15. Cuando Jesucristo reine sobre la Tierra: el mundo comenzara a ser restaurado

Dr. Elio M. Rivera

  Hasta ahora hemos intentado reconstruir el mundo de Adán y Eva mirando hacia atrás.

  Génesis nos ha permitido contemplar algunas piezas.

  Pero existe otra manera extraordinaria de hacerlo:

mirar hacia adelante.

  Porque los profetas describieron un tiempo en el que Jesucristo gobernará sobre la Tierra y muchas de las condiciones que hoy consideramos normales comenzarán a cambiar.

  La guerra.

  La violencia.

  La esterilidad de la tierra.

  El temor a los animales.

  La injusticia.

  La opresión.

  La enfermedad.

  La brevedad de la vida.

  El trabajo que no produce fruto.

  Todo comienza a verse diferente bajo el gobierno del Mesías.

  Y eso me parece extraordinariamente importante para nuestra investigación.

  Porque si Cristo es el Redentor, y redimir significa recuperar aquello que fue perdido, entonces observar lo que Cristo restaura puede ayudarnos indirectamente a comprender cómo era el mundo antes de perderlo.

  Ezequiel llega incluso a utilizar una expresión que prácticamente nos obliga a hacer esa conexión:

«Esta tierra que era asolada ha venido a ser como el huerto de Edén» (Ezequiel 36:35, RVR1960).

  No es una comparación que yo esté inventando.

  La propia profecía utiliza al Edén como modelo de restauración.

El Dios-hombre gobernando la Tierra

  El cambio más importante no comienza con mejores cosechas.

  No comienza con los animales.

  No comienza con la economía.

  Comienza con quién gobierna.

  Zacarías lo dice de una manera impresionante:

«Y Jehová será rey sobre toda la tierra» (Zacarías 14:9, RVR1960).

  Y nosotros sabemos quién es ese Rey.

  El Verbo que se hizo carne.

  Jesucristo.

  El Dios-hombre.

  Por primera vez desde que la humanidad perdió el gobierno bajo Dios, contemplamos sobre la Tierra a un Hombre gobernando perfectamente bajo la voluntad del Padre.

  Isaías lo describe:

«Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová» (Isaías 11:2, RVR1960).

  Y a continuación aparecen las características de su gobierno:

  sabiduría,

  inteligencia,

  consejo,

  poder,

  conocimiento,

  temor de Jehová.

  No tendremos a un gobernante que decide conforme a encuestas.

  No gobernará por intereses económicos.

  No estará sujeto a corrupción.

  No habrá grupos de presión comprando sus decisiones.

  No tendrá información incompleta.

  Isaías dice que:

Jesucristo restaura el reino de Dios sobre la tierra

«juzgará con justicia a los pobres»

  y actuará:

«con equidad» (Isaías 11:4, RVR1960).

  Imagine por un momento una Tierra donde el gobernante principal nunca se equivoca.

  Nunca acepta sobornos.

  Nunca favorece al poderoso porque sea poderoso.

  Nunca abandona al débil porque no puede darle nada a cambio.

  Nunca desconoce la verdad de un asunto.

  Nunca actúa movido por orgullo.

  El Rey sería el mismo Jesucristo.

  Y Salmos 72 describe el efecto de un gobierno semejante: justicia para el afligido, defensa del necesitado, derrota del opresor y una enorme expansión de la paz.

  Esto comienza a mostrarnos algo que perdimos en Edén.

  El problema del mundo no es solamente que necesitamos mejores leyes.

  Necesitamos volver al gobierno de Dios.

Un mundo donde la guerra deja de ser normal

  Hay una realidad humana que hemos aceptado como si fuera inevitable:

la guerra.

  Una generación pelea contra otra.

  Una nación invade a otra.

  Los gobiernos gastan enormes cantidades de recursos preparándose para destruirse mutuamente.

  Y nosotros lo llamamos normal porque nunca hemos conocido otra historia.

  Pero los profetas anuncian otra cosa.

  Miqueas dice que bajo el gobierno de Dios las naciones recibirán instrucción del Señor y convertirán sus armas de guerra en instrumentos productivos; ya no aprenderán la guerra y podrán vivir sin temor.

  Eso me parece extraordinario.

  Observe la transformación.

  Una espada sirve para matar.

  Un instrumento agrícola sirve para producir alimento.

  El metal continúa existiendo.

  La inteligencia continúa existiendo.

  La capacidad tecnológica continúa existiendo.

  Lo que cambia es para qué se utiliza.

  Cuando cambia el gobierno, cambian las prioridades.

  De destruir…

  a producir.

  De conquistar…

  a cultivar.

  De defenderse constantemente…

  a vivir seguros.

  Miqueas describe personas sentadas bajo su vid y su higuera:

sin que nadie las atemorice.

  Imagine familias sin miedo a que sus hijos sean enviados a una guerra.

  Sin misiles.

  Sin refugios.

  Sin desplazados huyendo de ciudades destruidas.

  Sin presupuestos enormes destinados a matar.

  No porque la humanidad finalmente haya descubierto cómo gobernarse sola.

  Sino porque el Rey ha cambiado.

La Tierra vuelve a producir con una abundancia extraordinaria

  Entonces la restauración alcanza la creación.

  Amós describe una fertilidad tan extraordinaria que utiliza una imagen sorprendente: el que ara alcanza al que siega; las cosechas parecen sucederse unas a otras casi sin interrupción. Después habla de ciudades reconstruidas, viñas, huertos y personas comiendo lo que ellas mismas producen.

  Otra vez encontramos:

  tierra,

  cultivo,

  fruto,

  huertos,

  trabajo,

  abundancia.

  Pero ahora funcionando bajo bendición.

  Ezequiel describe:

«lluvias de bendición»

  y una tierra donde los árboles y el campo vuelven a producir abundantemente.

  Y posteriormente dice:

«Esta tierra que era asolada ha venido a ser como el huerto de Edén» (Ezequiel 36:35, RVR1960).

  Ahí está la conexión.

  Restaurar significa que una tierra arruinada comienza otra vez a parecerse al Edén.

  Isaías añade otra escena.

  El desierto florece.

  Aparecen aguas donde antes había sequedad.

  La tierra sedienta recibe manantiales.

  El mundo bajo Cristo no parece una Tierra abandonada mientras nosotros flotamos espiritualmente en algún lugar.

  Hay agricultura.

  Hay casas.

  Hay trabajo.

  Hay animales.

  Hay ciudades.

  Hay niños.

  Hay ancianos.

  Hay árboles.

  Hay fruto.

  Hay vida.

El trabajo vuelve a producir satisfacción

  Esto conecta directamente con algo que ya hemos estudiado.

  Una de las consecuencias de la caída alcanzó el trabajo.

  Pero Isaías describe un tiempo donde las personas:

  edifican casas y viven en ellas,

  plantan y disfrutan lo plantado,

  y dejan de trabajar inútilmente.

  Isaías 65 dice algo hermoso:

«mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos» (Isaías 65:22, RVR1960).

  Eso me recuerda inmediatamente el mundo de Adán.

  Trabajar.

  Producir.

  Y disfrutar lo producido.

  No construir para que otro venga y lo destruya.

  No sembrar para que otro se lo lleve.

  No trabajar toda una vida para terminar sin disfrutar nada.

  Existe propiedad.

  Seguridad.

  Productividad.

  Satisfacción.

  El trabajo continúa.

  Pero comienza nuevamente a parecer bendición.

La relación entre los animales vuelve a cambiar

  Quizá una de las profecías más impresionantes sea Isaías 11.

  Después de describir al Mesías gobernando bajo el Espíritu de Dios, Isaías inmediatamente describe una transformación dentro del reino animal.

  El lobo con el cordero.

  El leopardo con el cabrito.

  El becerro con el león.

  Un niño moviéndose con seguridad entre ellos.

  Incluso animales que actualmente identificamos como depredadores aparecen alimentándose de manera diferente.

  Y entonces aparece la frase:

«No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte» (Isaías 11:9, RVR1960).

  Isaías 65 vuelve a presentar la misma escena:

«El lobo y el cordero serán apacentados juntos» (Isaías 65:25, RVR1960).

  ¿Por qué ocurre esto cuando gobierna Cristo?

  Porque algo está siendo restaurado.

  Y esto nos proporciona otra ventana hacia Génesis.

  Allí vimos que Dios había dado plantas como alimento tanto al hombre como a los animales.

  Ahora, cuando el Mesías gobierna, volvemos a contemplar una naturaleza donde la relación entre las criaturas se mueve nuevamente hacia la paz.

  Eso difícilmente parece accidental.

  Es como si la creación comenzara a recordar para qué había sido hecha.

La enfermedad también retrocede

  Isaías 35 describe otro aspecto extraordinario.

  Cuando Dios viene a salvar, los ciegos ven, los sordos oyen, el cojo salta y el mudo canta; al mismo tiempo, la naturaleza árida vuelve a llenarse de agua y vida.

  Observe nuevamente algo que hemos visto en Jesucristo.

  Cuando estuvo aquí por primera vez:

  sanó ciegos.

  Hizo oír a sordos.

  Levantó paralíticos.

  Sanó enfermos.

  Y hasta reprendió una tormenta.

  Aquellos milagros no eran solamente demostraciones espectaculares de poder.

  Eran pequeñas ventanas de cómo funciona el Reino cuando entra en contacto con aquello que está quebrantado.

  Un cuerpo enfermo entra en contacto con el Reino:

sanidad.

  Una tormenta descontrolada entra en contacto con el Rey:

calma.

  Una persona oprimida entra en contacto con Él:

libertad.

  Una multitud hambrienta entra en contacto con Él:

provisión.

  Tal vez Jesús estaba mostrando en pequeñas porciones lo que un día hará a escala mucho mayor.

La longevidad vuelve a aumentar

  Isaías también describe una realidad difícil de reconciliar con nuestra experiencia actual.

  Habla de personas viviendo muchísimo más tiempo y compara la duración de sus días con la de los árboles.

  No es todavía el estado eterno descrito al final de Apocalipsis, porque Isaías aún utiliza lenguaje relacionado con edades y muerte.

  Pero algo claramente ha cambiado.

  La vida vuelve a extenderse.

  Y esto otra vez nos recuerda Génesis.

  Las primeras generaciones humanas vivían durante siglos.

  Ahora, bajo el gobierno del Mesías, las profecías vuelven a mostrar una notable prolongación de la vida.

  Eso también puede ser una forma indirecta de mirar hacia atrás.

  Cuando el gobierno de Dios se restaura, algunas condiciones comienzan a parecerse otra vez a las del principio.

Las ciudades se vuelven lugares seguros

  Zacarías presenta una imagen que me encanta por su sencillez.

  No describe tecnología impresionante.

  Describe algo quizá mucho más valioso.

  Ancianos sentados tranquilamente en las calles.

  Y niños jugando en ellas.

  Piense en lo que tiene que ocurrir para que una ciudad pueda verse así.

  Seguridad.

  Paz.

  Estabilidad.

  Ausencia de terror.

  Familias.

  Longevidad.

  Niños que pueden jugar afuera.

  Ancianos que no tienen que esconderse detrás de puertas cerradas.

  Y Dios dice:

«Yo he restaurado a Sion, y moraré en medio de Jerusalén» (Zacarías 8:3, RVR1960).

  Otra vez el punto central:

Dios está en medio.

  La presencia de Dios.

  El gobierno de Dios.

  Y alrededor de esa presencia comienza a reorganizarse la vida humana.

La Tierra se llenará del conocimiento de Dios

  Quizá aquí encontramos una de las mayores diferencias entre nuestro mundo y aquel.

  Hoy millones de personas discuten si Dios siquiera existe.

  Otros construyen sistemas completos de pensamiento ignorándolo.

  Pero la profecía dice:

«la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar» (Habacuc 2:14, RVR1960).

  Isaías utiliza prácticamente la misma imagen al describir el reino mesiánico.

  Eso se parece mucho más a Edén.

  Un mundo donde Dios no es una hipótesis.

  Su gobierno está presente.

  Su voluntad se enseña.

  Las naciones acuden para aprender sus caminos.

  El conocimiento del Creador vuelve a ocupar el lugar que le corresponde.

  Y entonces muchas otras cosas comienzan a ordenarse.

  Porque una gran parte del desorden humano comenzó precisamente cuando quisimos administrar la creación sin consultar al Creador.

Un mundo lleno del Espíritu de Dios

  Pero todavía falta una pieza esencial.

  El reinado del Mesías no será solamente un gobierno externo.

  La profecía también habla de una extraordinaria obra del Espíritu Santo.

  Joel dice:

«derramaré mi Espíritu sobre toda carne» (Joel 2:28, RVR1960).

  Hijos.

  Hijas.

  Jóvenes.

  Ancianos.

  Siervos.

  Siervas.

  El Espíritu de Dios actuando en personas.

  Esto comenzó a manifestarse en Pentecostés, pero la profecía apunta hacia una expansión enorme de la presencia y acción de Dios.

  Y nuevamente encontramos algo semejante al principio.

  La Tierra bajo el gobierno de Dios.

  El Espíritu de Dios activo.

  Los hijos de Dios funcionando dentro de su propósito.

  La creación respondiendo.

  El Reino extendiéndose.

  Por eso no creo que la restauración sea solamente:

Jesucristo arreglando el mundo mientras sus hijos observan.

  Apocalipsis dice acerca de los redimidos:

«vivieron y reinaron con Cristo mil años» (Apocalipsis 20:4, RVR1960).

  Y nuevamente:

«reinarán con él» (Apocalipsis 20:6, RVR1960).

  Ahí reaparece el proyecto de Génesis.

  Dios gobierna.

  Y sus hijos gobiernan con Él.

  No independientes.

  No sustituyendo a Dios.

  Bajo su autoridad.

  Exactamente como debió funcionar desde el principio.

La restauración puede comenzar a manifestarse desde ahora

  Aquí encuentro una verdad que no quiero dejar solamente para el futuro.

  Pablo dice:

«el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios» (Romanos 8:19, RVR1960).

  ¿Por qué está esperando la creación a los hijos?

  Porque desde el principio los hijos fueron creados para administrarla bajo el gobierno del Padre.

  La restauración completa espera la venida de Cristo.

  No podemos producir por nosotros mismos el Reino milenario.

  No podemos eliminar actualmente toda enfermedad, toda guerra o toda corrupción de la naturaleza.

  Pero sí podemos comenzar a manifestar anticipos del Reino.

  Cuando un hijo de Dios trae paz donde había conflicto…

  algo del Reino aparece.

  Cuando administra correctamente la Tierra…

  algo comienza a ser puesto nuevamente en orden.

  Cuando ora por un enfermo y Dios sana…

  vemos una pequeña señal de restauración.

  Cuando alguien libera al oprimido mediante el poder de Cristo…

  el Reino se manifiesta.

  Cuando una familia vuelve a vivir bajo el gobierno de Dios…

  algo del diseño original reaparece.

  Cuando una persona trabaja como para el Señor…

  el trabajo comienza a recuperar propósito.

  Cuando utilizamos autoridad solamente bajo la dirección de Dios

  comenzamos a funcionar nuevamente como hijos.

  Y cuando Cristo reprendió aquella tormenta:

«reprendió a los vientos y al mar» (Mateo 8:26, RVR1960),

  nos permitió contemplar por unos instantes a un Hombre perfectamente sometido al Padre ejerciendo autoridad sobre la creación.

  Eso es precisamente lo que hemos venido intentando comprender desde Génesis:

hijos bajo autoridad que reciben autoridad.

Una ventana hacia el mundo que perdimos

  Ahora coloquemos todas las piezas juntas.

  ¿Cómo describen los profetas el mundo bajo el gobierno de Cristo?

  El Rey gobierna con justicia.

  El Espíritu de Dios reposa sobre Él.

  Las naciones reciben instrucción.

  La guerra desaparece.

  Las armas se convierten en herramientas productivas.

  La gente vive sin miedo.

  Los campos producen abundantemente.

  Los desiertos florecen.

  Las lluvias vuelven a ser bendición.

  Las casas son habitadas por quienes las construyeron.

  El trabajo produce satisfacción.

  La vida se prolonga.

  Los niños juegan seguros.

  Los ancianos permanecen en las calles.

  Los animales dejan de destruirse.

  La enfermedad retrocede.

  La Tierra se llena del conocimiento de Dios.

  El Espíritu Santo se derrama.

  Los hijos de Dios gobiernan con Cristo.

  Y una tierra devastada llega a ser descrita así:

«como el huerto de Edén».

  Eso es extraordinario.

  Porque estamos mirando hacia el futuro…

  pero al mismo tiempo estamos contemplando el pasado.

  Si el Redentor restaura estas cosas, entonces muchas de ellas nos muestran indirectamente aquello que había sido perdido.

  Paz.

  Fertilidad.

  Salud.

  Longevidad.

  Gobierno justo.

  Relación armoniosa con los animales.

  Trabajo bendecido.

  Seguridad.

  Conocimiento de Dios.

  Presencia del Espíritu.

  Hijos gobernando junto a su Padre.

  No es extraño que Ezequiel mire esa restauración y diga:

«como el huerto de Edén».

¿Qué aprendimos de Dios?

  Este capítulo quizá sea una de las ventanas más claras que tenemos para conocer el corazón de Dios.

  Porque aquí ya no estamos imaginando solamente qué quería hacer en Génesis.

  Estamos viendo qué ha prometido volver a hacer.

  Y aparece el mismo patrón.

  Dios quiere vida.

  Quiere paz.

  Quiere justicia.

  Quiere fertilidad.

  Quiere familias seguras.

  Quiere trabajo que produzca satisfacción.

  Quiere una creación que no destruya a sus hijos.

  Quiere animales viviendo bajo un orden diferente.

  Quiere ciudades donde los niños puedan jugar.

  Quiere una Tierra llena de su conocimiento.

  Quiere derramar su Espíritu.

  Y quiere nuevamente gobernar con sus hijos.

  Eso me ayuda a comprender algo.

  Cuando Jesucristo venga a gobernar, no estará introduciendo al mundo una idea completamente nueva.

  Recuperará el proyecto de su Padre.

  El Dios que plantó el primer huerto volverá a hacer que tierras destruidas parezcan Edén.

  El Dios que dio al hombre autoridad volverá a colocar hijos gobernando con Cristo.

  El Dios que creó animales bajo otro orden volverá a traer paz entre ellos.

  El Dios que bendijo el trabajo volverá a permitir que el hombre disfrute la obra de sus manos.

  El Dios que estuvo con Adán volverá a habitar en medio de los hombres.

  Y esta vez tendremos delante algo extraordinario:

Dios hecho Hombre sentado en el gobierno de la Tierra.

  Jesucristo.

  El Rey.

  El verdadero Hombre gobernando como el hombre debió gobernar desde el principio.

  Y alrededor de Él, poco a poco, la creación comenzará a parecerse otra vez a aquello que había sido diseñado para ser.

  Quizá por eso la restauración de Ezequiel termina siendo reconocida por quienes la contemplan con una expresión tan sencilla y a la vez tan profunda:

«Esta tierra […] ha venido a ser como el huerto de Edén».

  Ahí tenemos otra pieza de nuestro rompecabezas.

  Para descubrir cómo era el mundo de Adán, no solamente podemos mirar a Génesis.

  También podemos mirar hacia donde Cristo está llevando nuevamente la creación.

  Porque el Redentor no solamente nos muestra quién es Dios.

  También nos muestra qué quería Dios para sus hijos desde el principio.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.