Dr. Elio M Rivera
Hay algo extraordinario en las enseñanzas de Jesucristo que muchas veces pasa inadvertido.
Cuando habló de construcciones, no lo hizo solamente mencionando edificios. Habló de calcular presupuestos, colocar fundamentos, terminar las obras y evitar que una construcción se viniera abajo.
Eran asuntos que conocían bien los hombres dedicados a construir.
Y Jesús había sido uno de ellos.

«¿No es éste el carpintero, hijo de María…?» (Marcos 6:3, RVR1960).
La palabra griega tekton identificaba a un artesano que trabajaba con materiales como la madera y que podía participar en distintas actividades constructivas.
Por eso resulta interesante examinar algunas de sus enseñanzas a la luz de su oficio y de la cercanía de Séforis, una ciudad que había experimentado importantes obras durante el gobierno de Herodes Antipas.
«¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre…?»
En cierta ocasión, Jesús utilizó un ejemplo que cualquier constructor podía comprender:
«Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?» (Lucas 14:28, RVR1960).
La pregunta revela un conocimiento práctico de la construcción.
Antes de comenzar una obra había que determinar sus dimensiones, calcular los materiales necesarios y considerar cuánto costaría terminarla.
Una torre exigía piedra, trabajadores, transporte de materiales y una estructura suficientemente resistente para sostener su altura.
El propietario podía tener grandes planes, pero sus deseos no bastaban para levantar el edificio.
Necesitaba recursos.
Y necesitaba calcularlos antes de comenzar.
Jesús continuó:
«No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar» (Lucas 14:29–30, RVR1960).
La escena es notablemente concreta.
Un terreno.
Los cimientos de una construcción.
Una obra abandonada.
Y los vecinos que pasan frente a ella y se burlan de su propietario.
En una sociedad donde las construcciones requerían importantes inversiones de tiempo y dinero, una obra inconclusa podía convertirse en un recordatorio visible de una mala decisión.
Las construcciones de Séforis
Séforis ofrece un contexto histórico interesante para estas palabras.
Herodes Antipas había impulsado obras de reconstrucción y fortificación en aquella ciudad.
La construcción de edificios públicos, viviendas y estructuras defensivas exigía planificación y coordinación entre distintos trabajadores.
Había que preparar terrenos, obtener materiales, contratar artesanos y organizar las diferentes etapas de las obras.
Un proyecto podía detenerse si faltaban recursos, si cambiaban las decisiones del propietario o si surgían dificultades imprevistas.
Para los trabajadores, aquellas circunstancias eran parte de la realidad del oficio.
No sabemos si Jesús observó alguna construcción abandonada en Séforis.
Pero si trabajó allí, habría estado en un ambiente donde el costo de edificar y la necesidad de terminar una obra eran preocupaciones habituales.
La parábola de la torre tiene una naturalidad especial cuando recordamos que quien la pronunció había sido conocido como constructor.
«Cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca»
En otra ocasión, Jesús comparó a dos hombres que construyeron sus casas.
Lucas conserva un detalle particularmente interesante:
«Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca» (Lucas 6:48, RVR1960).
Observemos la descripción.
El hombre no comenzó colocando piedras sobre la superficie.
Primero excavó.
Profundizó hasta encontrar una base firme.
Y solamente entonces colocó los fundamentos.
En las regiones montañosas de Galilea, donde abundaban los terrenos pedregosos y los afloramientos de roca caliza, los constructores podían aprovechar la roca natural como base resistente.
Pero no todos los terrenos ofrecían las mismas condiciones.
Una superficie aparentemente firme podía ocultar materiales sueltos o depósitos de tierra incapaces de resistir adecuadamente una corriente de agua.
Por eso preparar los fundamentos era una de las tareas más importantes.
El trabajo realizado debajo de la construcción podía determinar si el edificio permanecería en pie.
Dos casas frente a la tormenta
Mateo presenta aquella enseñanza con otra descripción:
«Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca» (Mateo 7:24–25, RVR1960).
Después describió la segunda construcción:
«Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina» (Mateo 7:26–27, RVR1960).
Ambos hombres habían construido.
Ambos tenían una casa.
Y ambas construcciones enfrentaron condiciones adversas.
La diferencia estaba en sus fundamentos.
Los trabajadores de Galilea conocían los peligros de las lluvias intensas y de las corrientes repentinas que podían formarse en cauces normalmente secos.
Una casa mal cimentada podía sufrir daños graves cuando el agua arrastraba la tierra que sostenía sus muros.
No era necesario que el edificio estuviera construido junto a un gran río.
Bastaba con que una corriente fuerte alcanzara un terreno vulnerable.
Jesús describió un problema que pertenecía al mundo real de la construcción.
¿De dónde procedía aquel conocimiento?
La respuesta más inmediata se encuentra en los propios Evangelios.
Jesús había trabajado como tekton.
No necesitamos atribuirle una formación especial en arquitectura ni imaginar que dirigió grandes proyectos.
Su oficio proporciona una explicación suficiente de su familiaridad con materiales, estructuras y problemas constructivos.
Pero Séforis introduce una pregunta adicional.
¿Pudo aquel carpintero de Nazaret haber participado en algunas de las obras de la ciudad cercana?
¿Pudo observar cómo se preparaban los fundamentos, cómo se calculaban los materiales y cómo se organizaba el trabajo de distintos artesanos?
¿Pudo conocer construcciones que permanecieron inconclusas?
No conservamos registros que permitan responder afirmativamente a esas preguntas.
Sin embargo, las circunstancias hacen razonable considerarlas.
Séforis ofrecía un entorno donde las actividades constructivas tenían una importancia especial.
Y Jesús pertenecía precisamente al mundo de los hombres que trabajaban en ellas.
Las manos que construían y la voz que enseñaba
Hay un detalle que merece permanecer en nuestra memoria.
Cuando Jesús habló de una torre que debía terminarse, sus oyentes escucharon una enseñanza acerca del costo de seguirlo.
Cuando habló de una casa fundada sobre la roca, escucharon una enseñanza acerca de obedecer sus palabras.
Pero detrás de aquellas ilustraciones estaba también la experiencia humana de un hombre que había ejercido un oficio.
Antes de hablar a las multitudes, Jesús había vivido entre trabajadores.
Antes de enseñar acerca de los fundamentos, había sido conocido como artesano.
Y antes de describir los gastos de una construcción, había pertenecido a una familia cuyo sustento estaba relacionado con el trabajo manual.
¿Cuánto de aquella experiencia procedía de Nazaret y cuánto pudo haber conocido en Séforis?
No lo sabemos.
Pero la cercanía de aquella ciudad y la actividad constructiva desarrollada durante su juventud permiten considerar que su mundo laboral pudo extenderse más allá de los límites de su aldea.
Y cuando leemos sus enseñanzas sobre torres, cimientos y edificios, encontramos algo que no debemos pasar por alto:
El Maestro que enseñaba acerca de la construcción de una vida firme había conocido personalmente el oficio de construir.
Y el verbo se hizo carne y habito entre nosotros (Juan 1: 14)
Y el verbo se hizo carne y aprendio y ejercio el oficio de la construcción.
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