Dr. Elio M Rivera
Textos clave: Isaías 7:14; Mateo 1:22-23
«He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.»
Isaías 7:14, RVR1960
Isaías había anunciado algo extraordinario acerca de la concepción del niño. Pero la profecía contenía otra revelación que podía pasar inadvertida detrás del milagro de la virgen.
El niño tendría un nombre profético: Emanuel.
Siglos después, Mateo explicó su significado:
«He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,
Y llamarás su nombre Emanuel,
que traducido es: Dios con nosotros.»
Mateo 1:23, RVR1960
La pregunta ya no es cómo sería concebido.
Ahora la pregunta es mucho mayor:
¿Quién era el que estaba siendo concebido?
No solamente alguien enviado por Dios
La historia bíblica estaba llena de hombres enviados por Dios.
Dios había enviado a Moisés.
Había levantado jueces.
Había llamado profetas.
Había ungido reyes.
Todos ellos podían hablar de parte de Dios, pero ninguno podía ser llamado Dios con nosotros.
Moisés podía decir: «Jehová me envió».
Los profetas podían declarar: «Así ha dicho Jehová».
Pero Emanuel representaba algo diferente.
No solamente traería un mensaje procedente de Dios.
Su presencia entre los hombres sería descrita mediante estas palabras:
Dios con nosotros.
Eso cambia completamente la dimensión de la promesa.
¿Qué significa «con nosotros»?
La palabra es sencilla, pero profunda.
Con nosotros.
No distante.
No inaccesible.
No solamente hablando desde los cielos.
Con nosotros.
Entre personas comunes.
Dentro de una familia.
En medio de un pueblo.
Caminando por los mismos caminos.
Sentándose a una mesa.
Escuchando voces humanas.
Siendo visto.
Siendo tocado.
Hablando con hombres y mujeres frente a frente.
Por eso, años después, Juan pudo comenzar una de sus cartas diciendo algo extraordinario acerca de Jesucristo:
«Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos…»
1 Juan 1:1, RVR1960
Emanuel no sería solamente una doctrina que habría que creer.
Hubo personas que lo escucharon, lo vieron y lo tocaron.

Emanuel, Dios con nosotros
Dios se dejó ver
Esta idea alcanza una expresión extraordinaria en el Evangelio de Juan.
«A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.»
Juan 1:18, RVR1960
Durante siglos los hombres habían conocido a Dios por sus obras, sus palabras y sus manifestaciones.
Pero en Jesucristo ocurrió algo diferente.
Dios podía ser conocido de una manera personal y cercana.
Por eso Jesús llegaría a decir:
«El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.»
Juan 14:9, RVR1960
Aquello lleva la expresión Emanuel mucho más lejos que la simple idea de que Dios ayuda a su pueblo o permanece espiritualmente cerca de él.
En Jesucristo, Dios se dio a conocer de una manera que podía ser contemplada humanamente.
Dios hablando con voz humana
Hay algo maravilloso en pensar en las consecuencias de Emanuel.
Cuando Jesucristo habló, los seres humanos pudieron escuchar la voz de Dios expresándose mediante verdaderas palabras humanas.
Cuando enseñó, no habló simplemente como otro profeta.
Los profetas decían:
«Así dice Jehová.»
Jesús podía decir:
«Pero yo os digo.»
Y quienes lo escuchaban percibieron inmediatamente la diferencia:
«Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.»
Mateo 7:29, RVR1960
Emanuel significaba que Dios no permanecería para siempre como alguien de quien solamente otros hablarían.
Él mismo hablaría entre nosotros.
Dios acercándose a personas que normalmente nadie quería cerca
Emanuel también comenzaría a cambiar nuestra comprensión de cómo Dios mira al ser humano.
Jesús tocaría al leproso.
Se sentaría a comer con publicanos y pecadores.
Recibiría a los niños.
Hablaría con una mujer samaritana.
Permitiría que personas despreciadas por la sociedad se acercaran a Él.
Los hombres descubrirían algo acerca del carácter de Dios simplemente observando a Jesucristo.
Por eso Juan escribiría:
«Y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.»
Juan 1:14, RVR1960
Emanuel significaba que el carácter de Dios podía contemplarse en la manera en que Jesús trataba a las personas.
Su compasión decía algo acerca de Dios.
Su santidad decía algo acerca de Dios.
Su rechazo a la hipocresía decía algo acerca de Dios.
Su misericordia decía algo acerca de Dios.
Su autoridad decía algo acerca de Dios.
Para saber cómo es Dios, habría que mirar a Jesucristo.
El nombre que explica su presencia
Curiosamente, durante su ministerio no encontramos a las multitudes llamando habitualmente a Jesús «Emanuel».
Su nombre personal sería Jesús.
Emanuel funciona de una manera profundamente significativa: describe quién está presente en Él.
Mateo comienza su Evangelio presentándonos:
«Emanuel… Dios con nosotros.»
Y resulta extraordinario que termine el mismo Evangelio con Jesús diciendo:
«…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»
Mateo 28:20, RVR1960
Mateo comienza con:
Dios con nosotros.
Y termina con:
Yo estoy con vosotros.
No parece un detalle accidental.
Es una de las grandes líneas que recorren todo su Evangelio.
Mucho más que un profeta
Isaías había dejado una palabra que solamente adquiriría toda su fuerza cuando Jesucristo apareciera.
Emanuel.
No significaba simplemente que Dios enviaría ayuda.
No significaba solamente que Dios levantaría otro profeta.
No significaba únicamente que Dios proporcionaría un nuevo rey a Israel.
Significaba algo mucho mayor:
Dios con nosotros.
Los discípulos todavía necesitarían tiempo para comprender plenamente quién caminaba a su lado.
Lo escucharían.
Comerían con Él.
Viajarían con Él.
Verían sus obras.
Harían preguntas.
En ocasiones no entenderían sus palabras.
Pero poco a poco surgiría una pregunta inevitable:
¿Quién es este?
Isaías había dejado la respuesta escrita siglos antes en una sola palabra:
Emanuel.
Dios con nosotros.
Libro recomendado

Música recomendada
