Por el Dr. Elio M rivera
En el capítulo anterior analizamos cómo la humanidad experimentó una extraordinaria explosión científica a partir de la Revolución Industrial. Sin embargo, existe un fenómeno aún más sorprendente. No solo aumentó el conocimiento; también cambió radicalmente la manera en que ese conocimiento se almacena, se comparte y llega a cada persona.
Durante la mayor parte de la historia, el conocimiento estuvo reservado para unos cuantos. Aprender requería tiempo, recursos económicos y, en muchas ocasiones, vivir cerca de los grandes centros culturales. Hoy la situación es completamente diferente. Nunca antes una persona común había tenido acceso, desde su hogar o incluso desde la palma de su mano, a una cantidad tan inmensa de información.
Si Daniel hubiera contemplado nuestro mundo, probablemente no solo le habría sorprendido el crecimiento de la ciencia, sino también la facilidad con la que cualquier persona puede acceder a ese conocimiento en cuestión de segundos.
De las bibliotecas a la información instantánea
Durante siglos, el conocimiento fue un recurso escaso.
Los libros debían copiarse a mano.
Las bibliotecas eran pocas.
Las universidades estaban reservadas para una minoría.
Consultar una obra especializada podía requerir largos viajes o una considerable inversión económica.
Recuerdo perfectamente cómo era estudiar cuando era joven. Si necesitábamos investigar un tema, debíamos acudir a una biblioteca, revisar enormes enciclopedias impresas, consultar índices alfabéticos y pasar horas buscando la información adecuada. Muchas veces, después de todo ese esfuerzo, descubríamos que el libro que necesitábamos no estaba disponible o había sido prestado.
Hoy basta escribir unas cuantas palabras en un buscador para encontrar millones de resultados en menos de un segundo.
Lo que antes requería días de investigación ahora puede realizarse en minutos.
Internet: la mayor biblioteca jamás construida
La aparición de Internet transformó para siempre la historia del conocimiento humano.
No se trata simplemente de una red de computadoras. Internet se convirtió en una gigantesca biblioteca mundial donde millones de personas publican, consultan y actualizan información de manera permanente.
Hoy es posible acceder casi instantáneamente a:
- artículos científicos;
- libros digitales;
- mapas interactivos;
- fotografías históricas;
- documentos antiguos;
- museos virtuales;
- bases de datos médicas;
- investigaciones universitarias;
- estadísticas internacionales;
- imágenes satelitales.
Nunca antes en la historia de la humanidad había existido una fuente de información tan extensa y tan fácilmente accesible.
El teléfono inteligente: una biblioteca en el bolsillo
Quizá el invento que mejor representa esta nueva realidad sea el teléfono inteligente.
Durante siglos, el ser humano necesitó trasladarse hasta donde estaba el conocimiento.
Hoy ocurre exactamente lo contrario.
El conocimiento nos acompaña a todas partes.
En un dispositivo que cabe en la palma de la mano podemos consultar mapas, traducir idiomas, leer libros, estudiar medicina, asistir a clases universitarias, observar fotografías tomadas por telescopios espaciales, comunicarnos con personas al otro lado del planeta y acceder a millones de documentos en cuestión de segundos.
Lo que hace apenas unas décadas parecía ciencia ficción se ha convertido en parte de la vida cotidiana.
La computación en la nube: el conocimiento sin fronteras
Otro de los grandes cambios de nuestra época es la llamada computación en la nube.
Durante muchos años los documentos solo podían almacenarse físicamente en libros, archivos o en el disco duro de una computadora.
Hoy millones de personas guardan información en enormes centros de datos distribuidos alrededor del mundo.
Esto permite consultar documentos, fotografías, investigaciones y proyectos desde prácticamente cualquier lugar con conexión a Internet.
El conocimiento dejó de estar limitado por la ubicación física.
La digitalización de libros ha abierto posibilidades extraordinarias.
Miles de bibliotecas, universidades y centros de investigación han puesto a disposición del público millones de obras que antes solo podían consultarse de manera presencial.
Hoy un estudiante puede leer manuscritos antiguos, revisar diccionarios especializados, consultar comentarios bíblicos o acceder a publicaciones científicas sin abandonar su casa.
En el campo del estudio bíblico este cambio ha sido especialmente significativo.
Existen programas que permiten comparar manuscritos, consultar diccionarios hebreos y griegos, revisar mapas, acceder a fotografías arqueológicas y analizar cientos de comentarios bíblicos en pocos minutos.
Hace apenas unas décadas, este trabajo requería una biblioteca especializada de enormes dimensiones.
La educación dejó de depender del salón de clases
La revolución digital también transformó la educación.
Durante siglos, aprender significaba asistir físicamente a una escuela o universidad.
Hoy cualquier persona puede estudiar desde prácticamente cualquier lugar del planeta.
Miles de universidades ofrecen cursos en línea.
Existen conferencias, seminarios, clases magistrales y programas de capacitación disponibles las veinticuatro horas del día.
Nunca antes había sido tan sencillo adquirir nuevos conocimientos.
La traducción automática derribó las barreras del idioma
Otro cambio extraordinario ha sido la traducción automática.
Durante siglos, el idioma constituyó una de las mayores barreras para el intercambio del conocimiento.
Hoy programas informáticos pueden traducir documentos completos en cuestión de segundos.
Aunque todavía existen limitaciones, la comunicación entre personas de diferentes idiomas nunca había sido tan sencilla.
Esto ha permitido que el conocimiento viaje con una rapidez sin precedentes.
La inteligencia artificial: un nuevo acceso al conocimiento
En los últimos años ha surgido una herramienta que está cambiando nuevamente nuestra relación con la información.
La inteligencia artificial.
Hasta hace poco, las computadoras únicamente almacenaban datos.
Hoy son capaces de analizar grandes cantidades de información, resumir documentos, responder preguntas, traducir textos, generar imágenes, asistir en investigaciones científicas y colaborar en procesos de aprendizaje.
Es importante señalar que estas herramientas no sustituyen el juicio humano ni el pensamiento crítico. Sin embargo, están modificando profundamente la forma en que las personas buscan, organizan y utilizan el conocimiento.
Una generación con acceso al conocimiento como ninguna otra
Con frecuencia reflexiono sobre el privilegio —y también la responsabilidad— de pertenecer a esta generación.
Mis padres crecieron en un mundo donde la información era limitada y difícil de obtener.
Mi generación vio nacer las computadoras personales, Internet y los teléfonos inteligentes.
Hoy nuestros hijos y nietos crecen en un entorno donde prácticamente cualquier duda puede investigarse en cuestión de segundos.
Paradójicamente, el mayor desafío ya no consiste en encontrar información, sino en aprender a distinguir entre aquello que es verdadero y aquello que es falso, entre las fuentes confiables y las engañosas, entre el conocimiento que edifica y el que simplemente produce confusión.
La abundancia de información hace más necesaria que nunca la sabiduría.
Cuando Daniel escribió que “la ciencia se aumentará”, difícilmente podía imaginar un mundo donde millones de libros estuvieran disponibles desde un pequeño dispositivo electrónico, donde estudiantes asistieran a universidades sin salir de casa, donde una conversación pudiera mantenerse instantáneamente entre personas ubicadas en continentes diferentes o donde una inteligencia artificial ayudara a organizar enormes cantidades de información.
Más allá de la interpretación específica que cada lector adopte sobre esta profecía, resulta innegable que vivimos en la primera generación de la historia con acceso inmediato a una parte considerable del conocimiento acumulado por la humanidad.
Tal vez esa no sea toda la intención de Daniel 12:4. Pero ciertamente constituye un fenómeno único en la historia humana y uno de los rasgos más distintivos de nuestra época. La pregunta que surge naturalmente es: ¿podría formar parte del escenario que la Biblia describe para el tiempo del fin?
- Daniel 12:4.
- Proverbios 1:5.
- Proverbios 18:15.
- Oseas 4:6.
- Santiago 1:5.
Referencias históricas y bibliográficas
- Castells, Manuel. La era de la información.
- Brynjolfsson, Erik y McAfee, Andrew. The Second Machine Age.
- Floridi, Luciano. The Fourth Revolution: How the Infosphere is Reshaping Human Reality.
- Isaacson, Walter. The Innovators.
- Harari, Yuval Noah. 21 Lessons for the 21st Century (para el análisis del impacto social de la revolución digital; sus conclusiones filosóficas no representan necesariamente una perspectiva cristiana).
- UNESCO. Global Education Monitoring Reports.
- World Wide Web Foundation. Informes sobre acceso global a Internet.
Libro recomendado

