Texto clave
“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.”
Isaías 55:6, RVR1960
Hay una palabra en este versículo que fácilmente puede pasar inadvertida:
“Mientras.”
Buscad a Jehová mientras puede ser hallado.
Llamadle en tanto que está cercano.
Estas expresiones introducen una verdad solemne que necesitamos comprender al estudiar la justicia celestial:
La oportunidad que Dios ofrece al ser humano no es presentada en la Biblia como algo que continuará indefinidamente.
Hay tiempo para arrepentirse.
Hay tiempo para regresar.
Hay tiempo para recibir misericordia.
Pero también llegará el momento en que el tiempo habrá terminado.
Y entonces ya no estaremos hablando principalmente de paciencia.
Estaremos hablando de justicia.
Hay puertas que un día se cierran
Jesucristo utilizó una imagen extraordinariamente seria en la parábola de las diez vírgenes.
Cinco estaban preparadas.
Cinco no lo estaban.
Finalmente llegó el esposo:
“Y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.”
Mateo 25:10, RVR1960
Cuatro palabras deberían hacernos pensar:
“Se cerró la puerta.”
Hubo un momento en que estaba abierta.
Después hubo un momento en que dejó de estarlo.
Las otras vírgenes llegaron posteriormente diciendo:
“¡Señor, señor, ábrenos!”
Mateo 25:11, RVR1960
Pero llegaron tarde.
Jesús estaba enseñando algo mucho más profundo que una historia acerca de una boda.
Estaba advirtiendo que no debemos vivir como si siempre fuéramos a tener otra oportunidad.
Hay decisiones que tienen que tomarse mientras la puerta continúa abierta.
El diluvio contiene una imagen semejante.
Noé entró en el arca.
Su familia entró.
Los animales entraron.
Y entonces encontramos una pequeña frase:
“…y Jehová le cerró la puerta.”
Génesis 7:16, RVR1960
Durante la construcción del arca hubo tiempo.
Pero llegó un momento en que la etapa de espera terminó.
La puerta se cerró.
Y comenzó el juicio.
Esta imagen resulta especialmente importante para nuestra serie.
La misericordia de Dios es inmensa.
Pero no debemos confundir inmensidad con inexistencia de límites.

Existe un “demasiado tarde” La paciencia de Dios tiene un limite
Esta es una realidad que nuestra generación quizá no desea escuchar.
Nos gusta pensar que siempre habrá mañana.
Siempre podremos cambiar después.
Siempre podremos arreglar nuestra relación con Dios más adelante.
Siempre habrá otra oportunidad.
Pero la Biblia nunca nos autoriza a vivir con esa seguridad.
Por el contrario, dice:
“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.”
Hebreos 3:15, RVR1960
La palabra bíblica es:
Hoy.
No mañana.
No cuando envejezcamos.
No cuando terminemos nuestros planes.
No cuando dejemos de disfrutar aquello que sabemos que está mal.
Hoy.
Porque nadie tiene garantizado el mañana.
Santiago escribió:
“Cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.”
Santiago 4:14, RVR1960
Nuestra vida tiene un límite.
Y eso significa que también nuestra oportunidad personal de responder a Dios tiene un límite.
La muerte cambia completamente nuestra situación.
Mientras vivimos podemos escuchar.
Podemos reconsiderar.
Podemos arrepentirnos.
Podemos creer.
Podemos regresar.
Pero la Escritura establece:
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.”
Hebreos 9:27, RVR1960
Observe el orden:
Vida.
Muerte.
Juicio.
La Biblia no dice que después de la muerte comenzará otra etapa indefinida de oportunidades para reconsiderar nuestra relación con Dios.
Dice:
“Después de esto el juicio.”
Esto convierte nuestra vida presente en algo extraordinariamente importante.
Estamos viviendo ahora el tiempo en el cual nuestras decisiones respecto a Dios tienen consecuencias eternas.
Habrá un momento en que ya no estaremos esperando el juicio
Hasta ahora hemos hablado muchas veces acerca de un juicio futuro.
Pero llegará un momento en que dejará de ser futuro.
Jesús declaró:
“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria.”
Mateo 25:31, RVR1960
Y continúa:
“Y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros.”
Mateo 25:32, RVR1960
Observe el cambio.
Ya no estamos hablando de advertencias.
Ya no estamos hablando de posibilidades.
Estamos hablando del Rey sentado para juzgar.
La historia habrá llegado a otro momento.
Aquello que durante siglos fue anunciado finalmente estará sucediendo.
Llegará el día de rendir cuentas
Apocalipsis presenta una de las escenas más solemnes de toda la Escritura:
“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.”
Apocalipsis 20:11, RVR1960
Después continúa:
“Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos.”
Apocalipsis 20:12, RVR1960
Observe una expresión:
“Grandes y pequeños.”
En aquel momento las distinciones que tanto importan en nuestro mundo habrán perdido su poder.
Grandes.
Pequeños.
Conocidos.
Desconocidos.
Poderosos.
Personas que nadie conoció.
Todos delante de Dios.
Y entonces el texto declara:
“…y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.”
Apocalipsis 20:12, RVR1960
Aquí ya no encontramos a personas discutiendo si algún día existirá justicia.
La justicia ha llegado.
En aquel día ya no habrá impunidad
Esto responde finalmente a una de las preguntas con las que comenzamos esta serie.
¿Por qué existen personas que hacen cosas terribles y aparentemente nunca pagan por ellas?
Porque todavía no hemos llegado al final de la historia.
Una persona puede escapar de un tribunal humano.
Puede esconder evidencias.
Puede comprar testigos.
Puede morir sin ser descubierta.
Puede conseguir que generaciones enteras nunca conozcan lo que hizo.
Pero nadie puede escapar del juicio de Dios.
Jesús declaró:
“Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse.”
Mateo 10:26, RVR1960
La justicia humana puede fracasar.
La justicia celestial finalmente no lo hará.
Por eso la aparente impunidad presente nunca debe confundirse con impunidad eterna.
Tampoco podremos defendernos señalando a otros
Cuando llegue ese momento, una de nuestras estrategias humanas dejará de funcionar completamente.
Compararnos.
“Yo no fui tan malo como él.”
“Yo nunca hice lo que ella hizo.”
“Había personas mucho peores que yo.”
Pero Pablo escribió:
“De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.”
Romanos 14:12, RVR1960
De sí.
No daremos cuenta de la vida del vecino.
Ni de los pecados de la persona que más despreciamos.
Ni de los grandes criminales de la historia.
Daremos cuenta de nosotros.
Por eso esta serie nunca debe convertirse en una oportunidad para señalar a otras personas.
Mientras hablamos del juicio divino debemos conservar delante de nosotros una verdad:
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”
Romanos 3:23, RVR1960
El juicio no es solamente un problema para “las personas malas”.
Es un problema para una humanidad culpable.
La misericordia que hoy ofrecemos como esperanza un día habrá sido rechazada
Esta quizá sea una de las partes más dolorosas del juicio.
No será simplemente que Dios nunca ofreció una salida.
Será que muchos rechazaron repetidamente aquello que se les ofrecía.
Jesús expresó este dolor sobre Jerusalén:
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”
Mateo 23:37, RVR1960
Observe el contraste:
“Quise.”
“No quisiste.”
Aquí encontramos misericordia ofrecida y misericordia rechazada.
Dios llama.
Pero el ser humano puede negarse.
Dios extiende su mano.
Pero el hombre puede continuar alejándose.
Dios ofrece perdón.
Pero no obliga a nadie a arrepentirse.
Y llegará un momento en que aquello que fue ofrecido durante el tiempo de oportunidad ya no podrá seguir siendo despreciado indefinidamente.
Por eso el juicio futuro hace preciosa la misericordia presente
Quizá después de estudiar todo esto podamos comprender de manera diferente la misericordia que Dios ofrece hoy.
La misericordia es preciosa precisamente porque no debemos presumir que siempre tendremos oportunidad de recibirla.
Cada llamado importa.
Cada advertencia importa.
Cada oportunidad importa.
Cada día importa.
Pablo escribió:
“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.”
2 Corintios 6:2, RVR1960
Ahora.
Existe un tiempo para recibir salvación.
Existe un tiempo para arrepentirse.
Existe un tiempo para regresar.
Pero llegará también el tiempo de comparecer delante de Dios.
Y cuando ese día llegue, la pregunta ya no será cuánto tiempo más esperará Dios.
El tiempo de espera habrá terminado.
Entonces la justicia que durante tanto tiempo pareció tardar será aplicada.
La maldad no continuará eternamente.
La mentira no continuará eternamente.
La violencia no continuará eternamente.
La opresión no continuará eternamente.
El pecado no continuará eternamente.
Dios pondrá un punto final.
Y quizá ahora comenzamos a comprender algo que al principio de esta serie no resultaba tan evidente.
Nosotros queríamos que Dios terminara con la maldad.
Queríamos justicia.
Queríamos que el culpable respondiera.
Pero cuanto más nos acercamos al tribunal celestial, más incómoda se vuelve una realidad:
nosotros también somos culpables.
Entonces la gran pregunta deja de ser:
“¿Cuándo juzgará Dios a los malos?”
Y se convierte en:
“¿Qué sucederá conmigo cuando Dios juzgue con perfecta justicia?”
Ahora sí estamos preparados para entrar en uno de los temas más importantes de toda esta serie:
Queremos justicia… hasta que nosotros somos los acusados.
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