12. ¿Cuál explicación encaja mejor con todos los hechos?

Dr. Elio M Rivera

El veredicto después de examinar las alternativas

  Hemos llegado al final de esta parte de nuestra investigación.

  Durante varios artículos hemos hecho algo que considero indispensable cuando se estudia la resurrección de Jesucristo: no aceptar una explicación simplemente porque nos resulta conveniente.

  Hemos permitido que las explicaciones alternativas entren en nuestro tribunal.

  Las hemos escuchado.

  Las hemos confrontado con los hechos que ya estudiamos.

  Y ahora ha llegado el momento de reunir toda la evidencia.

Ahora usted es el jurado.

  No quiero pedirle que crea únicamente porque yo creo.

  Quiero que observe nuevamente las piezas del caso y se pregunte:

¿Qué explicación puede sostenerlas todas al mismo tiempo?

  En mi libro llego precisamente a esta etapa reuniendo las conclusiones acumuladas durante la investigación: Jesucristo realmente murió, sus enemigos tenían fuertes motivos para impedir que alguien tocara el cuerpo, los discípulos difícilmente podían haber organizado el robo en el estado en que se encontraban y posteriormente ocurrió una transformación extraordinaria en ellos.

Los hechos que debemos explicar

  Antes de examinar las hipótesis, recordemos solamente los elementos fundamentales. No volveremos a desarrollar cada uno porque ya dedicamos artículos completos a ellos.

  Tenemos un Jesús que fue crucificado y cuya muerte fue comprobada.

  Tenemos un cuerpo entregado a José de Arimatea.

  Tenemos una tumba conocida.

  Tenemos una entrada cerrada.

  Tenemos enemigos interesados en que el cuerpo permaneciera allí.

  Tenemos una tumba asegurada.

  Tenemos una guardia.

  Tenemos posteriormente una piedra removida.

  Tenemos una tumba vacía.

  Tenemos una explicación según la cual los discípulos robaron el cuerpo.

  Tenemos dinero entregado a los soldados para divulgar esa explicación.

  Tenemos discípulos que inicialmente estaban asustados y ni siquiera creían que Jesús hubiera resucitado.

  Y después tenemos a esos mismos discípulos proclamando públicamente:

“Jesucristo está vivo.”

  Todos estos hechos necesitan una explicación.


Hipótesis A: los discípulos robaron el cuerpo

  Ésta fue una de las primeras explicaciones que circularon.

“Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron…”
Mateo 28:13

  La teoría es sencilla.

  Los discípulos llegaron al sepulcro, sacaron el cadáver y posteriormente inventaron la historia de la resurrección.

  Pero ya examinamos un problema fundamental:

Los discípulos no se comportaban como hombres preparando un fraude.

  Cuando Jesús fue arrestado, huyeron.

  Pedro lo negó.

  Después de la crucifixión estaban tristes.

  Permanecían escondidos.

  Cuando las mujeres anunciaron que Jesús estaba vivo, no les creyeron.

  En mi libro describo su condición en aquellos momentos como la de hombres acobardados, escondidos y desorganizados.

  La hipótesis exige que esos mismos hombres se transformaran repentinamente en conspiradores dispuestos a ejecutar una operación extremadamente peligrosa.

Además, ¿qué ganarían?

  Si ellos sabían que Jesús continuaba muerto, entonces también sabían que estaban fabricando una mentira.

  Pero la proclamación de la resurrección no les ofreció simplemente comodidad y seguridad.

  En mi libro señalo que su mensaje les costó posición social, estabilidad y sufrimiento, y utilizo precisamente ese cambio en su conducta como algo que requiere explicación.

  Sufrir por algo no demuestra automáticamente que sea verdadero.

  Pero existe una diferencia importante entre morir por algo que uno cree verdadero y sufrir por algo que uno mismo sabe que inventó.

  Si los propios discípulos hubieran escondido el cuerpo, ellos conocerían el fraude desde el principio.

  Esta hipótesis no explica satisfactoriamente su transformación.

Veredicto sobre la hipótesis A: no explica bien el conjunto de los hechos.


Hipótesis B: los soldados dormían y alguien robó el cuerpo

  Esta explicación parecía resolver un problema.

  ¿Cómo pudo alguien sacar el cuerpo mientras había una guardia?

Los soldados estaban dormidos.

  Pero entonces apareció inmediatamente otro problema.

  Si estaban dormidos:

¿Cómo supieron quién lo robó?

  Un soldado dormido no puede identificar a los ladrones.

  No puede afirmar que eran discípulos.

  No puede saber cuántos eran.

  No puede describir lo que hicieron.

  Y no puede ser testigo de un acontecimiento que ocurrió precisamente mientras estaba inconsciente.

  Además, Mateo no dice que aquella versión surgiera espontáneamente de ellos. Dice que, después de reunirse los sacerdotes y los ancianos, entregaron dinero a los soldados y les indicaron qué debían decir.

“Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.”
Mateo 28:13

  El texto del propio libro coloca juntos el dinero, la historia que debían contar y la promesa de protección si Pilato se enteraba.

  Una explicación que necesita utilizar a hombres dormidos como testigos de lo que ocurrió mientras dormían contiene una contradicción evidente.

Veredicto sobre la hipótesis B: no puede establecer quién retiró el cuerpo.


Hipótesis C: Jesucristo no murió y escapó

  Esta explicación también la examinamos ampliamente.

  Según ella, Jesús no habría resucitado.

  Simplemente habría sobrevivido.

  Habría perdido el conocimiento en la cruz, despertado dentro de la tumba y posteriormente escapado.

  Pero esta hipótesis tiene que enfrentarse con todo lo que estudiamos en la subserie médica.

  La flagelación.

  La pérdida de sangre.

  Los clavos.

  La crucifixión.

  La comprobación de los soldados.

  La herida de la lanza.

  La confirmación del centurión.

  La preparación funeraria realizada por José y Nicodemo.

  Y después tendría que explicar cómo ese hombre consiguió abandonar la tumba.

  En mi libro mi conclusión sobre este punto es clara: Jesucristo realmente murió. También señalo que, aun suponiendo que hubiera sobrevivido, habría aparecido ante sus discípulos como un hombre físicamente destruido, no como alguien que había vencido gloriosamente a la muerte.

  Imagine a los discípulos viendo a Jesús arrastrándose, cubierto de heridas, incapaz de caminar correctamente y necesitado de cuidados.

  La reacción natural no habría sido:

“¡Ha conquistado la muerte!”

  Habría sido:

“¡Necesita un médico!”

Veredicto sobre la hipótesis C: contradice la evidencia de su muerte y tampoco explica la proclamación posterior.


Hipótesis D: alguien trasladó el cuerpo

  Esta posibilidad parece inicialmente más sencilla.

  Quizá alguien decidió mover el cadáver de Jesús a otro lugar.

  Pero entonces tenemos que preguntar:

¿Quién?

  ¿José de Arimatea?

  ¿Las autoridades judías?

  ¿Los romanos?

  ¿Algún desconocido?

  Y después viene la pregunta todavía más importante:

¿Por qué guardar silencio cuando comenzó a predicarse la resurrección?

  Si José hubiera trasladado el cuerpo, podía decir dónde estaba.

  Si los sacerdotes lo hubieran trasladado, habrían tenido en sus manos la mejor respuesta contra los discípulos.

  Si Roma lo hubiera trasladado, podía producirlo.

  Y si otra persona lo había tomado, las autoridades tenían poderosos motivos para localizarlo.

  Pero ninguna de estas explicaciones produce el cadáver.

  En mi libro hago precisamente énfasis en que los enemigos de Jesús no pudieron utilizar un cuerpo ni demostrar judicialmente un robo para acabar con el cristianismo.

  La teoría del traslado solamente mueve el problema de lugar.

  Todavía tenemos que preguntar:

¿Dónde terminó el cuerpo?

Veredicto sobre la hipótesis D: explica una tumba vacía sólo trasladando la pregunta a otro lugar.


Hipótesis E: Jesucristo realmente resucitó

  Llegamos finalmente a la explicación proclamada por los propios discípulos:

Jesucristo murió y volvió a vivir.

  Esta hipótesis no necesita negar que Jesús murió.

  Lo acepta.

  No necesita imaginar que los discípulos ejecutaron un robo.

  No necesita convertir a hombres dormidos en testigos.

  No necesita encontrar un cadáver trasladado que posteriormente nadie pudo presentar.

  Y además comienza a explicar algo que las otras hipótesis dejan prácticamente intacto:

Las apariciones y la transformación de los discípulos.

Los discípulos afirmaron haberlo visto

  La proclamación cristiana no se limitó a:

“La tumba está vacía.”

  Fue:

“Lo hemos visto vivo.”

  Pablo conserva una antigua lista de apariciones y escribe que Jesús apareció a Cefas, a los doce, a más de quinientos hermanos a la vez, a Jacobo, a los apóstoles y finalmente a él.

“Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez…”
1 Corintios 15:6

  Este elemento forma también parte importante de la conclusión de mi libro.

  Una tumba vacía necesita explicación.

  Pero una tumba vacía acompañada por personas convencidas de haber encontrado vivo al hombre enterrado allí exige una explicación mucho más amplia.

Algo transformó a aquellos hombres

  Antes:

Miedo.

  Después:

Valor.

  Antes:

Puertas cerradas.

  Después:

Predicación pública.

  Antes:

No creían a las mujeres.

  Después:

Proclamaban la resurrección.

  En mi libro planteo expresamente la pregunta acerca de esta transformación: ¿qué hizo que la cobardía de los discípulos se convirtiera repentinamente en un valor extraordinario?

  Algo ocurrió.

  La pregunta es qué.

Regresemos al tribunal

  Ahora coloquemos las cinco explicaciones delante del jurado.

  Los discípulos robaron el cuerpo.

  Pero estaban asustados, inicialmente incrédulos y tendrían que haber sostenido conscientemente un fraude.

  Los soldados dormían y alguien lo robó.

  Pero si dormían, no podían saber quién lo hizo.

  Jesús sobrevivió.

  Pero ya estudiamos ampliamente la evidencia médica y testimonial de su muerte.

  Alguien trasladó el cadáver.

  Pero nadie posteriormente lo produjo cuando habría sido extremadamente útil hacerlo.

  Finalmente:

  Jesús realmente resucitó.

  Esta explicación acepta su muerte.

  Explica por qué la tumba quedó vacía.

  Es consistente con la ausencia posterior del cadáver.

  Es consistente con las afirmaciones de apariciones.

  Y explica la convicción que transformó a los discípulos.

No busco una explicación posible; busco la que explique más

  Éste ha sido el principio de toda esta investigación.

  Podemos imaginar muchas posibilidades.

  Pero una buena explicación histórica no debe resolver únicamente una pieza.

  Debe intentar explicar el mayor número de hechos con el menor número de contradicciones.

  Ese principio aparece muy bien expresado también en otro de mis escritos:

Debemos preguntarnos cuál explicación armoniza mejor con todos los hechos.

  Ésa es exactamente la pregunta que estamos planteando aquí.

El jurado ya escuchó la evidencia

  Hemos estudiado:

  El lugar.

  La tumba.

  La piedra.

  La muerte de Jesucristo.

  La evidencia médica.

  La lanza.

  José de Arimatea.

  La guardia.

  El sello.

  Los discípulos.

  Los soldados.

  El soborno.

  La tumba vacía.

  Y la ausencia del cadáver.

  Ningún elemento aislado constituye todo el caso.

  Pero al reunirlos encontramos una imagen.

Mi veredicto

  Después de estudiar las explicaciones alternativas, mi conclusión no cambia.

La explicación que mejor encaja con el conjunto de los hechos es que Jesucristo realmente resucitó de entre los muertos.

  No porque sea la explicación que más me agrada.

  No porque sea cristiano y tenga obligación de aceptarla.

  Sino porque, después de colocar las alternativas frente a las evidencias, considero que es la explicación que mejor sostiene todo el caso.

  En mi libro llego a la misma conclusión después de reunir las piezas: la muerte comprobada de Cristo, los esfuerzos realizados para proteger el cuerpo, la imposibilidad que atribuyo al robo por parte de los discípulos, la transformación posterior de éstos y los testimonios de quienes afirmaron haberlo visto vivo.

Ahora usted es el jurado.

  Ya escuchó la acusación.

  Ya escuchó las explicaciones alternativas.

  Ya examinó la tumba.

  Ya estudió la muerte.

  Ya conoció a los supuestos ladrones.

  Ya interrogó, figuradamente, a los soldados.

  Y ya preguntó dónde estaba el cadáver.

  Ahora queda una sola pregunta:

¿Cuál explicación cree usted que puede sostener mejor todas las evidencias?

  Mi respuesta es firme:

Jesucristo murió.

La tumba quedó vacía.

Y Jesucristo resucitó.

Referencias bíblicas

Mateo 27:57-66.
Mateo 28:1-15.
Marcos 16:1-14.
Lucas 24:1-49.
Juan 20:1-29.
Hechos 2:22-36.
1 Corintios 15:3-8.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.