Dr. Elio M Rivera
Hasta ahora hemos intentado mirar hacia atrás.
Mucho más atrás que Belén.
Hemos descubierto que Jesucristo existía antes de que nuestro mundo fuera creado.
Hemos comenzado a contemplar la realidad celestial que conocía.
La presencia del Padre.
El Reino.
La ciudad.
La gloria.
El trono.
Pero todavía nos falta responder una pregunta extraordinaria.
¿Qué hacía Jesucristo antes de venir a la Tierra?
No conocemos todos los acontecimientos de aquella eternidad.
La Biblia no intenta satisfacer cada una de nuestras curiosidades.
Pero sí nos revela algo enorme.
Hubo un momento en que apareció aquello que nosotros llamamos creación.
La materia.
La luz.
Los cielos.
Las estrellas.
Los mundos.
Los océanos.
La vida.
Y cuando todo aquello comenzó a existir, Jesucristo no apareció como parte de lo creado.
Él ya estaba allí.
Y todavía más:
Él participó en hacerlo.

Todas las cosas por Él fueron hechas
Juan comienza su Evangelio llevándonos precisamente hasta ese momento:
«En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.»
Juan 1:1, RVR1960
Y después hace una declaración extraordinaria:
«Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.»
Juan 1:3, RVR1960
Es difícil imaginar una afirmación más amplia.
Juan no dice que algunas cosas fueron hechas por medio de Él.
Dice:
«Todas las cosas».
Y para que no quedara duda, lo expresa nuevamente de manera negativa:
«…sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.»
Eso establece una diferencia fundamental entre Jesucristo y todo lo que conocemos.
Hay cosas que fueron hechas.
Y está aquel por medio de quien fueron hechas.
Jesucristo pertenece a la segunda categoría.
No es presentado como una criatura extraordinariamente poderosa dentro del universo.
Es presentado antes del universo y participando en su creación.
Pablo lleva esta verdad todavía más lejos:
«Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles…»
Colosenses 1:16, RVR1960
Y continúa:
«…todo fue creado por medio de él y para él.»
Colosenses 1:16, RVR1960
Después añade:
«Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.»
Colosenses 1:17, RVR1960
Detengámonos.
Porque estamos comenzando a descubrir quién era realmente Jesucristo.
Antes de que hubiera estrellas…
Él estaba allí.
Antes de que hubiera galaxias…
Él estaba allí.
Antes de nuestro Sol…
Él estaba allí.
Antes de la Tierra…
Él estaba allí.
Antes de que hubiera océanos, montañas, árboles, animales o seres humanos…
Él estaba allí.
Pero no simplemente observando.
Todo fue creado por medio de Él.
Ahora levante por un momento los ojos hacia el cielo.
Piense en aquello que hemos estudiado en otras series de Cristopedia.
Las estrellas.
Esas enormes esferas luminosas que desde nuestro planeta parecen pequeños puntos sobre la oscuridad.
Piense en sus tamaños.
En sus temperaturas.
En la energía que producen.
En las enormes distancias que las separan.
Piense en los cometas recorriendo el espacio y desarrollando sus extraordinarias colas cuando se aproximan al Sol.
Piense en nuestro planeta.
En sus océanos.
En las montañas.
En las nubes.
En el ciclo del agua.
En la nieve.
En los ríos.
En los bosques.
En la extraordinaria diversidad de seres vivos.
Ahora vuelva a leer:
«…todo fue creado por medio de él…»
Estamos comenzando a conocer a Jesucristo.
Y quizá sea muchísimo más grande de lo que imaginábamos.
El universo nos permite conocer algo acerca de Él
Hay otra verdad que hace esta revelación todavía más fascinante.
Una obra puede decirnos algo acerca de quien la realizó.
Cuando contemplamos una pintura extraordinaria, podemos descubrir algo del talento de su artista.
Cuando entramos en un edificio impresionante, comenzamos a conocer algo de la mente del arquitecto.
Cuando escuchamos una gran composición musical, descubrimos algo de quien pudo concebirla.
Entonces contemplemos por un momento la obra asociada en las Escrituras con Jesucristo.
Mire hacia arriba.
El universo es inmenso.
Existen estrellas tan grandes que nuestro Sol parece pequeño en comparación.
Hay estructuras celestes que nuestra mente apenas puede dimensionar.
Pero después mire hacia abajo.
Observe una flor.
Una hoja.
Una gota de agua.
Un insecto.
El latido de un corazón.
La creación no solamente presenta dimensiones enormes.
También contiene detalles extraordinarios.
Grandeza y delicadeza.
Magnitud y precisión.
Fuerza y belleza.
Orden y variedad.
Y todo esto comienza a decirnos algo acerca de aquel por medio de quien fueron hechas todas las cosas.
El Jesucristo que estamos intentando conocer no es pequeño.
Su capacidad creativa sobrepasa nuestra imaginación.
Y Hebreos hace una declaración igualmente extraordinaria:
«…por quien asimismo hizo el universo.»
Hebreos 1:2, RVR1960
Después describe al Hijo como:
«…el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…»
y dice que:
«…sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…»
Hebreos 1:3, RVR1960
No solamente creación.
Sustento.
Colosenses había dicho:
«…todas las cosas en él subsisten.»
Hebreos dice:
«…sustenta todas las cosas con la palabra de su poder.»
El cuadro comienza a hacerse enorme.
Jesucristo existía antes de la creación.
Participó en la creación.
Y las Escrituras también lo relacionan con el sostenimiento de aquello que fue creado.
Este es el Jesucristo que queremos conocer antes de llevarlo a Belén.
Porque si comenzamos solamente con el niño acostado en el pesebre, podemos no comprender quién está allí.
Primero necesitamos verlo antes del pesebre.
Necesitamos verlo en relación con el Padre.
Necesitamos verlo en su gloria.
Necesitamos contemplar su Reino.
Necesitamos descubrir su autoridad.
Y necesitamos contemplarlo como Creador.
Solo entonces estaremos preparados para comprender la magnitud de lo que ocurrió cuando entró en nuestra historia.
Y después caminó dentro de su propia creación
Hay algo profundamente conmovedor que todavía no queremos desarrollar por completo.
Lo reservaremos para más adelante.
Pero es imposible contemplar estas Escrituras sin comenzar a sentir el contraste.
Juan nos dice:
«Todas las cosas por él fueron hechas…»
Y después, en el mismo capítulo, declara:
«En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho…»
Juan 1:10, RVR1960
Piense en esas palabras:
«El mundo por él fue hecho».
Y un día estuvo aquí.
Caminando sobre la Tierra.
El Creador caminando dentro de su creación.
Imagine a Jesús junto al mar de Galilea.
Delante de Él estaba el agua.
Sobre Él estaba el cielo.
Por la noche podía contemplar las estrellas.
El viento golpeaba su rostro.
Sus pies tocaban la tierra.
Y todo aquello pertenecía al mundo que había sido creado por medio de Él.
Cuando Jesús contemplaba una flor, no estaba contemplando algo completamente ajeno a Él.
Cuando miraba las aves volar, estaba mirando criaturas pertenecientes a la creación que había venido a existir por medio de Él.
Cuando levantaba los ojos hacia las estrellas, contemplaba luces que existían porque un día fueron creadas.
Y cuando calmó el viento y el mar, sus discípulos hicieron una pregunta extraordinaria:
«¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?»
Mateo 8:27, RVR1960
Ellos estaban comenzando a descubrirlo.
Aquel hombre que viajaba con ellos en la barca era mucho más de lo que sus ojos podían ver.
Y todavía existe un contraste mucho mayor.
Juan escribió:
«En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.»
Juan 1:10, RVR1960
Qué frase tan dolorosa.
El mundo por Él fue hecho.
Pero el mundo no lo conoció.
El Creador entró en su creación…
y su creación no reconoció a su Creador.
Pero por ahora detengámonos allí.
Porque todavía estamos reuniendo las piezas.
Todavía estamos descubriendo quién era.
Todavía estamos contemplando lo que tenía.
Todavía estamos intentando comprender la magnitud de la realidad que conocía antes de venir.
Más adelante reuniremos todo.
La gloria.
La presencia del Padre.
El Reino.
La ciudad.
El trono.
Su autoridad.
Su condición de Creador.
Y entonces podremos formular una pregunta que quizá cambie para siempre nuestra manera de contemplar la encarnación:
¿Qué significó realmente para Jesucristo dejar aquella existencia y convertirse en hombre?
Todavía no respondamos.
Primero terminemos de conocer quién era.
Finalización
Antes de Belén, Jesucristo no era alguien esperando comenzar su historia.
Su historia ya venía de la eternidad.
Estaba con el Padre.
Conocía la gloria.
Conocía el Reino.
Y cuando apareció aquello que nosotros llamamos universo, Él ya existía.
Juan declara:
«Todas las cosas por él fueron hechas.»
Pablo:
«Todo fue creado por medio de él y para él.»
Hebreos:
«Por quien asimismo hizo el universo.»
Y añade que:
«Sustenta todas las cosas con la palabra de su poder.»
Estamos intentando conocer a Jesucristo.
Y mientras más avanzamos, más grande se vuelve delante de nuestros ojos.
No era simplemente un gran maestro que aparecería siglos después en Israel.
No era solamente un profeta.
No era una criatura más dentro del inmenso universo.
Era aquel por medio de quien el universo había sido creado.
Las estrellas que hemos contemplado en Cristopedia nos hablan de su grandeza.
La Tierra nos habla de su sabiduría.
La diversidad de la vida nos habla de una creatividad extraordinaria.
El orden de la creación nos habla de inteligencia.
Su belleza nos permite vislumbrar algo del corazón de su Creador.
Y todo esto será importante más adelante.
Porque llegará el momento en que tendremos que reunir cada descubrimiento de esta serie y mirar nuevamente hacia Belén.
Entonces ya no veremos solamente a un niño.
Recordaremos al Creador.
Recordaremos la gloria.
Recordaremos el Reino.
Recordaremos el mundo que conocía.
Y comenzaremos a comprender que antes de entregar su vida sobre una cruz, hubo otra entrega extraordinaria que necesitamos entender.
Pero todavía no.
Primero sigamos descubriendo quién era Jesucristo.
Porque cuanto mejor conozcamos quién era y cómo era su existencia, mejor podremos comprender después qué clase de Dios estuvo dispuesto a dejar todo aquello para darnos una segunda oportunidad.
Libro recomendado

