10. Antes del juicio está la misericordia — Dios todavía está llamando

Dr. Elio M Rivera

Texto clave

“Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia.”
Salmo 103:8, RVR1960

  Cuando estudiamos la justicia divina podemos cometer un error.

  Podemos concentrarnos tanto en el momento del juicio que olvidemos observar todo lo que Dios hizo antes de llegar hasta allí.

  La Biblia ciertamente presenta a Dios como Juez.

  Pero también lo presenta haciendo algo extraordinario antes del juicio:

  advirtiendo.

  esperando.

  llamando.

  perdonando.

  dando oportunidades para regresar.

  Por eso, cuando encontramos un juicio de Dios en las Escrituras, muchas veces estamos contemplando solamente el último capítulo de una historia mucho más larga.

  Antes hubo paciencia.

  Antes hubo advertencias.

  Antes hubo oportunidades.

  Antes estuvo la misericordia de Dios llamando a la puerta.

¿Qué es la misericordia?

  Para comprender esto necesitamos detenernos en una palabra extraordinariamente importante:

  Misericordia.

  La misericordia aparece cuando existe una necesidad real de compasión.

  El inocente no necesita ser perdonado de una culpa que nunca cometió.

  Es el culpable quien necesita misericordia.

  Y esto hace que la misericordia de Dios sea todavía más impresionante.

  Dios no está mostrando misericordia porque haya descubierto que en realidad nunca hicimos nada malo.

  Él conoce perfectamente nuestra condición.

  Conoce nuestros pecados.

  Conoce nuestras intenciones.

  Conoce aquello que otros nunca descubrieron.

  Y aun así la Escritura declara:

“Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad.”
Salmo 86:15, RVR1960

  La misericordia de Dios no nace de ignorar nuestra culpabilidad.

  Nace de su compasión hacia nosotros a pesar de conocerla.

Dios no tiene prisa por destruir.

  Hay una expresión que aparece repetidamente en las Escrituras:

  “Lento para la ira.”

  Cuando Dios reveló su carácter a Moisés declaró:

“¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad.”
Éxodo 34:6, RVR1960

  El salmista repite:

“Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira, y grande en misericordia.”
Salmo 145:8, RVR1960

  Esto nos muestra algo hermoso acerca de Dios.

  Su poder para juzgar es inmediato.

  Pero Él es lento para la ira.

  No porque sea incapaz de hacer justicia.

  Sino porque su carácter también está lleno de misericordia.

  Dios puede detener una vida en un instante.

  Y, sin embargo, permite otro amanecer.

  Otro día.

  Otra oportunidad.

  Otro llamado.

  Otro momento para reconocer lo que estamos haciendo y regresar.

  Muchas veces pensamos en la misericordia solamente como aquello que ocurre cuando pedimos perdón.

  Pero quizá deberíamos comenzar a verla antes.

  El hecho mismo de que todavía tengamos oportunidad de arrepentirnos ya es misericordia.

Dios advierte antes de juzgar

  Este patrón aparece una y otra vez en las Escrituras.

  Antes del diluvio estuvo Noé.

  Pedro dice que:

“…la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé, mientras se preparaba el arca…”
1 Pedro 3:20, RVR1960

  Antes del juicio sobre Nínive apareció Jonás caminando por sus calles y anunciando lo que venía.

  Pero cuando la ciudad reaccionó, ocurrió algo extraordinario:

“Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo.”
Jonás 3:10, RVR1960

  Esto nos permite hacer una pregunta:

  Si Dios solamente hubiera querido destruir Nínive, ¿para qué enviar a Jonás?

  Podía haber juzgado sin anunciarlo.

  Pero hubo advertencia.

  Hubo tiempo.

  Hubo oportunidad.

  Y cuando hubo arrepentimiento, hubo misericordia.

  La advertencia misma era evidencia de que la puerta todavía estaba abierta.

Antes de muchos juicios hubo voces llamando al pueblo.

  Dios envió profetas repetidamente.

  Jeremías escribió:

“Y envió Jehová a vosotros todos sus siervos los profetas, desde temprano y enviándolos; mas no oísteis, ni inclinasteis vuestro oído para escuchar.”
Jeremías 25:4, RVR1960

  ¿Por qué insistir?

  ¿Por qué volver a enviar mensajeros?

  ¿Por qué advertir una y otra vez?

  Porque todavía existía oportunidad de responder.

  La paciencia de Dios no debe interpretarse como debilidad.

  Puede ser la misericordia diciendo:

  “Todavía puedes regresar.”

Dios no disfruta con la muerte del pecador

  Existe un pasaje que revela de manera extraordinaria esta dimensión del corazón de Dios:

“Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?”
Ezequiel 33:11, RVR1960

  Observe las palabras.

  Dios no dice que el camino del impío sea aceptable.

  Lo llama:

  “Mal camino.”

  La justicia continúa intacta.

  Pero escuche ahora el llamado:

  “Volveos, volveos.”

  No una vez.

  Dos veces.

  Y después aparece una pregunta casi dolorosa:

  “¿Por qué moriréis?”

  Aquí no encontramos a un Dios buscando una oportunidad para destruir.

  Encontramos a Dios llamando al culpable para que abandone el camino que lo está llevando hacia el juicio.

  Eso es misericordia.

Dios puede perdonar mucho más de lo que imaginamos

  Quizá algunas personas puedan pensar:

  “Pero usted no sabe lo que yo hice.”

  Es cierto.

  Pero Dios sí.

  Y la Biblia contiene historias sorprendentes precisamente para mostrarnos hasta dónde puede alcanzar su misericordia cuando existe verdadero arrepentimiento.

  Manasés es uno de los ejemplos más impresionantes.

  La Escritura dice que practicó idolatría, derramó mucha sangre inocente y condujo a Judá hacia una enorme maldad.

“Fuera de esto, derramó Manasés mucha sangre inocente en gran manera, hasta llenar a Jerusalén de extremo a extremo.”
2 Reyes 21:16, RVR1960

  Difícilmente podríamos presentar a Manasés como un hombre que simplemente cometió pequeños errores.

  Sin embargo, posteriormente, en medio de su aflicción:

“Oró a él, y fue atendido; pues Dios oyó su oración, y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios.”
2 Crónicas 33:13, RVR1960

  Esto es sorprendente.

  No porque sus acciones anteriores dejaran de ser horrendas.

  Sino porque nos muestra que la misericordia de Dios puede alcanzar incluso a personas cuya historia parecería humanamente imperdonable.

  Dios no llamó bueno a lo que Manasés hizo.

  Pero tampoco cerró la puerta cuando Manasés se humilló.

Pensemos también en David.

  David pecó gravemente.

  Pero cuando fue confrontado por Natán no respondió justificándose.

  Dijo:

“Pequé contra Jehová.”
2 Samuel 12:13, RVR1960

  Y Natán respondió:

“También Jehová ha remitido tu pecado.”
2 Samuel 12:13, RVR1960

  Hubo consecuencias dolorosas.

  Pero también hubo perdón.

  La misericordia no convirtió su pecado en algo bueno.

  Lo que hizo continuó siendo pecado.

  Pero su pecado tampoco significó que el camino de regreso a Dios hubiera desaparecido.

La misericordia busca al culpable antes de que sea demasiado tarde

  Esto nos ayuda a comprender mejor una de las declaraciones más conocidas de Jesús.

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”
Lucas 19:10, RVR1960

  Observe el verbo:

  “Buscar.”

  No solamente recibir al que casualmente encuentre el camino.

  Buscar.

  La historia de la salvación comienza a mostrarnos a un Dios que toma la iniciativa.

  El hombre se alejó.

  Pero Dios llamó.

  El hombre pecó.

  Pero Dios ofreció arrepentimiento.

  El hombre se escondió.

  Pero Dios salió a buscarlo.

  Incluso en Edén encontramos aquella pregunta extraordinaria:

“Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?”
Génesis 3:9, RVR1960

  Dios sabía dónde estaba Adán.

  La pregunta no provenía de ignorancia.

  El hombre que había pecado estaba escondido, y Dios fue quien inició el encuentro.

  Desde las primeras páginas de la Biblia comenzamos a encontrar este patrón.

  El Dios justo también es el Dios que llama.

La misericordia de Dios no debe llevarnos a abusar de ella

  Aquí necesitamos tener cuidado.

  Cuando descubrimos cuán grande es la misericordia de Dios podríamos cometer exactamente el error contrario.

  Podríamos pensar:

  “Entonces puedo continuar pecando y después simplemente pedir perdón.”

  Pablo enfrentó directamente ese razonamiento:

“¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera.”
Romanos 6:1-2, RVR1960

  La misericordia no es una licencia para pecar.

  Es una oportunidad para dejar de hacerlo.

  El arrepentimiento verdadero no consiste simplemente en lamentar las consecuencias.

  Implica reconocer nuestra condición y volvernos hacia Dios.

  Por eso Isaías escribió:

“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”
Isaías 55:7, RVR1960

  Qué expresión tan hermosa:

  “Amplio en perdonar.”

  Dios no perdona con mezquindad.

  No recibe al arrepentido recordándole continuamente que preferiría destruirlo.

  La Escritura dice que es amplio en perdonar.

Hay una misericordia que nos rodea todos los días

  Quizá hemos limitado demasiado nuestra idea de la misericordia.

  Misericordia no es solamente el momento en que una persona se arrodilla y pide perdón.

  También puede contemplarse en todas las oportunidades que hicieron posible llegar hasta ese momento.

  Fue misericordia que alguien nos hablara.

  Fue misericordia recibir una advertencia.

  Fue misericordia que nuestra conciencia todavía pudiera incomodarnos.

  Fue misericordia tener otro día.

  Fue misericordia escuchar nuevamente la Palabra de Dios.

  Fue misericordia que la consecuencia definitiva no llegara inmediatamente.

  Fue misericordia que la puerta continuara abierta.

  Jeremías escribió:

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana.”
Lamentaciones 3:22-23, RVR1960

  Nuevas cada mañana.

  Quizá cada amanecer debería recordarnos que todavía estamos viviendo dentro de una oportunidad que no debemos despreciar.

Pero aquí aparece el problema más grande

  Hasta aquí todo parece extraordinario.

  Dios es misericordioso.

  Dios espera.

  Dios llama.

  Dios perdona.

  Dios quiere que el pecador regrese.

  Pero nuestra serie trata acerca de la justicia celestial.

  Y tarde o temprano tendremos que enfrentar una pregunta mucho más difícil:

  ¿Cómo puede un Dios perfectamente justo perdonar al culpable?

  Si realmente hubo pecado…

  Si realmente existía culpa…

  Si realmente la justicia había sido quebrantada…

  Si Dios no puede simplemente llamar inocente al culpable…

  Entonces, ¿cómo puede decir:

  “Te perdono”?

  ¿Desapareció la deuda?

  ¿Dejó de importar la justicia?

  ¿Dios simplemente decidió mirar hacia otro lado?

  La respuesta es no.

  Y aquí comenzamos a acercarnos lentamente al corazón de toda esta serie.

  Porque la misericordia de Dios no destruiría su justicia.

  Dios encontraría la manera de extender misericordia al culpable sin dejar de ser perfectamente justo.

  Y para comprender cómo fue posible, tendremos que llegar finalmente a Jesucristo y a la Cruz.

  Pero antes todavía necesitamos comprender qué ocurre cuando el hombre rechaza repetidamente esa misericordia.

  Porque aunque Dios es lento para la ira y grande en misericordia, la Biblia también enseña que la paciencia no significa que el juicio haya desaparecido.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.