08. El teckton: trabajar para vivir y encontrar tiempo para aprender

Dr. Elio M Rivera

Las manos del artesano, el cansancio del trabajador y la preparación silenciosa del Maestro de Galilea

Introducción. Antes de enseñar, trabajó

  Mucho antes de que Jesús recorriera Galilea anunciando el reino de Dios, sus manos conocieron la resistencia de los materiales, el peso de las herramientas y el esfuerzo necesario para realizar un trabajo bien hecho.

  No hablamos de una ocupación simbólica.

  Jesús fue un trabajador manual.

  Cuando regresó a Nazaret y comenzó a enseñar en la sinagoga, sus antiguos vecinos hicieron una pregunta reveladora:

  «¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón?» (Marcos 6:3, RVR1960).

  Aquellos hombres no lo identificaron únicamente por su familia.

  Lo reconocieron por su oficio.

  Habían conocido a Jesús como alguien que trabajaba.

  Y ese detalle nos permite entrar en una dimensión de su vida que frecuentemente queda eclipsada por sus milagros y enseñanzas.

Recreación artística de Jesucristo trabajando como teckton o carpintero

1. ¿Qué significaba ser teckton?

  La palabra griega utilizada por Marcos es téktōn (τέκτων).

  Tradicionalmente se ha traducido como «carpintero», pero su significado podía abarcar un campo más amplio: artesano, constructor o trabajador especializado en la fabricación y reparación de estructuras.

  En una población como Nazaret, un téktōn podía participar en actividades relacionadas con la madera y otros materiales empleados en la construcción.

  No debemos imaginar necesariamente un taller moderno dedicado exclusivamente a fabricar muebles.

  Las necesidades de una comunidad rural eran variadas.

  Había puertas que construir, vigas que preparar, elementos de viviendas que reparar y estructuras que requerían mantenimiento.

  Mateo 13:55 identifica a José como el carpintero. Marcos 6:3 aplica directamente ese oficio a Jesús.

  Las Escrituras, por tanto, relacionan a ambos con el mismo ámbito laboral.

  No conocemos todos los trabajos que realizaron, pero el testimonio de los Evangelios es suficiente para establecer que Jesús aprendió y ejerció un oficio manual.

2. Madera, piedra y materiales de construcción

  Galilea no era una región donde todas las construcciones dependieran principalmente de la madera.

  La piedra desempeñaba un papel fundamental en las viviendas, los muros y numerosas estructuras.

  La madera, por su parte, podía utilizarse en vigas, puertas, marcos y diversos elementos arquitectónicos.

  Un artesano necesitaba conocer las características de los materiales.

  La madera podía agrietarse, deformarse o presentar irregularidades.

  La piedra exigía otras técnicas de preparación y colocación.

  No bastaba con disponer de fuerza.

  Era necesario medir, observar, calcular y comprender cómo debía funcionar cada pieza dentro de una estructura.

  Una puerta mal ajustada podía dejar de cerrar correctamente.

  Una viga inadecuada podía comprometer la estabilidad de una cubierta.

  El trabajo exigía precisión.

  No podemos afirmar que Jesús realizara cada una de estas tareas específicas. Pero pertenecían al universo laboral de los constructores y artesanos de su época.

  El oficio requería inteligencia práctica, no solamente habilidad con las manos.

3. Las herramientas del artesano

  El trabajador antiguo dependía de herramientas accionadas mediante su propia fuerza.

  Entre los instrumentos utilizados en oficios relacionados con la madera y la construcción se encontraban hachas, azuelas, sierras, cinceles, martillos, barrenas, cuerdas y herramientas para medir.

  Su disponibilidad y diseño variaban según el lugar, la especialidad y los recursos del artesano.

  Una sierra exigía movimientos repetidos.

  Un cincel requería controlar la fuerza y la dirección del golpe.

  Una herramienta mal utilizada podía estropear una pieza valiosa o provocar una lesión.

  La experiencia se adquiría mediante la práctica.

  Había que aprender a reconocer cuándo un material estaba listo, cómo sujetarlo y qué procedimiento resultaba más conveniente.

  En aquel mundo no existían las máquinas eléctricas que actualmente reducen gran parte del esfuerzo físico.

  Cada corte y cada ajuste podían representar minutos u horas de trabajo.

  El artesano debía desarrollar resistencia, coordinación y paciencia.

  Jesús conoció desde su humanidad la realidad de desempeñar un oficio semejante.

4. El cuerpo también pagaba el precio

  El trabajo manual tiene consecuencias físicas.

  Después de transportar materiales, permanecer inclinado durante largos períodos o repetir movimientos exigentes, los músculos se fatigan.

  Las manos pueden desarrollar callosidades.

  La espalda y los hombros soportan esfuerzos prolongados.

  El calor aumenta la pérdida de líquidos, mientras que el polvo y las condiciones del terreno pueden dificultar algunas labores.

  No tenemos registros de lesiones, enfermedades laborales ni accidentes sufridos por Jesús.

  Sería incorrecto inventarlos.

  Pero su verdadera humanidad significa que poseía un cuerpo sujeto a las necesidades fisiológicas humanas.

  Necesitaba alimentarse, hidratarse y descansar.

  Los Evangelios muestran posteriormente que Jesús podía experimentar cansancio físico. Juan 4:6 lo presenta fatigado del camino, sentado junto al pozo de Jacob.

  Aquella fatiga corresponde a su ministerio, pero confirma que su cuerpo no estaba exento del agotamiento humano.

  El trabajador de Nazaret no era una figura incapaz de cansarse.

  Era verdaderamente hombre.

5. Las jornadas y los desplazamientos

  No conocemos el horario de trabajo de Jesús.

  Tampoco podemos establecer cuántos días a la semana ejercía su oficio ni cuánto recibía por sus servicios.

  Sin embargo, el trabajo artesanal dependía de los encargos disponibles, las condiciones del clima y las necesidades de quienes contrataban.

  Algunas tareas podían realizarse cerca de la vivienda.

  Otras requerían trasladarse hasta el lugar donde se desarrollaba una construcción.

  Nazaret estaba situada a pocos kilómetros de Séforis, una ciudad importante de Galilea que experimentó actividad constructiva durante la época de Herodes Antipas.

  Es posible que artesanos de las poblaciones cercanas encontraran oportunidades laborales en aquella ciudad.

  No obstante, no existe evidencia directa de que Jesús trabajara en Séforis.

  Lo que sí podemos reconocer es que los desplazamientos formaban parte de las posibilidades laborales de los artesanos galileos.

  Caminar hasta un lugar de trabajo y regresar después de una jornada exigente podía consumir una parte considerable del día.

  El tiempo disponible para otras actividades dependía también de esas distancias.

6. Trabajar para contribuir al sustento

  En una sociedad sin las protecciones laborales y económicas modernas, el trabajo era esencial para la subsistencia.

  Los ingresos de un artesano podían depender de la demanda de sus servicios y de la capacidad de sus clientes para pagar.

  Los materiales tenían un costo.

  Las herramientas debían conservarse.

  Y no todas las jornadas garantizaban necesariamente una remuneración.

  Los Evangelios no especifican la situación económica de Jesús durante su juventud ni describen cómo se distribuían los ingresos de su familia.

  Tampoco indican cuándo murió José.

  Por tanto, no podemos afirmar que Jesús asumiera el sustento completo del hogar a una edad determinada.

  Pero sí sabemos que ejerció un oficio y que pertenecía a una familia numerosa.

  En ese contexto, su trabajo tenía una dimensión económica real.

  No era una actividad destinada simplemente a ocupar su tiempo.

  Era una capacidad productiva que podía contribuir a las necesidades materiales del hogar.

  El futuro Maestro conoció el valor de aquello que se obtiene mediante el esfuerzo.

7. Cuando terminaba la jornada

  Imaginemos una posibilidad ordinaria en la vida de un artesano galileo.

  El sol comienza a descender.

  Las herramientas se guardan.

  El trabajador limpia el polvo de sus manos y emprende el regreso.

  Sus músculos están cansados y todavía debe caminar hasta su vivienda.

  Al llegar, necesita alimento, agua y descanso.

  No se trata de una escena específica conservada por los Evangelios, sino de una reconstrucción plausible de las condiciones del oficio.

  El cansancio modifica la manera en que una persona utiliza las horas restantes.

  Después de una jornada exigente, la concentración puede resultar más difícil.

  El cuerpo reclama recuperación.

  Y al día siguiente las responsabilidades pueden comenzar nuevamente.

  Esta realidad resulta fundamental para comprender los años de preparación de Jesús.

  Su aprendizaje no ocurrió necesariamente después de jornadas cómodas ni dentro de una existencia libre de exigencias físicas.

  El trabajo ocupaba tiempo y consumía energía.

8. Aprender mientras se trabaja

  ¿Era posible continuar desarrollando el conocimiento de las Escrituras durante los años dedicados a un oficio?

  Sí, aunque las oportunidades no tenían que adoptar la forma de un horario académico moderno.

  La cultura judía transmitía enseñanzas mediante la lectura pública, la explicación oral, la conversación y la memorización.

  Un trabajador podía escuchar enseñanzas durante las reuniones religiosas y reflexionar posteriormente sobre ellas.

  También podía conversar acerca de una cuestión durante los momentos disponibles.

  Esto no significa que el esfuerzo físico sustituyera el estudio ni que Jesús adquiriera conocimientos sin dedicarles atención.

  Significa que la formación intelectual podía desarrollarse a lo largo de una vida laboral.

  Los Evangelios no revelan cómo organizaba Jesús esas oportunidades.

  Pero Marcos conserva una evidencia extraordinaria: cuando comenzó a enseñar, sus vecinos todavía lo identificaban como el artesano.

  El hombre que había trabajado con sus manos llegó a manifestar una comprensión excepcional de las Escrituras.

  Ambas realidades pertenecieron a la misma vida.

Conclusión. Las manos del Maestro

  Durante años, Jesús fue conocido en Nazaret por su oficio.

  Trabajó con materiales reales, utilizó herramientas y participó en una actividad que exigía esfuerzo físico, precisión y perseverancia.

  No conocemos todos sus encargos ni los lugares donde trabajó.

  Pero sabemos que su preparación para enseñar no lo mantuvo apartado del mundo laboral.

  Cuando posteriormente habló acerca de constructores, casas, fundamentos, piedras y trabajadores, utilizó imágenes comprensibles para la gente de su tiempo.

  Y él mismo había conocido el trabajo manual.

  La extraordinaria sabiduría de Jesucristo no pertenecía a un hombre que hubiera permanecido ajeno al esfuerzo cotidiano.

  El Maestro de Israel había sido también un artesano de Nazaret.

  Su oficio no disminuyó la grandeza de su misión. Por el contrario, nos permite contemplar con mayor profundidad la realidad de su encarnación.

  El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

  Y aceptó conocer el peso de las herramientas, el esfuerzo de las manos y el cansancio de una jornada de trabajo.

Referencias bíblicas e históricas

  1. Marcos 6:3. Jesús identificado como carpintero.
  2. Mateo 13:55. José identificado por su oficio.
  3. Lucas 2:52. El crecimiento de Jesús en sabiduría y estatura.
  4. Juan 4:6. El cansancio físico de Jesús.
  5. Jonathan L. Reed. Archaeology and the Galilean Jesus: A Re-examination of the Evidence. Trinity Press International, 2000.
  6. Ken Dark. Roman-Period and Byzantine Nazareth and Its Hinterland. Routledge, 2020.
  7. Mark A. Chancey. The Myth of a Gentile Galilee. Cambridge University Press, 2002. Estudio del contexto social y cultural de Galilea durante el período romano.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.