13. ¿Por qué creer que los discípulos realmente vieron lo que contaron acerca de Jesús?

Por el Dr. Elio M Rivera

No estaban defendiendo solamente una resurrección

  Después de recorrer esta serie, hemos contemplado una cantidad extraordinaria de acontecimientos atribuidos a Jesucristo.

  Sus discípulos afirmaron haber visto al viento y al mar obedecerle.

  Lo vieron caminar sobre las aguas.

  Lo vieron transformar agua en vino.

  Lo vieron multiplicar unos cuantos panes hasta alimentar a miles.

  Vieron redes llenarse de peces después de noches enteras sin pesca.

  Vieron cuerpos gravemente dañados ser restaurados.

  Vieron al paralítico de treinta y ocho años levantarse y caminar.

  Vieron a cojos andar y a mancos ser restaurados.

  Vieron a Malco sanar después de que una espada había cortado su oreja.

  Vieron vidas completamente transformadas.

  Vieron a la hija de Jairo levantarse.

  Vieron al hijo de la viuda de Naín regresar a la vida.

  Vieron a Lázaro salir de una tumba después de cuatro días.

  Y finalmente afirmaron haber visto al propio Jesucristo vivo después de haber sido crucificado.

  Por eso, cuando hablamos del testimonio de los discípulos, no estamos hablando solamente de una afirmación aislada:

Jesús resucitó.”

  Estamos hablando de aproximadamente tres años de convivencia con un hombre cuyas palabras y obras, según ellos, fueron completamente extraordinarias.

  Comieron con Él.

  Caminaron con Él.

  Durmieron cerca de Él.

  Navegaron con Él.

  Escucharon sus enseñanzas.

  Observaron sus milagros.

  Vieron cómo trataba a las personas.

  Y estuvieron presentes en acontecimientos que posteriormente contarían durante el resto de sus vidas.

  Por tanto, la pregunta es mucho más amplia:

¿Realmente creían los discípulos que habían presenciado todo aquello que después proclamaron acerca de Jesucristo?

Ellos se presentaron como testigos de lo que habían visto y oído

  Los primeros cristianos no presentaron su mensaje simplemente como una filosofía.

  Los apóstoles insistieron repetidamente en que hablaban de acontecimientos que ellos mismos habían experimentado.

  Pedro y Juan dijeron ante las autoridades:

“Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”
Hechos 4:20

  Juan expresó la misma idea al comenzar su primera carta:

“Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos…”
1 Juan 1:1

  Y después:

“Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos.”
1 Juan 1:3

  Observe la insistencia:

oído.

visto.

contemplado.

tocado.

  No estaban diciendo:

“Nos contaron una antigua historia.”

  Decían:

“Estuvimos allí.”

  Esto comprende mucho más que la resurrección.

  Juan había estado con Jesús durante su ministerio.

  Pedro había estado dentro de la barca.

  Habían participado en la distribución de los panes.

  Habían visto multitudes acudir a Jesús.

  Habían escuchado sus declaraciones.

  Habían contemplado milagros una y otra vez.

  Y después se convirtieron en los hombres que transmitieron aquellas historias.

Después llegaron las amenazas, los golpes y la persecución

  Aquí aparece un elemento histórico profundamente importante.

  Aquellos hombres comenzaron a proclamar a Jesucristo públicamente.

  No muchos siglos después.

  No en otro continente donde nadie pudiera conocer los acontecimientos.

  Lo hicieron dentro del mismo mundo donde Jesús había vivido.

  Y muy pronto comenzaron los problemas.

  Pedro y Juan fueron arrestados.

  Las autoridades les ordenaron:

“Que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús.”
Hechos 4:18

  Podían detenerse.

  Podían regresar a sus antiguos oficios.

  Pedro podía volver definitivamente a la pesca.

  Mateo podía intentar reconstruir otra vida.

  Los demás podían guardar silencio.

  Pero respondieron:

“No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”

  Después las amenazas se convirtieron en golpes.

  Hechos dice:

“Y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús.”
Hechos 5:40

  ¿Y qué hicieron?

“No cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.”
Hechos 5:42

  Los amenazaron.

  Continuaron.

  Los encarcelaron.

  Continuaron.

  Los golpearon.

  Continuaron.

  Y posteriormente algunos comenzaron a morir.

No estaban sufriendo por algo que solamente habían oído de otros

  Esto es fundamental.

  Una persona puede sufrir y morir por algo falso creyendo sinceramente que es verdadero.

  La historia está llena de personas que dieron la vida por creencias equivocadas.

  Pero los primeros discípulos estaban en una posición distinta.

  Ellos afirmaban ser los testigos originales.

  Pedro sabía si realmente había estado en aquella barca.

  Juan sabía si había visto a Lázaro salir de la tumba.

  Los discípulos sabían si realmente habían recogido doce cestas después de alimentar a miles con cinco panes.

  Sabían si habían convivido con Jesús.

  Sabían lo que habían escuchado de su boca.

  Y sabían si las cosas que posteriormente proclamaban habían ocurrido delante de ellos.

  Si todo hubiera sido una fabricación deliberada, ellos mismos habrían conocido el engaño.

  Sin embargo, cuando comenzaron a sufrir por su testimonio:

no lo negaron.

Jacobo murió; Pedro y Pablo siguieron hasta el final

  Hechos registra directamente la muerte de uno de los miembros del círculo más cercano de Jesús:

“Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan.”
Hechos 12:2

  Jacobo había acompañado a Jesús.

  Había formado parte, junto con Pedro y Juan, del grupo más cercano.

  Y murió dentro del contexto de la persecución de la iglesia.

  Pedro fue arrestado varias veces y una antigua tradición cristiana, ya conocida a finales del primer siglo, relaciona posteriormente su muerte con la persecución en Roma.

  Pablo también sufrió repetidamente.

  Él mismo escribió:

“En cárceles más; en azotes sin número; en peligros de muerte muchas veces.”
2 Corintios 11:23

  Y continuó enumerando golpes, apedreamiento, peligros y persecuciones.

  Estas personas no obtuvieron una vida confortable al proclamar a Cristo.

  Su testimonio tuvo un costo.

Pero hubo alguien que decidió investigar antes de creer: Lucas

  Aquí encontramos una pieza particularmente interesante.

  No todos los autores del Nuevo Testamento pertenecieron al grupo original de los Doce.

  Lucas constituye un caso distinto.

  Él no comienza su Evangelio diciendo:

“Yo estuve allí desde el primer día.”

  Hace algo que resulta extraordinariamente interesante para una investigación histórica.

  Dice que investigó.

  Al comenzar su Evangelio escribió:

“Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra…”
Lucas 1:1-2

  Observe lo que Lucas reconoce.

  Ya existían relatos.

  Existían personas que:

“desde el principio lo vieron con sus ojos.”

  Y entonces añade:

“Me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden…”
Lucas 1:3

  La expresión es extraordinaria:

“investigado con diligencia.”

  Lucas no presenta su obra como una historia que escuchó una vez y decidió repetir.

  Nos dice que examinó cuidadosamente los acontecimientos.

Todavía existían testigos que podían ser consultados

  Lucas escribió en una época en la que muchos de quienes habían conocido a Jesús todavía pertenecían a la generación viva de aquellos acontecimientos.

  Esto resulta fundamental.

  No estaba investigando un personaje que había vivido quinientos años antes.

  Estaba investigando acontecimientos recientes para su propio mundo.

  Los apóstoles existían.

  Otros discípulos existían.

  Mujeres que habían acompañado a Jesús existían.

  Comunidades enteras conocían las historias desde sus primeros años.

  Había personas:

localizables.

  Personas que podían ser entrevistadas.

  Personas que podían decir:

“Sí, yo estuve allí.”

  O:

“Eso no ocurrió así.”

  Lucas tuvo acceso a esa generación.

  Por eso su introducción posee tanta importancia.

  Él afirma haber acudido precisamente a:

“los que desde el principio lo vieron con sus ojos.”

Lucas investigó mucho más que la resurrección

  Cuando abrimos el Evangelio de Lucas vemos qué clase de acontecimientos decidió registrar después de su investigación.

  Registró las enseñanzas de Jesús.

  Registró sus sanidades.

  Registró la pesca milagrosa.

  Registró la tempestad calmada.

  Registró expulsiones de demonios.

  Registró la resurrección del hijo de la viuda de Naín.

  Registró la hija de Jairo.

  Registró la transformación de Zaqueo.

  Registró la curación de Malco durante el arresto de Jesús.

  Registró la crucifixión.

  Y registró la resurrección.

  Por tanto, Lucas no investigó solamente una afirmación final.

  Investigó:

la vida y el ministerio de Jesucristo.

  Y después de investigar, no escribió un libro desenmascarando una colección de exageraciones.

  Escribió uno de los testimonios más completos que poseemos acerca de Jesús.

¿A qué conclusión llegó Lucas?

  Lucas presenta a Jesucristo con una autoridad extraordinaria.

  En su Evangelio, Jesús es llamado:

“Señor”.

  Los ángeles anuncian acerca de su nacimiento:

“Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.”
Lucas 2:11

  Lucas registra cómo la gente se pregunta:

“¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?”
Lucas 8:25

  Lo presenta perdonando pecados.

  Dominando el mundo espiritual.

  Sanando cuerpos.

  Levantando muertos.

  Conociendo lo que sucedería.

  Y finalmente venciendo la muerte.

  Lucas comenzó investigando.

  Y el resultado de su investigación fue un Evangelio que presenta a Jesucristo como:

Señor, Salvador y Mesías.

Pablo también apeló a hechos conocidos públicamente

  Existe otro detalle interesante.

  Cuando Pablo presentó su defensa delante del rey Agripa, habló de la muerte y resurrección de Jesús y dijo:

“Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también hablo con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de esto; pues no se ha hecho esto en algún rincón.”
Hechos 26:26

  Qué expresión tan significativa:

“No se ha hecho esto en algún rincón.”

  El cristianismo primitivo no presentaba sus afirmaciones como acontecimientos secretos conocidos únicamente por un pequeño grupo aislado.

  Jesús había enseñado públicamente.

  Había recorrido pueblos y ciudades.

  Multitudes lo habían visto.

  Sus enfrentamientos con las autoridades habían sido públicos.

  Su crucifixión había sido pública.

  Y sus seguidores proclamaban su mensaje públicamente.

Pablo incluso menciona a cientos de testigos todavía vivos

  Al hablar de las apariciones del Cristo resucitado, Pablo hizo algo particularmente audaz.

  Escribió que Jesús:

“Apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún.”
1 Corintios 15:6

  Observe la última expresión:

“muchos viven aún.”

  ¿Por qué mencionar eso?

  Porque todavía había personas que podían ser consultadas.

  Pablo estaba escribiendo dentro de una generación en la que muchos testigos seguían vivos.

  La afirmación quedaba expuesta al examen de sus contemporáneos.

El argumento no depende de que cada detalle del martirio sea conocido

  No necesitamos afirmar más de lo que la evidencia permite.

  No conocemos con la misma certeza histórica cómo murió cada uno de los Doce.

  Algunas tradiciones son tempranas.

  Otras son posteriores.

  Pero eso no cambia el punto principal.

  Sabemos que el movimiento cristiano enfrentó persecución muy temprano.

  Sabemos por Hechos que los apóstoles fueron arrestados, amenazados y golpeados.

  Sabemos que Jacobo fue ejecutado.

  Tenemos testimonios antiguos acerca del sufrimiento y muerte de Pedro y Pablo.

  Y sabemos que, pese a todo aquello:

el testimonio no cambió.

  No apareció Pedro diciendo:

“Lo inventamos.”

  No apareció Juan diciendo:

“Los milagros nunca ocurrieron.”

  No apareció un movimiento apostólico arrepentido confesando que había fabricado la historia.

  Continuaron diciendo:

“Lo hemos visto y oído.”

No ganaron aquello que normalmente buscamos al inventar una mentira

  Vale la pena recordar qué obtuvieron.

  No fundaron un reino político.

  No ocuparon palacios.

  No recibieron puestos dentro del Imperio.

  No se hicieron ricos gracias a una estructura de poder.

  Mateo dejó su fuente de ingresos.

  Pedro abandonó repetidamente sus redes.

  Pablo perdió la posición que tenía como perseguidor celoso del movimiento.

  Y a cambio encontraron:

  oposición,

  golpes,

  cárceles,

  persecución,

  rechazo,

  y para algunos:

la muerte.

  No demuestra automáticamente que cada afirmación sea verdadera.

  Pero sí demuestra algo muy importante:

no se comportaron como hombres que sabían que estaban sosteniendo una farsa.

Y Lucas constituye una segunda clase de testigo

  Aquí podemos distinguir dos grupos extraordinariamente importantes.

Primero: los testigos presenciales.

  Pedro.

  Juan.

  Jacobo.

  Los demás discípulos.

  Personas que afirmaron haber estado allí.

Segundo: el investigador.

  Lucas.

  Un hombre que no se conformó simplemente con recibir una historia.

  Buscó los testimonios.

  Investigó:

“con diligencia todas las cosas desde su origen.”

  Y llegó a la misma historia fundamental.

  Jesús no era simplemente un rabino.

  Era el Cristo.

  El Señor.

  El Salvador.

Toda la serie queda ahora bajo otra luz

  Pensemos en todo lo que hemos estudiado.

  La tormenta calmada.

  Jesús caminando sobre las aguas.

  El agua convertida en vino.

  Los panes multiplicados.

  Los peces respondiendo.

  Los cuerpos restaurados.

  Las vidas transformadas.

  Los muertos levantados.

  Sus palabras acerca de sí mismo.

  Sus profecías.

  Su muerte.

  Su resurrección.

  No fueron historias atribuidas a Jesús por primera vez muchos siglos después.

  Fueron proclamadas dentro de la generación de quienes decían haberlo conocido.

  Los testigos aceptaron sufrir antes que negar aquello que afirmaban haber visto.

  Y Lucas, en lugar de aceptar todo ciegamente, investigó a quienes:

“desde el principio lo vieron con sus ojos.”

  Después escribió.

Entonces, ¿qué hacemos con sus testimonios?

  Cada lector deberá responder por sí mismo.

  Pero existe una explicación que se vuelve cada vez más difícil de sostener:

que todo fue simplemente inventado por hombres que sabían que era mentira.

  Sus vidas no parecen las vidas de hombres intentando proteger un fraude.

  Parecen las vidas de personas profundamente convencidas de haber presenciado algo extraordinario.

  Y Lucas añade otra capa.

  Él no había estado en todas aquellas escenas.

  Por eso investigó.

  Buscó a quienes sí estuvieron.

  Comparó.

  Ordenó.

  Escribió.

  Y terminó presentándonos al mismo Jesucristo que encontramos en los demás Evangelios:

el Señor que tiene autoridad sobre la naturaleza, el cuerpo, los demonios, la vida y la muerte.

  Eso no obliga a nadie a creer.

  Pero sí nos invita a tomar muy en serio el testimonio.

  Porque cuanto más examinamos a los hombres que contaron aquellas historias, más difícil resulta pensar que simplemente estaban jugando con una mentira.

  Ellos dijeron:

“Lo vimos.”

  Lucas dijo:

“Lo investigué.”

  Y ambos caminos terminaron apuntando hacia la misma persona:

Jesucristo.

Referencias bíblicas

  • Lucas 1:1-4 — Lucas explica que recibió información de quienes “desde el principio lo vieron con sus ojos” y que investigó “con diligencia todas las cosas desde su origen”.
  • Hechos 4:18-20 — Pedro y Juan reciben la orden de guardar silencio y responden: “No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”
  • 1 Juan 1:1-3 — Juan presenta su mensaje como aquello que habían oído, visto, contemplado y tocado.
  • Hechos 5:27-42 — Los apóstoles son interrogados, azotados y amenazados, pero continúan predicando a Jesucristo.
  • Hechos 12:1-2 — Herodes mata a espada a Jacobo, hermano de Juan.
  • 2 Corintios 11:23-28 — Pablo describe cárceles, azotes, apedreamiento y numerosas persecuciones sufridas durante su ministerio.
  • Lucas 5:1-11 — Lucas registra la pesca milagrosa después de haber investigado cuidadosamente los acontecimientos de la vida de Jesús.
  • Lucas 7:11-17 — Lucas registra la resurrección del hijo de la viuda de Naín.
  • Lucas 8:22-25 — Jesús reprende al viento y a las olas, y estos obedecen.
  • Lucas 8:40-56 — Resurrección de la hija de Jairo.
  • Lucas 19:1-10 — Transformación de Zaqueo.
  • Lucas 22:50-51 — Lucas registra que Jesús sanó la oreja herida durante su arresto.
  • Lucas 24:1-49 — Lucas presenta la resurrección de Jesucristo y sus apariciones a los discípulos.
  • Lucas 2:11 — Jesús es anunciado como “Salvador, que es CRISTO el Señor”.
  • 1 Corintios 15:3-8 — Pablo menciona diferentes apariciones de Jesús resucitado, incluyendo una a más de quinientas personas, “de los cuales muchos viven aún”.
  • Hechos 26:25-26 — Pablo declara ante Agripa que aquellos acontecimientos “no se han hecho… en algún rincón”.

Referencias históricas antiguas

  • Clemente de Roma, 1 Clemente 5-6 — Testimonio cristiano muy temprano acerca de los sufrimientos de Pedro y Pablo y de la persecución padecida por los creyentes.
  • Tácito, Anales 15.44 — El historiador romano registra la persecución severa de cristianos en Roma bajo Nerón.
  • Flavio Josefo, Antigüedades judías 20.200 — Registra la ejecución de Jacobo, identificado como “hermano de Jesús, llamado el Cristo”.
  • Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica — Conserva testimonios y tradiciones cristianas anteriores acerca de los apóstoles; su valor histórico depende de la antigüedad y naturaleza de cada fuente citada.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.