Por el Dr. Elio M Rivera

Una enorme familia viajando por el espacio

  Mire hacia el cielo durante el día.

  Allí está el Sol.

  Ahora mire el cielo durante la noche.

  Quizá vea la Luna, algunas estrellas y, en ciertas épocas, incluso alguno de los planetas.

  Aunque parecen objetos separados, muchos de los cuerpos que vemos en nuestro cielo forman parte de un mismo gran sistema.

  Lo llamamos Sistema Solar.

  El sistema solar

Nuestro Sistema Solar es como un enorme vecindario en el espacio. En el centro se encuentra el Sol y alrededor de él viajan los planetas, sus lunas, asteroides y muchos otros cuerpos más pequeños.

  Y nosotros vivimos allí.

  La Tierra es solamente uno de los mundos que forman parte de esta extraordinaria familia.

Todo comienza con el Sol

  En el centro del Sistema Solar se encuentra una estrella enorme:

el Sol.

  El Sol es muchísimo más grande que la Tierra. Su diámetro es de aproximadamente 1.39 millones de kilómetros.

  La Tierra, en comparación, mide aproximadamente 12,742 kilómetros de diámetro.

  Imagine una pelota gigantesca y, cerca de ella, una bolita mucho más pequeña.

  Algo semejante ocurre cuando comparamos el Sol con nuestro planeta.

  Pero el Sol no solamente es grande.

  También contiene la mayor parte de la masa de todo el Sistema Solar.

  Por eso su gravedad ejerce una enorme influencia sobre los objetos que se encuentran alrededor.

Los planetas no están flotando sin rumbo

  Algunas veces, cuando vemos dibujos del Sistema Solar, parece que los planetas simplemente están colocados alrededor del Sol.

  Pero están haciendo algo extraordinario.

Están viajando.

  Cada planeta se mueve alrededor del Sol siguiendo un recorrido llamado órbita.

  Mercurio viaja alrededor del Sol.

  Venus también.

  La Tierra también.

  Y mientras usted está leyendo estas palabras, nuestro planeta continúa avanzando silenciosamente por su propia órbita.

  No escuchamos motores.

  No sentimos vibraciones.

  Pero estamos viajando.

Ocho mundos alrededor de una estrella

  Nuestro Sistema Solar posee ocho planetas.

  Si comenzamos desde el más cercano al Sol encontramos:

Mercurio.
Venus.
Tierra.
Marte.
Júpiter.
Saturno.
Urano.
Neptuno.

  Cada uno es diferente.

  Mercurio es pequeño y está muy cerca del Sol.

  Venus está cubierto por una atmósfera extremadamente densa.

  La Tierra posee enormes océanos de agua líquida y es nuestro hogar.

  Marte tiene un característico color rojizo.

  Júpiter es gigantesco.

  Saturno posee un espectacular sistema de anillos.

  Urano gira de una manera muy peculiar, prácticamente inclinado de lado.

  Y Neptuno se encuentra muchísimo más lejos del Sol y posee vientos extraordinariamente intensos.

  Ocho planetas.

  Ocho mundos muy distintos.

  Pero todos forman parte del mismo sistema.

Algunos planetas tienen compañeros

  La Tierra tiene una Luna.

  Pero no somos los únicos.

  Otros planetas poseen también lunas que viajan alrededor de ellos.

  Júpiter y Saturno poseen numerosas lunas.

  Algunas son pequeñas.

  Otras son enormes.

  Incluso existen lunas con características extraordinarias que estudiaremos más adelante.

  Así que mientras los planetas viajan alrededor del Sol, muchas lunas están viajando alrededor de los planetas.

  Imagine todo ese movimiento ocurriendo simultáneamente.

Y todavía hay mucho más

  Entre Marte y Júpiter encontramos una región donde existen numerosos asteroides.

  Más allá de Neptuno existen también muchos cuerpos helados.

  Tenemos planetas enanos como Plutón.

  También existen cometas que pueden recorrer órbitas enormes y que, cuando se acercan al Sol, pueden desarrollar espectaculares colas visibles desde la Tierra.

  Nuestro Sistema Solar no está compuesto solamente por ocho planetas.

  Es un sistema lleno de diferentes clases de cuerpos.

¿Qué tan grande es nuestro vecindario?

  Aquí las distancias comienzan a ser difíciles de imaginar.

  La Tierra se encuentra, en promedio, aproximadamente a:

150 millones de kilómetros del Sol.

  Eso ya parece enorme.

  Pero Neptuno se encuentra muchísimo más lejos: su distancia media al Sol es de unos 4,500 millones de kilómetros.

  Y aun así, existen cuerpos que viajan mucho más lejos.

  El Sistema Solar es tan grande que las distancias normales que utilizamos en nuestra vida cotidiana dejan de parecernos útiles.

  Una carretera de cien kilómetros nos parece larga.

  Pero en el Sistema Solar hablamos de millones y miles de millones de kilómetros.

Sin embargo, todo está relacionado

  Aquí aparece algo especialmente interesante.

  El Sol ejerce gravedad.

  Los planetas se mueven.

  Las lunas acompañan a muchos planetas.

  Los asteroides siguen sus propios recorridos.

  Los cometas viajan por enormes órbitas.

  No estamos observando objetos colocados al azar como piedras sobre una mesa.

  Estamos contemplando un sistema en movimiento.

  Cada cuerpo posee una posición.

  Cada uno sigue un recorrido.

  Y la gravedad participa constantemente en ese extraordinario movimiento.

Nuestro pequeño hogar dentro de algo enorme

  Ahora piense en algo.

  Dentro de este inmenso Sistema Solar existe una pequeña esfera azul.

  Es la Tierra.

  Sobre esa esfera existen océanos.

  Continentes.

  Bosques.

  Desiertos.

  Montañas.

  Ríos.

  Animales.

  Personas.

  Y usted.

  Estamos viviendo sobre un planeta que viaja alrededor de una estrella acompañado por otros siete planetas y una enorme cantidad de cuerpos menores.

  Cuando pensamos solamente en nuestra casa o nuestra ciudad, el mundo puede parecernos muy grande.

  Pero cuando contemplamos el Sistema Solar descubrimos que nuestra casa forma parte de algo muchísimo mayor.

La Biblia dirige nuestra mirada hacia el cielo

  Hace miles de años, David contempló el cielo y escribió:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

Salmo 19:1

  David no tenía telescopios espaciales.

  No podía enviar naves hacia otros planetas.

  No conocía las distancias que hoy podemos calcular.

  Simplemente levantaba los ojos y contemplaba.

  Nosotros podemos hacer algo más.

  Podemos contemplar…

  y también medir.

  Podemos conocer el tamaño del Sol.

  Podemos calcular las órbitas.

  Podemos enviar naves a otros planetas.

  Podemos fotografiar Júpiter.

  Podemos observar los anillos de Saturno.

  Podemos estudiar Marte.

  Y mientras más conocemos nuestro vecindario espacial, más extraordinario parece.

Dios conoce incluso aquello que para nosotros resulta inmenso

  El profeta Isaías escribió:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas…”
Isaías 40:26

  Esa invitación sigue siendo extraordinaria.

  Levante los ojos.

  Mire.

  Pregunte.

  Estudie.

  Descubra.

  Desde la perspectiva bíblica, estudiar el universo no significa alejarnos del Creador.

  Puede convertirse precisamente en una manera de admirar con mayor profundidad la obra de sus manos.

Y nuestro viaje apenas comienza

  Hasta ahora solamente hemos abierto la puerta.

  Sabemos que existe una estrella en el centro.

  Ocho planetas viajan alrededor de ella.

  Numerosas lunas acompañan a esos mundos.

  También existen asteroides, planetas enanos, cometas y otros cuerpos.

  Pero todavía no hemos visitado ninguno.

  En los próximos artículos comenzaremos nuestro viaje.

  Nos acercaremos primero a esa enorme estrella que domina nuestro vecindario.

  Descubriremos su tamaño.

  Su energía.

  Su gravedad.

  Y comprenderemos por qué prácticamente todo nuestro Sistema Solar depende profundamente de ella.

  Nuestro próximo destino será:

El Sol: la estrella que sostiene nuestro Sistema Solar

  Y quizá, cuando terminemos este viaje, comprendamos un poco mejor las palabras del salmista:

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová!
Hiciste todas ellas con sabiduría…”

Salmo 104:24

  Porque nuestro Sistema Solar no es solamente nuestro vecindario en el espacio.

  Es otra extraordinaria parte de la creación que podemos estudiar para conocer mejor la grandeza de su Creador.

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Por el Dr. Elio M Rivera

  Actualmente, las bases de datos del Jet Propulsion Laboratory contienen información de más de un millón y medio de asteroides, aunque esa cifra incluye también objetos de otras regiones del Sistema Solar clasificados dentro de sus bases de pequeños cuerpos.

Entre Marte y Júpiter existe una enorme región llena de pequeños mundos

  Nuestro viaje por el Sistema Solar ya nos ha llevado desde los planetas cercanos al Sol hasta los gigantes más distantes.

  Pero entre Marte y Júpiter existe una región muy especial.

  No encontramos allí otro gran planeta.

  Encontramos una enorme cantidad de cuerpos rocosos y metálicos que viajan alrededor del Sol.

  Los llamamos:

asteroides.

Los asteroides

  La mayor concentración de ellos forma una región conocida como:

el cinturón principal de asteroides.

  La mayoría de los asteroides conocidos se encuentran orbitando al Sol entre Marte y Júpiter.

¿Qué es un asteroide?

  Un asteroide es un cuerpo natural que gira alrededor del Sol y que normalmente es mucho más pequeño que un planeta.

  Muchos están formados principalmente por roca.

  Otros contienen cantidades importantes de metales.

  Algunos poseen mezclas de diferentes materiales.

  No todos son iguales.

  Existen asteroides oscuros.

  Otros reflejan más luz.

  Algunos son casi redondos.

  Muchos tienen formas irregulares que recuerdan enormes papas flotando en el espacio.

  La palabra “asteroide” puede hacernos imaginar una pequeña piedra.

  Pero sus tamaños son extraordinariamente variados.

Desde enormes cuerpos hasta pequeñas rocas

  Algunos asteroides tienen cientos de kilómetros de diámetro.

  Otros solamente miden unos cuantos metros.

  NASA señala que Vesta alcanza aproximadamente 530 kilómetros de diámetro, mientras que existen asteroides conocidos de menos de 10 metros.

  Imagine la diferencia.

  Un cuerpo puede ser suficientemente grande para contener montañas y enormes cráteres…

  mientras otro podría caber dentro de un pequeño vecindario.

  Y ambos reciben el nombre de asteroide.

¿Cuántos conocemos?

  Cada año se descubren nuevos objetos.

  Por eso el número cambia constantemente.

  No todos ellos pertenecen al cinturón principal entre Marte y Júpiter.

  Existen también asteroides cercanos a la Tierra, asteroides que comparten regiones orbitales con planetas y muchos otros grupos.

  Por eso es mejor imaginar el cinturón no como el único lugar donde existen asteroides…

  sino como la región donde se concentra una enorme población de ellos.

¿Es peligroso atravesar el cinturón?

  Las películas de ciencia ficción algunas veces muestran naves intentando pasar entre enormes rocas que chocan unas con otras.

  Una roca pasa por arriba.

  Otra por abajo.

  La nave apenas consigue atravesar.

  Pero el cinturón real no se parece mucho a eso.

  Los asteroides están distribuidos por una región gigantesca.

  Las distancias entre ellos suelen ser enormes.

  Por eso numerosas naves espaciales han atravesado el cinturón de asteroides sin tener que esquivar constantemente rocas.

  No es una pared sólida de piedras.

  Es una región inmensa del espacio donde numerosos cuerpos recorren sus propias órbitas.

Todos están viajando

  Cada asteroide se mueve alrededor del Sol.

  La gravedad solar mantiene sus órbitas.

  Algunos completan sus recorridos más rápidamente.

  Otros tardan más.

  Sus órbitas no son idénticas.

  Algunas son más circulares.

  Otras son más alargadas.

  Algunas están inclinadas respecto del plano donde viajan la mayoría de los planetas.

  Otra vez encontramos la misma idea que hemos visto durante todo nuestro viaje:

el Sistema Solar está en movimiento.

  Incluso las pequeñas rocas viajan.

¿Por qué existe un cinturón entre Marte y Júpiter?

  Júpiter posee una enorme influencia gravitacional.

  Su presencia afecta las órbitas de numerosos cuerpos pequeños cercanos a su región.

  En el cinturón encontramos zonas donde ciertos tipos de órbita son menos comunes debido a resonancias gravitacionales, especialmente con Júpiter.

  Podemos imaginar una resonancia como una pequeña influencia que se repite una y otra vez.

  Cada empujón puede parecer pequeño.

  Pero cuando se repite durante muchas órbitas puede modificar considerablemente la trayectoria de un objeto.

  Así, incluso desde millones de kilómetros de distancia, la gravedad del gigantesco Júpiter participa en la organización del cinturón.

¿Podrían todos los asteroides formar otro planeta?

  Podemos pensar:

  “Si juntáramos todos esos asteroides, quizá formaríamos un planeta gigantesco”.

  Pero ocurre algo sorprendente.

  La masa total de todos los asteroides es menor que la masa de nuestra Luna.

  Eso significa que aunque el cinturón ocupa una región enorme, la cantidad total de materia es relativamente pequeña cuando la comparamos con un planeta.

  Desde lejos parece una región llena de cuerpos.

  Pero el espacio entre ellos es enorme.

Ceres: el gigante del cinturón

  Entre todos los objetos del cinturón existe uno especialmente importante:

Ceres.

  Ceres es el objeto más grande del cinturón principal y actualmente está clasificado como planeta enano.

  Tiene aproximadamente:

940 kilómetros de diámetro.

  Eso lo hace muchísimo mayor que la mayoría de los asteroides.

  Su gravedad fue suficiente para darle una forma aproximadamente esférica.

  Por eso Ceres no es simplemente “otra roca grande”.

  Posee características que lo colocan en una categoría especial.

Ceres fue descubierto hace más de dos siglos

  El astrónomo Giuseppe Piazzi descubrió Ceres en 1801.

  Al principio se pensó que podía ser un planeta.

  Después, conforme comenzaron a descubrirse otros cuerpos en la misma región, fue considerado durante mucho tiempo un asteroide.

  En 2006 fue clasificado como planeta enano.

  La manera en que clasificamos los objetos puede cambiar cuando obtenemos nueva información.

  La ciencia aprende.

  Compara.

  Corrige categorías.

  Y continúa investigando.

Ceres contiene mucho hielo y agua

  La nave Dawn permitió estudiar Ceres con enorme detalle.

  Los científicos encontraron evidencias de materiales relacionados con agua y abundante hielo.

  También observaron regiones muy brillantes formadas por depósitos de sales.

  Ceres es un mundo mucho más complejo de lo que su pequeño tamaño podría hacernos imaginar.

  No es simplemente una piedra seca viajando entre Marte y Júpiter.

Vesta: un mundo profundamente marcado por impactos

  El otro gran protagonista del cinturón es:

Vesta.

  Vesta es el segundo cuerpo más masivo del cinturón principal y representa casi el 9 % de la masa total de sus asteroides.

  Tiene aproximadamente:

530 kilómetros de diámetro.

  Es mucho menor que Ceres.

  Pero sigue siendo gigantesco comparado con la mayoría de los asteroides.

Vesta posee una enorme cicatriz

  Cuando la nave Dawn llegó a Vesta descubrió un mundo cubierto de cráteres.

  En su región sur existe una gigantesca cuenca de impacto conocida como Rheasilvia.

  El impacto que la produjo fue extraordinariamente poderoso.

  Lanzó materiales desde Vesta hacia el espacio.

  Algunos fragmentos terminaron recorriendo el Sistema Solar.

  Incluso se han identificado meteoritos encontrados en la Tierra cuya composición indica que proceden de Vesta.

  Así que es posible sostener en nuestras manos una pequeña piedra que comenzó su historia en un asteroide situado entre Marte y Júpiter.

Una misma nave visitó Vesta y Ceres

  NASA lanzó en 2007 una nave llamada:

Dawn.

  Su misión fue extraordinaria.

  Primero viajó hasta Vesta.

  Llegó en 2011 y permaneció orbitándolo durante más de un año.

  Después encendió nuevamente sus motores y viajó hasta Ceres.

  Llegó allí en 2015.

  Dawn se convirtió en la primera nave que orbitó un cuerpo del cinturón principal y posteriormente en la primera que visitó un planeta enano.

  Una sola máquina terrestre estudió dos mundos completamente diferentes.

Ceres y Vesta no son iguales

  Esto es especialmente interesante.

  Ambos se encuentran en la misma región.

  Ambos son grandes comparados con muchos otros asteroides.

  Pero son muy diferentes.

  Vesta es un cuerpo predominantemente rocoso y diferenciado que recuerda en algunos aspectos a los planetas rocosos interiores.

  Ceres contiene una proporción mucho mayor de materiales relacionados con agua y sustancias volátiles.

  Juntos representan cerca del 40 % de la masa del cinturón principal, aunque físicamente son mundos muy distintos.

  Una vez más encontramos diversidad.

También existen asteroides metálicos

  No todos los grandes asteroides se parecen a Ceres o Vesta.

  Un ejemplo extraordinario es:

Psyche.

  Se trata de un gran asteroide rico en metales situado dentro del cinturón principal.

  Tiene una forma irregular y alcanza aproximadamente 280 kilómetros en su dimensión mayor.

  NASA envió una misión llamada también Psyche para estudiarlo.

  ¿Por qué?

  Porque los asteroides metálicos pueden ayudarnos a investigar materiales y procesos que resultan difíciles de observar directamente en el interior de los planetas rocosos.

  Una roca aparentemente pequeña puede convertirse en una ventana científica hacia procesos profundos del Sistema Solar.

Algunos asteroides tienen sus propias lunas

  Otra sorpresa.

  Los planetas no son los únicos cuerpos que pueden tener satélites.

  Algunos asteroides también poseen pequeñas lunas.

  Por ejemplo, cuando la nave Lucy pasó junto al pequeño asteroide Dinkinesh en 2023, descubrió que tenía una pequeña luna llamada Selam.

  Imagine eso.

  Un pequeño asteroide…

  con otro pequeño cuerpo orbitándolo.

  Incluso a estas escalas la gravedad continúa formando sistemas.

¿Asteroide, meteoro o meteorito?

  Estas palabras se confunden con frecuencia.

  Podemos explicarlas de manera sencilla.

  Un asteroide es un cuerpo rocoso o metálico que viaja por el espacio alrededor del Sol.

  Si un pequeño fragmento entra en la atmósfera terrestre y produce una brillante estela, observamos un meteoro.

  Y si parte de ese material sobrevive al viaje a través de la atmósfera y alcanza el suelo, lo llamamos meteorito.

  Una misma roca puede recibir nombres diferentes dependiendo de dónde se encuentre y de lo que esté ocurriendo con ella.

Algunos asteroides se acercan a la Tierra

  No todos permanecen dentro del cinturón principal.

  Existen objetos cuyas órbitas los llevan a regiones relativamente cercanas a nuestro planeta.

  Los conocemos como asteroides cercanos a la Tierra, o NEAs por sus siglas en inglés.

  Por eso los astrónomos observan continuamente el cielo.

  Calculan órbitas.

  Descubren objetos.

  Y estudian si alguno podría representar un riesgo futuro.

  NASA mantiene sistemas específicos para estudiar acercamientos y riesgos de impacto.

  Estudiar asteroides no es solamente curiosidad.

  También puede ayudarnos a proteger nuestro planeta.

Ya hemos aterrizado sobre asteroides

  Las naves espaciales no solamente han pasado cerca.

  Hemos conseguido orbitar y hasta aterrizar sobre pequeños cuerpos.

  El asteroide Eros fue el primero en ser orbitado por una nave y también el primero sobre el cual una nave espacial realizó un aterrizaje.

  Otras misiones han recogido muestras de asteroides y las han traído hasta la Tierra.

  Esto permite colocar material extraterrestre dentro de laboratorios y estudiarlo con instrumentos muchísimo más grandes y precisos que los que podemos enviar en una nave.

Pequeños cuerpos con grandes historias

  Un asteroide puede parecer poco impresionante junto a Júpiter.

  Júpiter mide más de cien mil kilómetros de diámetro.

  Algunos asteroides apenas miden unos metros.

  Pero el tamaño no determina cuánto podemos aprender de algo.

  Estas pequeñas rocas guardan información acerca de los materiales que forman nuestro Sistema Solar.

  Sus superficies muestran impactos.

  Sus minerales revelan composición.

  Sus órbitas muestran la influencia de la gravedad.

  Y algunos poseen agua, metales o pequeñas lunas.

  Un objeto pequeño puede contener una enorme cantidad de información.

Un cinturón que no es una barrera

  Ahora imagine nuevamente la región entre Marte y Júpiter.

  No piense en una pared de rocas chocando constantemente.

  Imagine un espacio gigantesco.

  Dentro de él viajan innumerables cuerpos.

  Algunos grandes.

  Muchísimos pequeños.

  Cada uno siguiendo una órbita alrededor del Sol.

  Ceres viaja.

  Vesta viaja.

  Psyche viaja.

  Millones de cuerpos continúan recorriendo silenciosamente el espacio.

  Y en medio de ellos existe muchísimo espacio vacío.

La Biblia habla de un cielo ordenado

  El salmista escribió:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
Salmo 19:1

  El salmista no conocía el cinturón de asteroides.

  No había visto Ceres.

  No conocía Vesta.

  No poseía naves capaces de atravesar el Sistema Solar.

  Pero hoy nosotros podemos contemplar mucho más.

  Podemos descubrir cuerpos tan pequeños que apenas reflejan una mínima cantidad de luz.

  Podemos calcular sus órbitas.

  Podemos acercarnos a ellos.

  Podemos fotografiarlos.

  Incluso podemos traer pequeñas muestras hasta la Tierra.

La creación también puede estudiarse en las cosas pequeñas

  Cuando pensamos en la grandeza de la creación solemos imaginar objetos gigantescos.

  El Sol.

  Júpiter.

  Saturno.

  Las estrellas.

  Pero la creación no solamente produce asombro por lo grande.

  También puede hacerlo por lo pequeño.

  Una roca de pocos kilómetros puede viajar durante años alrededor del Sol.

  Puede tener una luna.

  Puede conservar enormes cráteres.

  Puede contener metales.

  Puede ayudarnos a comprender procesos que afectan a planetas enteros.

  La escala cambia.

  El asombro permanece.

Levantad en alto vuestros ojos

  Isaías escribió:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas…”
Isaías 40:26

  Hoy podemos levantar los ojos y saber que entre Marte y Júpiter existe una región poblada por una extraordinaria variedad de pequeños cuerpos.

  No podemos ver la mayoría a simple vista.

  Pero están allí.

  Moviéndose.

  Girando.

  Interactuando gravitacionalmente.

  Esperando ser descubiertos y estudiados.

  Desde una perspectiva cristiana, el hecho de que todavía existan tantas cosas por conocer puede convertirse en una invitación a seguir explorando la obra del Creador.

Una región llena de pequeños mundos

  Resumamos nuestro viaje.

  El cinturón principal de asteroides se encuentra entre Marte y Júpiter.

  Está formado por una enorme población de cuerpos rocosos, metálicos y otros materiales.

  Sus tamaños varían enormemente.

  Ceres es el mayor objeto del cinturón y está clasificado como planeta enano.

  Vesta es el segundo cuerpo más masivo de la región y alcanza unos 530 kilómetros de diámetro.

  Otros, como Psyche, poseen una importante riqueza metálica.

  Y todavía seguimos descubriendo cuerpos nuevos.

  Nuestro Sistema Solar no está formado solamente por ocho grandes planetas.

  Entre ellos existe todo un mundo de objetos menores que también obedecen a la gravedad, siguen órbitas y forman parte de un sistema extraordinariamente complejo.

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría…”
Salmo 104:24

  Hasta una pequeña roca viajando silenciosamente alrededor del Sol puede recordarnos que todavía queda muchísimo por descubrir.

Referencias

Escrituras consultadas

  • Salmo 19:1.
  • Salmo 104:24.
  • Salmo 111:2.
  • Isaías 40:26.

Bibliografía científica

  • de Pater, I. & Lissauer, J. J. Planetary Sciences. Cambridge University Press.
  • Bottke, W. F. et al. Estudios sobre dinámica y poblaciones de asteroides.
  • Bennett, J. et al. The Cosmic Perspective. Pearson.

Organizaciones y misiones científicas

  • NASA Science — Asteroids. Información general sobre los asteroides y el cinturón principal entre Marte y Júpiter.
  • NASA Science — Asteroid Facts. Información sobre tamaños, composición y características generales de los asteroides.
  • NASA Science — Ceres. Datos sobre el planeta enano Ceres y su ubicación en el cinturón principal.
  • NASA Science — Vesta. Información sobre Vesta y su importancia dentro del cinturón de asteroides.
  • NASA — Dawn Mission. Exploración de Vesta y Ceres mediante una misma nave espacial.
  • NASA/JPL Solar System Dynamics. Base de datos y seguimiento orbital de asteroides y otros pequeños cuerpos del Sistema Solar.

Libro recomendado

Escucha música con propósito