03. La información biológica: El lenguaje invisible que sostiene la vida

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Cuando contemplamos un libro, inmediatamente comprendemos que alguien escribió sus páginas. Cuando observamos un plano arquitectónico, sabemos que fue elaborado por un ingeniero. Cuando encontramos un programa de computadora, nadie supone que sus instrucciones aparecieron espontáneamente. En todos estos casos existe un elemento común: la información.

  La información es mucho más que una colección de letras o símbolos. Es un conjunto organizado de datos que transmite un mensaje y cumple un propósito específico. Allí donde existe información compleja y funcional, inevitablemente surge una pregunta: ¿de dónde proviene?

  La ciencia moderna ha descubierto que toda forma de vida depende precisamente de información. Desde la bacteria más sencilla hasta el ser humano, cada organismo posee sistemas extraordinariamente complejos para almacenar, transmitir, interpretar y utilizar información biológica. La vida no consiste únicamente en moléculas; consiste en moléculas organizadas conforme a instrucciones extremadamente precisas.

  La Biblia no utiliza la expresión información biológica, pues pertenece al lenguaje de la biología molecular desarrollado muchos siglos después de que fueran escritas las Escrituras. Sin embargo, desde sus primeras páginas afirma que la vida es el resultado de la sabiduría y del propósito del Creador.

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”
(Génesis 1:27)

  El relato bíblico presenta la vida como una obra cuidadosamente planificada. Dios no crea organismos desordenados o incompletos. Cada ser viviente aparece conforme a un propósito definido y con la capacidad de reproducirse según su propia especie.

“Y produjo la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género…”
(Génesis 1:12)

  Más adelante leemos una expresión que se repite constantemente en el relato de la creación:

“…según su género…”

  Esta frase aparece una y otra vez en Génesis. Aunque Moisés desconocía la genética, estaba describiendo una realidad fundamental: los seres vivos poseen la capacidad de transmitir las características propias de su especie de una generación a otra. Hoy sabemos que esa transmisión depende de enormes cantidades de información contenida en el material genético.

  Sin embargo, la información biológica no se limita al ADN. Cada célula interpreta continuamente esas instrucciones mediante sistemas extraordinariamente complejos. Existen mecanismos que copian información, detectan errores, reparan daños, regulan la actividad celular y coordinan miles de procesos bioquímicos al mismo tiempo. Todo ello ocurre de manera silenciosa e ininterrumpida mientras respiramos, caminamos o dormimos.

  Resulta asombroso pensar que, mientras usted lee estas líneas, billones de células trabajan coordinadamente utilizando información biológica con una precisión extraordinaria. El corazón continúa latiendo. Los pulmones intercambian oxígeno. El cerebro procesa millones de señales nerviosas. El sistema inmunológico identifica microorganismos invasores. Todo ello ocurre siguiendo instrucciones perfectamente organizadas.

  El rey David expresó esta admiración siglos antes del desarrollo de la biología moderna:

“Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.”
(Salmo 139:14)

  Cada nuevo descubrimiento científico parece dar mayor profundidad a estas palabras. Cuanto más conocemos acerca de la vida, más extraordinaria resulta su organización. La información biológica constituye uno de los mayores testimonios de la complejidad del mundo viviente.

  David continúa diciendo:

“Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.”
(Salmo 139:16)

  Este pasaje no pretende describir el ADN ni la genética moderna. Sin embargo, utiliza una imagen profundamente significativa: un libro. Un libro contiene información organizada. David contempla el desarrollo del ser humano como una obra perfectamente conocida por Dios desde el principio.

  La Biblia presenta continuamente a Dios como un Creador que obra con sabiduría.

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría…”
(Salmo 104:24)

  Esta afirmación armoniza admirablemente con la existencia de sistemas biológicos capaces de almacenar y utilizar cantidades inmensas de información. La vida no refleja desorden, sino organización; no refleja confusión, sino propósito.

  Es importante señalar que la ciencia estudia los mecanismos mediante los cuales esa información funciona. Investiga cómo se copia el ADN, cómo se sintetizan las proteínas o cómo se regulan los procesos celulares. La Biblia, en cambio, responde una pregunta diferente: ¿por qué existe una organización tan extraordinaria en la vida?

  Las Escrituras responden atribuyendo esa sabiduría al Creador.

“Porque en él fueron creadas todas las cosas… todo fue creado por medio de él y para él.”
(Colosenses 1:16)

  El Dios que estableció las leyes que gobiernan el universo también estableció las leyes que gobiernan la vida. La información biológica no constituye una realidad independiente de Él. Forma parte de la extraordinaria sabiduría con la que diseñó toda la creación.

  Por supuesto, existen diferentes interpretaciones acerca del origen de la información biológica. La ciencia continúa investigando cómo surgieron y evolucionaron los sistemas vivos. Este libro no pretende resolver todos esos debates. Nuestro propósito es mucho más específico: mostrar cómo la Biblia interpreta la existencia de esa inmensa organización presente en la vida.

  Desde la perspectiva bíblica, la información biológica constituye una manifestación más de la sabiduría del Creador. Así como las leyes de la naturaleza reflejan orden, la información contenida en cada organismo refleja propósito. Cada célula, cada tejido y cada ser viviente nos recuerdan que el Dios de la Biblia no solo creó el universo, sino que también llenó la vida de una riqueza y una organización que continúan maravillando a científicos y creyentes por igual.

  Al avanzar en nuestro recorrido descubriremos que esta información no funciona de manera aislada. Forma parte de sistemas biológicos extraordinariamente complejos, donde numerosos componentes trabajan de forma coordinada para hacer posible la vida. Esa será precisamente la siguiente evidencia que examinaremos.

Referencias:

  • Molecular Biology of the Cell
  • Biochemistry
  • Campbell Biology

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.