04. María Magdalena ve a Jesús vivo

Dr. Elio M Rievera

De “se han llevado al Señor” a “he visto al Señor”

  Hasta este momento hemos seguido cuidadosamente a María Magdalena durante aquella mañana.

  La vimos llegar al sepulcro cuando todavía estaba oscuro. La vimos descubrir que la piedra había sido removida. La escuchamos correr hacia Pedro y Juan diciendo:

“Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.”
Juan 20:2

  Después vimos a Pedro y Juan entrar en la tumba y encontrar los lienzos que habían quedado allí.

  Ahora no necesitamos repetir nada de eso.

  Porque estamos a punto de cruzar una línea completamente nueva en nuestra investigación.

  Hasta ahora hemos estudiado:

Una muerte.

Una sepultura.

Una tumba vacía.

Unos lienzos abandonados.

  Pero una tumba vacía, por extraordinaria que sea, todavía necesita una explicación.

  Ahora aparece algo diferente:

Una persona que afirma haber visto a Jesucristo vivo después de haberlo visto morir.

  Y esa persona es María Magdalena.

María se quedó junto al sepulcro

  Después de que Pedro y Juan se marcharon, Juan nos dice:

“Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro…”
Juan 20:11

  Ésta es una escena profundamente humana.

  Los discípulos se fueron.

  María se quedó.

  Y lloraba.

  No estaba celebrando una resurrección.

  No estaba esperando que Jesús apareciera.

  Todavía estaba convencida de que alguien había retirado el cadáver.

  Su dolor demuestra nuevamente cuál era su expectativa:

María seguía buscando a un Jesús muerto.

Miró nuevamente dentro de la tumba

  Juan continúa:

“Y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro.”
Juan 20:11

  Entonces vio dos ángeles vestidos de blanco.

  Ellos le preguntaron:

“Mujer, ¿por qué lloras?”

  Y María respondió:

“Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.”
Juan 20:13

  Observe nuevamente sus palabras.

  Incluso en ese momento María no está diciendo:

“Mi Señor ha resucitado.”

  Dice:

“No sé dónde le han puesto.”

  Todavía está buscando un cadáver.

Entonces alguien apareció detrás de ella

  Juan escribe:

“Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.”
Juan 20:14

  Detengámonos aquí.

  María está llorando.

  Está frente a una tumba vacía.

  Está convencida de que alguien se llevó el cuerpo.

  Se vuelve.

  Y delante de ella:

Está Jesucristo.

  Pero no lo reconoce.

¿Por qué no lo reconoció?

  Juan no explica completamente la razón.

  Podemos imaginar varias posibilidades.

  María estaba llorando.

  Probablemente no esperaba encontrar vivo a Jesús.

  Quizá la apariencia del cuerpo resucitado tenía características diferentes.

  Pero no necesitamos especular más de lo necesario.

  El texto simplemente dice:

“No sabía que era Jesús.”

  Y esto resulta muy importante para nuestra investigación.

  María no parece estar viendo lo que deseaba ver.

  De hecho:

Lo tenía delante y no esperaba que fuera Él.

Jesús le hizo una pregunta

  Entonces Jesús dijo:

“Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”
Juan 20:15

  La pregunta es extraordinaria:

“¿A quién buscas?”

  María buscaba a Jesús.

  Pero buscaba al Jesús que había sido crucificado.

  Buscaba su cuerpo.

  Buscaba dónde lo habían colocado.

  No sabía que aquel a quien buscaba estaba hablando con ella.

María pensó que era el hortelano

  Juan añade:

“Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.”
Juan 20:15

  Esta frase es una de las más importantes de todo el relato.

  María está frente a Jesús resucitado y todavía está preguntando:

“¿Dónde pusiste el cuerpo?”

  Esto hace muy difícil describirla como una mujer predispuesta psicológicamente a imaginar una resurrección.

  Su interpretación seguía siendo completamente distinta.

  Alguien había movido el cadáver.

  Quizá aquel hombre sabía dónde estaba.

  Y María quería recuperarlo.

Entonces Jesús pronunció una sola palabra

  Juan escribe:

“Jesús le dijo: ¡María!”
Juan 20:16

  Nada más.

“¡María!”

  Y todo cambió.

  No fue un largo discurso.

  No fue una explicación teológica.

  No fue un argumento.

  Jesús simplemente pronunció su nombre.

  Y María lo reconoció.

“Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).”
Juan 20:16

  La mujer que segundos antes preguntaba dónde estaba el cadáver ahora sabía quién estaba delante de ella.

Era Jesús.

De una tumba vacía a un encuentro personal

  Éste es un momento decisivo para nuestra investigación.

  Hasta ahora podíamos preguntar:

¿Qué ocurrió con el cuerpo?

  Pero María ya no estaba simplemente diciendo:

“El cuerpo desapareció.”

  Ahora afirmaba algo completamente diferente:

“Lo vi vivo.”

  Ésa es una afirmación histórica mucho más específica.

  La tumba vacía podía admitir diferentes explicaciones.

  Pero ahora tenemos que explicar también por qué María llegó a convencerse de que había hablado personalmente con Jesucristo después de su muerte.

María no llegó a esa conclusión fácilmente

  Vale la pena observar la progresión completa:

  Primero vio la piedra removida.

  Pensó:

“Se llevaron el cuerpo.”

  Después vio la tumba vacía.

  Continuó pensando:

“Se llevaron el cuerpo.”

  Después habló con los ángeles.

  Todavía dijo:

“No sé dónde le han puesto.”

  Después vio a Jesús.

  Y ni siquiera entonces lo reconoció inmediatamente.

  Pensó que era el hortelano.

  Solamente cuando Jesús la llamó por su nombre:

Lo reconoció.

  Esto no parece el comportamiento de alguien que estaba desesperadamente intentando convencerse de que Jesús había resucitado.

“No me toques”

  Jesús entonces le dijo:

“No me toques, porque aún no he subido a mi Padre…”
Juan 20:17

  La expresión también puede transmitir la idea de no continuar reteniéndolo. No debemos construir demasiado sobre una sola expresión.

  Lo importante para nuestra investigación es que el encuentro se presenta como una interacción real entre dos personas.

  Jesús habla con María.

  María lo reconoce.

  Ella responde.

  Jesús le da instrucciones.

  No estamos simplemente ante una sensación interior.

Jesús le encargó llevar un mensaje

  Jesús continuó:

“…mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.”
Juan 20:17

  María recibió entonces una misión.

  Debía regresar a los discípulos.

  Pero ahora su mensaje sería completamente diferente del primero.

Compare sus dos mensajes

  Esta comparación es extraordinaria.

  Al principio de la mañana María corrió hacia los discípulos diciendo:

“Se han llevado al Señor.”

  Después de encontrarse con Jesús regresó diciendo:

“He visto al Señor.”

  Juan escribe:

“Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.”
Juan 20:18

  Éste es el cambio que debemos explicar.

  Entre esas dos declaraciones existe un acontecimiento.

Se han llevado al Señor.”

Encuentro con Jesús.

“He visto al Señor.”

  María no cambió de opinión simplemente porque la tumba estaba vacía.

Cambió porque afirmó haberse encontrado con Jesucristo vivo.

Una mujer como primera testigo

  Existe además un detalle que merece atención.

  Los Evangelios colocan a mujeres, y particularmente a María Magdalena, en una posición extraordinariamente prominente dentro de los primeros testimonios de la resurrección.

  Esto resulta significativo porque en el mundo antiguo el testimonio femenino no siempre recibía la misma consideración pública o jurídica que el masculino.

  Si alguien estuviera fabricando una historia buscando hacerla lo más persuasiva posible para aquella sociedad, habría resultado mucho más conveniente colocar inmediatamente a Pedro o a algún personaje masculino prominente como primer testigo.

  Pero los Evangelios no modifican la historia para hacerla más conveniente.

María Magdalena está allí.

Esto no significa que todo dependa de María

  También debemos ser claros.

  La evidencia de las apariciones no descansará únicamente sobre su testimonio.

  Estamos apenas comenzando esta subserie.

  Después aparecerán otros testigos.

  Pedro.

  Los discípulos camino a Emaús.

  Los apóstoles reunidos.

  Tomás.

  Los discípulos en Galilea.

  Y finalmente grupos mucho mayores.

  Por eso no estamos diciendo:

“María lo afirmó; caso cerrado.”

  Estamos diciendo:

María es la primera pieza de una cadena de testimonios que ahora debemos investigar.

¿Fue simplemente una visión provocada por el dolor?

  Más adelante tendremos oportunidad de estudiar las explicaciones psicológicas de las apariciones.

  Pero incluso aquí debemos observar algo.

  María no estaba esperando ver vivo a Jesús.

  Cuando lo vio:

No lo reconoció.

  Cuando Él habló inicialmente:

Todavía no lo reconoció.

  Su mente seguía concentrada en localizar un cadáver.

  Solamente después ocurrió el reconocimiento.

  Y posteriormente su afirmación fue concreta:

“He visto al Señor.”

No dijo: “Sentí que Jesús estaba conmigo”

  Ésta es una diferencia fundamental.

  El relato no presenta a María diciendo:

“Sentí su presencia.”

  Tampoco:

“Comprendí espiritualmente que su mensaje continuaba vivo.”

  Su afirmación es muchísimo más directa:

“He visto al Señor.”

  Juan presenta un encuentro.

  Una conversación.

  Un reconocimiento.

  Y un mensaje que María debía transmitir.

La tumba vacía ya no está sola

  Hasta aquí nuestra investigación había acumulado evidencias alrededor del sepulcro.

  Pero ahora aparece una nueva categoría de evidencia:

Las apariciones.

  Esto cambia enormemente el caso.

  Porque cualquier explicación alternativa ya no debe responder solamente:

¿Por qué desapareció el cuerpo?

  Ahora debe responder también:

¿Por qué comenzaron personas concretas a afirmar que habían visto vivo a Jesús después de su crucifixión?

María Magdalena fue solamente el comienzo

  Su testimonio es especialmente interesante porque podemos observar cómo cambió su conclusión durante aquella misma mañana.

  Comenzó convencida de que Jesús estaba muerto.

  Encontró una tumba vacía.

  Supuso que alguien había retirado el cadáver.

  Lloró.

  Buscó el cuerpo.

  Vio a Jesús sin reconocerlo.

  Lo escuchó pronunciar su nombre.

  Y entonces regresó con una declaración completamente nueva:

“He visto al Señor.”

Mi conclusión

  Para mí, éste es uno de los momentos más hermosos y al mismo tiempo más importantes de toda la investigación sobre la resurrección.

  María no fue al sepulcro buscando confirmar aquello que ya creía.

  Fue buscando un cadáver.

  Y aun delante de la tumba vacía continuó creyendo que alguien se lo había llevado.

  La tumba vacía no la convenció.

  Los lienzos no aparecen como aquello que finalmente la convenció.

  Ni siquiera ver inicialmente a un hombre cerca del sepulcro la convenció, porque pensó que era el hortelano.

  Algo finalmente cambió todo:

Jesús la llamó por su nombre.

“¡María!”

  Ella reconoció la voz.

“¡Raboni!”

  Y aquella mujer que había llegado buscando el cuerpo de un muerto salió de aquel huerto anunciando:

“He visto al Señor.”

  Pero ahora debemos hacer algo muy importante.

  No podemos construir todo nuestro caso sobre el testimonio de una sola persona.

  Necesitamos preguntar:

¿Quién más afirmó haberlo visto vivo?

  Y eso es precisamente lo que continuaremos investigando.

Referencias bíblicas

Marcos 16:9-11.
Juan 20:1-18.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.