Por el Dr. Elio M Rivera
El templo como centro de la relación entre Dios e Israel
El templo ocupa un lugar central en la historia bíblica porque representaba la presencia de Dios en medio de su pueblo, el lugar del sacrificio, la adoración, el sacerdocio y las fiestas establecidas en la Ley.
Desde el tabernáculo en el desierto hasta el templo de Jerusalén, Dios mostró que deseaba habitar en medio de Israel.
“Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos.”
(Éxodo 25:8, RVR1960).
El templo no fue simplemente un edificio religioso. Era el centro espiritual de la nación.
Allí se ofrecían los sacrificios.
Allí ministraban los sacerdotes.
Allí se celebraban las fiestas.
Allí se encontraba el Lugar Santísimo.
Allí se manifestaba de una manera especial la presencia de Dios.
Por esta razón, cuando las profecías de los últimos tiempos vuelven a mencionar sacrificios, un lugar santo, un templo, un altar y adoradores, están describiendo un escenario que requiere nuevamente la existencia de un templo en Jerusalén.
El tabernáculo: Dios habitando en medio de su pueblo
Después de sacar a Israel de Egipto, Dios ordenó a Moisés construir el tabernáculo.
Era una estructura portátil que acompañaba al pueblo durante su peregrinación por el desierto. Su diseño no surgió de la imaginación humana. Dios mostró a Moisés el modelo que debía seguir.
“Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis.”
(Éxodo 25:9, RVR1960).
El tabernáculo estaba dividido en áreas específicas.
El atrio.
El Lugar Santo.
El Lugar Santísimo.
En el atrio se encontraba el altar de los sacrificios. En el Lugar Santo estaban el candelero, la mesa de los panes y el altar del incienso. En el Lugar Santísimo se colocó el arca del pacto.
El sumo sacerdote podía entrar al Lugar Santísimo solamente una vez al año, en el Día de la Expiación, llevando sangre por sus propios pecados y por los del pueblo.
El tabernáculo enseñaba varias verdades fundamentales:
Dios es santo.
El pecado separa al ser humano de Dios.
Es necesario un sacrificio.
Se requiere mediación sacerdotal.
Dios desea habitar en medio de su pueblo.
Estas verdades prepararon el camino para comprender la obra de Jesucristo.
El templo de Salomón
Cuando Israel se estableció en la tierra, David deseó construir una casa permanente para Dios. Sin embargo, fue su hijo Salomón quien levantó el primer templo en Jerusalén.
El templo fue construido en el monte Moriah, en el lugar que David había preparado.
“Comenzó Salomón a edificar la casa de Jehová en Jerusalén, en el monte Moriah.”
(2 Crónicas 3:1, RVR1960).
Cuando la construcción fue terminada, la gloria de Dios llenó el templo.
“Y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios.”
(2 Crónicas 5:14, RVR1960).
El templo de Salomón se convirtió en el corazón religioso de Israel.
Allí se ofrecían sacrificios.
Allí se reunía el pueblo durante las fiestas.
Allí ministraban los sacerdotes.
Allí se encontraba el arca del pacto.
Sin embargo, el templo no protegía automáticamente a la nación. Cuando Israel cayó en idolatría, injusticia y rebelión, los profetas anunciaron juicio.
En el año 586 a. C., el ejército de Nabucodonosor destruyó Jerusalén y quemó el templo.
“Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén.”
(2 Reyes 25:9, RVR1960).
La destrucción del primer templo marcó uno de los momentos más dolorosos de la historia de Israel.
El segundo templo
Después del cautiverio en Babilonia, el rey Ciro permitió que los judíos regresaran a Jerusalén y reconstruyeran el templo.
Zorobabel dirigió aquella obra.
“Entonces se levantaron Zorobabel hijo de Salatiel y Jesúa hijo de Josadac, y comenzaron a reedificar la casa de Dios que estaba en Jerusalén.”
(Esdras 5:2, RVR1960).
El segundo templo fue terminado en el año 516 a. C. Aunque inicialmente era más modesto que el templo de Salomón, siglos después Herodes el Grande emprendió una enorme ampliación y embellecimiento.
El templo que existía en tiempos de Jesús era conocido como el templo de Herodes, aunque pertenecía al período del segundo templo.
Allí fue presentado Jesús cuando era niño.
Allí enseñó a los doctores de la Ley.
Allí expulsó a los cambistas.
Allí predicó durante los últimos días de su ministerio.
El segundo templo fue testigo de la presencia del Mesías.
Jesús anunció la destrucción del segundo templo
Los discípulos contemplaban con admiración la grandeza del templo, pero Jesús anunció su destrucción.
“¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.”
(Mateo 24:2, RVR1960).
La profecía se cumplió en el año 70 d. C., cuando las legiones romanas dirigidas por Tito conquistaron Jerusalén y destruyeron el templo.
Desde entonces, el pueblo judío no ha tenido un templo en Jerusalén.
No existe altar para los sacrificios bíblicos.
No funciona el sacerdocio levítico como en la antigüedad.
No se celebra el Día de la Expiación conforme al ritual del templo.
Durante casi dos mil años, esta ausencia creó una pregunta profética:
¿Cómo podrán cumplirse los pasajes que describen sacrificios, un lugar santo, un templo y un altar en los acontecimientos finales?
Daniel anunció la interrupción de los sacrificios
Daniel 9:27 contiene una de las profecías más importantes relacionadas con el futuro templo.
“Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda.”
(Daniel 9:27, RVR1960).
La profecía afirma que una figura futura hará cesar el sacrificio y la ofrenda.
Pero para que los sacrificios puedan cesar, primero deben haberse reanudado.
Y para que se reanuden conforme al modelo bíblico, debe existir:
Un altar.
Un sacerdocio.
Un sistema de culto.
Un lugar santo.
Un santuario en Jerusalén.
Daniel 9:27 presupone un templo futuro.
No puede interrumpirse un sacrificio que no existe.
No puede profanarse un lugar santo inexistente.
No puede abolirse una ofrenda que nunca comenzó.
Por eso, la profecía requiere la restauración del culto del templo.
Jesús confirmó la profecía de Daniel
Jesús retomó directamente la profecía de Daniel.
“Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel…”
(Mateo 24:15, RVR1960).
Jesús colocó la abominación desoladora dentro del escenario relacionado con los acontecimientos finales.
La expresión “lugar santo” tiene un significado concreto dentro del contexto judío. Se refiere al área sagrada asociada con el templo.
Jesús no dijo:
“Si alguna vez existe un lugar santo.”
Dijo:
“Cuando veáis en el lugar santo…”
Sus palabras presupongan que en el momento señalado existirá nuevamente un lugar reconocido como santo y relacionado con el culto de Israel.
La advertencia se dirige a quienes estarán en Judea. Todo el contexto es geográfico y concreto.
Jerusalén.
Judea.
El lugar santo.
La profanación.
La huida.
Esto requiere un escenario israelita restaurado.
El hombre de pecado se sentará en el templo
El apóstol Pablo añadió otro elemento decisivo.
“Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición.”
(2 Tesalonicenses 2:3, RVR1960).
Después declaró:
“El cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.”
(2 Tesalonicenses 2:4, RVR1960).
Pablo describe a una figura futura que entrará en el templo, se sentará allí y reclamará adoración divina.
Para que esto ocurra, debe existir un templo real.
No se puede sentar físicamente en un templo inexistente.
No puede profanar un santuario que no ha sido levantado.
No puede hacerse pasar por Dios dentro de un edificio que no existe.
La profecía de Pablo confirma la necesidad de un tercer templo en Jerusalén.
Apocalipsis presenta un templo futuro
Apocalipsis 11 contiene otra referencia directa.
Juan recibió esta orden:
“Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él.”
(Apocalipsis 11:1, RVR1960).
Luego añadió:
“Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses.”
(Apocalipsis 11:2, RVR1960).
El pasaje menciona elementos específicos:
Un templo.
Un altar.
Adoradores.
Un patio exterior.
La ciudad santa.
Gentiles.
Un período de cuarenta y dos meses.
Desde una interpretación futurista, Juan está contemplando un templo que existirá durante los acontecimientos finales.
Cuando Juan recibió la visión, el segundo templo ya había sido destruido. Por tanto, el templo que aparece en Apocalipsis no puede ser el de Salomón ni el de Herodes.
Es un templo futuro.
La armonía entre Daniel, Jesús, Pablo y Apocalipsis
Los cuatro testimonios presentan el mismo escenario general.
Daniel
Anuncia sacrificios y ofrendas que serán interrumpidos.
Jesús
Habla de una abominación colocada en el lugar santo.
Pablo
Describe al hombre de pecado sentado en el templo de Dios.
Apocalipsis
Presenta el templo, el altar, los adoradores y el patio exterior en Jerusalén.
Estas profecías convergen.
No son referencias desconectadas. Describen diferentes aspectos del mismo escenario profético.
Habrá culto.
Habrá sacrificios.
Habrá un templo.
Habrá una profanación.
Habrá un gobernante que reclamará adoración.
Habrá dominio gentil sobre parte de la ciudad durante un período definido.
Todo esto requiere un tercer templo.
¿Por qué se llama tercer templo?
Se utiliza la expresión “tercer templo” porque en la historia de Israel existieron dos grandes templos en Jerusalén.
El primero fue construido por Salomón y destruido por Babilonia.
El segundo fue levantado después del cautiverio, ampliado por Herodes y destruido por Roma.
El templo futuro sería el tercero en esa secuencia histórica.
La Biblia no utiliza directamente la expresión “tercer templo”, pero describe un templo futuro posterior a la destrucción del segundo.
Por eso, el término es apropiado.
¿Por qué todavía no existe?
El principal obstáculo es la situación del Monte del Templo.
En ese lugar se encuentran actualmente santuarios islámicos de enorme importancia religiosa. El área es administrada bajo un arreglo delicado y constituye uno de los lugares más disputados del mundo.
Cualquier intento de modificar la situación podría provocar una crisis internacional.
Desde una perspectiva humana, la construcción de un nuevo templo parece extremadamente difícil.
Sin embargo, muchas profecías bíblicas parecían imposibles antes de cumplirse.
Parecía imposible que Israel volviera a existir.
Parecía imposible que el pueblo regresara desde numerosas naciones.
Parecía imposible que Jerusalén volviera al centro de la historia.
Parecía imposible que el hebreo reviviera como idioma cotidiano.
Y, sin embargo, ocurrió.
El hecho de que hoy existan obstáculos no invalida la profecía. Solamente demuestra que todavía no ha llegado el momento de su cumplimiento.
La existencia de Israel hizo posible el escenario
Durante casi dos mil años no existía una nación judía capaz de levantar un templo en Jerusalén.
El pueblo estaba disperso.
La ciudad estaba bajo dominio extranjero.
No había gobierno israelí.
No existía control judío sobre la región.
Después de 1948 y 1967, el escenario cambió.
Israel volvió a existir.
Jerusalén volvió a quedar bajo control israelí.
El pueblo judío regresó a su tierra.
El Monte del Templo volvió a ocupar el centro de la atención mundial.
La construcción del templo todavía no ha ocurrido, pero la condición nacional necesaria ya existe.
El interés contemporáneo por el templo
Dentro de Israel existen grupos que estudian las leyes del templo, investigan los utensilios antiguos, preparan vestiduras sacerdotales y promueven la posibilidad de restaurar el culto.
Estas actividades no significan que la construcción sea inmediata, pero demuestran que el templo dejó de ser solamente un recuerdo histórico.
Existe interés.
Existe preparación.
Existe conciencia religiosa.
Existe nuevamente una nación judía en Jerusalén.
El escenario continúa avanzando.
¿Es el templo necesario para la salvación?
El futuro templo no sustituirá la obra de Jesucristo.
La salvación no depende de sacrificios de animales.
Cristo ofreció un sacrificio perfecto y definitivo.
“Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios.”
(Hebreos 10:12, RVR1960).
El templo futuro será importante porque forma parte del escenario profético, no porque pueda reemplazar la cruz.
Los sacrificios futuros no podrán quitar el pecado. Solamente la sangre de Cristo puede hacerlo.
El templo mostrará que la humanidad continúa buscando formas religiosas mientras rechaza al verdadero Mesías.
También será el lugar donde el hombre de pecado manifestará su rebelión y reclamará una adoración que pertenece solamente a Dios.
El tercer templo será escenario de engaño y profanación
El futuro templo no debe contemplarse solamente con entusiasmo religioso.
La Biblia muestra que será escenario de una profunda crisis.
Los sacrificios serán interrumpidos.
El lugar santo será profanado.
El hombre de pecado reclamará adoración.
Jerusalén será hollada por las naciones.
Por tanto, la construcción del templo no significará automáticamente que todo esté bien espiritualmente.
Será una señal de que el escenario profético ha entrado en una etapa decisiva.
No necesitamos saber cómo será construido
La Biblia no explica todos los detalles políticos, religiosos o militares que permitirán la construcción del tercer templo.
No dice quién autorizará la obra.
No revela el acuerdo internacional que podría hacerlo posible.
No explica cómo se resolverá la situación del Monte del Templo.
No establece cuánto tiempo requerirá su construcción.
Pero el hecho de que no conozcamos el procedimiento no disminuye la claridad del resultado.
Las profecías describen un templo futuro.
Dios conoce el camino que llevará a su cumplimiento.
Una condición profética todavía pendiente
La restauración de Israel ya ocurrió.
Jerusalén volvió al centro.
El pueblo regresó a su tierra.
El escenario político y religioso existe.
Pero el templo todavía no ha sido levantado.
Esto significa que estamos contemplando un escenario profético parcialmente preparado.
Algunas condiciones ya se cumplieron.
Otras todavía se encuentran delante de nosotros.
El tercer templo es una de las piezas más importantes que aún faltan.
Reflexión final
El tabernáculo mostró el deseo de Dios de habitar en medio de su pueblo.
El templo de Salomón fue el centro espiritual de Israel.
El segundo templo recibió la visita del Mesías.
Roma destruyó aquel templo en el año 70 d. C.
Pero las profecías de Daniel, Jesús, Pablo y Apocalipsis describen un templo que existirá después de aquella destrucción.
Daniel anuncia sacrificios que serán interrumpidos.
Jesús habla de una abominación en el lugar santo.
Pablo presenta al hombre de pecado sentado en el templo.
Apocalipsis muestra el templo, el altar y los adoradores en Jerusalén.
La conclusión es inevitable:
Si estas profecías se interpretan literalmente, debe existir nuevamente un templo en Jerusalén.
No conocemos el momento de su construcción.
No sabemos qué acontecimientos políticos la permitirán.
No sabemos cuánto tiempo falta.
Pero sabemos que la Palabra de Dios no puede fallar.
Israel ya volvió a existir.
Jerusalén ya regresó al centro de la historia.
El escenario necesario está tomando forma.
El tercer templo todavía no ha sido construido, pero las profecías declaran que llegará a ocupar un lugar central en los acontecimientos finales.
Por eso, su importancia no se limita a la arqueología, la política o la religión judía.
Es una pieza fundamental del escenario profético.
La pregunta no debe ser solamente:
¿Cuándo será construido el templo?
La pregunta más importante es:
¿Estamos preparados espiritualmente para los acontecimientos que seguirán cuando ese escenario se complete?
“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.”
(Mateo 24:42, RVR1960).
Textos principales
- Éxodo 25:8-9.
- 2 Crónicas 3:1.
- 2 Crónicas 5:13-14.
- Esdras 5:1-2.
- Daniel 9:27.
- Mateo 24:1-15.
- 2 Tesalonicenses 2:3-4.
- Hebreos 9:1-28.
- Hebreos 10:1-18.
- Apocalipsis 11:1-2.
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