02. Jesús sabía lo que ningún hombre podía saber: cuando anunció el futuro

Por el Dr. Elio M Rivera

Una afirmación extraordinaria puede ponerse a prueba

  En el artículo anterior establecimos algunas de las características que razonablemente esperaríamos encontrar en Dios. Una de ellas era particularmente difícil de imitar: el conocimiento del futuro.

  Una persona inteligente puede anticipar ciertas consecuencias. Un militar puede calcular cómo terminará una batalla. Un economista puede hacer proyecciones. Un meteorólogo puede pronosticar una tormenta.

  Pero todo eso se basa en información disponible, probabilidades y circunstancias conocidas.

  Conocer acontecimientos específicos que todavía no han ocurrido es algo completamente diferente.

  Y precisamente aquí encontramos una manera extraordinariamente interesante de examinar las afirmaciones de Jesucristo.

  Porque si Jesús hubiera sido un farsante que pretendía poseer una identidad divina, habría cometido un enorme riesgo al hablar acerca del futuro. Una afirmación acerca de algo invisible puede ser difícil de comprobar; una profecía acerca de un acontecimiento histórico futuro puede ser contrastada con lo que finalmente ocurrió.

  Por eso podemos formular una prueba sencilla:

¿Anunció Jesús acontecimientos futuros suficientemente concretos como para poder comprobarlos?

  Y si lo hizo:

¿ocurrieron realmente?

  No necesitamos comenzar con acontecimientos que sucedieron unas horas después de pronunciadas sus palabras. Vamos a mirar más lejos.

  Décadas.

  Siglos.

  Y acontecimientos cuyas consecuencias todavía pueden observarse en la historia.

Jesús anunció la destrucción de Jerusalén

  Pocas profecías de Jesús resultan tan impresionantes como sus declaraciones acerca del futuro de Jerusalén.

  Al aproximarse a la ciudad, Lucas describe una escena conmovedora:

“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella.”
Lucas 19:41

  Entonces Jesús pronunció palabras terribles acerca de lo que ocurriría:

“Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti.”
Lucas 19:43-44

  Observe los elementos de la predicción.

  Jerusalén sería rodeada.

  Sería sitiada.

  Sus enemigos la estrecharían.

  La ciudad sufriría una terrible destrucción.

  Y sus habitantes padecerían las consecuencias.

  Jesús no estaba describiendo algo que estaba ocurriendo delante de sus ojos.

  Estaba hablando del futuro.

  Décadas después, Jerusalén experimentaría precisamente una catástrofe de esta naturaleza.

“Cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos”

  En otra ocasión Jesús fue todavía más explícito:

“Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.”
Lucas 21:20

  Estas palabras resultan extraordinariamente concretas.

  No dijo simplemente que Jerusalén tendría problemas.

  No dijo solamente que algún día habría una guerra.

  Habló de Jerusalén rodeada por ejércitos.

  Y aproximadamente cuatro décadas después del ministerio de Jesús comenzó la gran guerra entre Judea y Roma.

  En el año 66 d. C. estalló la rebelión judía contra Roma. Finalmente, las fuerzas romanas bajo el mando de Tito llegaron contra Jerusalén.

  La ciudad fue rodeada.

  El sitio se volvió devastador.

  El hambre, la violencia y la muerte se extendieron dentro de Jerusalén.

  Finalmente, en el año 70 d. C., la ciudad cayó.

  El historiador judío Flavio Josefo, testigo del conflicto y nuestra principal fuente antigua para muchos detalles de aquella guerra, dejó una extensa descripción del sitio y de la destrucción de Jerusalén en su obra La guerra de los judíos.

  Aquí tenemos entonces un primer punto que podemos contrastar:

Jesús anunció que Jerusalén sería rodeada por ejércitos.

La historia registra que Jerusalén terminó rodeada y sitiada por el ejército romano.

Jesús anunció la destrucción del Templo

  Pero Jesús hizo una predicción todavía más peligrosa.

  Sus discípulos contemplaban el impresionante complejo del Templo de Jerusalén.

  Marcos relata:

“Maestro, mira qué piedras, y qué edificios.”
Marcos 13:1

  La respuesta de Jesús debió resultar desconcertante:

“¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada.”
Marcos 13:2

  Mateo conserva una declaración semejante:

“De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.”
Mateo 24:2

  Para comprender la magnitud de estas palabras debemos recordar lo que representaba aquel lugar.

  El Templo era el centro religioso de la nación judía.

  Herodes el Grande había realizado una gigantesca ampliación del complejo. Sus estructuras, patios y enormes piedras producían admiración.

  Predecir su destrucción no era una afirmación pequeña.

  Y nuevamente llegó el año 70 d. C.

  Durante la conquista romana de Jerusalén, el Templo fue destruido.

  Josefo describe el incendio del santuario y la devastación que acompañó la caída de la ciudad.

  El edificio que parecía representar permanencia desapareció.

  Las palabras atribuidas a Jesús habían sido pronunciadas décadas antes.

Jesús anunció días de sufrimiento extraordinario

  Jesús también advirtió acerca de la magnitud del desastre:

“Porque habrá entonces gran tribulación.”
Mateo 24:21

  Lucas registra:

“Porque estos son días de retribución.”
Lucas 21:22

  Y después:

“Porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo.”
Lucas 21:23

  Cuando leemos posteriormente la descripción de Josefo acerca del sitio de Jerusalén encontramos una situación espantosa.

  El hambre alcanzó niveles extremos.

  Las facciones internas luchaban entre sí.

  La población quedó atrapada.

  Miles murieron durante el conflicto.

  La ciudad finalmente fue conquistada y devastada.

  Independientemente de las discusiones sobre determinadas cifras transmitidas por las fuentes antiguas, la magnitud de la catástrofe está fuera de discusión.

  Jerusalén sufrió uno de los acontecimientos más terribles de su historia.

Pero Jesús habló de algo todavía más lejano

  Hasta este momento podríamos decir:

  Muy bien. Jesús anunció acontecimientos que ocurrieron aproximadamente cuarenta años después.

  Pero sus palabras fueron todavía más lejos.

  Lucas registra:

“Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones.”
Lucas 21:24

  Esta declaración amplía considerablemente el horizonte.

  Jesús no habló solamente de la destrucción de una ciudad.

  Habló también de dispersión.

  La guerra del 66-73 d. C. produjo muerte, esclavitud y desplazamiento. Décadas después, tras la revuelta de Bar Kojba de 132-135 d. C., la situación de la población judía en Judea sufrió otro golpe devastador bajo Roma.

  A lo largo de los siglos siguientes, las comunidades judías estuvieron presentes en numerosas regiones del mundo mediterráneo, Oriente Medio, Europa y posteriormente muchas otras partes del planeta.

  Aquí debemos ser cuidadosos: la diáspora judía ya existía antes de Jesús. No sería históricamente correcto afirmar que comenzó exclusivamente en el año 70.

  Lo extraordinario de las palabras de Jesús es otra cosa: anunció que la catástrofe venidera produciría muerte, cautiverio y una dispersión de enorme alcance.

“Jerusalén será hollada por los gentiles”

  Y entonces encontramos una declaración cuyo horizonte se extiende todavía más:

“Y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.”
Lucas 21:24

  Observe nuevamente el lenguaje.

  Jerusalén no solamente sufriría una invasión momentánea.

  Jesús presenta un período prolongado relacionado con el dominio de pueblos gentiles sobre la ciudad.

  Después de la conquista romana, Jerusalén efectivamente pasó durante largos períodos bajo el gobierno de diferentes poderes no judíos.

  Romanos.

  Bizantinos.

  Diversos gobiernos musulmanes.

  Cruzados.

  Mamelucos.

  Otomanos.

  Y posteriormente el Mandato Británico.

  Aquí entramos en un terreno donde las interpretaciones proféticas cristianas difieren respecto al significado preciso de la expresión “hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan”. No necesitamos resolver esa discusión para reconocer el dato histórico fundamental:

Jerusalén permaneció durante siglos bajo sucesivos gobiernos gentiles.

  La predicción de Jesús, por tanto, no miraba solamente algunas semanas hacia adelante.

  Su horizonte alcanzaba acontecimientos que se desarrollarían durante períodos extraordinariamente largos.

Una profecía es peligrosa para un farsante

  Aquí aparece una reflexión que merece nuestra atención.

  Si alguien quiere engañar a otras personas, una de las cosas menos convenientes que puede hacer es proporcionar afirmaciones que el futuro pueda demostrar falsas.

  Imagine que una persona afirma:

“Dentro de algunas décadas esta ciudad será rodeada por ejércitos y destruida.”

  La ciudad permanece intacta.

  La predicción fracasa.

  Tenemos un problema.

  Ahora imagine que añade:

“Este extraordinario Templo será destruido.”

  El Templo permanece.

  Otro problema.

  Después anuncia cautiverio, sufrimiento y un prolongado período relacionado con el dominio extranjero sobre Jerusalén.

  Si nada de aquello ocurre, las palabras quedan expuestas.

  Por eso las profecías proporcionan un criterio que podemos investigar históricamente.

  Una predicción suficientemente concreta deja una huella que puede contrastarse con los acontecimientos posteriores.

La prueba está sobre la mesa

  En la serie anterior estudiamos lo que Jesús afirmó acerca de su identidad.

  Ahora estamos haciendo algo diferente.

  Estamos preguntando:

¿Encontramos en Él características que esperaríamos encontrar en Dios?

  Una de ellas era el conocimiento del futuro.

  Y Jesús hizo algo extraordinariamente arriesgado.

  Habló acerca del destino de Jerusalén.

  Anunció que sería rodeada por ejércitos.

  Anunció una terrible destrucción.

  Anunció la caída del Templo.

  Habló de muerte y cautiverio.

  Y habló de un período prolongado relacionado con el dominio gentil sobre Jerusalén.

  Después vino la historia.

  Roma sitió Jerusalén.

  Jerusalén cayó.

  El Templo fue destruido.

  Hubo muerte, esclavitud y desplazamiento.

  Y durante muchos siglos Jerusalén permaneció bajo diferentes poderes gentiles.

  Esto no obliga automáticamente a una persona a aceptar que Jesús es Dios.

  Pero sí nos obliga a formular una pregunta difícil:

¿Cómo sabía Jesús lo que iba a ocurrir?

  Y nuestra investigación apenas comienza porque Jesús pronuncio aproximadamente 90  profecías, pero por motivo de espacio no las estudiaremos aquí

Referencias bíblicas

  • Mateo 24:1-2 — Jesús anuncia la destrucción de los edificios del Templo.
  • Mateo 24:15-22 — Advertencia acerca de la crisis que vendría sobre Judea.
  • Marcos 13:1-2 — “No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada.”
  • Marcos 13:14-20 — Jesús advierte acerca del sufrimiento venidero.
  • Lucas 19:41-44 — Jesús llora sobre Jerusalén y anuncia que sus enemigos la rodearán, sitiarán y derribarán.
  • Lucas 21:5-6 — Predicción de la destrucción del Templo.
  • Lucas 21:20 — “Cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.”
  • Lucas 21:21-24 — Jesús anuncia la huida de Judea, gran calamidad, muerte, cautiverio y que Jerusalén sería hollada por los gentiles.

Referencias históricas para comprobar el cumplimiento

  • Flavio Josefo, La guerra de los judíos, libros V-VI.
    Fuente antigua fundamental para el sitio romano de Jerusalén, el hambre dentro de la ciudad, los combates y la destrucción del Templo en el año 70 d. C.
  • Flavio Josefo, La guerra de los judíos, libro VII.
    Describe las consecuencias posteriores de la guerra y la derrota final de la resistencia judía.
  • Tácito, Historias, libro V.
    El historiador romano describe el conflicto entre Roma y los judíos y el contexto del sitio de Jerusalén.
  • Casio Dio, Historia romana, libro LXIX.
    Fuente antigua importante para la posterior revuelta de Bar Kojba contra Roma durante el reinado del emperador Adriano.
  • Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica, libro III, capítulo 5.
    Conserva una tradición cristiana antigua acerca de la salida de cristianos de Jerusalén antes de la catástrofe de la guerra.
  • Cumplimiento histórico principal: 66-70 d. C.
    La Primera Guerra Judeo-Romana culminó con el sitio y caída de Jerusalén y la destrucción del Segundo Templo por las fuerzas romanas dirigidas por Tito.
  • Cumplimiento histórico posterior: 132-135 d. C.
    La revuelta de Bar Kojba terminó con otra devastadora derrota judía bajo el Imperio romano y profundas consecuencias para Judea y Jerusalén.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.