4. Juana: La esposa de Chuza que sirvió a Jesús con sus recursos

Por el Dr. Elio M Rivera

    Juana es una de las mujeres más interesantes y, al mismo tiempo, menos conocidas del Nuevo Testamento. Aunque su nombre aparece solamente unas pocas veces en los Evangelios, las referencias que encontramos acerca de ella revelan una historia extraordinaria. Fue una de las discípulas que acompañaron a Jesús durante parte de su ministerio, colaboró económicamente en la obra del Señor y estuvo entre las mujeres que descubrieron la tumba vacía la mañana de la resurrección. Su vida demuestra que personas provenientes de diferentes niveles sociales y políticos fueron alcanzadas por el mensaje de Cristo y se convirtieron en seguidores comprometidos de su causa.

    El nombre Juana era relativamente común en el mundo judío del siglo primero. Proviene del hebreo Yohanah, cuyo significado es “Jehová ha sido misericordioso” o “Dios ha mostrado gracia”. En el caso de esta discípula, el significado resulta particularmente apropiado, pues su vida fue transformada por la gracia y el poder de Jesucristo.

    La primera referencia a Juana aparece en el Evangelio de Lucas. Al describir el grupo de mujeres que acompañaban a Jesús, el evangelista escribe: “Juana, mujer de Chuza, intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes” (Lucas 8:3). Este versículo proporciona información muy importante acerca de su identidad y posición social.

    Juana estaba casada con Chuza, quien era administrador o mayordomo de Herodes Antipas, el gobernante de Galilea y Perea durante gran parte del ministerio de Jesús. El término utilizado por Lucas indica que Chuza ocupaba un cargo de considerable responsabilidad dentro de la administración herodiana. Era una especie de funcionario de alto rango encargado de supervisar propiedades, finanzas o asuntos domésticos relacionados con la corte.

    Este detalle convierte a Juana en una figura particularmente interesante. Mientras muchos de los discípulos provenían de entornos humildes, ella pertenecía a una familia relacionada con los círculos políticos y administrativos más importantes de Galilea. Su presencia entre los seguidores de Jesús demuestra que el mensaje del Evangelio alcanzó tanto a pescadores como a personas vinculadas con las estructuras de poder de la época.

    Lucas también nos informa que Juana había experimentado personalmente la obra transformadora de Cristo. El evangelista menciona que estas mujeres habían sido sanadas de enfermedades y liberadas de espíritus malignos (Lucas 8:2). Aunque no especifica exactamente cuál fue la situación particular de Juana, sí deja claro que ella tenía motivos personales para sentirse agradecida con Jesús y para dedicar parte de su vida al servicio del Reino de Dios.

    Uno de los aspectos más notables de su historia es que utilizó sus recursos para apoyar el ministerio de Jesús. Lucas señala que ella y otras mujeres “le servían de sus bienes” (Lucas 8:3). Esta breve frase nos permite vislumbrar una realidad importante del ministerio terrenal de Cristo. Aunque Jesús y sus discípulos no acumulaban riquezas, sí necesitaban recursos para viajar, alimentarse y llevar adelante su labor. Juana fue una de las personas que contribuyeron generosamente para hacer posible esa obra.

    Resulta especialmente significativo que una mujer relacionada con la administración de Herodes decidiera identificarse públicamente con Jesús. Herodes Antipas no era favorable al movimiento que se desarrollaba alrededor del Señor. De hecho, había ordenado la ejecución de Juan el Bautista (Marcos 6:14-29) y más adelante desempeñaría un papel en el proceso que condujo a la crucifixión de Cristo (Lucas 23:6-12). A pesar de ello, Juana no ocultó su compromiso con Jesús.

    Los Evangelios no registran muchas palabras pronunciadas por Juana, pero sus acciones hablan claramente acerca de su fe. Permaneció vinculada al grupo de discípulos durante los momentos más difíciles y peligrosos. Mientras algunos seguidores abandonaban al Señor, ella continuó formando parte de la comunidad de creyentes que permaneció cerca de los acontecimientos finales de la vida de Jesús.

    La siguiente referencia importante aparece después de la crucifixión. Lucas relata que varias mujeres acudieron al sepulcro llevando especias aromáticas para honrar el cuerpo de Jesús. Entre ellas se encontraba Juana. Después de encontrar la tumba vacía y escuchar el anuncio de los ángeles, regresaron para informar a los apóstoles lo sucedido. Lucas identifica específicamente a las mujeres diciendo: “Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas” (Lucas 24:10).

    Este detalle convierte a Juana en una de las primeras testigos de la resurrección. Aunque no fue la única mujer presente aquella mañana, tuvo el privilegio de participar en uno de los acontecimientos más importantes de toda la historia cristiana. Fue parte del grupo que anunció a los discípulos que la tumba estaba vacía y que Jesús había resucitado, tal como lo había prometido.

    La importancia de este hecho no debe subestimarse. En el mundo judío del siglo primero, el testimonio de las mujeres no gozaba del mismo reconocimiento legal que el de los hombres. Sin embargo, Dios escogió precisamente a mujeres como Juana para ser las primeras portadoras de la noticia de la resurrección. Este hecho constituye uno de los aspectos más notables de los relatos evangélicos.

    Después de la resurrección, las Escrituras ya no vuelven a mencionar a Juana. No sabemos cuál fue su participación posterior dentro de la Iglesia primitiva ni cómo transcurrieron los años restantes de su vida. Sin embargo, las referencias conservadas en el Evangelio de Lucas permiten apreciar el papel significativo que desempeñó dentro del círculo de discípulos que acompañaron a Jesús.

    Desde una perspectiva histórica, Juana ofrece una valiosa ventana hacia la diversidad social del movimiento de Jesús. Su conexión con la administración de Herodes muestra que el Evangelio alcanzó personas de distintos contextos económicos, culturales y políticos. La presencia de una mujer relacionada con la corte herodiana entre los seguidores de Cristo refleja el amplio alcance de su ministerio.

    La arqueología ha contribuido a comprender mejor el entorno en el que vivió Juana. Las excavaciones realizadas en Tiberias, Séforis y otras ciudades vinculadas al gobierno de Herodes Antipas han revelado numerosos detalles sobre la administración, la economía y la vida cotidiana de las élites galileas del siglo primero. Estos descubrimientos ayudan a reconstruir el mundo en el que ella y su esposo se desenvolvieron.

    La historia de Juana nos recuerda que Dios utiliza personas de todos los ámbitos de la sociedad para cumplir sus propósitos. También nos enseña el valor de la generosidad y del servicio silencioso. Aunque nunca predicó sermones ni ocupó posiciones visibles de liderazgo, contribuyó significativamente al ministerio de Jesús mediante su apoyo fiel y constante.

    Como discípula, benefactora del ministerio de Cristo y testigo de la resurrección, Juana ocupa un lugar importante entre las mujeres del Nuevo Testamento. Su ejemplo demuestra que la fidelidad a Dios no depende de la posición social ni de la visibilidad pública, sino de la disposición del corazón para servir al Señor con todo lo que Él nos ha dado.

Fuentes de información

    La información histórica y bíblica sobre Juana procede principalmente de:

    • El Evangelio de Lucas, especialmente Lucas 8:1-3 y Lucas 24:1-10.

    • Los relatos de la crucifixión, sepultura y resurrección de Jesucristo.

    • Los estudios históricos sobre Herodes Antipas y su administración en Galilea.

    • Los escritos de historiadores antiguos relacionados con la dinastía herodiana, especialmente Flavio Josefo.

    • Los comentarios de diversos Padres de la Iglesia sobre las mujeres que acompañaban a Jesús.

    • Estudios modernos sobre las discípulas de Cristo y el papel de las mujeres en el judaísmo del siglo primero.

    • La evidencia arqueológica procedente de Tiberias, Séforis y otras ciudades asociadas al gobierno de Herodes Antipas.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.