Por el Dr. Eio M Rivera
Un escenario profético que necesitaba volver a ser posible
El libro de Apocalipsis describe los acontecimientos que conducirán al regreso de Jesucristo, al juicio de las naciones y al establecimiento definitivo del reino de Dios.
Dentro de sus visiones aparecen lugares, pueblos y acontecimientos estrechamente relacionados con Israel.
Jerusalén vuelve a ocupar un lugar central.
Las doce tribus son mencionadas por nombre.
Ciento cuarenta y cuatro mil israelitas son sellados.
Aparece un templo en Jerusalén.
Los ejércitos del mundo se reúnen en Armagedón.
Durante muchos siglos, estos elementos parecían difíciles de interpretar literalmente porque Israel no existía como nación y Jerusalén se encontraba bajo dominio extranjero.
Pero desde 1948, el escenario cambió.
Israel volvió a existir.
El pueblo judío regresó a su tierra.
Jerusalén volvió al centro de la historia mundial.
Los lugares mencionados por Apocalipsis recuperaron una relevancia política y profética que durante siglos parecía imposible.
Jerusalén aparece en el centro de los acontecimientos
Apocalipsis presenta a Jerusalén como una ciudad relacionada directamente con los acontecimientos finales.
En el capítulo 11, Juan recibe una orden:
“Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él.”
(Apocalipsis 11:1, RVR1960).
Luego se le dice:
“Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses.”
(Apocalipsis 11:2, RVR1960).
La expresión “la ciudad santa” identifica a Jerusalén. El pasaje describe una ciudad real sometida a presión de las naciones durante un período determinado.
Más adelante, Apocalipsis 11:8 habla de la “grande ciudad” donde el Señor fue crucificado. Esa identificación conduce nuevamente a Jerusalén.
Apocalipsis no presenta a Jerusalén como un lugar olvidado o irrelevante. La presenta nuevamente en el centro del conflicto profético.
Una ciudad disputada por las naciones
La descripción de Jerusalén siendo hollada por los gentiles armoniza con las palabras de Jesús:
“Y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.”
(Lucas 21:24, RVR1960).
Apocalipsis muestra que Jerusalén continuará vinculada con la relación entre Israel y las naciones hasta los acontecimientos finales.
Para que esa profecía se cumpla de manera literal, Jerusalén debe existir como una ciudad reconocible, habitada y disputada.
Eso es exactamente lo que ocurre en la actualidad.
Jerusalén se encuentra bajo control israelí, pero su soberanía continúa siendo discutida internacionalmente. Judíos, cristianos y musulmanes consideran sagrados distintos lugares de la ciudad. Cualquier cambio político, religioso o territorial relacionado con Jerusalén provoca reacciones en muchas naciones.
La ciudad profética volvió al centro del escenario mundial.
Las doce tribus de Israel
Apocalipsis no habla de Israel únicamente mediante símbolos generales. Menciona directamente las doce tribus.
Juan escribió:
“Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.”
(Apocalipsis 7:4, RVR1960).
Después, el texto enumera las tribus:
Judá.
Rubén.
Gad.
Aser.
Neftalí.
Manasés.
Leví.
Isacar.
Zabulón.
José.
Benjamín.
La expresión utilizada es clara: “las tribus de los hijos de Israel.”
El texto no dice que sean representantes simbólicos de pueblos gentiles. Los identifica como descendientes de las tribus de Israel.
Desde una interpretación futurista, estos ciento cuarenta y cuatro mil son israelitas escogidos y sellados por Dios durante el período de la tribulación.
Los ciento cuarenta y cuatro mil
Apocalipsis presenta a este grupo de manera específica.
Son ciento cuarenta y cuatro mil.
Proceden de las tribus de Israel.
Han sido sellados por Dios.
Pertenecen al Cordero.
Aparecen nuevamente junto a Él en Apocalipsis 14.
Juan declara:
“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.”
(Apocalipsis 14:1, RVR1960).
El monte de Sion vuelve a relacionar el pasaje con Jerusalén e Israel.
Dios preserva un remanente israelita durante los acontecimientos finales. Esto demuestra que su propósito con Israel no terminó con la iglesia ni fue eliminado por la dispersión.
Israel continúa presente dentro del plan profético de Dios.
Dios no olvidó a las tribus de Israel
Durante siglos se habló de las “diez tribus perdidas”. Muchas comunidades fueron dispersadas y mezcladas entre diferentes poblaciones.
Pero para Dios ninguna tribu está perdida.
Él conoce su descendencia.
Él conoce su identidad.
Él puede distinguir a quienes los seres humanos ya no pueden identificar.
La mención de las tribus en Apocalipsis demuestra que el pueblo de Israel continúa siendo reconocido por Dios dentro de su propósito.
La historia humana pudo dispersarlo, pero no pudo borrar su identidad delante de Dios.
El templo de Apocalipsis 11
Uno de los elementos más importantes de la interpretación futurista es la aparición de un templo.
Juan recibe la orden:
“Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él.”
(Apocalipsis 11:1, RVR1960).
El texto menciona:
Un templo.
Un altar.
Adoradores.
Un patio exterior.
La ciudad santa.
Desde una interpretación futurista, estos elementos describen un templo real que estará relacionado con Jerusalén durante los acontecimientos finales.
Cuando Juan escribió Apocalipsis, el templo de Herodes ya había sido destruido por los romanos. Por tanto, la visión apunta hacia un templo futuro.
La profecía requiere un escenario israelita
La existencia de un templo futuro presupone varias condiciones.
Israel debe existir como nación.
Jerusalén debe volver a estar en el centro del escenario.
Debe haber presencia judía en la ciudad.
Debe existir interés en la restauración del culto.
La región del antiguo templo debe poseer importancia religiosa y política.
Todas estas condiciones han vuelto a existir.
Israel controla Jerusalén.
El pueblo judío tiene acceso al Muro Occidental.
El Monte del Templo continúa siendo uno de los lugares más disputados y sensibles del mundo.
Existen grupos judíos que estudian las leyes del templo, preparan utensilios y expresan abiertamente el deseo de restaurar el culto.
Esto no significa que el templo ya haya sido construido. Significa que el escenario necesario para su futura existencia vuelve a ser históricamente posible.
Un escenario imposible antes de 1948
Antes del establecimiento del Estado moderno de Israel, la idea de un templo judío relacionado con Jerusalén parecía extremadamente lejana.
El pueblo estaba disperso.
No existía soberanía nacional judía.
Jerusalén estaba bajo gobiernos gentiles.
No había una autoridad israelí capaz de intervenir en la ciudad.
Después de 1948 y especialmente después de 1967, la situación cambió.
Israel volvió a existir.
Jerusalén oriental quedó bajo control israelí.
El lugar del antiguo templo volvió a encontrarse dentro de una ciudad gobernada por Israel.
La profecía ya no describe un escenario imposible.
El templo y el hombre de pecado
La aparición de un templo futuro también armoniza con lo anunciado por el apóstol Pablo.
“El cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.”
(2 Tesalonicenses 2:4, RVR1960).
Jesús también habló de la abominación desoladora anunciada por Daniel:
“Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel…”
(Mateo 24:15, RVR1960).
Daniel, Jesús, Pablo y Apocalipsis presentan un escenario donde existe un lugar santo, un templo y una profanación relacionada con los acontecimientos finales.
Estas profecías convergen.
Y todas requieren que Israel y Jerusalén hayan regresado a la historia.
Los dos testigos en Jerusalén
Apocalipsis 11 también anuncia el ministerio de dos testigos.
Dios declara:
“Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.”
(Apocalipsis 11:3, RVR1960).
Estos testigos desarrollarán un ministerio poderoso durante tres años y medio. Después serán asesinados, y sus cuerpos quedarán expuestos en la ciudad donde el Señor fue crucificado.
El texto ubica estos acontecimientos en Jerusalén.
La ciudad será observada por personas de diferentes pueblos, tribus, lenguas y naciones.
En generaciones anteriores, la idea de que habitantes de todo el mundo contemplaran un acontecimiento ocurrido en Jerusalén parecía imposible.
Hoy, mediante transmisiones satelitales, internet y teléfonos móviles, un acontecimiento sucedido en Jerusalén puede ser visto de manera inmediata en todo el planeta.
El escenario descrito por Apocalipsis no solo es posible. Corresponde al mundo en el que vivimos.
Israel perseguido en Apocalipsis 12
Apocalipsis 12 presenta la visión de una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies y una corona de doce estrellas.
La imagen recuerda el sueño de José:
“He aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí.”
(Génesis 37:9, RVR1960).
El sol, la luna y las estrellas representaban a Jacob, Raquel y los hijos de Israel.
Por esta razón, la mujer de Apocalipsis 12 representa a Israel, el pueblo del cual vino el Mesías.
La mujer da a luz un hijo varón que ha de regir a todas las naciones con vara de hierro. El hijo es Jesucristo.
Después, el dragón persigue a la mujer.
La visión demuestra que Israel continuará ocupando un lugar central en el conflicto espiritual y profético de los últimos tiempos.
La huida al desierto
Apocalipsis declara:
“Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días.”
(Apocalipsis 12:6, RVR1960).
Más adelante se repite que será sustentada por “un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo”.
La profecía describe a Israel perseguido y protegido por Dios durante la segunda mitad de la tribulación.
Para que Israel pueda huir desde Judea hacia un lugar preparado, debe encontrarse nuevamente en su tierra.
Eso requiere un Israel restaurado.
Armagedón y la tierra de Israel
Apocalipsis 16 anuncia la reunión de los ejércitos del mundo:
“Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.”
(Apocalipsis 16:16, RVR1960).
El nombre Armagedón se relaciona con Har-Megiddo, es decir, el monte o la región de Meguido.
Meguido se encuentra en la tierra de Israel, cerca del valle de Jezreel, una zona que ha sido escenario de numerosas batallas a lo largo de la historia.
Apocalipsis presenta a los ejércitos de las naciones reuniéndose en esa región antes de la confrontación final.
La profecía no sitúa el desenlace de la historia en una región simbólica desconocida. Lo coloca en un lugar geográfico real dentro de Israel.
Las naciones reunidas en la tierra bíblica
Armagedón no constituye solamente una batalla local. Forma parte de una movilización internacional contra Dios y contra su propósito.
Los gobernantes son engañados para reunirse para “la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso”.
Este acontecimiento armoniza con las profecías de Zacarías:
“Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén.”
(Zacarías 14:2, RVR1960).
También armoniza con Joel:
“Reuniré a todas las naciones, y las haré descender al valle de Josafat.”
(Joel 3:2, RVR1960).
Los profetas y Apocalipsis describen el mismo escenario general: las naciones reunidas en la tierra de Israel, Jerusalén bajo amenaza y la intervención directa de Dios.
Israel debe existir para que Armagedón ocurra
Durante siglos, la tierra estaba bajo control de distintos imperios y no existía un Estado de Israel.
La profecía de una confrontación mundial relacionada con Israel y Jerusalén parecía difícil de imaginar.
Hoy, Israel es una nación soberana.
Jerusalén se encuentra en el centro de tensiones internacionales.
Meguido está dentro del territorio israelí.
Las grandes potencias siguen con atención cada conflicto en la región.
El escenario de Armagedón está geográficamente preparado.
La restauración de Israel hizo posible el escenario de Apocalipsis
El libro de Apocalipsis presupone un conjunto de condiciones:
Israel existe.
El pueblo judío está nuevamente en su tierra.
Jerusalén ocupa un lugar central.
Las tribus de Israel son reconocidas por Dios.
Existe la posibilidad de un templo.
El Monte del Templo vuelve a ser relevante.
Las naciones pueden intervenir en la región.
Meguido se encuentra dentro de una nación llamada Israel.
Antes del siglo XX, este escenario parecía distante.
Después de 1948 y 1967, comenzó a ser históricamente posible.
Israel volvió a existir, y con su restauración regresaron al escenario los lugares y condiciones mencionados por Apocalipsis.
No es una coincidencia secundaria
No estamos hablando de una semejanza vaga.
Apocalipsis menciona Israel.
Menciona las tribus.
Menciona Jerusalén.
Menciona el templo.
Menciona Sion.
Menciona Meguido.
Menciona a las naciones reunidas en esa región.
La restauración moderna de Israel colocó nuevamente cada uno de estos elementos dentro de la historia.
La nación cuya existencia es necesaria para el desarrollo de la profecía volvió al mapa.
Una objeción frecuente: todo es simbólico
Algunos intérpretes consideran que Israel, Jerusalén, el templo y las tribus deben entenderse únicamente como símbolos de la iglesia.
Sin embargo, esta lectura encuentra dificultades.
Cuando Apocalipsis habla de las tribus de Israel, las enumera por nombre.
Cuando habla de la ciudad donde el Señor fue crucificado, identifica un lugar histórico.
Cuando menciona Armagedón, utiliza un nombre hebreo relacionado con una ubicación geográfica.
Cuando menciona el templo, incluye altar, adoradores y patio exterior.
El texto emplea símbolos, pero los símbolos se encuentran vinculados con pueblos, ciudades y lugares reales.
La interpretación futurista reconoce el lenguaje simbólico sin borrar la realidad histórica y geográfica que el propio libro presenta.
Israel y la iglesia no son lo mismo
La iglesia participa de las bendiciones espirituales de Dios y está formada por creyentes judíos y gentiles.
Pero esto no significa que Dios haya cancelado las promesas hechas a Israel.
Pablo declaró:
“Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.”
(Romanos 11:29, RVR1960).
Apocalipsis confirma esta verdad al presentar nuevamente a las tribus de Israel dentro del escenario final.
Dios continúa obrando con la iglesia, pero también mantiene su propósito con Israel.
Una secuencia profética coherente
Cuando se comparan las profecías, aparece una secuencia clara:
Los profetas anunciaron
Israel sería dispersado.
El pueblo sería preservado.
Regresaría a su tierra.
La nación sería restaurada.
Jerusalén volvería al centro.
Jesús anunció
Jerusalén sería hollada por los gentiles.
La higuera volvería a brotar.
Los acontecimientos finales se relacionarían con Judea y Jerusalén.
Pablo anunció
Dios todavía cumpliría su propósito con Israel.
Habría un templo relacionado con los acontecimientos finales.
Apocalipsis anuncia
Las tribus de Israel serán selladas.
Jerusalén será escenario profético.
Existirá un templo.
Israel será perseguido.
Las naciones se reunirán en Armagedón.
Cristo regresará y vencerá.
Cada parte se conecta con la anterior.
La restauración de Israel no es un acontecimiento aislado. Es la condición que permite que la secuencia continúe.
El escenario ya existe
Durante siglos, quienes leían Apocalipsis debían aceptar por fe que Israel volvería a ocupar su lugar.
No veían una nación.
No veían un gobierno judío.
No veían a Jerusalén bajo control israelí.
No podían imaginar con facilidad un templo relacionado con los últimos tiempos.
No podían contemplar una confrontación mundial centrada en Israel.
Nosotros vivimos en una época diferente.
Israel existe.
Jerusalén está nuevamente en el centro de la atención mundial.
El pueblo judío regresó desde numerosas naciones.
El Monte del Templo es uno de los lugares más disputados del planeta.
Las grandes potencias están profundamente involucradas en la región.
El escenario profético ya no es una idea imposible.
Está delante de nosotros.
Reflexión final
Apocalipsis presupone la existencia de Israel.
Presenta a Jerusalén.
Menciona a las doce tribus.
Describe a ciento cuarenta y cuatro mil israelitas.
Habla de un templo.
Ubica a Israel dentro de la persecución final.
Coloca a las naciones en Armagedón.
Todo ello encaja naturalmente con la restauración moderna de Israel.
La nación volvió a existir.
El pueblo volvió a su tierra.
Jerusalén volvió al centro.
La geografía del Apocalipsis regresó a la historia.
Esto no significa que todos los acontecimientos del libro ya se hayan cumplido.
Significa que el escenario necesario para su cumplimiento ya existe.
La restauración de Israel no completó Apocalipsis.
Lo hizo históricamente posible.
Durante generaciones, los creyentes leyeron estas profecías esperando que un día Israel regresara.
Nuestra generación vive después de ese regreso.
La pregunta ya no es:
¿Cómo podría cumplirse Apocalipsis si Israel no existe?
Israel existe.
La pregunta ahora es:
¿Estamos preparados para los acontecimientos que todavía faltan?
El propósito de la profecía no es satisfacer nuestra curiosidad. Es despertarnos.
Llamarnos al arrepentimiento.
Conducirnos a la santidad.
Impulsarnos a anunciar el evangelio.
Recordarnos que Cristo viene.
Apocalipsis termina con una promesa:
“Ciertamente vengo en breve.”
(Apocalipsis 22:20, RVR1960).
Y la respuesta de la iglesia debe ser:
“Amén; sí, ven, Señor Jesús.”
Referencias bíblicas
- Génesis 37:9-10.
- Daniel 9:27.
- Daniel 11:31.
- Daniel 12:11.
- Joel 3:1-16.
- Zacarías 12:1-10.
- Zacarías 14:1-9.
- Mateo 24:15-31.
- Lucas 21:20-28.
- Romanos 11:25-29.
- 2 Tesalonicenses 2:1-4.
- Apocalipsis 7:1-8.
- Apocalipsis 11:1-13.
- Apocalipsis 12:1-17.
- Apocalipsis 14:1-5.
- Apocalipsis 16:12-16.
- Apocalipsis 19:11-21.
- Apocalipsis 22:20.
Libro recomendado

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