada en roca, eso no sería suficiente.

  En Israel existen muchas tumbas antiguas.

  La tumba que buscamos debe encajar con un conjunto de características.

  Debe estar cerca del lugar de la crucifixión.

  Debe estar dentro de un huerto.

  Debe haber sido un sepulcro nuevo.

  Debe haber sido excavado en roca.

  Y debe haber tenido una entrada que pudiera cerrarse con una gran piedra.

  Por eso el huerto no es un detalle decorativo del relato.

  Es una pieza fundamental para identificar el escenario.

¿Existe evidencia de que allí hubo un huerto?

  Mi respuesta es:

Sí.

  En el lugar donde se encuentra la Tumba del Huerto se encontraron elementos que, para mí, confirman que esa zona fue utilizada como huerto en la antigüedad.

  En mi libro menciono específicamente dos:

una prensa de olivas

y

una enorme cisterna para almacenar agua.

  La presencia de estas instalaciones tiene sentido dentro de un lugar destinado al cultivo.

  La cisterna permitía almacenar agua para regar la vegetación del huerto.

La cisterna es una pieza muy importante

  En una región donde el agua debía conservarse cuidadosamente, una cisterna de grandes dimensiones no era un elemento sin propósito.

  Servía para recoger y almacenar agua.

  Y el agua era indispensable para mantener un huerto.

  En mis propias fotografías incluidas en el libro muestro tanto la entrada como el interior de esa cisterna.

  Para mí, no estamos simplemente ante una tumba rodeada actualmente por jardines.

  Estamos ante un lugar que presenta evidencia de haber funcionado como huerto en la antigüedad.

  Esto concuerda directamente con Juan 19:41.

También se encontró una prensa de olivas

  La prensa de olivas constituye otra evidencia importante.

  Una prensa de este tipo tiene sentido en un lugar donde existían olivos y donde se procesaba su fruto.

  Por eso, cuando uno encuentra una tumba excavada en roca dentro de un sitio donde también existen una cisterna importante y una prensa de olivas, la descripción de un antiguo huerto deja de ser una simple posibilidad.

  En mi libro digo expresamente que puedo corroborar que ese lugar fue un huerto en la antigüedad precisamente por estos elementos.

El relato de Juan encaja con el lugar

  Volvamos nuevamente al texto:

“Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto…”

  Ahora comparemos.

  Tenemos un lugar que identifico con el Monte de la Calavera.

  A escasos metros encontramos un antiguo huerto.

  Dentro del huerto encontramos una tumba.

  La tumba fue excavada en roca.

  Presenta características de no haber sido terminada.

  Y en su entrada existe un canal para una gran piedra.

  Por eso, para mí, las piezas encajan de una manera extraordinaria.

El huerto explica también por qué la tumba estaba tan cerca

  Después de la muerte de Jesús había poco tiempo.

  Se acercaba el día de reposo.

  José de Arimatea había recibido autorización para llevarse el cuerpo.

  En esas circunstancias, encontrar un sepulcro disponible cerca del lugar de la crucifixión resultaba providencial.

  Juan lo explica así:

“Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.”
Juan 19:42

  Observe nuevamente:

“Porque aquel sepulcro estaba cerca.”

  Esto confirma la relación geográfica entre el Gólgota y el huerto.

  La cercanía no es una idea añadida posteriormente.

  Está dentro del propio relato.

Las mujeres también conocían ese lugar

  Las mujeres que acompañaron a Jesús desde Galilea siguieron a José y observaron dónde fue colocado el cuerpo.

  Por lo tanto, el huerto no era un lugar desconocido para ellas.

  Ellas vieron el sepulcro.

  Sabían dónde estaba.

  Y por eso, cuando regresaron después del día de reposo, sabían exactamente hacia dónde dirigirse.

  Esto será muy importante más adelante cuando examinemos la teoría de que quizá fueron a la tumba equivocada.

  El relato dice que habían visto el lugar.

Un escenario geográfico muy compacto

  Podemos ahora reconstruir la secuencia:

  Jesús murió en el Gólgota.

  A poca distancia había un huerto.

  Dentro del huerto existía un sepulcro nuevo.

  José de Arimatea recibió el cuerpo.

  Lo llevó hacia ese sepulcro.

  Las mujeres observaron el lugar.

  El cuerpo fue colocado dentro.

  Y la entrada fue cerrada con una gran piedra.

  Todo ocurre dentro de un área geográfica relativamente pequeña.

  Esto es precisamente lo que encontré tan impresionante durante mis viajes a Tierra Santa.

Mis fotografías forman parte de esta investigación

  En mi libro no me limité a describir el lugar.

  Incluí fotografías tomadas durante mis propias visitas.

  Una de ellas muestra el lugar que identifico con el Monte de la Calavera.

  Otra muestra la entrada a la Tumba del Huerto.

  Otras muestran el interior del sepulcro.

  También incluí fotografías del canal por donde habría rodado una piedra y de la cisterna utilizada para almacenar el agua del huerto.

  Mi intención fue sencilla:

que el lector pudiera observar con sus propios ojos las características que yo estaba describiendo.

  En el libro afirmo que llevaría esas mismas fotografías ante un juez para que fueran evaluadas.

La Tumba del Huerto no está aislada de la evidencia

  Para mí, una de las fortalezas del lugar es precisamente que no depende de una sola característica.

  No digo que sea el lugar solamente porque hay una tumba.

  Lo digo porque existe una combinación de elementos:

  El Monte de la Calavera está cerca.

  Hubo un huerto.

  Existe evidencia de cultivo.

  Existe una cisterna.

  Existe una prensa de olivas.

  Hay una tumba excavada en roca.

  La tumba presenta características de estar inconclusa.

  Existe un canal para una gran piedra.

  Y el sepulcro está vacío.

  Para mí, este conjunto de datos coincide con el relato bíblico.

El huerto también nos ayuda a visualizar aquella tarde

  Intentemos ahora colocarnos mentalmente en el lugar.

  La crucifixión ha terminado.

  El cuerpo de Jesucristo ha sido bajado de la cruz.

  José de Arimatea y Nicodemo lo reciben.

  No tienen que recorrer una gran distancia.

  Muy cerca se encuentra el huerto.

  Entran.

  Dentro existe un sepulcro nuevo excavado en la roca.

  Preparan el cuerpo.

  Lo envuelven.

  Lo colocan dentro.

  Las mujeres observan.

  Después una gran piedra es rodada frente a la entrada.

  Y todos se retiran.

  Por unas horas, aquel huerto queda en silencio.

Pero el huerto se convertirá en el centro de la historia

  En ese momento nadie podía imaginar todo lo que ocurriría después.

  Aquel huerto, que quizá durante años había sido simplemente un lugar de cultivo y trabajo, se convertiría en el escenario del acontecimiento central de nuestra investigación.

  El primer día de la semana las mujeres regresarían.

  Pero encontrarían algo que no esperaban.

  La piedra estaría removida.

  El sepulcro estaría abierto.

  Y el cuerpo ya no estaría allí.

Mi conclusión permanece firme

  Como escribí en mi libro, después de comparar las características del lugar con el relato bíblico, llegué a una conclusión definida:

La Tumba del Huerto encaja con la descripción de los Evangelios.

  Para mí, la cercanía con el lugar de la crucifixión, la evidencia del antiguo huerto, la cisterna, la prensa de olivas, la tumba excavada en roca y las demás características forman parte de un mismo caso.

  Por eso escribí:

“Esta es la razón por la que creo que este es el sitio donde resucitó el Señor, pues la Biblia no miente.”

  Pero todavía necesitamos examinar con mayor detalle precisamente ese sepulcro.

  Ya sabemos que estaba dentro de un huerto.

  Ahora vamos a entrar en él.

El siguiente tema será: La Tumba del Huerto: ¿coincide con el relato bíblico?

Referencias bíblicas

Mateo 27:57-61.
Marcos 15:42-47.
Lucas 23:50-56.
Juan 19:38-42.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.