02. ¿Era el Edén solamente un huerto?

Dr. Elio M. Rivera

  En el capítulo anterior comenzamos a contemplar el lugar que Dios había preparado para Adán y Eva.

  Había belleza.

  Había abundancia.

  Había un río.

  Había árboles.

  Había recursos.

  Había el árbol de la vida.

  Pero mientras fui estudiando las Escrituras, comencé a preguntarme si durante años había reducido demasiado el escenario.

  ¿Era el Edén solamente un huerto?

  ¿O había allí mucho más de lo que normalmente imaginamos?

  La Biblia no dice en una sola frase:

«El huerto estaba dentro de una ciudad de Dios».

  Pero la Biblia sí nos permite conectar piezas.

  Y una de las claves para hacerlo se encuentra en una palabra que atraviesa todo el Nuevo Testamento:

redención.

Un redentor recupera lo que se perdió

  Cuando hablamos de Jesucristo como Redentor, muchas veces pensamos solamente en el perdón de los pecados.

  Y ciertamente el perdón es fundamental.

  Pero la idea bíblica de redención es más amplia.

  Redimir significa rescatar.

  Recuperar.

  Liberar.

  Restituir aquello que había quedado bajo pérdida, esclavitud o condenación.

  Pablo escribió:

«En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados» (Colosenses 1:14, RVR1960).

  Y Pedro habló de:

«los tiempos de la restauración de todas las cosas» (Hechos 3:21, RVR1960).

  Observe esa expresión:

«restauración de todas las cosas».

  Eso nos obliga a mirar nuevamente hacia Génesis.

  Porque si Cristo vino a recuperar lo perdido, entonces necesitamos preguntarnos:

¿Qué perdió realmente el hombre?

  Si solamente perdió inocencia, entonces la redención consistiría únicamente en perdonar culpa.

  Pero si perdió mucho más…

  entonces la obra de Cristo también tendrá que ser mucho mayor.

En Génesis vemos lo que se perdió

  Cuando Adán y Eva fueron expulsados, no perdieron solamente acceso a un árbol.

  Perdieron un entorno.

  Perdieron una condición.

  Perdieron acceso a la vida.

  Perdieron la comunión abierta con Dios.

  Perdieron una manera de habitar la Tierra bajo bendición.

  Perdieron una relación intacta con la creación.

  Y quedaron fuera del lugar donde Dios los había colocado.

  Génesis dice:

«Y lo sacó Jehová del huerto del Edén…» (Génesis 3:23, RVR1960).

  Y añade:

«Echó, pues, fuera al hombre…» (Génesis 3:24, RVR1960).

  El lenguaje es de pérdida.

  Había algo a lo que ya no podían entrar.

  Algo que ya no podían disfrutar.

  Algo que había quedado atrás.

  Y si Cristo es Redentor, entonces tenemos derecho a preguntar:

¿vino solamente a perdonar lo que hicimos, o también a recuperar lo que perdimos?

El arbol de la vida en medio de la ciudad del huerto

El árbol de la vida reaparece

  Aquí aparece una de las conexiones más claras de toda la Biblia.

  En Génesis encontramos:

«también el árbol de vida en medio del huerto» (Génesis 2:9, RVR1960).

  Después de la caída, el acceso queda cerrado:

«para guardar el camino del árbol de la vida» (Génesis 3:24, RVR1960).

  Pero al final de la Biblia Jesucristo dice:

«Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios» (Apocalipsis 2:7, RVR1960).

  Esto es extraordinario.

  Lo que se perdió en Génesis…

  reaparece en la obra del Redentor.

  El hombre pierde acceso al árbol de la vida.

  Cristo promete devolver acceso al árbol de la vida.

  Aquí la idea de restauración no necesita ser inventada.

  Está delante de nosotros.

  Pero Apocalipsis añade algo todavía más interesante.

Juan dice:«Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero» (Apocalipsis 22:1, RVR1960).

  Y continúa:

«En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida» (Apocalipsis 22:2, RVR1960).

  Ahora volvamos a Génesis.

  Allí encontramos:

  un río,

  el árbol de la vida,

  la presencia de Dios,

  y el hombre viviendo dentro de aquel escenario.

  En Apocalipsis encontramos:

  un río,

  el árbol de la vida,

  la presencia de Dios,

  y una ciudad.

  No me parece razonable ignorar semejante paralelismo.

Una recreación artística que representa un ejemplo de como se vería la ciudad donde vivieron Adán y Eva.

La ciudad aparece precisamente en el escenario de la restauración

  Apocalipsis 21 dice:

«Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios…» (Apocalipsis 21:2, RVR1960).

  Y entonces se escucha:

«He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios» (Apocalipsis 21:3, RVR1960).

  Observe lo que aparece junto.

  Ciudad.

  Dios.

  Hombres.

  Comunión.

  Morada.

  Y después, en el siguiente capítulo:

  río.

  árbol de la vida.

  trono.

  presencia de Dios.

  Entonces surge una pregunta legítima:

Si Apocalipsis está mostrándonos la restauración final de aquello que el pecado rompió, ¿puede esa ciudad ayudarnos a comprender mejor el escenario original?

  Yo creo que sí.

  No porque Génesis diga directamente:

«Adán vivía en la Nueva Jerusalén».

  No lo dice.

  Pero porque el Redentor nos está devolviendo elementos que existían antes de la caída y, en el escenario final, esos elementos aparecen relacionados con una ciudad.

  Eso permite plantear seriamente que el huerto original no era necesariamente todo el escenario, sino parte de una realidad mucho mayor.

Las moradas de la casa del Padre

  Aquí aparece otra pieza que para mí resulta particularmente significativa.

  Jesucristo dijo:

«En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros» (Juan 14:2, RVR1960).

  Observe cuidadosamente.

  Jesús no dice solamente:

«voy a perdonar sus pecados».

  Dice:

«voy… a preparar lugar para vosotros».

  Y después:

«vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:3, RVR1960).

  Lugar.

  Moradas.

  Presencia.

  Estar con Él.

  Eso comienza a parecerse mucho a lo que el hombre perdió.

  El pecado lo sacó del lugar donde estaba con Dios.

  Cristo promete llevarnos nuevamente a estar donde Él está.

  No estoy diciendo que Juan 14 sea una descripción directa del Edén.

  Estoy diciendo algo más sencillo:

la redención de Cristo incluye recuperar hogar y presencia.

  Y eso tiene una conexión evidente con la pérdida de Génesis.

También devuelve vida

  El Edén estaba relacionado con el árbol de la vida.

  La caída produjo muerte.

  Y Jesucristo dijo:

«Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10, RVR1960).

  Y también:

«Yo soy la resurrección y la vida» (Juan 11:25, RVR1960).

  Apocalipsis termina declarando:

«Y ya no habrá muerte» (Apocalipsis 21:4, RVR1960).

  Otra vez encontramos restauración.

  Lo que aparece después de la caída:

muerte,

  desaparece al final de la obra redentora.

  Y aquello que estaba presente desde el principio:

vida,

  vuelve a ocupar el centro.

También devuelve paz

  El hombre original vivía sin enemistad con Dios.

  Después del pecado aparece miedo.

  Adán dice:

«tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí» (Génesis 3:10, RVR1960).

  La relación había cambiado.

  Pero Jesucristo dice:

«La paz os dejo, mi paz os doy» (Juan 14:27, RVR1960).

  Y Pablo escribe:

«Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5:1, RVR1960).

  Otra vez:

  algo quebrantado…

  y Cristo restaurándolo.

También encontramos restauración de la salud

  Después de la caída, la historia humana queda marcada por dolor, deterioro y muerte.

  Pero cuando la redención llega a su consumación, Apocalipsis declara:

«Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21:4, RVR1960).

  Y en relación con el árbol de la vida añade:

«y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones» (Apocalipsis 22:2, RVR1960).

  No quiero convertir esto en una promesa simplista de que todo creyente debe vivir actualmente sin enfermedad.

  La Biblia no permite reducirlo de esa manera.

  Pero sí podemos decir algo:

la obra final de Cristo apunta hacia una existencia donde enfermedad, dolor y muerte ya no tendrán la última palabra.

  Eso es restauración.

También devuelve abundancia

  Aquí debemos utilizar cuidadosamente la palabra prosperidad.

  No estoy hablando de la idea de que todo creyente necesariamente tendrá riquezas económicas en esta vida.

  Estoy hablando de algo mucho más grande.

  El mundo final que describe Apocalipsis no es un mundo de escasez.

  Hay río de vida.

  Árbol de vida.

  Fruto abundante.

  Una ciudad descrita con oro y piedras preciosas.

  Una humanidad sin maldición.

  Apocalipsis dice:

«Y no habrá más maldición» (Apocalipsis 22:3, RVR1960).

  Esa declaración es fundamental.

  En Génesis 3 aparece la maldición.

  En Apocalipsis 22:

«no habrá más maldición».

  ¿Puede haber una declaración de restauración más clara?

  Lo que entró con la caída…

  finalmente desaparece por completo.

Ezequiel añade una pieza sorprendente

  Ahora regresemos a Ezequiel 28.

  El profeta dice:

«En Edén, en el huerto de Dios estuviste» (Ezequiel 28:13, RVR1960).

  Y después:

«Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios» (Ezequiel 28:14, RVR1960).

  Representacion artistica del monte de Dios

Aquí aparecen juntos:

  Edén.

  Huerto de Dios.

  Querubín.

  Santo monte de Dios.

  Piedras preciosas.

  Esto hace difícil reducir Edén a una simple granja primitiva.

  El escenario parece estar relacionado con una realidad de gobierno, gloria y presencia divina.

  Y esto encaja perfectamente con algo que ya sabemos del hombre:

fue creado para gobernar.

  Dios dijo:

«Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree…» (Génesis 1:26, RVR1960).

  Después añadió:

«llenad la tierra, y sojuzgadla» (Génesis 1:28, RVR1960).

  Así que tenemos:

  un Rey,

  un Reino,

  un lugar donde Dios manifiesta su presencia,

  y seres humanos creados para gobernar bajo Él.

  Esto me parece mucho más coherente con un escenario organizado que con una imagen puramente salvaje del Edén.

Entonces, ¿había una ciudad?

  Aquí quiero formular mi conclusión cuidadosamente.

  Génesis no dice directamente:

«Había una ciudad en Edén».

  Pero cuando conectamos toda la revelación bíblica encontramos:

  en Génesis, un huerto, un río, el árbol de la vida y la presencia de Dios;

  en Ezequiel, Edén, el huerto de Dios, el santo monte y un querubín;

  en Apocalipsis, una ciudad, el trono de Dios, un río y el árbol de la vida;

  y en Jesucristo, la promesa de moradas en la casa del Padre y de volver a estar con Él.

  Además, la obra del Redentor consiste en recuperar aquello que el pecado destruyó.

  Por eso, personalmente creo que la evidencia permite considerar con bastante seriedad que el huerto formaba parte de una realidad organizada mucho mayor, relacionada con el Reino y la morada de Dios, y posiblemente con una ciudad.

  No presento esa frase como una cita de Génesis.

  La presento como una conclusión nacida de conectar las piezas.

  Y para mí, esas piezas encajan.

El Redentor nos ayuda a mirar hacia atrás

  Aquí aparece algo que considero fundamental para interpretar el Edén.

  Normalmente intentamos comprender Apocalipsis mirando hacia Génesis.

  Pero también podemos hacer el recorrido contrario.

  Podemos mirar las promesas del Redentor y preguntar:

¿Qué está restaurando?

  Cristo promete:

  vida.

  paz.

  comunión con Dios.

  moradas.

  un Reino.

  el árbol de la vida.

  ausencia de maldición.

  ausencia de muerte.

  ausencia de dolor.

  y estar nuevamente con Él.

  Entonces comenzamos a comprender algo.

  Tal vez muchas de esas promesas no son simplemente regalos desconectados entre sí.

  Quizá forman parte de la reconstrucción de aquello que el hombre perdió.

  Eso explicaría por qué el final de la Biblia se parece tanto al principio.

  No porque la historia esté dando vueltas sin sentido.

  Sino porque el Redentor está llevando la historia hacia la restauración.

El principio y el final comienzan a tocarse

  Génesis comienza con Dios y el hombre juntos.

  Apocalipsis termina con:

«Dios mismo estará con ellos como su Dios» (Apocalipsis 21:3, RVR1960).

  Génesis tiene árbol de vida.

  Apocalipsis tiene árbol de vida.

  Génesis tiene río.

  Apocalipsis tiene río.

  Génesis termina cerrando el acceso al árbol.

  Apocalipsis vuelve a abrirlo.

  Génesis introduce la maldición.

  Apocalipsis declara:

«no habrá más maldición».

  Génesis introduce muerte.

  Apocalipsis dice:

«ya no habrá muerte».

  Eso no parece accidental.

  Eso parece redención.

  Eso parece restauración.

¿Qué aprendimos de Dios?

  Ahora nuestro retrato adquiere una dimensión todavía mayor.

  Dios no solamente crea.

  Cuando aquello que ama se pierde, también restaura.

  Y el Dios que restaura no parece conformarse con recuperar una pequeña parte.

  La visión final de la Biblia habla de una restauración profunda:

vida recuperada.

presencia recuperada.

comunión recuperada.

acceso recuperado.

un lugar preparado.

un Reino.

una humanidad nuevamente con Dios.

  Podemos entonces añadir una nueva característica fundamental:

Dios es Redentor.

  Y esto cambia la manera en que miramos tanto Génesis como la cruz.

  Porque quizá Cristo no vino solamente a perdonar a hombres culpables.

  Vino también a recuperar hijos perdidos y devolverles aquello que el pecado les había arrebatado.

  Todavía no desarrollaremos todo lo que esto significa.

  Nos falta muchísimo.

  Pero ahora podemos mirar el Edén de una manera diferente.

  Tal vez el huerto era solamente una parte de un mundo mucho mayor.

  Un mundo de presencia.

  De gobierno.

  De comunión.

  De vida.

  De hogar.

  Y si queremos saber cuánto perdió el hombre…

  quizá una de las mejores maneras de descubrirlo sea observar todo lo que Jesucristo promete devolverle.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.