Por el Dr. Elio M. Rivera
Si existe un lugar en Jerusalén que ha influido en la historia bíblica más que cualquier otro, es el Monte Moriah. A lo largo de más de tres mil años, esta montaña ha sido escenario de algunos de los acontecimientos más importantes de las Escrituras y continúa siendo uno de los lugares más sagrados y controvertidos del mundo.
La historia del Monte Moriah comienza mucho antes de la construcción del Templo.
El primer acontecimiento bíblico asociado con este lugar aparece en los días de Abraham.
Dios le ordenó llevar a su hijo Isaac a una de las montañas de la región de Moriah para ofrecerlo en sacrificio.
El relato se encuentra en Génesis:
”Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (Génesis 22:2).
Siglos más tarde, la tradición judía identificó este lugar con la montaña donde posteriormente sería construido el Templo de Jerusalén.
La siguiente gran etapa ocurrió durante el reinado del rey David.
Después de una plaga que azotó a Israel, David compró una era perteneciente a Arauna el jebuseo.
Allí levantó un altar al Señor.
Años después, las Escrituras revelarían la importancia de aquel terreno.
”Comenzó Salomón a edificar la casa de Jehová en Jerusalén, en el monte Moriah, que había sido mostrado a David su padre” (Segunda de Crónicas 3:1).
Con esta declaración, la Biblia conecta directamente el Monte Moriah con el lugar donde se construiría el Templo.
Alrededor del año novecientos sesenta antes de Cristo, Salomón edificó el Primer Templo.
A partir de ese momento, el Monte Moriah se convirtió en el centro espiritual de Israel.
Durante casi cuatro siglos los sacrificios, las fiestas y la adoración nacional giraron alrededor de este lugar.

Vista nocturna de la explanada del templo en el monte Moriah
Sin embargo, en el año quinientos ochenta y seis antes de Cristo, los ejércitos de Babilonia destruyeron Jerusalén y el Templo fue reducido a escombros.
Décadas más tarde, después del regreso del exilio, los judíos reconstruyeron el santuario.
Aquella estructura sería conocida posteriormente como el Segundo Templo.
Pero la transformación más espectacular ocurrió durante el reinado de Herodes el Grande.
Alrededor del año veinte antes de Cristo, Herodes inició uno de los proyectos de construcción más ambiciosos de toda la antigüedad.
Su objetivo era ampliar la plataforma del Templo hasta convertirla en uno de los complejos religiosos más impresionantes del mundo romano.
Para lograrlo, ordenó la construcción de enormes muros de contención alrededor de la montaña.
Millones de toneladas de piedra fueron utilizadas para crear una inmensa explanada artificial.
Las gigantescas piedras herodianas todavía pueden verse hoy en diversos sectores del Monte del Templo.
Algunas pesan más de cincuenta toneladas.
Otras superan los doce metros de longitud.
La precisión de su colocación continúa asombrando a ingenieros y arqueólogos modernos.
Fue esta explanada la que conoció Jesucristo.

El templo o santuario de Herodes edificado sobre el monte Moriah
Cuando los Evangelios hablan del Templo, están describiendo el magnífico complejo construido por Herodes sobre el Monte Moriah.
Aquí enseñó Jesús.
Aquí expulsó a los cambistas.
Aquí observó a la viuda que ofreció sus dos blancas.
Y aquí pronunció algunas de sus enseñanzas más importantes.
La explanada también fue testigo de una de las profecías más impresionantes pronunciadas por el Señor.
Al contemplar el Templo, Jesús dijo:
”¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Mateo 24:2).
Apenas cuarenta años después, aquella profecía comenzó a cumplirse.
En el año setenta después de Cristo, las legiones romanas dirigidas por Tito destruyeron Jerusalén y el Templo.
Las excavaciones realizadas alrededor del Monte del Templo han descubierto enormes bloques de piedra derribados desde las alturas durante aquella destrucción.
Algunas de esas piedras continúan donde cayeron hace casi dos mil años.
Después de la destrucción romana, el Monte Moriah experimentó nuevas transformaciones.
Durante el período bizantino permaneció relativamente abandonado.
Sin embargo, en el siglo séptimo, bajo dominio islámico, se construyeron dos de las estructuras más reconocibles de Jerusalén.
La primera fue la Cúpula de la Roca, terminada alrededor del año seiscientos noventa y uno.
Poco después se edificó la Mezquita de Al-Aqsa.
Ambos edificios continúan dominando el horizonte de Jerusalén hasta nuestros días.
Desde el punto de vista arqueológico, pocos lugares del mundo presentan un desafío tan grande como el Monte Moriah.
Debido a su enorme importancia religiosa, las excavaciones directas en la explanada son extremadamente limitadas.
Por esta razón, gran parte de la información arqueológica procede de excavaciones realizadas alrededor de sus muros, túneles y áreas adyacentes.
Aun así, los descubrimientos han sido extraordinarios.
Los arqueólogos han encontrado calles, escalinatas, baños rituales, inscripciones, monedas y estructuras pertenecientes a distintas etapas de la historia de Jerusalén.
Cada hallazgo confirma la importancia central que este lugar ha tenido durante milenios.
Quizá ninguna otra montaña del mundo haya acumulado tanta historia en tan poco espacio.
Aquí Abraham estuvo dispuesto a ofrecer a Isaac.
Aquí Salomón edificó el Templo.
Aquí adoraron los reyes de Judá.
Aquí enseñó Jesucristo.
Y aquí se desarrollaron algunos de los acontecimientos más importantes de la historia bíblica.
Por esa razón, el Monte Moriah y la Explanada del Templo no son simplemente un sitio arqueológico.
Son el corazón histórico de Jerusalén.
Un lugar donde convergen la historia, la arqueología y la fe de millones de personas.
Y aunque dedicaremos artículos completos al Templo de Salomón, al Templo de Herodes y a los numerosos descubrimientos realizados en sus alrededores, resulta imposible comprender Jerusalén sin comprender primero esta montaña que ha dominado la historia de la ciudad durante más de tres mil años.
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