Por el Dr. Elio M Rivera

Ahora entramos en el reino de los gigantes

  Nuestro viaje comenzó cerca del Sol.

  Visitamos Mercurio, un pequeño mundo cubierto de cráteres.

  Después llegamos a Venus, oculto bajo una atmósfera extraordinariamente densa.

  Pasamos por la Tierra, nuestro hogar.

  Y finalmente recorrimos Marte, con sus volcanes, cañones y desiertos rojizos.

  Pero ahora todo cambia.

  Dejamos atrás los pequeños planetas rocosos y llegamos al quinto planeta desde el Sol:

Júpiter

  Júpiter es el planeta más grande de todo el Sistema Solar. Su tamaño es tan extraordinario que, si pudiéramos imaginarlo como una enorme esfera hueca, dentro de su volumen cabrían aproximadamente mil Tierras.

El planeta Jupiter

  Estamos entrando en un mundo completamente diferente.

¿Qué tan grande es Júpiter?

  El diámetro ecuatorial de Júpiter es de aproximadamente:

143,000 kilómetros

  La Tierra mide alrededor de 12,742 kilómetros de diámetro.

  Eso significa que Júpiter es aproximadamente once veces más ancho que nuestro planeta.

  Imagine colocar once Tierras una junto a otra.

  Aproximadamente esa distancia necesitaríamos para atravesar Júpiter de un lado al otro por su ecuador.

  Pero el tamaño se vuelve todavía más impresionante cuando pensamos en volumen.

  Más de mil planetas del tamaño de la Tierra podrían ocupar aproximadamente el volumen de Júpiter.

  Nuestro planeta, que para nosotros parece gigantesco, se vuelve pequeño cuando lo colocamos junto a este coloso.

Jupiter, un planeta muchísimo más masivo que la Tierra

  Júpiter no solamente es grande.

  También posee una enorme masa.

  De hecho, tiene más masa que todos los demás planetas del Sistema Solar juntos.

  Eso significa que su influencia gravitacional es extraordinaria.

  A su alrededor viajan numerosas lunas.

  También posee anillos débiles y una compleja región magnética.

  Júpiter es tan importante gravitacionalmente que constituye casi un pequeño sistema dentro del propio Sistema Solar.

  Más adelante estudiaremos sus lunas con mayor detalle.

Pero Júpiter no es una Tierra gigantesca

  Quizá alguien imagine:

  “Si Júpiter es tan grande, entonces debe ser como una Tierra enorme”.

  Pero no.

  Júpiter pertenece a una clase de planetas que llamamos gigantes gaseosos.

  Está compuesto principalmente por hidrógeno y helio, los mismos elementos que dominan la composición del Sol.

  No tiene una superficie sólida como aquella sobre la que caminamos en la Tierra.

  Cuando observamos Júpiter, estamos viendo principalmente las partes superiores de una atmósfera extraordinariamente profunda.

¿Entonces podríamos aterrizar sobre Júpiter?

  No de la manera en que aterrizamos sobre Marte.

  Una nave que descendiera hacia Júpiter atravesaría capas de gas cada vez más densas.

  La presión aumentaría.

  La temperatura cambiaría.

  Y el material se comprimiría cada vez más.

  No encontraríamos simplemente un suelo rocoso donde colocar unas ruedas.

  Júpiter es un mundo muy diferente a los primeros cuatro planetas que visitamos.

  Esto nos recuerda nuevamente algo importante:

los planetas no son copias unos de otros.

Las famosas franjas de Júpiter

  Cuando vemos una fotografía de Júpiter encontramos inmediatamente algo característico:

sus bandas.

  Franjas blancas.

  Marrones.

  Naranjas.

  Rojizas.

  Todas rodeando el planeta.

  Estas franjas son enormes sistemas de nubes y corrientes atmosféricas. Las zonas más oscuras suelen llamarse cinturones y las más claras zonas.

  No son pinturas sobre una superficie sólida.

  Estamos observando una atmósfera en continuo movimiento.

Vientos que viajan en sentidos opuestos

  Las bandas de Júpiter están relacionadas con poderosas corrientes de aire.

  Algunas se mueven hacia el este.

  Otras hacia el oeste.

  Esas corrientes forman enormes chorros atmosféricos que rodean el planeta.

  Donde diferentes corrientes se encuentran pueden aparecer turbulencias, remolinos y gigantescas tormentas.

  Por eso, cuando observamos Júpiter de cerca, descubrimos una atmósfera que parece casi una enorme pintura en movimiento.

Júpiter gira increíblemente rápido

  Ahora encontramos una característica que parece difícil de creer.

  Júpiter es el planeta más grande…

  pero también posee el día más corto de todos los planetas.

  Completa una rotación en aproximadamente:

9.9 horas

  En la Tierra necesitamos unas 24 horas.

  Júpiter gira completamente sobre sí mismo antes de que haya transcurrido medio día terrestre.

  Imagine un planeta once veces más ancho que la Tierra girando en menos de diez horas.

  Es una velocidad extraordinaria.

La rápida rotación cambia su forma

  Júpiter no es una esfera perfectamente redonda.

  Su rápida rotación hace que se ensanche alrededor del ecuador y se comprima ligeramente cerca de los polos.

  Podemos imaginar una pelota muy blanda girando rápidamente.

  El centro tendería a sobresalir un poco.

  Algo parecido ocurre con Júpiter.

  Incluso su forma nos recuerda que estamos contemplando un planeta en movimiento.

Un año dura casi doce años terrestres

  Aunque Júpiter gira rápidamente sobre sí mismo, viaja mucho más lentamente alrededor del Sol que la Tierra.

  Se encuentra a una distancia media de aproximadamente:

778 millones de kilómetros del Sol

  Eso es más de cinco veces la distancia media entre la Tierra y el Sol.

  Júpiter necesita aproximadamente 11.86 años terrestres para completar una vuelta alrededor de nuestra estrella.

  Así que un niño que acabara de celebrar su cumpleaños número doce en la Tierra habría vivido aproximadamente un solo año joviano.

Un mundo muy frío en sus nubes superiores

  Júpiter está muchísimo más lejos del Sol que nosotros.

  En las regiones superiores de sus nubes, la temperatura media ronda aproximadamente:

−110 °C.

  Pero esa cifra no describe todo el planeta.

  Mientras descendemos hacia regiones más profundas, la presión y la temperatura aumentan considerablemente.

  Júpiter es un mundo de extremos.

¿De qué están hechas sus nubes?

  Las famosas nubes de Júpiter contienen diferentes sustancias.

  En sus regiones superiores encontramos principalmente nubes relacionadas con amoníaco, además de agua y otros compuestos en distintas profundidades.

  Las diferencias químicas, de temperatura, altura y dinámica atmosférica ayudan a producir los distintos colores que observamos.

  Lo que desde lejos parece una sencilla franja marrón puede ser en realidad parte de un enorme sistema atmosférico que se extiende miles de kilómetros.

La mancha roja, una tormenta que ha durado siglos

  Existe una característica de Júpiter tan famosa que merece su propio artículo:

La Gran Mancha Roja

  Es una enorme tormenta que ha sido observada durante siglos.

  Actualmente tiene aproximadamente 1.3 veces el diámetro de la Tierra, aunque históricamente llegó a ser considerablemente mayor.

  Piense en eso.

  Una sola tormenta suficientemente grande para contener aproximadamente a nuestro planeta.

  En el siguiente artículo la estudiaremos con calma, porque detrás de esa mancha rojiza existe una de las historias meteorológicas más fascinantes del Sistema Solar.

Las tormentas no son pequeñas

  La Gran Mancha Roja es la más famosa.

  Pero no está sola.

  Las fotografías de Júpiter muestran numerosos remolinos.

  Óvalos blancos.

  Tormentas oscuras.

  Regiones turbulentas.

  Pequeños ciclones.

  Aunque “pequeño” puede resultar una palabra engañosa cuando hablamos de Júpiter.

  Muchas estructuras atmosféricas que parecen diminutas en una fotografía podrían cubrir regiones enormes de la Tierra.

Un planeta con una enorme magnetosfera

  Júpiter también posee un campo magnético extraordinariamente poderoso.

  Alrededor del planeta existe una gigantesca región dominada por ese campo llamada magnetosfera.

  Partículas cargadas quedan atrapadas dentro de ella y producen cinturones de radiación muy intensos, capaces de representar un serio desafío para las naves espaciales.

  Esto significa que explorar Júpiter no consiste solamente en sobrevivir a grandes distancias.

  Las máquinas también deben soportar un ambiente de radiación extremo.

Incluso tiene auroras

  Al igual que la Tierra, Júpiter posee auroras cerca de sus polos.

  Pero las jovianas pueden ser extraordinariamente poderosas.

  Partículas cargadas interactúan con su campo magnético y con su atmósfera, produciendo regiones luminosas alrededor de los polos.

  Desde determinadas longitudes de onda, estas auroras aparecen como enormes anillos de luz.

  Así encontramos otra semejanza con nuestro planeta…

  pero llevada a una escala gigantesca.

Júpiter también tiene anillos

  Cuando pensamos en anillos imaginamos inmediatamente a Saturno.

  Pero Júpiter también posee un sistema de anillos.

  Son mucho más débiles y difíciles de observar.

  Están formados principalmente por pequeñas partículas de polvo.

  No poseen el espectacular aspecto de los anillos de Saturno, pero nos recuerdan que Júpiter es más complejo de lo que parece a primera vista.

Jupiter y su norme familia de lunas

  Júpiter está rodeado por una gran cantidad de lunas.

  Entre ellas encontramos cuatro especialmente famosas, descubiertas por Galileo Galilei en 1610:

Ío.

Europa.

Ganímedes.

Calisto.

  Las llamamos lunas galileanas.

  Cada una es un mundo extraordinario.

  Ío posee una intensa actividad volcánica.

  Europa tiene una superficie helada y fuertes evidencias de un océano de agua líquida debajo.

  Ganímedes es la luna más grande de todo el Sistema Solar, incluso mayor que Mercurio.

  Júpiter posee actualmente más de cien lunas reconocidas oficialmente, aunque el número puede cambiar conforme se descubren y confirman nuevos objetos.

Casi parece un pequeño Sistema Solar

  Imagine la escena.

  Un planeta gigantesco.

  Numerosas lunas orbitándolo.

  Un sistema de anillos.

  Un poderoso campo magnético.

  Tormentas enormes.

  Todo viajando alrededor del Sol.

  Por eso, estudiar Júpiter puede sentirse como estudiar un pequeño sistema planetario dentro del Sistema Solar.

¿Cómo hemos logrado conocerlo?

  Diferentes naves han visitado Júpiter.

  Pioneer.

  Voyager.

  Galileo.

  Cassini pasó cerca durante su viaje hacia Saturno.

  New Horizons también utilizó Júpiter durante su recorrido hacia Plutón.

  Y desde 2016, la nave Juno ha estudiado Júpiter desde una órbita especialmente diseñada para investigar su interior, atmósfera, gravedad y campo magnético.

  Gracias a estas misiones hemos podido acercarnos a las nubes y observar detalles que desde la Tierra serían imposibles.

Juno nos permitió mirar debajo de las nubes

  La misión Juno ha revelado que las famosas bandas atmosféricas no son simplemente una capa superficial.

  Las corrientes asociadas con ellas penetran aproximadamente 3,000 kilómetros hacia el interior del planeta.

  Eso significa que aquello que vemos desde fuera forma parte de estructuras atmosféricas muchísimo más profundas.

  Una vez más, las apariencias esconden un mundo mucho más complejo.

Un gigante que gira sin descansar

  Piense ahora en todo lo que está ocurriendo.

  Júpiter gira en menos de diez horas.

  Sus bandas atmosféricas se desplazan en direcciones diferentes.

  Tormentas gigantescas giran dentro de ellas.

  Decenas de lunas recorren sus órbitas.

  Partículas cargadas circulan dentro de su enorme magnetosfera.

  Y mientras todo eso ocurre, el planeta completo continúa viajando alrededor del Sol.

  No estamos observando una gran esfera inmóvil.

  Estamos contemplando uno de los sistemas más dinámicos del Sistema Solar.

Júpiter hace que la Tierra parezca pequeña

  Coloque mentalmente ambos planetas juntos.

  La Tierra parece grande para nosotros.

  Tiene océanos.

  Continentes.

  Montañas.

  Miles de millones de seres humanos.

  Pero junto a Júpiter parece una pequeña esfera azul.

  Júpiter podría contener aproximadamente mil Tierras por volumen.

  Y entonces podemos comprender un poco mejor la pregunta del salmista:

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,
Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria…?”

Salmo 8:3-4

  La creación modifica nuestra percepción de tamaño.

  Nos recuerda que somos pequeños.

  Pero también que poseemos una mente capaz de estudiar cosas muchísimo mayores que nosotros.

La Biblia no describe la atmósfera de Júpiter

  Las Escrituras no nos dicen cuántas bandas posee Júpiter.

  No hablan de hidrógeno metálico.

  No mencionan su rápida rotación.

  No describen la Gran Mancha Roja.

  Estas preguntas pertenecen a la astronomía, la física y la ciencia planetaria.

  Pero la Biblia sí invita repetidamente al ser humano a contemplar el cielo.

“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

Salmo 19:1

  Hoy podemos contemplar aquello con herramientas que los antiguos jamás imaginaron.

  Telescopios.

  Espectrómetros.

  Radiotelescopios.

  Naves espaciales.

  Y cámaras viajando alrededor de otro planeta.

Cuanto más grande es lo que contemplamos…

  …más pequeñas parecen algunas cosas que nos preocupan.

  Júpiter es tan grande que una tormenta del tamaño de la Tierra puede parecer solamente una pequeña mancha sobre sus nubes.

  Sus sistemas meteorológicos se extienden miles de kilómetros.

  Sus lunas forman una familia enorme.

  Su campo magnético domina una región gigantesca del espacio.

  Y aun así, Júpiter es solamente un planeta.

  Uno de ocho.

  Alrededor de una estrella.

  Dentro de una galaxia inmensa.

  Esta escala puede producir asombro.

  Y para el creyente puede convertirse también en adoración.

“Levantad en alto vuestros ojos”

  Isaías escribió:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas…”
Isaías 40:26

  Cuando levantamos ahora los ojos hacia Júpiter, sabemos algo que Isaías no podía observar directamente.

  Aquel punto luminoso contiene un mundo gigantesco.

  Un planeta once veces más ancho que la Tierra.

  Con nubes que forman enormes bandas.

  Tormentas que pueden durar generaciones.

  Lunas viajando alrededor.

  Y un día que termina en menos de diez horas.

  Conocer esos datos no disminuye el asombro.

  Lo aumenta.

Y todavía no hemos visto su mayor tormenta de cerca

  Nuestro primer encuentro con Júpiter nos ha mostrado al gigante.

  Pero dejamos deliberadamente una de sus maravillas para el siguiente artículo.

  Una enorme tormenta rojiza.

  Visible desde hace siglos.

  Más grande que nuestro planeta.

  Una estructura que ha cambiado de tamaño, forma y comportamiento mientras los científicos la observan.

  Nuestro siguiente destino será:

La Gran Mancha Roja y las extraordinarias tormentas de Júpiter

  Y quizá entonces comprenderemos todavía mejor por qué este gigante es uno de los mundos más impresionantes de todo nuestro Sistema Solar.

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová!
Hiciste todas ellas con sabiduría…”

Salmo 104:24

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Organizaciones científicas

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Por el Dr. Elio M Rivera

  Actualmente, las bases de datos del Jet Propulsion Laboratory contienen información de más de un millón y medio de asteroides, aunque esa cifra incluye también objetos de otras regiones del Sistema Solar clasificados dentro de sus bases de pequeños cuerpos.

Entre Marte y Júpiter existe una enorme región llena de pequeños mundos

  Nuestro viaje por el Sistema Solar ya nos ha llevado desde los planetas cercanos al Sol hasta los gigantes más distantes.

  Pero entre Marte y Júpiter existe una región muy especial.

  No encontramos allí otro gran planeta.

  Encontramos una enorme cantidad de cuerpos rocosos y metálicos que viajan alrededor del Sol.

  Los llamamos:

asteroides.

Los asteroides

  La mayor concentración de ellos forma una región conocida como:

el cinturón principal de asteroides.

  La mayoría de los asteroides conocidos se encuentran orbitando al Sol entre Marte y Júpiter.

¿Qué es un asteroide?

  Un asteroide es un cuerpo natural que gira alrededor del Sol y que normalmente es mucho más pequeño que un planeta.

  Muchos están formados principalmente por roca.

  Otros contienen cantidades importantes de metales.

  Algunos poseen mezclas de diferentes materiales.

  No todos son iguales.

  Existen asteroides oscuros.

  Otros reflejan más luz.

  Algunos son casi redondos.

  Muchos tienen formas irregulares que recuerdan enormes papas flotando en el espacio.

  La palabra “asteroide” puede hacernos imaginar una pequeña piedra.

  Pero sus tamaños son extraordinariamente variados.

Desde enormes cuerpos hasta pequeñas rocas

  Algunos asteroides tienen cientos de kilómetros de diámetro.

  Otros solamente miden unos cuantos metros.

  NASA señala que Vesta alcanza aproximadamente 530 kilómetros de diámetro, mientras que existen asteroides conocidos de menos de 10 metros.

  Imagine la diferencia.

  Un cuerpo puede ser suficientemente grande para contener montañas y enormes cráteres…

  mientras otro podría caber dentro de un pequeño vecindario.

  Y ambos reciben el nombre de asteroide.

¿Cuántos conocemos?

  Cada año se descubren nuevos objetos.

  Por eso el número cambia constantemente.

  No todos ellos pertenecen al cinturón principal entre Marte y Júpiter.

  Existen también asteroides cercanos a la Tierra, asteroides que comparten regiones orbitales con planetas y muchos otros grupos.

  Por eso es mejor imaginar el cinturón no como el único lugar donde existen asteroides…

  sino como la región donde se concentra una enorme población de ellos.

¿Es peligroso atravesar el cinturón?

  Las películas de ciencia ficción algunas veces muestran naves intentando pasar entre enormes rocas que chocan unas con otras.

  Una roca pasa por arriba.

  Otra por abajo.

  La nave apenas consigue atravesar.

  Pero el cinturón real no se parece mucho a eso.

  Los asteroides están distribuidos por una región gigantesca.

  Las distancias entre ellos suelen ser enormes.

  Por eso numerosas naves espaciales han atravesado el cinturón de asteroides sin tener que esquivar constantemente rocas.

  No es una pared sólida de piedras.

  Es una región inmensa del espacio donde numerosos cuerpos recorren sus propias órbitas.

Todos están viajando

  Cada asteroide se mueve alrededor del Sol.

  La gravedad solar mantiene sus órbitas.

  Algunos completan sus recorridos más rápidamente.

  Otros tardan más.

  Sus órbitas no son idénticas.

  Algunas son más circulares.

  Otras son más alargadas.

  Algunas están inclinadas respecto del plano donde viajan la mayoría de los planetas.

  Otra vez encontramos la misma idea que hemos visto durante todo nuestro viaje:

el Sistema Solar está en movimiento.

  Incluso las pequeñas rocas viajan.

¿Por qué existe un cinturón entre Marte y Júpiter?

  Júpiter posee una enorme influencia gravitacional.

  Su presencia afecta las órbitas de numerosos cuerpos pequeños cercanos a su región.

  En el cinturón encontramos zonas donde ciertos tipos de órbita son menos comunes debido a resonancias gravitacionales, especialmente con Júpiter.

  Podemos imaginar una resonancia como una pequeña influencia que se repite una y otra vez.

  Cada empujón puede parecer pequeño.

  Pero cuando se repite durante muchas órbitas puede modificar considerablemente la trayectoria de un objeto.

  Así, incluso desde millones de kilómetros de distancia, la gravedad del gigantesco Júpiter participa en la organización del cinturón.

¿Podrían todos los asteroides formar otro planeta?

  Podemos pensar:

  “Si juntáramos todos esos asteroides, quizá formaríamos un planeta gigantesco”.

  Pero ocurre algo sorprendente.

  La masa total de todos los asteroides es menor que la masa de nuestra Luna.

  Eso significa que aunque el cinturón ocupa una región enorme, la cantidad total de materia es relativamente pequeña cuando la comparamos con un planeta.

  Desde lejos parece una región llena de cuerpos.

  Pero el espacio entre ellos es enorme.

Ceres: el gigante del cinturón

  Entre todos los objetos del cinturón existe uno especialmente importante:

Ceres.

  Ceres es el objeto más grande del cinturón principal y actualmente está clasificado como planeta enano.

  Tiene aproximadamente:

940 kilómetros de diámetro.

  Eso lo hace muchísimo mayor que la mayoría de los asteroides.

  Su gravedad fue suficiente para darle una forma aproximadamente esférica.

  Por eso Ceres no es simplemente “otra roca grande”.

  Posee características que lo colocan en una categoría especial.

Ceres fue descubierto hace más de dos siglos

  El astrónomo Giuseppe Piazzi descubrió Ceres en 1801.

  Al principio se pensó que podía ser un planeta.

  Después, conforme comenzaron a descubrirse otros cuerpos en la misma región, fue considerado durante mucho tiempo un asteroide.

  En 2006 fue clasificado como planeta enano.

  La manera en que clasificamos los objetos puede cambiar cuando obtenemos nueva información.

  La ciencia aprende.

  Compara.

  Corrige categorías.

  Y continúa investigando.

Ceres contiene mucho hielo y agua

  La nave Dawn permitió estudiar Ceres con enorme detalle.

  Los científicos encontraron evidencias de materiales relacionados con agua y abundante hielo.

  También observaron regiones muy brillantes formadas por depósitos de sales.

  Ceres es un mundo mucho más complejo de lo que su pequeño tamaño podría hacernos imaginar.

  No es simplemente una piedra seca viajando entre Marte y Júpiter.

Vesta: un mundo profundamente marcado por impactos

  El otro gran protagonista del cinturón es:

Vesta.

  Vesta es el segundo cuerpo más masivo del cinturón principal y representa casi el 9 % de la masa total de sus asteroides.

  Tiene aproximadamente:

530 kilómetros de diámetro.

  Es mucho menor que Ceres.

  Pero sigue siendo gigantesco comparado con la mayoría de los asteroides.

Vesta posee una enorme cicatriz

  Cuando la nave Dawn llegó a Vesta descubrió un mundo cubierto de cráteres.

  En su región sur existe una gigantesca cuenca de impacto conocida como Rheasilvia.

  El impacto que la produjo fue extraordinariamente poderoso.

  Lanzó materiales desde Vesta hacia el espacio.

  Algunos fragmentos terminaron recorriendo el Sistema Solar.

  Incluso se han identificado meteoritos encontrados en la Tierra cuya composición indica que proceden de Vesta.

  Así que es posible sostener en nuestras manos una pequeña piedra que comenzó su historia en un asteroide situado entre Marte y Júpiter.

Una misma nave visitó Vesta y Ceres

  NASA lanzó en 2007 una nave llamada:

Dawn.

  Su misión fue extraordinaria.

  Primero viajó hasta Vesta.

  Llegó en 2011 y permaneció orbitándolo durante más de un año.

  Después encendió nuevamente sus motores y viajó hasta Ceres.

  Llegó allí en 2015.

  Dawn se convirtió en la primera nave que orbitó un cuerpo del cinturón principal y posteriormente en la primera que visitó un planeta enano.

  Una sola máquina terrestre estudió dos mundos completamente diferentes.

Ceres y Vesta no son iguales

  Esto es especialmente interesante.

  Ambos se encuentran en la misma región.

  Ambos son grandes comparados con muchos otros asteroides.

  Pero son muy diferentes.

  Vesta es un cuerpo predominantemente rocoso y diferenciado que recuerda en algunos aspectos a los planetas rocosos interiores.

  Ceres contiene una proporción mucho mayor de materiales relacionados con agua y sustancias volátiles.

  Juntos representan cerca del 40 % de la masa del cinturón principal, aunque físicamente son mundos muy distintos.

  Una vez más encontramos diversidad.

También existen asteroides metálicos

  No todos los grandes asteroides se parecen a Ceres o Vesta.

  Un ejemplo extraordinario es:

Psyche.

  Se trata de un gran asteroide rico en metales situado dentro del cinturón principal.

  Tiene una forma irregular y alcanza aproximadamente 280 kilómetros en su dimensión mayor.

  NASA envió una misión llamada también Psyche para estudiarlo.

  ¿Por qué?

  Porque los asteroides metálicos pueden ayudarnos a investigar materiales y procesos que resultan difíciles de observar directamente en el interior de los planetas rocosos.

  Una roca aparentemente pequeña puede convertirse en una ventana científica hacia procesos profundos del Sistema Solar.

Algunos asteroides tienen sus propias lunas

  Otra sorpresa.

  Los planetas no son los únicos cuerpos que pueden tener satélites.

  Algunos asteroides también poseen pequeñas lunas.

  Por ejemplo, cuando la nave Lucy pasó junto al pequeño asteroide Dinkinesh en 2023, descubrió que tenía una pequeña luna llamada Selam.

  Imagine eso.

  Un pequeño asteroide…

  con otro pequeño cuerpo orbitándolo.

  Incluso a estas escalas la gravedad continúa formando sistemas.

¿Asteroide, meteoro o meteorito?

  Estas palabras se confunden con frecuencia.

  Podemos explicarlas de manera sencilla.

  Un asteroide es un cuerpo rocoso o metálico que viaja por el espacio alrededor del Sol.

  Si un pequeño fragmento entra en la atmósfera terrestre y produce una brillante estela, observamos un meteoro.

  Y si parte de ese material sobrevive al viaje a través de la atmósfera y alcanza el suelo, lo llamamos meteorito.

  Una misma roca puede recibir nombres diferentes dependiendo de dónde se encuentre y de lo que esté ocurriendo con ella.

Algunos asteroides se acercan a la Tierra

  No todos permanecen dentro del cinturón principal.

  Existen objetos cuyas órbitas los llevan a regiones relativamente cercanas a nuestro planeta.

  Los conocemos como asteroides cercanos a la Tierra, o NEAs por sus siglas en inglés.

  Por eso los astrónomos observan continuamente el cielo.

  Calculan órbitas.

  Descubren objetos.

  Y estudian si alguno podría representar un riesgo futuro.

  NASA mantiene sistemas específicos para estudiar acercamientos y riesgos de impacto.

  Estudiar asteroides no es solamente curiosidad.

  También puede ayudarnos a proteger nuestro planeta.

Ya hemos aterrizado sobre asteroides

  Las naves espaciales no solamente han pasado cerca.

  Hemos conseguido orbitar y hasta aterrizar sobre pequeños cuerpos.

  El asteroide Eros fue el primero en ser orbitado por una nave y también el primero sobre el cual una nave espacial realizó un aterrizaje.

  Otras misiones han recogido muestras de asteroides y las han traído hasta la Tierra.

  Esto permite colocar material extraterrestre dentro de laboratorios y estudiarlo con instrumentos muchísimo más grandes y precisos que los que podemos enviar en una nave.

Pequeños cuerpos con grandes historias

  Un asteroide puede parecer poco impresionante junto a Júpiter.

  Júpiter mide más de cien mil kilómetros de diámetro.

  Algunos asteroides apenas miden unos metros.

  Pero el tamaño no determina cuánto podemos aprender de algo.

  Estas pequeñas rocas guardan información acerca de los materiales que forman nuestro Sistema Solar.

  Sus superficies muestran impactos.

  Sus minerales revelan composición.

  Sus órbitas muestran la influencia de la gravedad.

  Y algunos poseen agua, metales o pequeñas lunas.

  Un objeto pequeño puede contener una enorme cantidad de información.

Un cinturón que no es una barrera

  Ahora imagine nuevamente la región entre Marte y Júpiter.

  No piense en una pared de rocas chocando constantemente.

  Imagine un espacio gigantesco.

  Dentro de él viajan innumerables cuerpos.

  Algunos grandes.

  Muchísimos pequeños.

  Cada uno siguiendo una órbita alrededor del Sol.

  Ceres viaja.

  Vesta viaja.

  Psyche viaja.

  Millones de cuerpos continúan recorriendo silenciosamente el espacio.

  Y en medio de ellos existe muchísimo espacio vacío.

La Biblia habla de un cielo ordenado

  El salmista escribió:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
Salmo 19:1

  El salmista no conocía el cinturón de asteroides.

  No había visto Ceres.

  No conocía Vesta.

  No poseía naves capaces de atravesar el Sistema Solar.

  Pero hoy nosotros podemos contemplar mucho más.

  Podemos descubrir cuerpos tan pequeños que apenas reflejan una mínima cantidad de luz.

  Podemos calcular sus órbitas.

  Podemos acercarnos a ellos.

  Podemos fotografiarlos.

  Incluso podemos traer pequeñas muestras hasta la Tierra.

La creación también puede estudiarse en las cosas pequeñas

  Cuando pensamos en la grandeza de la creación solemos imaginar objetos gigantescos.

  El Sol.

  Júpiter.

  Saturno.

  Las estrellas.

  Pero la creación no solamente produce asombro por lo grande.

  También puede hacerlo por lo pequeño.

  Una roca de pocos kilómetros puede viajar durante años alrededor del Sol.

  Puede tener una luna.

  Puede conservar enormes cráteres.

  Puede contener metales.

  Puede ayudarnos a comprender procesos que afectan a planetas enteros.

  La escala cambia.

  El asombro permanece.

Levantad en alto vuestros ojos

  Isaías escribió:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas…”
Isaías 40:26

  Hoy podemos levantar los ojos y saber que entre Marte y Júpiter existe una región poblada por una extraordinaria variedad de pequeños cuerpos.

  No podemos ver la mayoría a simple vista.

  Pero están allí.

  Moviéndose.

  Girando.

  Interactuando gravitacionalmente.

  Esperando ser descubiertos y estudiados.

  Desde una perspectiva cristiana, el hecho de que todavía existan tantas cosas por conocer puede convertirse en una invitación a seguir explorando la obra del Creador.

Una región llena de pequeños mundos

  Resumamos nuestro viaje.

  El cinturón principal de asteroides se encuentra entre Marte y Júpiter.

  Está formado por una enorme población de cuerpos rocosos, metálicos y otros materiales.

  Sus tamaños varían enormemente.

  Ceres es el mayor objeto del cinturón y está clasificado como planeta enano.

  Vesta es el segundo cuerpo más masivo de la región y alcanza unos 530 kilómetros de diámetro.

  Otros, como Psyche, poseen una importante riqueza metálica.

  Y todavía seguimos descubriendo cuerpos nuevos.

  Nuestro Sistema Solar no está formado solamente por ocho grandes planetas.

  Entre ellos existe todo un mundo de objetos menores que también obedecen a la gravedad, siguen órbitas y forman parte de un sistema extraordinariamente complejo.

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría…”
Salmo 104:24

  Hasta una pequeña roca viajando silenciosamente alrededor del Sol puede recordarnos que todavía queda muchísimo por descubrir.

Referencias

Escrituras consultadas

  • Salmo 19:1.
  • Salmo 104:24.
  • Salmo 111:2.
  • Isaías 40:26.

Bibliografía científica

  • de Pater, I. & Lissauer, J. J. Planetary Sciences. Cambridge University Press.
  • Bottke, W. F. et al. Estudios sobre dinámica y poblaciones de asteroides.
  • Bennett, J. et al. The Cosmic Perspective. Pearson.

Organizaciones y misiones científicas

  • NASA Science — Asteroids. Información general sobre los asteroides y el cinturón principal entre Marte y Júpiter.
  • NASA Science — Asteroid Facts. Información sobre tamaños, composición y características generales de los asteroides.
  • NASA Science — Ceres. Datos sobre el planeta enano Ceres y su ubicación en el cinturón principal.
  • NASA Science — Vesta. Información sobre Vesta y su importancia dentro del cinturón de asteroides.
  • NASA — Dawn Mission. Exploración de Vesta y Ceres mediante una misma nave espacial.
  • NASA/JPL Solar System Dynamics. Base de datos y seguimiento orbital de asteroides y otros pequeños cuerpos del Sistema Solar.

Libro recomendado

Escucha música con propósito