31. El imperio de la muerte — El mundo que nunca debió ser así

Dr. Elio M. Rivera

  Llegamos al final de nuestro recorrido.

  Durante estos veintisiete artículos hemos intentado responder una pregunta que me acompañó durante muchos años:

¿Qué le pasó a nuestro mundo?

  ¿Por qué existe tanto dolor?

  ¿Por qué enfermamos?

  ¿Por qué tenemos miedo?

  ¿Por qué los seres humanos nos lastimamos?

  ¿Por qué existen guerras?

  ¿Por qué un padre puede abandonar a sus hijos?

  ¿Por qué un hermano puede matar a otro?

  ¿Por qué existen injusticia, explotación, abuso, pobreza, corrupción, soledad y desesperanza?

  ¿Por qué envejecemos?

  ¿Por qué morimos?

  Y sobre todo:

¿Fue éste realmente el mundo que Dios quiso para nosotros?

  Después de recorrer toda esta historia, mi respuesta es:

No.

Al principio no fue así

  La Biblia comienza presentándonos un mundo extraordinariamente diferente.

  Dios creó.

  Dios ordenó.

  Dios llenó.

  Dios bendijo.

  Dios proveyó.

  Y finalmente contempló todo lo que había hecho:

«Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.»

Génesis 1:31, RVR1960

  Ése fue el diseño original.

  Vida.

  Comunión.

  Abundancia.

  Propósito.

  Familia.

  Seguridad.

  Paz.

  Una creación funcionando bajo el gobierno de su Creador.

  No había cementerios.

  No había hospitales.

  No había ejércitos.

  No había cárceles.

  No había viudas.

  No había huérfanos.

  No había divorcios.

  No había explotación.

  No había trata de personas.

  No había abuso.

  No había miedo a mañana.

  No había muerte.

  Entonces debemos decirlo nuevamente:

Dios no creó El imperio de la muerte.

Nosotros abandonamos el Reino de la vida

  Dios había advertido:

«…el día que de él comieres, ciertamente morirás.»

Génesis 2:17, RVR1960

  Pero el hombre decidió caminar por su propio camino.

  Isaías lo resumiría siglos después:

«Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino…»

Isaías 53:6, RVR1960

  Y ocurrió exactamente lo que Dios había advertido.

«…el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte…»

Romanos 5:12, RVR1960

  Y entonces comenzó:

El imperio de la muerte.

Adán no perdió solamente un jardín

  Ésta quizá sea la gran conclusión de toda nuestra serie.

  Adán no perdió solamente árboles.

  No perdió solamente un río.

  No perdió solamente un lugar hermoso donde vivir.

  Perdió muchísimo más.

  Con la caída se quebró su:

relación con Dios.

  Su condición espiritual quedó profundamente alterada.

  Su mundo interior se perturbó.

  El miedo apareció.

  La vergüenza apareció.

  La culpa apareció.

  El hombre comenzó a esconderse de Dios.

  El matrimonio fue alcanzado por el conflicto.

  Los hermanos se enfrentaron.

  Caín levantó la mano contra Abel.

  La violencia comenzó a multiplicarse.

  Los hombres aprendieron a hacer la guerra.

  El hombre comenzó a dominar al hombre.

  El poder se convirtió en instrumento de control.

  La injusticia entró en las sociedades.

  El fuerte comenzó a aprovecharse del débil.

  El rico pudo explotar al pobre.

  El juez pudo vender la justicia.

  El inocente pudo ser condenado.

  La viuda, el huérfano y el extranjero pudieron quedar desprotegidos.

  El dinero comenzó a prometer la seguridad que antes encontrábamos en Dios.

  Tener más dejó de ser suficiente.

  El placer comenzó a ofrecer escape.

  La sexualidad pudo separarse de su diseño original.

  El cuerpo pudo convertirse en objeto.

  La persona pudo convertirse en mercancía.

  La vida humana comenzó a perder valor ante los ojos de otros seres humanos.

  El trabajo conoció fatiga, sudor y frustración.

  La creación comenzó a gemir.

  El futuro comenzó a producir miedo.

  El hombre perdió de vista quién era.

  Comenzó a buscar su valor en el dinero, la apariencia, el éxito, la productividad y la aprobación de otros.

  Su cuerpo comenzó su camino hacia el envejecimiento y la muerte.

  Y dentro de él aparecieron:

miedo.

culpa.

vacío.

angustia.

tristeza.

soledad.

duelo.

  Adán no perdió solamente:

un jardín.

  Perdimos:

un mundo.

El hombre salió vivo del Edén, pero entró en un mundo donde la muerte comenzaría a alcanzarlo todo

  Ésta fue la frase con la que comenzamos nuestro recorrido.

  Ahora podemos comprenderla mejor.

El hombre salió vivo del Edén, pero entró en un mundo donde la muerte comenzaría a alcanzarlo todo.

  Alcanzó su cuerpo.

  Alcanzó sus emociones.

  Alcanzó su matrimonio.

  Alcanzó sus hijos.

  Alcanzó sus relaciones.

  Alcanzó su trabajo.

  Alcanzó su sexualidad.

  Alcanzó su economía.

  Alcanzó sus gobiernos.

  Alcanzó sus ciudades.

  Alcanzó sus naciones.

  Alcanzó la creación.

  Y finalmente:

lo alcanzó a él.

  Adán murió.

  Sus hijos murieron.

  Sus descendientes murieron.

  Y Génesis comenzó a repetir una de las frases más dolorosas de la Biblia:

«…y murió.»

Éste es verdaderamente un imperio de terror

  No debemos suavizarlo.

  El imperio de la muerte es un imperio de sufrimiento.

  Aquí una madre puede enterrar a su hijo.

  Un niño puede crecer sin padre.

  Una esposa puede ser traicionada.

  Un hombre puede recibir un diagnóstico que cambia su vida en segundos.

  Una familia puede perderlo todo en una guerra.

  Una persona puede ser víctima de alguien a quien nunca había visto.

  Un anciano puede morir solo.

  Una persona puede tener millones y continuar vacía.

  Otra puede tener una familia alrededor y sentirse completamente sola.

  Podemos cerrar nuestras puertas con llave…

  porque tenemos miedo.

  Construimos hospitales…

  porque enfermamos.

  Construimos cárceles…

  porque nos hacemos daño.

  Construimos ejércitos…

  porque nos hacemos la guerra.

  Construimos cementerios…

  porque morimos.

  Y después de acostumbrarnos a todo esto decimos:

«Así es la vida».

  No.

Al principio no fue así.

  Esto es:

El imperio de la muerte.

Y nosotros no podemos escapar de él por nosotros mismos

  Podemos mejorar gobiernos.

  Podemos construir mejores hospitales.

  Podemos desarrollar medicamentos.

  Podemos combatir la pobreza.

  Podemos crear leyes más justas.

  Podemos educar.

  Podemos alimentar.

  Podemos proteger.

  Y debemos hacerlo.

  Todo aquello que disminuya el sufrimiento humano importa.

  Pero existe un enemigo que ninguna civilización ha podido derrotar:

la muerte.

  El rico muere.

  El pobre muere.

  El médico muere.

  El paciente muere.

  El gobernante muere.

  El ciudadano muere.

  El sabio muere.

  El ignorante muere.

  El famoso muere.

  El desconocido muere.

  Y detrás de la muerte física existe todavía una tragedia mucho mayor:

la separación eterna de Dios.

  La Escritura habla de:

«la muerte segunda».

Apocalipsis 20:14, RVR1960

  Ése es el destino final del imperio de la muerte para quien permanece separado de la fuente de la vida.

  Por eso nuestro problema nunca fue solamente:

cómo vivir un poco mejor dentro del imperio.

  Necesitábamos:

ser rescatados de él.

Sin Cristo no existe una salida

  Ésta es la conclusión inevitable.

  Necesitamos algo que ningún gobierno puede darnos.

  Que ningún médico puede recetarnos.

  Que ningún banco puede vendernos.

  Que ninguna filosofía puede producir.

  Que ninguna tecnología puede fabricar.

  Necesitamos:

vida.

  Y Jesús dijo:

«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida…»

Juan 14:6, RVR1960

  No dijo solamente:

  «Conozco el camino.»

  Dijo:

«Yo soy el camino».

  No dijo:

  «Puedo hablarles acerca de la vida.»

  Dijo:

«Yo soy… la vida».

  Por eso Cristo no es un pequeño complemento religioso para hacer más soportable nuestra existencia.

  Cristo es:

la salida del imperio de la muerte.

Pero queda una pregunta

  Y aquí quiero terminar esta serie.

  No con una respuesta.

  Sino con una pregunta.

  Después de todo lo que hemos visto…

  después de que el hombre desobedeció a Dios…

  después de que rechazamos su gobierno…

  después de que escogimos nuestro propio camino…

  después de que llenamos el mundo de violencia…

  después de que nos explotamos unos a otros…

  después de que hicimos guerras…

  después de que destruimos familias…

  después de que corrompimos la justicia…

  después de que convertimos personas en objetos…

  después de que culpamos incluso a Dios por el mundo que nosotros habíamos quebrado…

  habría sido comprensible pensar:

Dios nos abandonará.

  Pero no lo hizo.

  Y entonces aparece una pregunta extraordinaria:

¿Qué estuvo dispuesto a hacer Dios para rescatarnos después de que lo traicionamos y causamos tanto dolor?

  ¿Cuánto estuvo dispuesto a entregar?

  ¿Hasta dónde estuvo dispuesto a descender?

  ¿Qué hizo cuando vio a sus criaturas atrapadas en El imperio de la muerte?

  ¿Nos observó desde lejos?

  ¿Nos condenó y se marchó?

  ¿Decidió comenzar nuevamente sin nosotros?

  ¿O hizo algo que jamás habríamos podido imaginar?

  La respuesta es tan extraordinaria que merece:

una nueva serie.

  En las siguientes series de Cristopedia seguiremos las acciones que Dios realizó para rescatar al ser humano.

  No estudiaremos solamente lo que Dios dijo acerca de sí mismo.

  Veremos:

lo que hizo.

  Porque las acciones revelan el corazón.

  Y cuando contemplemos lo que estuvo dispuesto a hacer por quienes se habían rebelado contra Él, podremos responder finalmente otra de las grandes preguntas de esta historia:

¿Cómo es realmente Dios?

  Después de recorrer El imperio de la muerte, ha llegado el momento de conocer:

el corazón del Dios que vino a rescatarnos de él.

  Porque cuando todo parecía perdido…

  cuando la muerte parecía haber conquistado el mundo…

  cuando el hombre ya no podía encontrar por sí mismo el camino de regreso…

Dios vino a buscarnos.

  Y lo que estuvo dispuesto a hacer para recuperarnos…

es la historia que sigue.

Y entonces podemos terminar los 25 artículos con Romanos 5:21: el pecado reinó para muerte, pero la historia no terminó allí.

Porque después de describir durante 25 capítulos lo que Adán dejó a su descendencia, Cristopedia queda preparada para presentar lo que Jesucristo vino a recuperar.

Ahí tienes prácticamente el puente perfecto entre la caída y la redención.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.