Por el Dr. Elio M Rivera

Ahora entramos en el reino de los gigantes

  Nuestro viaje comenzó cerca del Sol.

  Visitamos Mercurio, un pequeño mundo cubierto de cráteres.

  Después llegamos a Venus, oculto bajo una atmósfera extraordinariamente densa.

  Pasamos por la Tierra, nuestro hogar.

  Y finalmente recorrimos Marte, con sus volcanes, cañones y desiertos rojizos.

  Pero ahora todo cambia.

  Dejamos atrás los pequeños planetas rocosos y llegamos al quinto planeta desde el Sol:

Júpiter

  Júpiter es el planeta más grande de todo el Sistema Solar. Su tamaño es tan extraordinario que, si pudiéramos imaginarlo como una enorme esfera hueca, dentro de su volumen cabrían aproximadamente mil Tierras.

El planeta Jupiter

  Estamos entrando en un mundo completamente diferente.

¿Qué tan grande es Júpiter?

  El diámetro ecuatorial de Júpiter es de aproximadamente:

143,000 kilómetros

  La Tierra mide alrededor de 12,742 kilómetros de diámetro.

  Eso significa que Júpiter es aproximadamente once veces más ancho que nuestro planeta.

  Imagine colocar once Tierras una junto a otra.

  Aproximadamente esa distancia necesitaríamos para atravesar Júpiter de un lado al otro por su ecuador.

  Pero el tamaño se vuelve todavía más impresionante cuando pensamos en volumen.

  Más de mil planetas del tamaño de la Tierra podrían ocupar aproximadamente el volumen de Júpiter.

  Nuestro planeta, que para nosotros parece gigantesco, se vuelve pequeño cuando lo colocamos junto a este coloso.

Jupiter, un planeta muchísimo más masivo que la Tierra

  Júpiter no solamente es grande.

  También posee una enorme masa.

  De hecho, tiene más masa que todos los demás planetas del Sistema Solar juntos.

  Eso significa que su influencia gravitacional es extraordinaria.

  A su alrededor viajan numerosas lunas.

  También posee anillos débiles y una compleja región magnética.

  Júpiter es tan importante gravitacionalmente que constituye casi un pequeño sistema dentro del propio Sistema Solar.

  Más adelante estudiaremos sus lunas con mayor detalle.

Pero Júpiter no es una Tierra gigantesca

  Quizá alguien imagine:

  “Si Júpiter es tan grande, entonces debe ser como una Tierra enorme”.

  Pero no.

  Júpiter pertenece a una clase de planetas que llamamos gigantes gaseosos.

  Está compuesto principalmente por hidrógeno y helio, los mismos elementos que dominan la composición del Sol.

  No tiene una superficie sólida como aquella sobre la que caminamos en la Tierra.

  Cuando observamos Júpiter, estamos viendo principalmente las partes superiores de una atmósfera extraordinariamente profunda.

¿Entonces podríamos aterrizar sobre Júpiter?

  No de la manera en que aterrizamos sobre Marte.

  Una nave que descendiera hacia Júpiter atravesaría capas de gas cada vez más densas.

  La presión aumentaría.

  La temperatura cambiaría.

  Y el material se comprimiría cada vez más.

  No encontraríamos simplemente un suelo rocoso donde colocar unas ruedas.

  Júpiter es un mundo muy diferente a los primeros cuatro planetas que visitamos.

  Esto nos recuerda nuevamente algo importante:

los planetas no son copias unos de otros.

Las famosas franjas de Júpiter

  Cuando vemos una fotografía de Júpiter encontramos inmediatamente algo característico:

sus bandas.

  Franjas blancas.

  Marrones.

  Naranjas.

  Rojizas.

  Todas rodeando el planeta.

  Estas franjas son enormes sistemas de nubes y corrientes atmosféricas. Las zonas más oscuras suelen llamarse cinturones y las más claras zonas.

  No son pinturas sobre una superficie sólida.

  Estamos observando una atmósfera en continuo movimiento.

Vientos que viajan en sentidos opuestos

  Las bandas de Júpiter están relacionadas con poderosas corrientes de aire.

  Algunas se mueven hacia el este.

  Otras hacia el oeste.

  Esas corrientes forman enormes chorros atmosféricos que rodean el planeta.

  Donde diferentes corrientes se encuentran pueden aparecer turbulencias, remolinos y gigantescas tormentas.

  Por eso, cuando observamos Júpiter de cerca, descubrimos una atmósfera que parece casi una enorme pintura en movimiento.

Júpiter gira increíblemente rápido

  Ahora encontramos una característica que parece difícil de creer.

  Júpiter es el planeta más grande…

  pero también posee el día más corto de todos los planetas.

  Completa una rotación en aproximadamente:

9.9 horas

  En la Tierra necesitamos unas 24 horas.

  Júpiter gira completamente sobre sí mismo antes de que haya transcurrido medio día terrestre.

  Imagine un planeta once veces más ancho que la Tierra girando en menos de diez horas.

  Es una velocidad extraordinaria.

La rápida rotación cambia su forma

  Júpiter no es una esfera perfectamente redonda.

  Su rápida rotación hace que se ensanche alrededor del ecuador y se comprima ligeramente cerca de los polos.

  Podemos imaginar una pelota muy blanda girando rápidamente.

  El centro tendería a sobresalir un poco.

  Algo parecido ocurre con Júpiter.

  Incluso su forma nos recuerda que estamos contemplando un planeta en movimiento.

Un año dura casi doce años terrestres

  Aunque Júpiter gira rápidamente sobre sí mismo, viaja mucho más lentamente alrededor del Sol que la Tierra.

  Se encuentra a una distancia media de aproximadamente:

778 millones de kilómetros del Sol

  Eso es más de cinco veces la distancia media entre la Tierra y el Sol.

  Júpiter necesita aproximadamente 11.86 años terrestres para completar una vuelta alrededor de nuestra estrella.

  Así que un niño que acabara de celebrar su cumpleaños número doce en la Tierra habría vivido aproximadamente un solo año joviano.

Un mundo muy frío en sus nubes superiores

  Júpiter está muchísimo más lejos del Sol que nosotros.

  En las regiones superiores de sus nubes, la temperatura media ronda aproximadamente:

−110 °C.

  Pero esa cifra no describe todo el planeta.

  Mientras descendemos hacia regiones más profundas, la presión y la temperatura aumentan considerablemente.

  Júpiter es un mundo de extremos.

¿De qué están hechas sus nubes?

  Las famosas nubes de Júpiter contienen diferentes sustancias.

  En sus regiones superiores encontramos principalmente nubes relacionadas con amoníaco, además de agua y otros compuestos en distintas profundidades.

  Las diferencias químicas, de temperatura, altura y dinámica atmosférica ayudan a producir los distintos colores que observamos.

  Lo que desde lejos parece una sencilla franja marrón puede ser en realidad parte de un enorme sistema atmosférico que se extiende miles de kilómetros.

La mancha roja, una tormenta que ha durado siglos

  Existe una característica de Júpiter tan famosa que merece su propio artículo:

La Gran Mancha Roja

  Es una enorme tormenta que ha sido observada durante siglos.

  Actualmente tiene aproximadamente 1.3 veces el diámetro de la Tierra, aunque históricamente llegó a ser considerablemente mayor.

  Piense en eso.

  Una sola tormenta suficientemente grande para contener aproximadamente a nuestro planeta.

  En el siguiente artículo la estudiaremos con calma, porque detrás de esa mancha rojiza existe una de las historias meteorológicas más fascinantes del Sistema Solar.

Las tormentas no son pequeñas

  La Gran Mancha Roja es la más famosa.

  Pero no está sola.

  Las fotografías de Júpiter muestran numerosos remolinos.

  Óvalos blancos.

  Tormentas oscuras.

  Regiones turbulentas.

  Pequeños ciclones.

  Aunque “pequeño” puede resultar una palabra engañosa cuando hablamos de Júpiter.

  Muchas estructuras atmosféricas que parecen diminutas en una fotografía podrían cubrir regiones enormes de la Tierra.

Un planeta con una enorme magnetosfera

  Júpiter también posee un campo magnético extraordinariamente poderoso.

  Alrededor del planeta existe una gigantesca región dominada por ese campo llamada magnetosfera.

  Partículas cargadas quedan atrapadas dentro de ella y producen cinturones de radiación muy intensos, capaces de representar un serio desafío para las naves espaciales.

  Esto significa que explorar Júpiter no consiste solamente en sobrevivir a grandes distancias.

  Las máquinas también deben soportar un ambiente de radiación extremo.

Incluso tiene auroras

  Al igual que la Tierra, Júpiter posee auroras cerca de sus polos.

  Pero las jovianas pueden ser extraordinariamente poderosas.

  Partículas cargadas interactúan con su campo magnético y con su atmósfera, produciendo regiones luminosas alrededor de los polos.

  Desde determinadas longitudes de onda, estas auroras aparecen como enormes anillos de luz.

  Así encontramos otra semejanza con nuestro planeta…

  pero llevada a una escala gigantesca.

Júpiter también tiene anillos

  Cuando pensamos en anillos imaginamos inmediatamente a Saturno.

  Pero Júpiter también posee un sistema de anillos.

  Son mucho más débiles y difíciles de observar.

  Están formados principalmente por pequeñas partículas de polvo.

  No poseen el espectacular aspecto de los anillos de Saturno, pero nos recuerdan que Júpiter es más complejo de lo que parece a primera vista.

Jupiter y su norme familia de lunas

  Júpiter está rodeado por una gran cantidad de lunas.

  Entre ellas encontramos cuatro especialmente famosas, descubiertas por Galileo Galilei en 1610:

Ío.

Europa.

Ganímedes.

Calisto.

  Las llamamos lunas galileanas.

  Cada una es un mundo extraordinario.

  Ío posee una intensa actividad volcánica.

  Europa tiene una superficie helada y fuertes evidencias de un océano de agua líquida debajo.

  Ganímedes es la luna más grande de todo el Sistema Solar, incluso mayor que Mercurio.

  Júpiter posee actualmente más de cien lunas reconocidas oficialmente, aunque el número puede cambiar conforme se descubren y confirman nuevos objetos.

Casi parece un pequeño Sistema Solar

  Imagine la escena.

  Un planeta gigantesco.

  Numerosas lunas orbitándolo.

  Un sistema de anillos.

  Un poderoso campo magnético.

  Tormentas enormes.

  Todo viajando alrededor del Sol.

  Por eso, estudiar Júpiter puede sentirse como estudiar un pequeño sistema planetario dentro del Sistema Solar.

¿Cómo hemos logrado conocerlo?

  Diferentes naves han visitado Júpiter.

  Pioneer.

  Voyager.

  Galileo.

  Cassini pasó cerca durante su viaje hacia Saturno.

  New Horizons también utilizó Júpiter durante su recorrido hacia Plutón.

  Y desde 2016, la nave Juno ha estudiado Júpiter desde una órbita especialmente diseñada para investigar su interior, atmósfera, gravedad y campo magnético.

  Gracias a estas misiones hemos podido acercarnos a las nubes y observar detalles que desde la Tierra serían imposibles.

Juno nos permitió mirar debajo de las nubes

  La misión Juno ha revelado que las famosas bandas atmosféricas no son simplemente una capa superficial.

  Las corrientes asociadas con ellas penetran aproximadamente 3,000 kilómetros hacia el interior del planeta.

  Eso significa que aquello que vemos desde fuera forma parte de estructuras atmosféricas muchísimo más profundas.

  Una vez más, las apariencias esconden un mundo mucho más complejo.

Un gigante que gira sin descansar

  Piense ahora en todo lo que está ocurriendo.

  Júpiter gira en menos de diez horas.

  Sus bandas atmosféricas se desplazan en direcciones diferentes.

  Tormentas gigantescas giran dentro de ellas.

  Decenas de lunas recorren sus órbitas.

  Partículas cargadas circulan dentro de su enorme magnetosfera.

  Y mientras todo eso ocurre, el planeta completo continúa viajando alrededor del Sol.

  No estamos observando una gran esfera inmóvil.

  Estamos contemplando uno de los sistemas más dinámicos del Sistema Solar.

Júpiter hace que la Tierra parezca pequeña

  Coloque mentalmente ambos planetas juntos.

  La Tierra parece grande para nosotros.

  Tiene océanos.

  Continentes.

  Montañas.

  Miles de millones de seres humanos.

  Pero junto a Júpiter parece una pequeña esfera azul.

  Júpiter podría contener aproximadamente mil Tierras por volumen.

  Y entonces podemos comprender un poco mejor la pregunta del salmista:

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,
Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria…?”

Salmo 8:3-4

  La creación modifica nuestra percepción de tamaño.

  Nos recuerda que somos pequeños.

  Pero también que poseemos una mente capaz de estudiar cosas muchísimo mayores que nosotros.

La Biblia no describe la atmósfera de Júpiter

  Las Escrituras no nos dicen cuántas bandas posee Júpiter.

  No hablan de hidrógeno metálico.

  No mencionan su rápida rotación.

  No describen la Gran Mancha Roja.

  Estas preguntas pertenecen a la astronomía, la física y la ciencia planetaria.

  Pero la Biblia sí invita repetidamente al ser humano a contemplar el cielo.

“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

Salmo 19:1

  Hoy podemos contemplar aquello con herramientas que los antiguos jamás imaginaron.

  Telescopios.

  Espectrómetros.

  Radiotelescopios.

  Naves espaciales.

  Y cámaras viajando alrededor de otro planeta.

Cuanto más grande es lo que contemplamos…

  …más pequeñas parecen algunas cosas que nos preocupan.

  Júpiter es tan grande que una tormenta del tamaño de la Tierra puede parecer solamente una pequeña mancha sobre sus nubes.

  Sus sistemas meteorológicos se extienden miles de kilómetros.

  Sus lunas forman una familia enorme.

  Su campo magnético domina una región gigantesca del espacio.

  Y aun así, Júpiter es solamente un planeta.

  Uno de ocho.

  Alrededor de una estrella.

  Dentro de una galaxia inmensa.

  Esta escala puede producir asombro.

  Y para el creyente puede convertirse también en adoración.

“Levantad en alto vuestros ojos”

  Isaías escribió:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas…”
Isaías 40:26

  Cuando levantamos ahora los ojos hacia Júpiter, sabemos algo que Isaías no podía observar directamente.

  Aquel punto luminoso contiene un mundo gigantesco.

  Un planeta once veces más ancho que la Tierra.

  Con nubes que forman enormes bandas.

  Tormentas que pueden durar generaciones.

  Lunas viajando alrededor.

  Y un día que termina en menos de diez horas.

  Conocer esos datos no disminuye el asombro.

  Lo aumenta.

Y todavía no hemos visto su mayor tormenta de cerca

  Nuestro primer encuentro con Júpiter nos ha mostrado al gigante.

  Pero dejamos deliberadamente una de sus maravillas para el siguiente artículo.

  Una enorme tormenta rojiza.

  Visible desde hace siglos.

  Más grande que nuestro planeta.

  Una estructura que ha cambiado de tamaño, forma y comportamiento mientras los científicos la observan.

  Nuestro siguiente destino será:

La Gran Mancha Roja y las extraordinarias tormentas de Júpiter

  Y quizá entonces comprenderemos todavía mejor por qué este gigante es uno de los mundos más impresionantes de todo nuestro Sistema Solar.

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová!
Hiciste todas ellas con sabiduría…”

Salmo 104:24

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Organizaciones científicas

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Por el Dr. Elio M Rivera

Un planeta que parece una obra de arte

  Nuestro viaje por el Sistema Solar continúa.

  Ya dejamos atrás a Júpiter, el planeta más grande, con sus enormes bandas de nubes y tormentas gigantescas.

  Ahora viajamos todavía más lejos del Sol.

  Y encontramos uno de los mundos más hermosos que podemos contemplar con un telescopio:

Saturno

El planeta Saturno

  Desde lejos parece una enorme esfera amarillenta rodeada por delicados anillos.

  Pero aquellos anillos no son simplemente un adorno.

  Son un gigantesco sistema formado por incontables partículas de hielo y roca que viajan alrededor del planeta.

  Saturno es el sexto planeta desde el Sol y el segundo más grande de nuestro Sistema Solar, solamente superado por Júpiter.

¿Qué tan grande es Saturno?

  Saturno tiene un diámetro ecuatorial aproximado de:

120,500 kilómetros

  La Tierra tiene unos 12,742 kilómetros.

  Esto significa que Saturno es aproximadamente nueve veces más ancho que nuestro planeta.

  Imagine una pelota pequeña que representa la Tierra.

  Ahora coloque junto a ella otra esfera nueve veces más ancha.

  Comenzamos así a comprender el tamaño de este gigante.

  Saturno es tan grande que, por volumen, dentro de él cabrían más de setecientas Tierras.

  Nuestro planeta, que para nosotros parece enorme, se vuelve pequeño cuando lo colocamos junto a Saturno.

Pero Saturno no es una Tierra gigantesca

  Al igual que Júpiter, Saturno pertenece al grupo de los gigantes gaseosos.

  Está formado principalmente por:

hidrógeno

  y

helio.

  Estos son también los dos elementos principales presentes en el Sol.

  Saturno no posee una superficie sólida como la Tierra o Marte.

  Si una nave descendiera hacia él, penetraría en gases que se volverían progresivamente más densos. Más abajo encontraría presiones y temperaturas tan extremas que la nave terminaría siendo destruida.

  Así que no podríamos simplemente aterrizar sobre Saturno, bajar una escalera y comenzar a caminar.

Un planeta sorprendentemente ligero

  Aquí encontramos una característica muy curiosa.

  Aunque Saturno es gigantesco, su densidad promedio es extraordinariamente baja para un planeta.

  De hecho, su densidad media es menor que la del agua.

  Esto ha producido una comparación famosa.

  Si pudiéramos encontrar un océano suficientemente gigantesco —algo obviamente imposible— Saturno sería menos denso que el agua y tendería a flotar.

  No significa que Saturno sea ligero en términos absolutos.

  Su masa es enorme.

  Significa que toda esa enorme cantidad de materia está distribuida dentro de un volumen gigantesco.

Está muy lejos del Sol

  Saturno se encuentra, en promedio, aproximadamente a:

1,400 millones de kilómetros del Sol

  Eso equivale a unas 9.5 veces la distancia media entre la Tierra y el Sol.

  La luz solar necesita alrededor de:

80 minutos

  para viajar desde el Sol hasta Saturno.

  Recuerde que la luz solamente tarda unos ocho minutos y veinte segundos en llegar hasta nosotros.

  Cuando llegamos a Saturno estamos entrando verdaderamente en las regiones exteriores de nuestro Sistema Solar.

Un año de casi treinta años terrestres

  La enorme distancia de Saturno significa también que su recorrido alrededor del Sol es muchísimo mayor que el nuestro.

  Saturno necesita aproximadamente:

29.4 años terrestres

  para completar una sola órbita.

  Imagine a un niño que nace en la Tierra.

  Para cuando Saturno complete su primera vuelta alrededor del Sol, aquella persona estaría acercándose a los treinta años.

  Ese sería solamente:

un año saturniano.

Pero sus días son increíblemente cortos

  Aquí aparece un contraste fascinante.

  El año de Saturno es extremadamente largo…

  pero su día es muy corto.

  Saturno completa aproximadamente una rotación en:

10.7 horas.

  Eso significa que en el tiempo que nosotros vivimos un solo día terrestre, Saturno puede girar más de dos veces.

  Un planeta nueve veces más ancho que la Tierra girando en menos de once horas.

  Es difícil imaginar semejante movimiento.

Y esa velocidad modifica su forma

  Debido a su rápida rotación, Saturno no es una esfera perfecta.

  Se encuentra ligeramente ensanchado alrededor del ecuador y aplanado cerca de los polos.

  Podríamos compararlo, de manera muy sencilla, con una pelota blanda que gira muy rápidamente.

  El movimiento contribuye a modificar su forma.

  Incluso mirando la silueta del planeta podemos encontrar señales de que Saturno está girando continuamente.

Pero lleguemos a aquello que todos queremos ver

  Podríamos hablar durante mucho tiempo del planeta.

  Pero Saturno posee algo que lo hace inmediatamente reconocible:

sus anillos.

Júpiter también tiene anillos.

  Urano tiene anillos.

  Neptuno también.

  Pero ninguno posee un sistema tan brillante y espectacular como el de Saturno.

  Cuando Galileo Galilei observó Saturno mediante un telescopio en 1610 no logró comprender claramente qué estaba viendo. La tecnología de su época no permitía resolver bien los anillos; durante las décadas siguientes, observaciones mejores ayudaron a entender la verdadera naturaleza de aquella extraña apariencia.

Los anillos no son discos sólidos

  Cuando vemos una fotografía podemos imaginar que alrededor de Saturno existe una enorme lámina sólida.

  No es así.

  Los anillos están formados por incontables fragmentos separados.

  Principalmente hielo de agua.

  También existe roca, polvo y otros materiales mezclados con las partículas heladas.

  Algunas partículas son diminutas, incluso comparables con granos de polvo o arena.

  Otras pueden tener el tamaño de una casa.

  Y existen estructuras mucho mayores dentro del complejo sistema.

  Cada fragmento está viajando alrededor de Saturno.

  Los anillos son movimiento.

Millones y millones de pequeños viajeros

  Imagine colocar una enorme cantidad de partículas de hielo alrededor de un planeta.

  Cada una obedece a la gravedad.

  Cada una posee una velocidad.

  Cada una recorre su propia órbita.

  Las partículas situadas más cerca de Saturno se mueven de manera diferente a las que están más lejos.

  Y cuando observamos todas juntas desde lejos…

  parecen formar anillos continuos.

  Es algo parecido a observar desde lejos una carretera llena de automóviles.

  Desde mucha distancia podría parecer una franja continua.

  Pero al acercarnos descubriríamos miles de objetos individuales.

Los anillos son gigantescos… y sorprendentemente delgados

  Esta es quizá una de las características más difíciles de imaginar.

  El sistema principal de anillos se extiende a enormes distancias alrededor de Saturno.

  NASA señala que el sistema de anillos puede alcanzar aproximadamente 282,000 kilómetros desde el planeta, mientras que gran parte de los anillos principales tiene un espesor vertical típico cercano a solamente 10 metros.

  Piense en la comparación.

  Cientos de miles de kilómetros de extensión…

  pero en muchas regiones apenas unos pocos metros de grosor.

  Es como una gigantesca hoja extraordinariamente fina alrededor de un planeta.

No existe solamente un anillo

  Cuando lo observamos desde lejos parece un único sistema.

  Pero al acercarnos aparecen diferentes regiones.

  Los principales anillos brillantes reciben letras:

A.

B.

C.

  Además existen otros más débiles:

D, E, F y G.

  Algunos son muy brillantes.

  Otros apenas pueden observarse.

  Algunos contienen muchísima materia.

  Otros son tenues y dispersos.

  El sistema es mucho más complejo de lo que puede apreciar un pequeño telescopio.

Una enorme separación llamada División de Cassini

  Entre dos de los anillos principales existe una región especialmente conocida:

la División de Cassini

Cassini y su encuentro con Saturno

  Se encuentra entre los anillos A y B y tiene aproximadamente 4,700 kilómetros de anchura.

  Pero tampoco está completamente vacía.

  Contiene partículas.

  Simplemente posee una concentración mucho menor que las regiones brillantes situadas a ambos lados.

  La gravedad de algunas lunas influye sobre las partículas y ayuda a producir estructuras y separaciones dentro de los anillos. Por ejemplo, la luna Mimas participa mediante resonancias gravitacionales en la estructura de la División de Cassini.

Las lunas pueden esculpir los anillos

  Saturno posee pequeñas lunas que interactúan directamente con los anillos.

  Algunas reciben el nombre de lunas pastoras.

  ¿Por qué?

  Porque su gravedad ayuda a mantener y modificar determinadas regiones de partículas, casi como un pastor que mantiene organizado un rebaño.

  Pandora y Prometeo, por ejemplo, interactúan con el estrecho anillo F.

  Otras pequeñas lunas producen ondas y estructuras dentro de los propios anillos.

  Aquí vemos nuevamente algo que aparece una y otra vez en nuestro viaje:

gravedad + movimiento = estructura.

Incluso existen pequeñas “hélices” dentro de los anillos

  Cuando Cassini estudió los anillos con enorme detalle encontró estructuras conocidas como propellers, o hélices.

  No son hélices verdaderas.

  Se producen cuando pequeños cuerpos dentro de los anillos alteran gravitacionalmente las partículas que pasan cerca de ellos.

  Aparecen patrones que pueden extenderse miles de kilómetros.

  Un pequeño objeto puede modificar una región enorme de partículas a su alrededor.

  Una vez más, la gravedad está trabajando silenciosamente.

Los anillos también tienen montañas de hielo

  Podríamos imaginar los anillos como una superficie perfectamente plana.

  Pero Cassini descubrió que no siempre lo son.

  Durante el equinoccio de Saturno, cuando la luz solar incidía casi de lado sobre los anillos, algunas estructuras proyectaron largas sombras.

  Eso permitió descubrir acumulaciones y perturbaciones que se elevaban kilómetros por encima del plano principal de los anillos.

  Imagine eso.

  Un sistema que desde lejos parece una línea perfecta…

  pero de cerca posee ondas, grumos, lunas pequeñas y estructuras gigantescas.

¿Por qué los anillos son tan brillantes?

  Gran parte de su brillo se debe al hielo.

  El hielo de agua refleja muy bien la luz solar.

  Por eso Saturno puede ofrecer esa apariencia blanca, plateada y dorada que vemos en numerosas fotografías.

  Las pequeñas diferencias de color entre distintas regiones pueden revelar diferentes cantidades de otros materiales mezclados con el hielo.

  Lo que para nuestros ojos simplemente parece hermoso también contiene información química.

¿De dónde salieron los anillos?

  Esta pregunta todavía no posee una respuesta completamente definitiva.

  Una posibilidad es que gran parte del material provenga de antiguas lunas, cometas u otros cuerpos que fueron fragmentados por impactos o por las poderosas fuerzas gravitacionales cerca de Saturno.

  Existen diferentes modelos acerca de cuándo y cómo se originaron.

  Y aquí es importante recordar algo:

cuando los científicos todavía están investigando una pregunta, debemos decirlo.

  No necesitamos presentar como certeza aquello que continúa siendo objeto de estudio.

  Eso también forma parte de hacer buena ciencia.

Los anillos y las lunas intercambian material

  Cassini descubrió que el sistema es todavía más dinámico.

  Algunas lunas reciben partículas procedentes de los anillos.

  Y algunas lunas aportan material a ellos.

  Un ejemplo extraordinario es Encélado.

  Esta pequeña luna expulsa al espacio vapor de agua y partículas de hielo desde fracturas cerca de su polo sur.

  Parte de ese material contribuye a alimentar el enorme y tenue anillo E de Saturno.

  Así que algunas partes de los anillos están relacionadas directamente con actividad que ocurre sobre una luna.

Los anillos no siempre se ven iguales desde la Tierra

  Saturno tiene su eje inclinado aproximadamente 26.7 grados.

  Y los anillos se encuentran aproximadamente en el plano de su ecuador.

  A medida que Saturno recorre su larga órbita, cambia el ángulo desde el cual nosotros observamos los anillos.

  Algunas veces aparecen ampliamente abiertos.

  Otras veces los vemos casi completamente de canto.

  Cuando esto ocurre pueden parecer tan delgados que casi desaparecen para ciertos telescopios.

  Los anillos no desaparecieron.

  Cambió nuestra perspectiva.

Saturno también tiene estaciones

  La inclinación de su eje significa que Saturno experimenta estaciones, al igual que la Tierra.

  Pero recuerde:

  un año de Saturno dura casi treinta años terrestres.

  Por eso cada estación puede durar aproximadamente siete años terrestres.

  Imagine pasar siete años en primavera.

  Después siete años en verano.

  Después otros siete aproximadamente en otoño.

  Y finalmente un larguísimo invierno.

Existe algo extraño en el polo norte

  Saturno posee otra característica que parece sacada de una película.

  Cerca de su polo norte existe una enorme corriente atmosférica con forma aproximada de:

hexágono

  Seis lados.

  Una figura geométrica gigantesca dentro de la atmósfera de un planeta.

  La misión Cassini obtuvo imágenes detalladas de esta corriente y permitió estudiarla durante años.

  No es una estructura sólida.

  Es un patrón atmosférico.

  Otra demostración de lo extraño y diverso que puede ser el clima de otros mundos.

Saturno también tiene enormes tormentas

  Aunque sus colores suelen parecer más suaves que los de Júpiter, Saturno también posee tormentas poderosas.

  Cassini observó una gigantesca tormenta en el hemisferio norte durante 2010 y 2011 que llegó a extenderse alrededor del planeta durante meses.

  Así que debajo de aquella tranquila apariencia dorada existe una atmósfera activa.

  Nubes.

  Vientos.

  Tormentas.

  Corrientes.

  Todo en movimiento.

Una gran familia alrededor de Saturno

  Saturno está acompañado por una extraordinaria cantidad de lunas.

  Algunas son diminutas.

  Otras son mundos enormes.

  Dos destacan especialmente:

Titán

  y

Encélado.

  Titán posee una atmósfera espesa y lagos y mares de hidrocarburos sobre su superficie.

  Encélado posee un océano global de agua líquida debajo de una corteza de hielo y expulsa parte de ese material hacia el espacio.

  Por eso no intentaremos estudiar aquí toda la familia de Saturno.

  Las lunas merecen su propio capítulo.

La nave que vivió trece años junto a Saturno

  Gran parte de lo que hoy sabemos acerca de Saturno se debe a una misión extraordinaria:

Cassini

  Fue un proyecto conjunto de NASA, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Espacial Italiana.

  Cassini llegó al sistema de Saturno en 2004 y pasó trece años estudiando el planeta, sus anillos y sus lunas.

  Tomó cientos de miles de imágenes.

  Atravesó diferentes regiones del sistema.

  Estudió los anillos desde ángulos nunca vistos.

  Y transformó nuestra comprensión de Saturno.

Cassini incluso pasó entre Saturno y sus anillos

  Al final de su misión, los ingenieros hicieron algo extraordinariamente atrevido.

  Cassini realizó 22 inmersiones a través de la región situada entre Saturno y sus anillos interiores.

  Aquello permitió realizar mediciones extremadamente precisas de la gravedad, el campo magnético, la atmósfera y la masa de los anillos.

  Después, el 15 de septiembre de 2017, Cassini entró deliberadamente en la atmósfera de Saturno y terminó su misión.

  La nave desapareció.

  Pero los datos que reunió continúan siendo estudiados.

De un pequeño punto a un mundo extraordinario

  Saturno puede observarse a simple vista desde la Tierra.

  Para nuestros ojos parece simplemente un punto luminoso.

  Pero coloque un telescopio delante de sus ojos…

  y aparece algo extraordinario.

  Una esfera.

  Anillos.

  Lunas.

  Después enviamos naves.

  Y descubrimos millones de partículas.

  Huecos.

  Ondas.

  Pequeñas lunas.

  Tormentas.

  Un hexágono.

  Océanos ocultos dentro de algunos satélites.

  Cada vez que miramos más cerca encontramos más complejidad.

La belleza también puede estudiarse

  Hay algo especial en Saturno.

  No solamente queremos comprenderlo.

  También es hermoso.

  Sus anillos producen una de las imágenes más elegantes de todo el Sistema Solar.

  Y esto nos recuerda que estudiar científicamente algo hermoso no destruye su belleza.

  Podemos saber que los anillos están hechos principalmente de hielo.

  Podemos calcular sus órbitas.

  Podemos medir su espesor.

  Podemos estudiar las fuerzas que forman sus divisiones.

  Y todavía podemos mirar Saturno y decir:

¡qué extraordinario!

La Biblia nos invita a contemplar los cielos

  David escribió:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

Salmo 19:1

  David no podía observar los anillos de Saturno como nosotros.

  A simple vista veía solamente otro punto luminoso.

  Nosotros tenemos telescopios.

  Cámaras.

  Espectrómetros.

  Naves espaciales.

  Podemos acercarnos a aquel pequeño punto y descubrir un mundo gigantesco rodeado por miles de estructuras de hielo.

  Para el creyente, cada nueva escala de observación puede convertirse en una nueva razón para maravillarse.

“Levantad en alto vuestros ojos”

  Isaías escribió:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas…”
Isaías 40:26

  Saturno constituye una magnífica invitación a hacerlo.

  Levante los ojos.

  Allí existe un planeta aproximadamente nueve veces más ancho que la Tierra.

  A unos 1,400 millones de kilómetros del Sol.

  Girando en menos de once horas.

  Rodeado por un sistema de anillos compuesto principalmente por hielo.

  Acompañado por una gran familia de lunas.

  Y todo ello continúa moviéndose mientras nosotros realizamos nuestras actividades cotidianas.

Un planeta rodeado de maravillas

  Ahora resumamos nuestro encuentro.

  Saturno es:

el segundo planeta más grande del Sistema Solar,

un gigante compuesto principalmente de hidrógeno y helio,

un mundo sin una superficie sólida verdadera,

un planeta que gira en unas 10.7 horas,

un mundo cuyo año dura casi treinta años terrestres,

y el dueño del sistema de anillos más espectacular que conocemos entre los planetas.

  Pero quizá lo más sorprendente sea esto:

  desde lejos sus anillos parecen sencillos.

  Cuando nos acercamos descubrimos miles de millones de partículas, divisiones, pequeñas lunas, ondas y estructuras moldeadas continuamente por la gravedad.

  Algo que parecía solamente hermoso resulta también extraordinariamente complejo.

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría…”
Salmo 104:24

  Nuestro viaje por Saturno todavía no termina.

  Porque alrededor de este gigante viajan mundos que merecen ser conocidos por sí mismos.

  Nuestro siguiente destino será:

Las lunas de Saturno: mundos extraordinarios alrededor de un gigante

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Organizaciones y misiones científicas

Libro recomendado

Leer extracto del libro aquí

Escucha música con propósito

Por el Dr. Elio M Rivera

Un mundo que parece haberse acostado

  Nuestro viaje por el Sistema Solar continúa.

  Ya dejamos atrás a Saturno y su extraordinaria familia de anillos y lunas.

  Ahora nos alejamos muchísimo más del Sol.

  Y llegamos al séptimo planeta:

Urano

El planeta Urano

  A primera vista parece una tranquila esfera azul verdosa.

  No muestra las enormes bandas de Júpiter.

  No posee los espectaculares anillos brillantes de Saturno.

  Pero Urano guarda una característica que lo convierte en uno de los planetas más extraños de nuestro Sistema Solar:

gira prácticamente acostado sobre un costado.

  Su eje de rotación está inclinado aproximadamente 98 grados respecto de su órbita. En lugar de girar como una pelota casi vertical, parece rodar alrededor del Sol.

Primero imaginemos una pelota

  Ponga una pelota sobre una mesa.

  Imagine una línea atravesándola de arriba hacia abajo.

  Esa línea representa su eje.

  La Tierra también gira alrededor de un eje.

  Nuestro planeta está inclinado aproximadamente 23.4 grados.

  Urano es completamente diferente.

  Su inclinación es tan grande que uno de sus polos puede quedar orientado casi directamente hacia el Sol durante parte de su larguísimo recorrido orbital.

  Es como si alguien hubiera tomado el planeta…

  lo hubiera inclinado hasta acostarlo…

  y después lo hubiera puesto a girar.

¿Por qué está tan inclinado?

  Esta es una pregunta que todavía no podemos responder con completa seguridad.

  Una explicación propuesta es que, durante la historia temprana del planeta, Urano pudo experimentar una interacción o un gran impacto que modificó profundamente su orientación.

  También existen modelos más recientes que estudian otras posibilidades gravitacionales.

  Pero debemos decirlo claramente:

todavía no conocemos con certeza toda la historia de cómo Urano terminó girando de esa manera.

  Y eso también forma parte de la ciencia.

  No todo está resuelto.

  Todavía existen preguntas esperando mejores respuestas.

Urano es un planeta gigantesco

  Aunque parece pequeño cuando lo observamos desde la Tierra, Urano es enorme.

  Su diámetro ecuatorial es de aproximadamente:

51,000 kilómetros

  La Tierra tiene unos 12,742 kilómetros de diámetro.

  Eso significa que Urano es aproximadamente cuatro veces más ancho que nuestro planeta.

  Por volumen podrían caber alrededor de 63 Tierras dentro de Urano.

  Imagine nuestro planeta entero.

  Océanos.

  Continentes.

  Montañas.

  Ciudades.

  Y después imagine decenas de mundos de ese tamaño ocupando aproximadamente el volumen de una sola esfera.

  Urano pertenece verdaderamente al reino de los gigantes.

Pero no es igual que Júpiter y Saturno

  Júpiter y Saturno son conocidos como gigantes gaseosos.

  Urano, junto con Neptuno, suele clasificarse como un:

gigante de hielo

  Eso no significa que sea simplemente una gigantesca bola de hielo congelado.

  El nombre se refiere a que su interior contiene una proporción importante de materiales como agua, amoníaco y metano, además de hidrógeno y helio, sometidos a presiones y temperaturas extraordinarias.

  Así que incluso entre los planetas gigantes encontramos diferencias importantes.

¿Podríamos aterrizar en Urano?

  No como aterrizamos en la Tierra, la Luna o Marte.

  Urano no posee una superficie sólida claramente definida sobre la cual una nave pudiera simplemente colocar sus patas.

  Si descendiera, atravesaría primero su atmósfera.

  Los gases serían cada vez más densos.

  La presión aumentaría enormemente.

  Y finalmente encontraríamos materiales sometidos a condiciones extremas.

  Una nave convencional no podría continuar indefinidamente.

  Urano es un mundo para atravesar con instrumentos, no para caminar sobre una superficie ordinaria.

¿Por qué Urano es azul?

  Una de las características más hermosas del planeta es su color.

  Urano suele verse azul verdoso o cian.

  ¿De dónde viene ese color?

  Su atmósfera contiene principalmente hidrógeno y helio, pero también posee una pequeña cantidad de metano.

  El metano absorbe parte de la luz roja procedente del Sol y deja que otras longitudes de onda se reflejen con mayor facilidad.

  El resultado contribuye al característico tono azulado del planeta.

  Una pequeña cantidad de una sustancia puede cambiar completamente la apariencia de un mundo gigantesco.

Su atmósfera no está completamente tranquila

  Las primeras fotografías de Voyager 2 mostraron a Urano como una esfera relativamente uniforme.

  Parecía casi sin rasgos.

  Durante años pudo dar la impresión de ser uno de los planetas más tranquilos.

  Pero telescopios modernos como Hubble y James Webb han mostrado nubes, tormentas y cambios relacionados con las estaciones.

  Así que aquella esfera azul aparentemente sencilla…

  también posee meteorología.

  Nubes.

  Vientos.

  Cambios estacionales.

  Otra vez descubrimos que cuanto más nos acercamos, más compleja resulta la creación.

Los vientos pueden ser extraordinariamente rápidos

  La atmósfera de Urano puede alcanzar velocidades de viento de cientos de kilómetros por hora.

  Aunque el planeta recibe relativamente poca energía solar debido a su enorme distancia, su atmósfera continúa mostrando movimientos y estructuras dinámicas.

  Este es uno de los aspectos fascinantes de los planetas gigantes:

  no necesitamos una superficie sólida para tener “clima”.

  Los gases mismos pueden formar enormes sistemas meteorológicos.

Un planeta extremadamente frío

  Urano se encuentra muy lejos del Sol.

  Su distancia media es de aproximadamente:

2,900 millones de kilómetros

  Eso es cerca de 19 veces la distancia media entre la Tierra y el Sol.

  A semejante distancia recibe muchísimo menos energía solar que nuestro planeta.

  En algunas regiones superiores de su atmósfera se han registrado temperaturas cercanas a:

−224 °C

  lo que convierte a Urano en uno de los mundos planetarios más fríos del Sistema Solar.

  Imagine un frío tan intenso que nuestras experiencias invernales más severas parecerían cálidas en comparación.

La luz del Sol tarda mucho más en llegar

  La luz viaja a una velocidad extraordinaria.

  Aproximadamente 300,000 kilómetros por segundo.

  Desde el Sol hasta la Tierra necesita alrededor de ocho minutos.

  Pero para alcanzar Urano necesita aproximadamente:

dos horas y cuarenta minutos

  dependiendo de la posición del planeta en su órbita.

  Cuando la luz solar alcanza las nubes de Urano, ha viajado miles de millones de kilómetros por el espacio.

Un día más corto que el nuestro

  Aunque Urano es gigantesco, gira rápidamente.

  Completa una rotación aproximadamente cada:

17 horas

  Así que su día es bastante más corto que el terrestre.

  Imagine despertar por la mañana…

  y antes de que hayan pasado nuestras veinticuatro horas, Urano ya habría completado una vuelta entera sobre sí mismo.

Pero su año es extraordinariamente largo

  Aquí encontramos el contraste.

  Un día dura solamente unas 17 horas.

  Pero una vuelta completa alrededor del Sol necesita aproximadamente:

84 años terrestres.

  Piense en eso.

  Una persona podría nacer…

  crecer…

  formar una familia…

  envejecer…

  y Urano quizá todavía no habría completado una segunda vuelta alrededor del Sol durante toda su vida.

Sus estaciones duran décadas

  Ahora combine dos características:

  Urano tarda aproximadamente 84 años terrestres en dar una vuelta alrededor del Sol.

  Y está prácticamente acostado de lado.

  El resultado son estaciones extraordinarias.

  Cada estación puede durar alrededor de:

21 años terrestres

  Durante determinadas partes de su órbita, una región polar puede quedar orientada hacia el Sol durante años, mientras la otra permanece alejada de él.

  Compare eso con nuestras estaciones.

  Unos meses de primavera.

  Unos meses de verano.

  Unos meses de otoño.

  Unos meses de invierno.

  En Urano hablamos de décadas.

Imagine veintiún años de una estación

  Imagine que llega la primavera cuando un niño nace.

  Y esa primavera continúa…

  cuando aprende a caminar.

  cuando comienza la escuela.

  cuando llega a la adolescencia.

  y todavía sigue cuando alcanza la edad adulta.

  Solo entonces comenzaría aproximadamente la siguiente estación.

  Las escalas temporales de otros planetas pueden ser tan sorprendentes como sus tamaños.

Urano también tiene anillos y lunas

  Cuando pensamos en anillos recordamos inmediatamente a Saturno.

  Pero Saturno no es el único.

  Urano posee un sistema de anillos oscuros y relativamente tenues.

  No son tan brillantes ni tan espectaculares como los saturnianos, pero forman parte importante del planeta. Voyager 2 descubrió dos anillos adicionales durante su encuentro de 1986, y observaciones posteriores han permitido estudiar mejor todo el sistema.

  Gracias a instrumentos modernos, incluso los anillos más débiles pueden aparecer alrededor de la esfera azul del planeta.

Y los anillos también están inclinados

  Recuerde que Urano está prácticamente acostado.

  Sus anillos están alineados aproximadamente con su ecuador.

  Por eso todo el sistema parece inclinado:

  el planeta,

  su eje,

  sus anillos,

  y las órbitas de muchas de sus principales lunas.

  Visualmente es uno de los sistemas planetarios más peculiares que conocemos.

También tiene una familia de lunas

  Urano posee numerosas lunas.

  Entre las más grandes encontramos:

Titania.

Oberón.

Umbriel.

Ariel.

Miranda.

  Son mundos helados y rocosos con cráteres, fracturas y paisajes extraordinarios.

  Oberón, por ejemplo, está fuertemente cubierto de cráteres y posee una composición aproximada de hielo y roca.

  Miranda muestra algunos de los terrenos más extraños observados en una luna.

  Sin embargo, no nos detendremos demasiado aquí.

  Nuestro objetivo es conocer al planeta.

Su campo magnético también es extraño

  La rareza de Urano no termina con su inclinación.

  También posee un campo magnético.

  Pero ese campo está inclinado y desplazado respecto del centro del planeta de una manera mucho más marcada que el de la Tierra.

  Cuando Voyager 2 pasó por Urano descubrió un campo magnético sorprendente y una magnetosfera compleja.

  Esto significa que incluso las regiones invisibles alrededor del planeta poseen una geometría extraordinaria.

Solamente una nave ha visitado Urano

  Aquí aparece algo que quizá sorprenda.

  Hemos enviado numerosas misiones a Marte.

  Varias naves han visitado Júpiter.

  Cassini pasó años alrededor de Saturno.

  Pero Urano solamente ha sido visitado de cerca por una nave espacial:

Voyager 2

  Su máximo acercamiento ocurrió el 24 de enero de 1986. Fue el primer objeto construido por seres humanos en visitar Urano y, hasta ahora, sigue siendo el único que lo ha estudiado directamente durante un sobrevuelo.

Un encuentro de pocas horas que todavía produce descubrimientos

  Voyager 2 pasó a unos 81,800 kilómetros de las cimas visibles de las nubes de Urano.

  Durante el encuentro envió miles de imágenes y grandes cantidades de información sobre el planeta, sus anillos, lunas, atmósfera y campo magnético.

  También descubrió diez lunas nuevas y dos anillos nuevos.

  Piense en lo extraordinario.

  Una máquina pasó por allí hace décadas…

  y todavía seguimos analizando lo que aprendió.

Después de Voyager seguimos observándolo desde lejos

  Aunque ninguna otra nave ha regresado todavía, no hemos dejado de estudiar Urano.

  El telescopio espacial Hubble observa sus nubes y estaciones.

  El telescopio espacial James Webb ha obtenido imágenes extraordinarias de sus anillos, nubes y regiones polares.

  Cada nueva generación de instrumentos consigue extraer más información de aquel lejano punto azul.

Un planeta que desafía nuestras ideas

  Urano nos enseña algo hermoso acerca de estudiar el Sistema Solar.

  Cuando comenzamos, quizá pensamos que un planeta simplemente:

  gira,

  recorre una órbita,

  y tiene forma redonda.

  Pero después encontramos un planeta casi acostado.

  Con estaciones que duran décadas.

  Con anillos oscuros.

  Con temperaturas extremas.

  Con una atmósfera azulada.

  Y con un campo magnético sorprendentemente inclinado.

  La realidad suele resultar mucho más interesante que nuestra primera imaginación.

¿Por qué Urano no es simplemente un Saturno más pequeño?

  Porque cada planeta posee una combinación particular de características.

  Júpiter tiene sus enormes bandas y la Gran Mancha Roja.

  Saturno posee sus extraordinarios anillos.

  Urano presenta una inclinación extrema y una composición interior diferente.

  Neptuno, que visitaremos después, posee otra personalidad completamente distinta.

  No estamos viajando entre copias.

  Estamos visitando mundos individuales.

La diversidad de la creación

  La Biblia declara:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

Salmo 19:1

  El salmista no estaba describiendo científicamente a Urano.

  No conocía su metano.

  Sus anillos.

  Su inclinación.

  Su período orbital.

  Estas cosas las hemos descubierto mediante observación científica.

  Pero para el creyente, la diversidad que encontramos en los cielos puede convertirse en una nueva razón para admirar al Creador.

No todo lo que Dios creó tiene que parecerse a nuestra casa

  A veces podemos cometer un error.

  Pensamos que para que algo resulte maravilloso debe parecerse a la Tierra.

  Pero Urano no tiene océanos azules como los nuestros.

  No tiene continentes verdes.

  No posee aire que podamos respirar.

  No fue hecho para que nosotros pudiéramos caminar sobre él.

  Y sin embargo resulta extraordinario.

  Su importancia científica está precisamente en mostrarnos otra manera en que puede existir un planeta.

Una pequeña luz que esconde un gigante

  Si pudiéramos observar Urano a simple vista bajo condiciones excepcionales, apenas parecería un punto diminuto.

  Pero sabemos lo que realmente existe allí.

  Una esfera de unos 51,000 kilómetros de diámetro.

  Casi cuatro veces más ancha que la Tierra.

  Situada a miles de millones de kilómetros del Sol.

  Girando prácticamente sobre un costado.

  Rodeada por anillos.

  Acompañada por lunas.

  Y completando una vuelta alrededor del Sol cada 84 años.

  Una vez más, el tamaño aparente nos engaña.

“Levantad en alto vuestros ojos”

  El profeta Isaías escribió:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas…”
Isaías 40:26

  Hoy podemos hacer precisamente eso.

  Levantar nuestros ojos.

  Preguntar.

  Construir telescopios.

  Enviar naves.

  Medir.

  Comparar.

  Y continuar descubriendo.

  Para una perspectiva cristiana, la ciencia no disminuye el asombro.

  Puede ampliarlo.

Un mundo lejano que todavía guarda secretos

  Urano sigue siendo uno de los grandes mundos poco explorados del Sistema Solar.

  Una sola nave lo ha visitado de cerca.

  Eso significa que quedan enormes preguntas acerca de su interior, atmósfera, magnetosfera, lunas y origen de su extraordinaria inclinación.

  Quizá futuras generaciones enviarán una nave capaz de permanecer allí durante años.

  Quizá algún niño que lea hoy acerca de Urano participe mañana en una misión semejante.

  La exploración todavía continúa.

Nuestro viaje se acerca al borde de los grandes planetas

  Resumamos lo que acabamos de encontrar.

  Urano es:

el séptimo planeta desde el Sol,

un gigante de hielo aproximadamente cuatro veces más ancho que la Tierra,

un mundo azul verdoso debido en parte al metano de su atmósfera,

un planeta que gira aproximadamente cada 17 horas,

un mundo cuyo año dura alrededor de 84 años terrestres,

un planeta con anillos y numerosas lunas,

y, sobre todo, un mundo cuyo eje está inclinado aproximadamente 98 grados.

  Urano parece rodar alrededor del Sol.

  Y esa sola característica produce algunas de las estaciones más extrañas entre los planetas.

  David escribió:

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová!
Hiciste todas ellas con sabiduría…”

Salmo 104:24

  Nuestro viaje todavía tiene otro gran planeta esperándonos.

  Muchísimo más lejos.

  Azul.

  Frío.

  Y azotado por algunos de los vientos más extraordinarios conocidos en el Sistema Solar.

  Nuestro siguiente destino será:

Neptuno: el lejano mundo de los vientos extremos

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Organizaciones y misiones científicas

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Escucha música con propósito

Por el Dr. Elio M Rivera

El último de los grandes planetas

  Nuestro viaje por el Sistema Solar nos ha llevado cada vez más lejos del Sol.

  Pasamos junto a los pequeños planetas rocosos.

  Conocimos al gigantesco Júpiter.

  Contemplamos los extraordinarios anillos de Saturno.

  Y visitamos Urano, el extraño planeta que gira prácticamente acostado.

  Ahora continuamos todavía más lejos.

  Finalmente llegamos al octavo planeta del Sistema Solar y al más distante de los ocho planetas reconocidos:

Neptuno.

El planeta Neptuno

  Es un mundo oscuro, frío y azulado situado a miles de millones de kilómetros de nosotros. Pero detrás de su tranquila apariencia existen algunas de las condiciones atmosféricas más violentas conocidas entre los planetas: los vientos de Neptuno pueden superar los 2,000 kilómetros por hora.

Un pequeño punto azul muy lejos de nosotros

  Si pudiéramos contemplar Neptuno desde una nave espacial, veríamos una gran esfera azulada suspendida en la oscuridad.

  Pero no se deje engañar por su tamaño aparente.

  Neptuno tiene aproximadamente 49,500 kilómetros de diámetro, casi cuatro veces el diámetro de la Tierra. Es el cuarto planeta más grande por diámetro y pertenece, junto con Urano, al grupo conocido como gigantes de hielo.

  Imagine colocar cuatro Tierras una junto a otra.

  Eso nos proporciona una idea aproximada de la anchura de Neptuno.

  Nuestro planeta es enorme para nosotros.

  Pero nuevamente descubrimos que existen mundos muchísimo mayores.

Está extraordinariamente lejos del Sol

  La Tierra se encuentra, en promedio, a unos 150 millones de kilómetros del Sol.

  Neptuno está aproximadamente a 4,500 millones de kilómetros del Sol, unas treinta veces más lejos que la Tierra.

  Intentemos imaginar esa distancia.

  La luz del Sol llega a la Tierra en unos ocho minutos.

  Para alcanzar Neptuno necesita alrededor de cuatro horas.

  La misma luz que ilumina nuestra mañana debe continuar viajando durante miles de millones de kilómetros antes de alcanzar aquel lejano planeta.

  No resulta extraño que Neptuno sea un mundo tan frío y oscuro.

Un año de ciento sesenta y cinco años

  Cuanto más lejos se encuentra un planeta del Sol, mayor es generalmente el recorrido que debe completar alrededor de nuestra estrella.

  Neptuno necesita aproximadamente:

165 años terrestres

  para completar una sola órbita.

  Piense en lo que significa.

  Un niño podría nacer…

  crecer…

  envejecer…

  y vivir toda una larga vida…

  sin ver a Neptuno completar siquiera una vuelta alrededor del Sol.

  Desde que Neptuno fue descubierto en 1846, el planeta apenas ha completado poco más de una órbita alrededor del Sol.

Pero sus días son cortos

  Aunque su año es extraordinariamente largo, Neptuno gira rápidamente sobre sí mismo.

  Un día neptuniano dura aproximadamente:

16 horas.

  Así encontramos otro de esos contrastes que aparecen constantemente en nuestro Sistema Solar.

  Un año puede durar más de un siglo terrestre…

  mientras un día dura menos que el nuestro.

  El planeta gira rápidamente mientras avanza lentamente por su gigantesca órbita.

¿Por qué Neptuno es azul?

  El característico color de Neptuno está relacionado en parte con el metano presente en su atmósfera.

  Su atmósfera está formada principalmente por hidrógeno y helio, con una cantidad menor de metano. El metano absorbe con mayor eficacia determinadas longitudes de onda rojizas de la luz, contribuyendo a la apariencia azulada del planeta. Sin embargo, NASA señala que el color exacto de Neptuno probablemente depende también de otros componentes y procesos atmosféricos.

  Esto resulta fascinante.

  Una sustancia presente en cantidades relativamente pequeñas puede contribuir a cambiar la apariencia de un planeta entero.

No podríamos caminar sobre Neptuno

  A pesar de su hermoso color, Neptuno no es una enorme Tierra azul.

  No posee océanos superficiales donde pudiéramos navegar.

  Tampoco posee una superficie sólida claramente definida sobre la cual pudiéramos aterrizar y caminar.

  Es un gigante de hielo.

  Debajo de su atmósfera existe una enorme región de materiales calientes y densos relacionados con agua, metano y amoníaco, sometidos a presiones extraordinarias. Más profundamente se piensa que existe un núcleo denso.

  Una nave que descendiera hacia Neptuno encontraría gases cada vez más densos, presiones crecientes y condiciones finalmente destructivas.

Un frío difícil de imaginar

  Neptuno recibe muy poca energía solar comparado con la Tierra.

  Su temperatura media en las regiones atmosféricas donde se utiliza una referencia comparable es cercana a:

−200 °C.

  Nuestro congelador doméstico podría estar alrededor de −18 °C.

  Las regiones frías de la Tierra pueden descender muchísimo más.

  Pero Neptuno pertenece a otra categoría.

  Estamos hablando de un mundo situado tan lejos del Sol que la cantidad de energía solar disponible es solamente una pequeña fracción de la que recibimos nosotros.

Y entonces aparece la gran sorpresa

  Aquí podríamos pensar:

  “Si Neptuno está tan lejos del Sol y hace tanto frío, probablemente su atmósfera está casi inmóvil”.

  Pero ocurre exactamente lo contrario.

  Neptuno posee los vientos más rápidos conocidos entre los planetas del Sistema Solar.

  En determinadas regiones pueden superar:

2,000 kilómetros por hora.

  Eso es más rápido que la velocidad del sonido en el aire terrestre bajo condiciones ordinarias.

  Imagine nubes y gases desplazándose a velocidades que ningún huracán terrestre puede alcanzar.

¿Cómo puede haber vientos tan intensos en un planeta tan lejos del Sol?

  Esta es precisamente una de las preguntas fascinantes de Neptuno.

  El Sol proporciona muy poca energía a semejante distancia.

  Sin embargo, Neptuno también libera energía procedente de su interior.

  Esa energía interna, combinada con su rápida rotación y la dinámica de su atmósfera, ayuda a mantener un sistema meteorológico extraordinariamente activo. NASA describe al planeta como frío y oscuro, pero al mismo tiempo azotado por vientos supersónicos.

  Una vez más aprendemos que no podemos comprender un planeta estudiando solamente una característica.

  La distancia importa.

  La atmósfera importa.

  La rotación importa.

  El calor interno importa.

  Todo interactúa.

También existen enormes tormentas

  Cuando la nave Voyager 2 pasó cerca de Neptuno en 1989 descubrió una gigantesca tormenta oscura.

  Fue llamada:

la Gran Mancha Oscura.

  Recordaba en cierta manera a la famosa Gran Mancha Roja de Júpiter, aunque se trataba de un fenómeno diferente.

  Era un enorme sistema atmosférico en movimiento dentro de las nubes de Neptuno. Voyager 2 también observó nubes blancas brillantes que cambiaban con rapidez.

  Pero ocurrió algo sorprendente después.

La Gran Mancha Oscura desapareció

  Cuando el telescopio espacial Hubble observó Neptuno años después, aquella gran tormenta que Voyager 2 había fotografiado ya no estaba.

  Había desaparecido.

  Después se observaron otras manchas oscuras en diferentes épocas.

  Esto demostró que la atmósfera de Neptuno es muy dinámica.

  Las tormentas pueden aparecer.

  Cambiar.

  Desplazarse.

  Y desaparecer.

  No estamos observando un mundo congelado e inmóvil.

  Estamos contemplando una atmósfera activa a miles de millones de kilómetros del Sol.

Las nubes pueden cambiar en cuestión de horas

  Voyager 2 observó nubes brillantes semejantes a cirros terrestres que podían formarse y desaparecer en períodos de apenas varias horas o decenas de horas.

  Imagine contemplar un planeta desde una nave espacial.

  Tomar una fotografía.

  Esperar unas horas.

  Y descubrir que algunas de sus estructuras atmosféricas ya han cambiado.

  El clima no pertenece solamente a la Tierra.

  Otros planetas poseen sus propios sistemas meteorológicos, y Neptuno lleva esos fenómenos a extremos extraordinarios.

Neptuno también posee anillos

  Saturno tiene los anillos más espectaculares.

  Pero Neptuno también está rodeado por un sistema de anillos oscuros y tenues.

  Son difíciles de observar desde la Tierra.

  Voyager 2 confirmó claramente su existencia durante su encuentro con el planeta, y décadas después el telescopio espacial James Webb consiguió obtener una de las imágenes más claras de esos anillos desde el sobrevuelo de Voyager.

  No son anillos brillantes como los de Saturno.

  Pero allí están.

  Incluso en las regiones más lejanas del sistema planetario encontramos estructuras organizadas por gravedad y movimiento.

Triton, una de las lunas de Neptuno

También tiene lunas

  Neptuno posee actualmente 16 lunas conocidas.

  La mayor de todas ellas se llama:

Tritón.

  Y Tritón es tan extraño que fácilmente podría merecer un artículo propio.

  Es una gran luna helada.

  Su temperatura superficial ronda aproximadamente −235 °C.

  Y además gira alrededor de Neptuno en dirección contraria a la rotación del planeta, algo extraordinario para una luna de semejante tamaño.

Tritón incluso tiene géiseres

  Cuando Voyager 2 fotografió Tritón descubrió algo inesperado.

  A pesar de su enorme frío, existían chorros que expulsaban material helado varios kilómetros sobre su superficie.

  Imagine la escena.

  Una luna congelada.

  A miles de millones de kilómetros del Sol.

  Con material elevándose desde la superficie.

  Aquello que parecía un mundo completamente inmóvil escondía actividad.

  Nuestro Sistema Solar continúa enseñándonos a no juzgar un mundo solamente por su apariencia.

Neptuno fue descubierto de una manera extraordinaria

  La historia de Neptuno posee algo especial.

  Urano no se movía exactamente como los astrónomos esperaban.

  Parecía existir algo cuya gravedad estaba alterando ligeramente su movimiento.

  Los matemáticos estudiaron esas diferencias y calcularon aproximadamente dónde debía encontrarse otro planeta.

  Después los astrónomos dirigieron sus telescopios hacia aquella región.

  Y allí estaba Neptuno.

  El planeta fue identificado en 1846.

  En cierto sentido, Neptuno fue encontrado primero mediante matemáticas y gravedad, y después mediante el telescopio.

  Esta es una de las historias más hermosas de la astronomía.

  Una fuerza invisible reveló la existencia de un mundo que todavía no habíamos visto claramente.

Las leyes de la naturaleza permiten descubrir lo invisible

  Piense en esto.

  Los científicos no podían viajar hasta Neptuno.

  No podían tocarlo.

  No podían observarlo detalladamente.

  Pero conocían cómo debía comportarse aproximadamente Urano.

  Cuando encontraron pequeñas diferencias, comenzaron a preguntar:

¿Existe algo más tirando gravitacionalmente de él?

  Las matemáticas señalaron una región del cielo.

  El telescopio confirmó la existencia del planeta.

  Es un ejemplo extraordinario del poder de estudiar las leyes que gobiernan la creación.

Solamente una nave ha visitado Neptuno, el Voyager

  A pesar de todo lo que sabemos, solamente una nave espacial ha visitado Neptuno de cerca:

Voyager 2.

  Llegó hasta el planeta en agosto de 1989.

  Había comenzado su viaje desde la Tierra en 1977.

  Durante años atravesó el Sistema Solar.

  Visitó Júpiter.

  Saturno.

  Urano.

  Y finalmente llegó hasta Neptuno, su último encuentro planetario.

  Después continuó su camino hacia las regiones exteriores del dominio solar.

Un encuentro que cambió nuestra imagen de Neptuno

  Antes de Voyager 2, Neptuno era principalmente una pequeña esfera azul observada a enorme distancia.

  La nave reveló:

  tormentas,

  nubes,

  anillos,

  lunas,

  un campo magnético,

  y una atmósfera extraordinariamente dinámica.

  Un solo sobrevuelo transformó nuestra comprensión de un planeta entero.

  Esto nos recuerda cuánto puede cambiar nuestro conocimiento cuando conseguimos mirar un poco más cerca.

Y todavía conocemos muy poco

  Voyager 2 pasó rápidamente.

  No permaneció años orbitando Neptuno como Cassini hizo alrededor de Saturno.

  No tenemos rovers.

  No tenemos módulos de aterrizaje.

  No hemos enviado otra nave que permanezca estudiándolo desde cerca.

  Por eso todavía existen muchas preguntas acerca de:

  su interior,

  sus tormentas,

  su campo magnético,

  sus anillos,

  y sus lunas.

  Neptuno sigue siendo uno de los grandes mundos pendientes de una exploración mucho más profunda.

Un gigante que parecía una pequeña luz

  Piense nuevamente en la escala.

  Desde la Tierra, Neptuno resulta difícil de observar sin instrumentos.

  Pero aquel pequeño punto es en realidad una esfera de casi 50,000 kilómetros de diámetro.

  Está aproximadamente a 4,500 millones de kilómetros del Sol.

  Su día dura unas 16 horas.

  Su año dura alrededor de 165 años terrestres.

  Sus temperaturas rondan los −200 °C en las regiones atmosféricas de referencia.

  Y sus vientos pueden superar 2,000 kilómetros por hora.

  Una pequeña luz…

  esconde un mundo gigantesco.

Ocho planetas y ninguno es igual

  Ahora hemos llegado hasta el último de los ocho grandes planetas.

  Piense en lo que hemos encontrado.

  Mercurio es pequeño y abrasado por el Sol.

  Venus está oculto bajo una atmósfera extremadamente densa.

  La Tierra posee océanos y una extraordinaria diversidad de vida.

  Marte es frío, rojizo y posee enormes volcanes y cañones.

  Júpiter es gigantesco y turbulento.

  Saturno está rodeado por espectaculares anillos.

  Urano gira prácticamente acostado.

  Y Neptuno posee algunos de los vientos más veloces conocidos entre los planetas.

  Ocho mundos.

  Un mismo Sistema Solar.

  Y una diversidad extraordinaria.

La Biblia nos invita a contemplar

  David escribió:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

Salmo 19:1

  David nunca vio Neptuno.

  El planeta ni siquiera había sido identificado en su época.

  Pero hoy nosotros podemos mirar muchísimo más lejos.

  Podemos utilizar telescopios.

  Podemos emplear matemáticas.

  Podemos enviar naves.

  Podemos medir los vientos de un planeta situado a miles de millones de kilómetros.

  Desde una perspectiva cristiana, conocer más acerca de la creación no disminuye el asombro.

  Puede aumentarlo.

Dios creó mucho más de lo que alcanzamos a ver

  El profeta Isaías escribió:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas…”
Isaías 40:26

  Es una invitación extraordinaria.

  Levantar los ojos.

  Mirar.

  Preguntar.

  Estudiar.

  Descubrir.

  No conocemos todo acerca de Neptuno.

  Pero conocemos mucho más que las generaciones anteriores.

  Y quizá las generaciones futuras conocerán muchísimo más que nosotros.

Hasta el mundo más lejano sigue obedeciendo leyes

  Neptuno está extraordinariamente lejos.

  Sin embargo, podemos calcular su órbita.

  Podemos conocer la duración de su año.

  Podemos estudiar su atmósfera.

  Podemos predecir dónde estará.

  Y su propia existencia fue descubierta en parte porque los movimientos planetarios podían estudiarse matemáticamente.

  Para el creyente, resulta hermoso contemplar un universo que puede ser investigado mediante orden, regularidad y leyes comprensibles.

  El salmista expresó:

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová!
Hiciste todas ellas con sabiduría…”

Salmo 104:24

  Neptuno se encuentra casi en el límite de nuestro recorrido por los grandes planetas.

  Frío.

  Azul.

  Distante.

  Azotado por vientos supersónicos.

  Rodeado por anillos y lunas.

  Y todavía lleno de secretos.

  Nuestro viaje nos ha llevado miles de millones de kilómetros desde el Sol, pero todavía no hemos llegado al final del Sistema Solar.

  Más allá de Neptuno nos esperan mundos pequeños, helados y regiones extraordinariamente distantes.

  La exploración continúa.

Referencias

Escrituras consultadas

Génesis 1:14-18.

Salmo 8:3-4.

Salmo 19:1-6.

Salmo 104:24.

Isaías 40:26.

Bibliografía científica

de Pater, I. & Lissauer, J. J. Planetary Sciences. Cambridge University Press.

Bennett, J. et al. The Cosmic Perspective. Pearson.

Ingersoll, A. P. Planetary Climates. Princeton University Press.

Organizaciones y misiones científicas

NASA Science — Neptune Facts. Datos sobre tamaño, distancia, atmósfera, rotación, órbita, lunas, anillos y características generales de Neptuno.

NASA — Ice Giant Resources. Información sobre los vientos extremos de Neptuno y sus velocidades superiores a 2,000 km/h.

NASA — Voyager at Neptune. Imágenes y observaciones de la atmósfera, nubes y tormentas obtenidas durante el encuentro de 1989.

NASA Science — Voyager 2. Historia de la única nave que ha visitado Urano y Neptuno.

NASA Science — Neptune Exploration. Historia de la exploración y observaciones modernas del planeta.

NASA/ESA/CSA — James Webb Space Telescope. Observaciones recientes del sistema de anillos y de varias lunas de Neptuno.

Neptuno: el lejano mundo de los vientos extremos

Por el Dr. Elio M Rivera

El último de los grandes planetas

  Nuestro viaje por el Sistema Solar nos ha llevado cada vez más lejos del Sol.

  Pasamos junto a los pequeños planetas rocosos.

  Conocimos al gigantesco Júpiter.

  Contemplamos los extraordinarios anillos de Saturno.

  Y visitamos Urano, el extraño planeta que gira prácticamente acostado.

  Ahora continuamos todavía más lejos.

  Finalmente llegamos al octavo planeta del Sistema Solar y al más distante de los ocho planetas reconocidos:

Neptuno.

  Es un mundo oscuro, frío y azulado situado a miles de millones de kilómetros de nosotros. Pero detrás de su tranquila apariencia existen algunas de las condiciones atmosféricas más violentas conocidas entre los planetas: los vientos de Neptuno pueden superar los 2,000 kilómetros por hora.

Un pequeño punto azul muy lejos de nosotros

  Si pudiéramos contemplar Neptuno desde una nave espacial, veríamos una gran esfera azulada suspendida en la oscuridad.

  Pero no se deje engañar por su tamaño aparente.

  Neptuno tiene aproximadamente 49,500 kilómetros de diámetro, casi cuatro veces el diámetro de la Tierra. Es el cuarto planeta más grande por diámetro y pertenece, junto con Urano, al grupo conocido como gigantes de hielo.

  Imagine colocar cuatro Tierras una junto a otra.

  Eso nos proporciona una idea aproximada de la anchura de Neptuno.

  Nuestro planeta es enorme para nosotros.

  Pero nuevamente descubrimos que existen mundos muchísimo mayores.

Está extraordinariamente lejos del Sol

  La Tierra se encuentra, en promedio, a unos 150 millones de kilómetros del Sol.

  Neptuno está aproximadamente a 4,500 millones de kilómetros del Sol, unas treinta veces más lejos que la Tierra.

  Intentemos imaginar esa distancia.

  La luz del Sol llega a la Tierra en unos ocho minutos.

  Para alcanzar Neptuno necesita alrededor de cuatro horas.

  La misma luz que ilumina nuestra mañana debe continuar viajando durante miles de millones de kilómetros antes de alcanzar aquel lejano planeta.

  No resulta extraño que Neptuno sea un mundo tan frío y oscuro.

Un año de ciento sesenta y cinco años

  Cuanto más lejos se encuentra un planeta del Sol, mayor es generalmente el recorrido que debe completar alrededor de nuestra estrella.

  Neptuno necesita aproximadamente:

165 años terrestres

  para completar una sola órbita.

  Piense en lo que significa.

  Un niño podría nacer…

  crecer…

  envejecer…

  y vivir toda una larga vida…

  sin ver a Neptuno completar siquiera una vuelta alrededor del Sol.

  Desde que Neptuno fue descubierto en 1846, el planeta apenas ha completado poco más de una órbita alrededor del Sol.

Pero sus días son cortos

  Aunque su año es extraordinariamente largo, Neptuno gira rápidamente sobre sí mismo.

  Un día neptuniano dura aproximadamente:

16 horas.

  Así encontramos otro de esos contrastes que aparecen constantemente en nuestro Sistema Solar.

  Un año puede durar más de un siglo terrestre…

  mientras un día dura menos que el nuestro.

  El planeta gira rápidamente mientras avanza lentamente por su gigantesca órbita.

¿Por qué Neptuno es azul?

  El característico color de Neptuno está relacionado en parte con el metano presente en su atmósfera.

  Su atmósfera está formada principalmente por hidrógeno y helio, con una cantidad menor de metano. El metano absorbe con mayor eficacia determinadas longitudes de onda rojizas de la luz, contribuyendo a la apariencia azulada del planeta. Sin embargo, NASA señala que el color exacto de Neptuno probablemente depende también de otros componentes y procesos atmosféricos.

  Esto resulta fascinante.

  Una sustancia presente en cantidades relativamente pequeñas puede contribuir a cambiar la apariencia de un planeta entero.

No podríamos caminar sobre Neptuno

  A pesar de su hermoso color, Neptuno no es una enorme Tierra azul.

  No posee océanos superficiales donde pudiéramos navegar.

  Tampoco posee una superficie sólida claramente definida sobre la cual pudiéramos aterrizar y caminar.

  Es un gigante de hielo.

  Debajo de su atmósfera existe una enorme región de materiales calientes y densos relacionados con agua, metano y amoníaco, sometidos a presiones extraordinarias. Más profundamente se piensa que existe un núcleo denso.

  Una nave que descendiera hacia Neptuno encontraría gases cada vez más densos, presiones crecientes y condiciones finalmente destructivas.

Un frío difícil de imaginar

  Neptuno recibe muy poca energía solar comparado con la Tierra.

  Su temperatura media en las regiones atmosféricas donde se utiliza una referencia comparable es cercana a:

−200 °C.

  Nuestro congelador doméstico podría estar alrededor de −18 °C.

  Las regiones frías de la Tierra pueden descender muchísimo más.

  Pero Neptuno pertenece a otra categoría.

  Estamos hablando de un mundo situado tan lejos del Sol que la cantidad de energía solar disponible es solamente una pequeña fracción de la que recibimos nosotros.

Y entonces aparece la gran sorpresa

  Aquí podríamos pensar:

  “Si Neptuno está tan lejos del Sol y hace tanto frío, probablemente su atmósfera está casi inmóvil”.

  Pero ocurre exactamente lo contrario.

  Neptuno posee los vientos más rápidos conocidos entre los planetas del Sistema Solar.

  En determinadas regiones pueden superar:

2,000 kilómetros por hora.

  Eso es más rápido que la velocidad del sonido en el aire terrestre bajo condiciones ordinarias.

  Imagine nubes y gases desplazándose a velocidades que ningún huracán terrestre puede alcanzar.

¿Cómo puede haber vientos tan intensos tan lejos del Sol?

  Esta es precisamente una de las preguntas fascinantes de Neptuno.

  El Sol proporciona muy poca energía a semejante distancia.

  Sin embargo, Neptuno también libera energía procedente de su interior.

  Esa energía interna, combinada con su rápida rotación y la dinámica de su atmósfera, ayuda a mantener un sistema meteorológico extraordinariamente activo. NASA describe al planeta como frío y oscuro, pero al mismo tiempo azotado por vientos supersónicos.

  Una vez más aprendemos que no podemos comprender un planeta estudiando solamente una característica.

  La distancia importa.

  La atmósfera importa.

  La rotación importa.

  El calor interno importa.

  Todo interactúa.

También existen enormes tormentas

  Cuando la nave Voyager 2 pasó cerca de Neptuno en 1989 descubrió una gigantesca tormenta oscura.

  Fue llamada:

la Gran Mancha Oscura.

  Recordaba en cierta manera a la famosa Gran Mancha Roja de Júpiter, aunque se trataba de un fenómeno diferente.

  Era un enorme sistema atmosférico en movimiento dentro de las nubes de Neptuno. Voyager 2 también observó nubes blancas brillantes que cambiaban con rapidez.

  Pero ocurrió algo sorprendente después.

La Gran Mancha Oscura desapareció

  Cuando el telescopio espacial Hubble observó Neptuno años después, aquella gran tormenta que Voyager 2 había fotografiado ya no estaba.

  Había desaparecido.

  Después se observaron otras manchas oscuras en diferentes épocas.

  Esto demostró que la atmósfera de Neptuno es muy dinámica.

  Las tormentas pueden aparecer.

  Cambiar.

  Desplazarse.

  Y desaparecer.

  No estamos observando un mundo congelado e inmóvil.

  Estamos contemplando una atmósfera activa a miles de millones de kilómetros del Sol.

Las nubes pueden cambiar en cuestión de horas

  Voyager 2 observó nubes brillantes semejantes a cirros terrestres que podían formarse y desaparecer en períodos de apenas varias horas o decenas de horas.

  Imagine contemplar un planeta desde una nave espacial.

  Tomar una fotografía.

  Esperar unas horas.

  Y descubrir que algunas de sus estructuras atmosféricas ya han cambiado.

  El clima no pertenece solamente a la Tierra.

  Otros planetas poseen sus propios sistemas meteorológicos, y Neptuno lleva esos fenómenos a extremos extraordinarios.

Neptuno también posee anillos

  Saturno tiene los anillos más espectaculares.

  Pero Neptuno también está rodeado por un sistema de anillos oscuros y tenues.

  Son difíciles de observar desde la Tierra.

  Voyager 2 confirmó claramente su existencia durante su encuentro con el planeta, y décadas después el telescopio espacial James Webb consiguió obtener una de las imágenes más claras de esos anillos desde el sobrevuelo de Voyager.

  No son anillos brillantes como los de Saturno.

  Pero allí están.

  Incluso en las regiones más lejanas del sistema planetario encontramos estructuras organizadas por gravedad y movimiento.

También tiene lunas

  Neptuno posee actualmente 16 lunas conocidas.

  La mayor de todas ellas se llama:

Tritón.

  Y Tritón es tan extraño que fácilmente podría merecer un artículo propio.

  Es una gran luna helada.

  Su temperatura superficial ronda aproximadamente −235 °C.

  Y además gira alrededor de Neptuno en dirección contraria a la rotación del planeta, algo extraordinario para una luna de semejante tamaño.

Tritón incluso tiene géiseres

  Cuando Voyager 2 fotografió Tritón descubrió algo inesperado.

  A pesar de su enorme frío, existían chorros que expulsaban material helado varios kilómetros sobre su superficie.

  Imagine la escena.

  Una luna congelada.

  A miles de millones de kilómetros del Sol.

  Con material elevándose desde la superficie.

  Aquello que parecía un mundo completamente inmóvil escondía actividad.

  Nuestro Sistema Solar continúa enseñándonos a no juzgar un mundo solamente por su apariencia.

Neptuno fue descubierto de una manera extraordinaria

  La historia de Neptuno posee algo especial.

  Urano no se movía exactamente como los astrónomos esperaban.

  Parecía existir algo cuya gravedad estaba alterando ligeramente su movimiento.

  Los matemáticos estudiaron esas diferencias y calcularon aproximadamente dónde debía encontrarse otro planeta.

  Después los astrónomos dirigieron sus telescopios hacia aquella región.

  Y allí estaba Neptuno.

  El planeta fue identificado en 1846.

  En cierto sentido, Neptuno fue encontrado primero mediante matemáticas y gravedad, y después mediante el telescopio.

  Esta es una de las historias más hermosas de la astronomía.

  Una fuerza invisible reveló la existencia de un mundo que todavía no habíamos visto claramente.

Las leyes de la naturaleza permiten descubrir lo invisible

  Piense en esto.

  Los científicos no podían viajar hasta Neptuno.

  No podían tocarlo.

  No podían observarlo detalladamente.

  Pero conocían cómo debía comportarse aproximadamente Urano.

  Cuando encontraron pequeñas diferencias, comenzaron a preguntar:

¿Existe algo más tirando gravitacionalmente de él?

  Las matemáticas señalaron una región del cielo.

  El telescopio confirmó la existencia del planeta.

  Es un ejemplo extraordinario del poder de estudiar las leyes que gobiernan la creación.

Solamente una nave ha visitado Neptuno

  A pesar de todo lo que sabemos, solamente una nave espacial ha visitado Neptuno de cerca:

Voyager 2.

  Llegó hasta el planeta en agosto de 1989.

  Había comenzado su viaje desde la Tierra en 1977.

  Durante años atravesó el Sistema Solar.

  Visitó Júpiter.

  Saturno.

  Urano.

  Y finalmente llegó hasta Neptuno, su último encuentro planetario.

  Después continuó su camino hacia las regiones exteriores del dominio solar.

Un encuentro que cambió nuestra imagen de Neptuno

  Antes de Voyager 2, Neptuno era principalmente una pequeña esfera azul observada a enorme distancia.

  La nave reveló:

  tormentas,

  nubes,

  anillos,

  lunas,

  un campo magnético,

  y una atmósfera extraordinariamente dinámica.

  Un solo sobrevuelo transformó nuestra comprensión de un planeta entero.

  Esto nos recuerda cuánto puede cambiar nuestro conocimiento cuando conseguimos mirar un poco más cerca.

Y todavía conocemos muy poco

  Voyager 2 pasó rápidamente.

  No permaneció años orbitando Neptuno como Cassini hizo alrededor de Saturno.

  No tenemos rovers.

  No tenemos módulos de aterrizaje.

  No hemos enviado otra nave que permanezca estudiándolo desde cerca.

  Por eso todavía existen muchas preguntas acerca de:

  su interior,

  sus tormentas,

  su campo magnético,

  sus anillos,

  y sus lunas.

  Neptuno sigue siendo uno de los grandes mundos pendientes de una exploración mucho más profunda.

Un gigante que parecía una pequeña luz

  Piense nuevamente en la escala.

  Desde la Tierra, Neptuno resulta difícil de observar sin instrumentos.

  Pero aquel pequeño punto es en realidad una esfera de casi 50,000 kilómetros de diámetro.

  Está aproximadamente a 4,500 millones de kilómetros del Sol.

  Su día dura unas 16 horas.

  Su año dura alrededor de 165 años terrestres.

  Sus temperaturas rondan los −200 °C en las regiones atmosféricas de referencia.

  Y sus vientos pueden superar 2,000 kilómetros por hora.

  Una pequeña luz…

  esconde un mundo gigantesco.

Ocho planetas y ninguno es igual

  Ahora hemos llegado hasta el último de los ocho grandes planetas.

  Piense en lo que hemos encontrado.

  Mercurio es pequeño y abrasado por el Sol.

  Venus está oculto bajo una atmósfera extremadamente densa.

  La Tierra posee océanos y una extraordinaria diversidad de vida.

  Marte es frío, rojizo y posee enormes volcanes y cañones.

  Júpiter es gigantesco y turbulento.

  Saturno está rodeado por espectaculares anillos.

  Urano gira prácticamente acostado.

  Y Neptuno posee algunos de los vientos más veloces conocidos entre los planetas.

  Ocho mundos.

  Un mismo Sistema Solar.

  Y una diversidad extraordinaria.

La Biblia nos invita a contemplar

  David escribió:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

Salmo 19:1

  David nunca vio Neptuno.

  El planeta ni siquiera había sido identificado en su época.

  Pero hoy nosotros podemos mirar muchísimo más lejos.

  Podemos utilizar telescopios.

  Podemos emplear matemáticas.

  Podemos enviar naves.

  Podemos medir los vientos de un planeta situado a miles de millones de kilómetros.

  Desde una perspectiva cristiana, conocer más acerca de la creación no disminuye el asombro.

  Puede aumentarlo.

Dios creó mucho más de lo que alcanzamos a ver

  El profeta Isaías escribió:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas…”
Isaías 40:26

  Es una invitación extraordinaria.

  Levantar los ojos.

  Mirar.

  Preguntar.

  Estudiar.

  Descubrir.

  No conocemos todo acerca de Neptuno.

  Pero conocemos mucho más que las generaciones anteriores.

  Y quizá las generaciones futuras conocerán muchísimo más que nosotros.

Hasta el mundo más lejano sigue obedeciendo leyes

  Neptuno está extraordinariamente lejos.

  Sin embargo, podemos calcular su órbita.

  Podemos conocer la duración de su año.

  Podemos estudiar su atmósfera.

  Podemos predecir dónde estará.

  Y su propia existencia fue descubierta en parte porque los movimientos planetarios podían estudiarse matemáticamente.

  Para el creyente, resulta hermoso contemplar un universo que puede ser investigado mediante orden, regularidad y leyes comprensibles.

  El salmista expresó:

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová!
Hiciste todas ellas con sabiduría…”

Salmo 104:24

  Neptuno se encuentra casi en el límite de nuestro recorrido por los grandes planetas.

  Frío.

  Azul.

  Distante.

  Azotado por vientos supersónicos.

  Rodeado por anillos y lunas.

  Y todavía lleno de secretos.

  Nuestro viaje nos ha llevado miles de millones de kilómetros desde el Sol, pero todavía no hemos llegado al final del Sistema Solar.

  Más allá de Neptuno nos esperan mundos pequeños, helados y regiones extraordinariamente distantes.

  La exploración continúa.

Referencias

Escrituras consultadas

Génesis 1:14-18.

Salmo 8:3-4.

Salmo 19:1-6.

Salmo 104:24.

Isaías 40:26.

Bibliografía científica

de Pater, I. & Lissauer, J. J. Planetary Sciences. Cambridge University Press.

Bennett, J. et al. The Cosmic Perspective. Pearson.

Ingersoll, A. P. Planetary Climates. Princeton University Press.

Organizaciones y misiones científicas

NASA Science — Neptune Facts. Datos sobre tamaño, distancia, atmósfera, rotación, órbita, lunas, anillos y características generales de Neptuno.

NASA — Ice Giant Resources. Información sobre los vientos extremos de Neptuno y sus velocidades superiores a 2,000 km/h.

NASA — Voyager at Neptune. Imágenes y observaciones de la atmósfera, nubes y tormentas obtenidas durante el encuentro de 1989.

NASA Science — Voyager 2. Historia de la única nave que ha visitado Urano y Neptuno.

NASA Science — Neptune Exploration. Historia de la exploración y observaciones modernas del planeta.

NASA/ESA/CSA — James Webb Space Telescope. Observaciones recientes del sistema de anillos y de varias lunas de Neptuno.

Libro recomendado

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Escucha música con propósito

Por el Dr. Elio M Rivera

  Actualmente, las bases de datos del Jet Propulsion Laboratory contienen información de más de un millón y medio de asteroides, aunque esa cifra incluye también objetos de otras regiones del Sistema Solar clasificados dentro de sus bases de pequeños cuerpos.

Entre Marte y Júpiter existe una enorme región llena de pequeños mundos

  Nuestro viaje por el Sistema Solar ya nos ha llevado desde los planetas cercanos al Sol hasta los gigantes más distantes.

  Pero entre Marte y Júpiter existe una región muy especial.

  No encontramos allí otro gran planeta.

  Encontramos una enorme cantidad de cuerpos rocosos y metálicos que viajan alrededor del Sol.

  Los llamamos:

asteroides.

Los asteroides

  La mayor concentración de ellos forma una región conocida como:

el cinturón principal de asteroides.

  La mayoría de los asteroides conocidos se encuentran orbitando al Sol entre Marte y Júpiter.

¿Qué es un asteroide?

  Un asteroide es un cuerpo natural que gira alrededor del Sol y que normalmente es mucho más pequeño que un planeta.

  Muchos están formados principalmente por roca.

  Otros contienen cantidades importantes de metales.

  Algunos poseen mezclas de diferentes materiales.

  No todos son iguales.

  Existen asteroides oscuros.

  Otros reflejan más luz.

  Algunos son casi redondos.

  Muchos tienen formas irregulares que recuerdan enormes papas flotando en el espacio.

  La palabra “asteroide” puede hacernos imaginar una pequeña piedra.

  Pero sus tamaños son extraordinariamente variados.

Desde enormes cuerpos hasta pequeñas rocas

  Algunos asteroides tienen cientos de kilómetros de diámetro.

  Otros solamente miden unos cuantos metros.

  NASA señala que Vesta alcanza aproximadamente 530 kilómetros de diámetro, mientras que existen asteroides conocidos de menos de 10 metros.

  Imagine la diferencia.

  Un cuerpo puede ser suficientemente grande para contener montañas y enormes cráteres…

  mientras otro podría caber dentro de un pequeño vecindario.

  Y ambos reciben el nombre de asteroide.

¿Cuántos conocemos?

  Cada año se descubren nuevos objetos.

  Por eso el número cambia constantemente.

  No todos ellos pertenecen al cinturón principal entre Marte y Júpiter.

  Existen también asteroides cercanos a la Tierra, asteroides que comparten regiones orbitales con planetas y muchos otros grupos.

  Por eso es mejor imaginar el cinturón no como el único lugar donde existen asteroides…

  sino como la región donde se concentra una enorme población de ellos.

¿Es peligroso atravesar el cinturón?

  Las películas de ciencia ficción algunas veces muestran naves intentando pasar entre enormes rocas que chocan unas con otras.

  Una roca pasa por arriba.

  Otra por abajo.

  La nave apenas consigue atravesar.

  Pero el cinturón real no se parece mucho a eso.

  Los asteroides están distribuidos por una región gigantesca.

  Las distancias entre ellos suelen ser enormes.

  Por eso numerosas naves espaciales han atravesado el cinturón de asteroides sin tener que esquivar constantemente rocas.

  No es una pared sólida de piedras.

  Es una región inmensa del espacio donde numerosos cuerpos recorren sus propias órbitas.

Todos están viajando

  Cada asteroide se mueve alrededor del Sol.

  La gravedad solar mantiene sus órbitas.

  Algunos completan sus recorridos más rápidamente.

  Otros tardan más.

  Sus órbitas no son idénticas.

  Algunas son más circulares.

  Otras son más alargadas.

  Algunas están inclinadas respecto del plano donde viajan la mayoría de los planetas.

  Otra vez encontramos la misma idea que hemos visto durante todo nuestro viaje:

el Sistema Solar está en movimiento.

  Incluso las pequeñas rocas viajan.

¿Por qué existe un cinturón entre Marte y Júpiter?

  Júpiter posee una enorme influencia gravitacional.

  Su presencia afecta las órbitas de numerosos cuerpos pequeños cercanos a su región.

  En el cinturón encontramos zonas donde ciertos tipos de órbita son menos comunes debido a resonancias gravitacionales, especialmente con Júpiter.

  Podemos imaginar una resonancia como una pequeña influencia que se repite una y otra vez.

  Cada empujón puede parecer pequeño.

  Pero cuando se repite durante muchas órbitas puede modificar considerablemente la trayectoria de un objeto.

  Así, incluso desde millones de kilómetros de distancia, la gravedad del gigantesco Júpiter participa en la organización del cinturón.

¿Podrían todos los asteroides formar otro planeta?

  Podemos pensar:

  “Si juntáramos todos esos asteroides, quizá formaríamos un planeta gigantesco”.

  Pero ocurre algo sorprendente.

  La masa total de todos los asteroides es menor que la masa de nuestra Luna.

  Eso significa que aunque el cinturón ocupa una región enorme, la cantidad total de materia es relativamente pequeña cuando la comparamos con un planeta.

  Desde lejos parece una región llena de cuerpos.

  Pero el espacio entre ellos es enorme.

Ceres: el gigante del cinturón

  Entre todos los objetos del cinturón existe uno especialmente importante:

Ceres.

  Ceres es el objeto más grande del cinturón principal y actualmente está clasificado como planeta enano.

  Tiene aproximadamente:

940 kilómetros de diámetro.

  Eso lo hace muchísimo mayor que la mayoría de los asteroides.

  Su gravedad fue suficiente para darle una forma aproximadamente esférica.

  Por eso Ceres no es simplemente “otra roca grande”.

  Posee características que lo colocan en una categoría especial.

Ceres fue descubierto hace más de dos siglos

  El astrónomo Giuseppe Piazzi descubrió Ceres en 1801.

  Al principio se pensó que podía ser un planeta.

  Después, conforme comenzaron a descubrirse otros cuerpos en la misma región, fue considerado durante mucho tiempo un asteroide.

  En 2006 fue clasificado como planeta enano.

  La manera en que clasificamos los objetos puede cambiar cuando obtenemos nueva información.

  La ciencia aprende.

  Compara.

  Corrige categorías.

  Y continúa investigando.

Ceres contiene mucho hielo y agua

  La nave Dawn permitió estudiar Ceres con enorme detalle.

  Los científicos encontraron evidencias de materiales relacionados con agua y abundante hielo.

  También observaron regiones muy brillantes formadas por depósitos de sales.

  Ceres es un mundo mucho más complejo de lo que su pequeño tamaño podría hacernos imaginar.

  No es simplemente una piedra seca viajando entre Marte y Júpiter.

Vesta: un mundo profundamente marcado por impactos

  El otro gran protagonista del cinturón es:

Vesta.

  Vesta es el segundo cuerpo más masivo del cinturón principal y representa casi el 9 % de la masa total de sus asteroides.

  Tiene aproximadamente:

530 kilómetros de diámetro.

  Es mucho menor que Ceres.

  Pero sigue siendo gigantesco comparado con la mayoría de los asteroides.

Vesta posee una enorme cicatriz

  Cuando la nave Dawn llegó a Vesta descubrió un mundo cubierto de cráteres.

  En su región sur existe una gigantesca cuenca de impacto conocida como Rheasilvia.

  El impacto que la produjo fue extraordinariamente poderoso.

  Lanzó materiales desde Vesta hacia el espacio.

  Algunos fragmentos terminaron recorriendo el Sistema Solar.

  Incluso se han identificado meteoritos encontrados en la Tierra cuya composición indica que proceden de Vesta.

  Así que es posible sostener en nuestras manos una pequeña piedra que comenzó su historia en un asteroide situado entre Marte y Júpiter.

Una misma nave visitó Vesta y Ceres

  NASA lanzó en 2007 una nave llamada:

Dawn.

  Su misión fue extraordinaria.

  Primero viajó hasta Vesta.

  Llegó en 2011 y permaneció orbitándolo durante más de un año.

  Después encendió nuevamente sus motores y viajó hasta Ceres.

  Llegó allí en 2015.

  Dawn se convirtió en la primera nave que orbitó un cuerpo del cinturón principal y posteriormente en la primera que visitó un planeta enano.

  Una sola máquina terrestre estudió dos mundos completamente diferentes.

Ceres y Vesta no son iguales

  Esto es especialmente interesante.

  Ambos se encuentran en la misma región.

  Ambos son grandes comparados con muchos otros asteroides.

  Pero son muy diferentes.

  Vesta es un cuerpo predominantemente rocoso y diferenciado que recuerda en algunos aspectos a los planetas rocosos interiores.

  Ceres contiene una proporción mucho mayor de materiales relacionados con agua y sustancias volátiles.

  Juntos representan cerca del 40 % de la masa del cinturón principal, aunque físicamente son mundos muy distintos.

  Una vez más encontramos diversidad.

También existen asteroides metálicos

  No todos los grandes asteroides se parecen a Ceres o Vesta.

  Un ejemplo extraordinario es:

Psyche.

  Se trata de un gran asteroide rico en metales situado dentro del cinturón principal.

  Tiene una forma irregular y alcanza aproximadamente 280 kilómetros en su dimensión mayor.

  NASA envió una misión llamada también Psyche para estudiarlo.

  ¿Por qué?

  Porque los asteroides metálicos pueden ayudarnos a investigar materiales y procesos que resultan difíciles de observar directamente en el interior de los planetas rocosos.

  Una roca aparentemente pequeña puede convertirse en una ventana científica hacia procesos profundos del Sistema Solar.

Algunos asteroides tienen sus propias lunas

  Otra sorpresa.

  Los planetas no son los únicos cuerpos que pueden tener satélites.

  Algunos asteroides también poseen pequeñas lunas.

  Por ejemplo, cuando la nave Lucy pasó junto al pequeño asteroide Dinkinesh en 2023, descubrió que tenía una pequeña luna llamada Selam.

  Imagine eso.

  Un pequeño asteroide…

  con otro pequeño cuerpo orbitándolo.

  Incluso a estas escalas la gravedad continúa formando sistemas.

¿Asteroide, meteoro o meteorito?

  Estas palabras se confunden con frecuencia.

  Podemos explicarlas de manera sencilla.

  Un asteroide es un cuerpo rocoso o metálico que viaja por el espacio alrededor del Sol.

  Si un pequeño fragmento entra en la atmósfera terrestre y produce una brillante estela, observamos un meteoro.

  Y si parte de ese material sobrevive al viaje a través de la atmósfera y alcanza el suelo, lo llamamos meteorito.

  Una misma roca puede recibir nombres diferentes dependiendo de dónde se encuentre y de lo que esté ocurriendo con ella.

Algunos asteroides se acercan a la Tierra

  No todos permanecen dentro del cinturón principal.

  Existen objetos cuyas órbitas los llevan a regiones relativamente cercanas a nuestro planeta.

  Los conocemos como asteroides cercanos a la Tierra, o NEAs por sus siglas en inglés.

  Por eso los astrónomos observan continuamente el cielo.

  Calculan órbitas.

  Descubren objetos.

  Y estudian si alguno podría representar un riesgo futuro.

  NASA mantiene sistemas específicos para estudiar acercamientos y riesgos de impacto.

  Estudiar asteroides no es solamente curiosidad.

  También puede ayudarnos a proteger nuestro planeta.

Ya hemos aterrizado sobre asteroides

  Las naves espaciales no solamente han pasado cerca.

  Hemos conseguido orbitar y hasta aterrizar sobre pequeños cuerpos.

  El asteroide Eros fue el primero en ser orbitado por una nave y también el primero sobre el cual una nave espacial realizó un aterrizaje.

  Otras misiones han recogido muestras de asteroides y las han traído hasta la Tierra.

  Esto permite colocar material extraterrestre dentro de laboratorios y estudiarlo con instrumentos muchísimo más grandes y precisos que los que podemos enviar en una nave.

Pequeños cuerpos con grandes historias

  Un asteroide puede parecer poco impresionante junto a Júpiter.

  Júpiter mide más de cien mil kilómetros de diámetro.

  Algunos asteroides apenas miden unos metros.

  Pero el tamaño no determina cuánto podemos aprender de algo.

  Estas pequeñas rocas guardan información acerca de los materiales que forman nuestro Sistema Solar.

  Sus superficies muestran impactos.

  Sus minerales revelan composición.

  Sus órbitas muestran la influencia de la gravedad.

  Y algunos poseen agua, metales o pequeñas lunas.

  Un objeto pequeño puede contener una enorme cantidad de información.

Un cinturón que no es una barrera

  Ahora imagine nuevamente la región entre Marte y Júpiter.

  No piense en una pared de rocas chocando constantemente.

  Imagine un espacio gigantesco.

  Dentro de él viajan innumerables cuerpos.

  Algunos grandes.

  Muchísimos pequeños.

  Cada uno siguiendo una órbita alrededor del Sol.

  Ceres viaja.

  Vesta viaja.

  Psyche viaja.

  Millones de cuerpos continúan recorriendo silenciosamente el espacio.

  Y en medio de ellos existe muchísimo espacio vacío.

La Biblia habla de un cielo ordenado

  El salmista escribió:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
Salmo 19:1

  El salmista no conocía el cinturón de asteroides.

  No había visto Ceres.

  No conocía Vesta.

  No poseía naves capaces de atravesar el Sistema Solar.

  Pero hoy nosotros podemos contemplar mucho más.

  Podemos descubrir cuerpos tan pequeños que apenas reflejan una mínima cantidad de luz.

  Podemos calcular sus órbitas.

  Podemos acercarnos a ellos.

  Podemos fotografiarlos.

  Incluso podemos traer pequeñas muestras hasta la Tierra.

La creación también puede estudiarse en las cosas pequeñas

  Cuando pensamos en la grandeza de la creación solemos imaginar objetos gigantescos.

  El Sol.

  Júpiter.

  Saturno.

  Las estrellas.

  Pero la creación no solamente produce asombro por lo grande.

  También puede hacerlo por lo pequeño.

  Una roca de pocos kilómetros puede viajar durante años alrededor del Sol.

  Puede tener una luna.

  Puede conservar enormes cráteres.

  Puede contener metales.

  Puede ayudarnos a comprender procesos que afectan a planetas enteros.

  La escala cambia.

  El asombro permanece.

Levantad en alto vuestros ojos

  Isaías escribió:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas…”
Isaías 40:26

  Hoy podemos levantar los ojos y saber que entre Marte y Júpiter existe una región poblada por una extraordinaria variedad de pequeños cuerpos.

  No podemos ver la mayoría a simple vista.

  Pero están allí.

  Moviéndose.

  Girando.

  Interactuando gravitacionalmente.

  Esperando ser descubiertos y estudiados.

  Desde una perspectiva cristiana, el hecho de que todavía existan tantas cosas por conocer puede convertirse en una invitación a seguir explorando la obra del Creador.

Una región llena de pequeños mundos

  Resumamos nuestro viaje.

  El cinturón principal de asteroides se encuentra entre Marte y Júpiter.

  Está formado por una enorme población de cuerpos rocosos, metálicos y otros materiales.

  Sus tamaños varían enormemente.

  Ceres es el mayor objeto del cinturón y está clasificado como planeta enano.

  Vesta es el segundo cuerpo más masivo de la región y alcanza unos 530 kilómetros de diámetro.

  Otros, como Psyche, poseen una importante riqueza metálica.

  Y todavía seguimos descubriendo cuerpos nuevos.

  Nuestro Sistema Solar no está formado solamente por ocho grandes planetas.

  Entre ellos existe todo un mundo de objetos menores que también obedecen a la gravedad, siguen órbitas y forman parte de un sistema extraordinariamente complejo.

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría…”
Salmo 104:24

  Hasta una pequeña roca viajando silenciosamente alrededor del Sol puede recordarnos que todavía queda muchísimo por descubrir.

Referencias

Escrituras consultadas

  • Salmo 19:1.
  • Salmo 104:24.
  • Salmo 111:2.
  • Isaías 40:26.

Bibliografía científica

  • de Pater, I. & Lissauer, J. J. Planetary Sciences. Cambridge University Press.
  • Bottke, W. F. et al. Estudios sobre dinámica y poblaciones de asteroides.
  • Bennett, J. et al. The Cosmic Perspective. Pearson.

Organizaciones y misiones científicas

  • NASA Science — Asteroids. Información general sobre los asteroides y el cinturón principal entre Marte y Júpiter.
  • NASA Science — Asteroid Facts. Información sobre tamaños, composición y características generales de los asteroides.
  • NASA Science — Ceres. Datos sobre el planeta enano Ceres y su ubicación en el cinturón principal.
  • NASA Science — Vesta. Información sobre Vesta y su importancia dentro del cinturón de asteroides.
  • NASA — Dawn Mission. Exploración de Vesta y Ceres mediante una misma nave espacial.
  • NASA/JPL Solar System Dynamics. Base de datos y seguimiento orbital de asteroides y otros pequeños cuerpos del Sistema Solar.

Libro recomendado

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