05. Arquelao — Cuando regresar a casa todavía daba miedo

Dr. lio M Rivera

Mateo 2:22 — “Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá…”

 Herodes había muerto.

 Para José, aquella noticia debió cambiarlo todo. La orden del ángel había sido clara: “Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel.”

 El hombre que había buscado la muerte de Jesús ya no existía.

 Parecía que finalmente podían regresar.

 La familia dejó Egipto y emprendió el camino hacia su tierra. Atrás quedaban el refugio, el exilio y los días vividos lejos de Israel. Delante estaba la posibilidad de comenzar nuevamente.

 Pero durante el regreso José recibió una noticia que debió detener cualquier sensación de tranquilidad.

 Arquelao gobernaba Judea.

 No era un desconocido.

 Era hijo de Herodes.

 Y muy pronto había comenzado a demostrar que llevar aquel apellido no era un detalle menor.

 Después de la muerte de su padre, Arquelao aspiró a recibir el reino. Antes de que Roma confirmara definitivamente su autoridad, tuvo que enfrentarse a una población profundamente agitada. Durante la Pascua, Jerusalén estaba llena de peregrinos y las tensiones aumentaron.

 El historiador judío Flavio Josefo describe el episodio.

 La multitud comenzó a exigir justicia por personas que habían sido ejecutadas durante los últimos días de Herodes. Arquelao intentó contener la situación, pero el conflicto creció. Finalmente envió tropas contra la multitud reunida en Jerusalén.

 El resultado fue terrible.

 Según Josefo, alrededor de tres mil personas murieron y la celebración fue interrumpida.

 Arquelao apenas comenzaba.

 Y Jerusalén ya había conocido sangre bajo su autoridad.

 La cifra procede del relato de Josefo y, como sucede con las cifras transmitidas por historiadores antiguos, debe presentarse como su testimonio; pero el episodio mismo ayuda extraordinariamente a comprender una pequeña frase que Mateo escribió años después:

 “Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá…”

José tuvo miedo.

 No era un temor inexplicable.

 No era simplemente que Arquelao fuera hijo de Herodes.

 Había razones para temer lo que podía hacer.

 José regresaba llevando precisamente al niño que Herodes había intentado eliminar. Y el territorio de Judea estaba ahora bajo la autoridad de uno de sus hijos.

 El padre había muerto.

 Pero la familia que había gobernado mediante sospecha, violencia y temor todavía conservaba poder.

 Arquelao viajaría posteriormente a Roma para buscar la confirmación de Augusto. Finalmente no recibió el título de rey que deseaba, sino autoridad como etnarca sobre Judea, Samaria e Idumea. Su gobierno tampoco sería largo: años después, las quejas contra su administración llegarían hasta Roma y Augusto terminaría destituyéndolo y enviándolo al exilio.

 Pero José no conocía todavía el final de Arquelao.

 Solo conocía el presente.

 Y en aquel presente, regresar a Judea significaba colocar a su familia dentro del territorio gobernado por un hombre cuya violencia ya había quedado demostrada.

 Entonces Mateo escribe:

 “…tuvo temor de ir allá.”

 Hay algo profundamente humano en esas palabras.

 Dios había dicho que regresaran a Israel, pero eso no significaba que todos los peligros hubieran desaparecido.

 Herodes había muerto.

 El mundo seguía siendo peligroso.

 Y quizá aquí encontramos otra dimensión del precio que el Hijo había aceptado pagar al venir.

 Jesús no escogió entrar en una humanidad previamente reparada.

 No pidió que primero desaparecieran los tiranos.

 No exigió que las naciones estuvieran en paz.

 No esperó a que los caminos fueran seguros.

 No pidió nacer en una época donde ninguna autoridad pudiera amenazarlo.

 Vino a nuestro mundo tal como estaba.

 Un mundo donde un gobernante podía ordenar una matanza.

 Un mundo donde una familia podía verse obligada a huir.

 Un mundo donde la muerte de un tirano no garantizaba que terminara la violencia, porque otro podía ocupar su lugar.

 Un mundo donde incluso regresar a casa podía producir miedo.

 Ese también fue un sacrificio.

 El Hijo de Dios aceptó vivir en un mundo inseguro.

 Pudo haber venido después de eliminar previamente todo aquello que pudiera causarle dolor.

 No lo hizo.

 Entró en medio de ello.

 Y resulta impresionante pensar que aquel niño que José intentaba mantener lejos de Arquelao tenía poder suficiente para terminar con Arquelao, con Roma y con cualquier reino humano.

 Pero no había venido a utilizar su poder para hacerse una vida más fácil.

 Había venido por otra razón.

 José miró hacia Judea y tuvo miedo.

 Y entonces ocurrió algo que vuelve a mostrarnos que, aunque Jesús había aceptado vivir dentro de un mundo peligroso, el Padre seguía observando cada paso del camino.

 Mateo continúa:

 “…pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea.”

 El camino cambiaría otra vez.

 Judea quedaría atrás.

 La familia tomaría otra dirección.

 Y lo que parecía solamente una decisión tomada frente al peligro terminaría conduciendo al niño hacia un pequeño lugar cuyo nombre quedaría unido para siempre al suyo:

 Nazaret.

Libro recomendado:

Música recomendada

NUEVO EN CRISTOPEDIA

     Descubre las nuevas series, libros y recursos que hemos añadido al Museo y a la Biblioteca de Cristopedia.

WhatsApp
Facebook
X
LinkedIn
Email

Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.