Dr. Elio M Rivera
De hombres encerrados por miedo a testigos del Cristo resucitado
La investigación ha dado un paso decisivo. Ya no estamos estudiando solamente una tumba vacía. María Magdalena afirmó algo mucho más concreto:
“He visto al Señor.”
Juan 20:18
Pero una investigación seria no puede descansar únicamente sobre el testimonio de una persona. Por eso debemos continuar.
¿Qué ocurrió después?
Los Evangelios nos conducen ahora hasta un grupo de hombres que conocieron personalmente a Jesús, caminaron con Él, presenciaron su ministerio y acababan de verlo morir.
Y su estado emocional resulta particularmente importante.
No estaban esperando tranquilamente la llegada del Resucitado.
Estaban encerrados y tenían miedo.
Las puertas estaban cerradas
Juan describe la escena:
“Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.”
Juan 20:19
Observe cuidadosamente el escenario.
Era el mismo día en que había sido encontrada la tumba vacía.
María Magdalena ya había anunciado que había visto al Señor.
Y, sin embargo:
Las puertas estaban cerradas.
Los discípulos estaban reunidos.
Tenían miedo.
Esto concuerda con algo que hemos observado repetidamente durante nuestra investigación: los discípulos no aparecen inicialmente como hombres preparados psicológicamente para fabricar una resurrección.
Entonces Jesús apareció en medio de ellos
Juan lo expresa de manera extraordinariamente sencilla:
“Vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.”
Juan 20:19
El hombre que habían visto arrestado.
El hombre que había sido crucificado.
El hombre cuyo cuerpo había sido colocado en una tumba.
Ahora estaba delante de ellos.
Y sus primeras palabras fueron:
“Paz a vosotros.”
La primera reacción no fue creer inmediatamente
Lucas añade un detalle importantísimo:
“Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu.”
Lucas 24:37
Esto merece nuestra atención.
Los discípulos no reaccionaron inmediatamente diciendo:
“¡Naturalmente! Sabíamos que Jesús iba a resucitar.”
Todo lo contrario.
Se asustaron.
Pensaron que estaban viendo un espíritu.
Una vez más encontramos resistencia inicial a comprender lo ocurrido.
Eso hace que lo que Jesús hizo después resulte todavía más importante.
Jesús les mostró su cuerpo
Juan continúa:
“Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado.”
Juan 20:20
¿Por qué mostrarles las manos y el costado?
Porque el Jesús que estaba delante de ellos era el mismo Jesús que había sido crucificado.
No simplemente alguien parecido.
No una presencia espiritual indefinida.
No un recuerdo.
Las heridas relacionaban al Resucitado con el Crucificado.
El que estaba vivo delante de ellos era el mismo que había muerto en la cruz.
“Mirad mis manos y mis pies”
Lucas proporciona todavía más detalles.
Jesús les dijo:
“Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”
Lucas 24:39
Estas palabras son extraordinariamente importantes para nuestra investigación.
Jesús mismo dirige la atención hacia la naturaleza de su presencia.
“Mirad.”
“Palpad.”
“Yo mismo soy.”
El relato no presenta a los discípulos experimentando únicamente una sensación interior de que Jesús continuaba espiritualmente con ellos.
Se les invita a examinarlo.
“Palpad, y ved”
Detengámonos en esas palabras.
Si los discípulos estaban aterrorizados porque pensaban estar viendo un espíritu, Jesús responde precisamente a esa interpretación:
“Palpad, y ved.”
Es decir:
Mírenme.
Compruébenlo.
Y después:
“Un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”
Esto coloca la resurrección que describen los Evangelios en una categoría muy concreta.
La afirmación cristiana original es una resurrección corporal.
No era simplemente “Jesús vive en nuestros corazones”
Ésta es una distinción fundamental.
Los discípulos podían haber conservado el recuerdo de Jesús después de su muerte.
Podían continuar enseñando sus palabras.
Podían decir que su causa seguía viva.
Pero eso no es lo que están afirmando.
Su proclamación fue mucho más radical:
El hombre que murió estaba nuevamente vivo.
Podía hablar.
Podía ser visto.
Podía mostrar las heridas de la crucifixión.
Podía ser tocado.
Las heridas seguían allí
Esto también conecta extraordinariamente bien con todo lo que estudiamos en nuestra subserie acerca de la muerte de Jesucristo.
Estudiamos los clavos.
Estudiamos la crucifixión.
Estudiamos la lanza.
Ahora Juan dice:
“Les mostró las manos y el costado.”
No estamos comenzando una historia nueva desconectada de la crucifixión.
Existe continuidad.
El mismo cuerpo que había sido herido:
Ahora estaba vivo.
Los discípulos todavía estaban sorprendidos
Lucas añade una frase extraordinariamente humana:
“Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados…”
Lucas 24:41
Observe nuevamente la resistencia del relato a presentar una fe fácil.
Habían pasado del miedo al asombro.
La situación parecía demasiado extraordinaria.
Entonces Jesús hizo algo todavía más concreto.
“¿Tenéis aquí algo de comer?”
Jesús preguntó:
“¿Tenéis aquí algo de comer?”
Lucas 24:41
Los discípulos le dieron parte de un pez asado y un panal de miel, según el texto de la Reina-Valera 1960.
Lucas continúa:
“Y él lo tomó, y comió delante de ellos.”
Lucas 24:43
¿Por qué conserva Lucas semejante detalle?
Porque refuerza la naturaleza del encuentro.
No estamos leyendo solamente:
“Los discípulos sintieron que Jesús estaba presente.”
El relato afirma:
Jesús estaba delante de ellos y comió delante de ellos.
Ver, escuchar, tocar
Aquí comenzamos a acumular algo mucho más fuerte que una tumba vacía.
Los discípulos podían decir:
Lo vimos.
Lo escuchamos.
Nos mostró sus heridas.
Nos invitó a tocarlo.
Comió delante de nosotros.
Esto será importantísimo cuando posteriormente examinemos si las apariciones pudieron ser simplemente alucinaciones o experiencias psicológicas.
Por ahora no necesitamos adelantarnos.
Solamente debemos registrar lo que los Evangelios afirman que ocurrió.
Entonces llegó el gozo
Juan dice:
“Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.”
Juan 20:20
Observe nuevamente la progresión.
Primero:
Miedo.
Después:
Sorpresa.
Después:
Comprobación.
Finalmente:
Gozo.
No comenzaron con el gozo.
El gozo apareció después de reconocer a quien estaba delante de ellos.
Pero faltaba alguien
Y aquí aparece un detalle que será extraordinariamente importante.
Juan dice:
“Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.”
Juan 20:24
Esto significa que no todos los discípulos compartieron aquella experiencia.
Tomás no estaba allí.
Y precisamente por eso tendremos algo extraordinario para nuestra investigación:
Un discípulo que recibirá el testimonio de sus propios compañeros…
y se negará a creerlo.
“Hemos visto al Señor”
Cuando Tomás regresó, los otros discípulos le dijeron:
“Al Señor hemos visto.”
Juan 20:25
Observe cómo comienza a repetirse la misma expresión.
María Magdalena había dicho:
“He visto al Señor.”
Ahora los discípulos dicen:
“Al Señor hemos visto.”
Ya no tenemos solamente una persona.
Tenemos un grupo.
Esto cambia considerablemente la investigación
Hasta este momento podríamos intentar explicar la experiencia de María como algo individual.
Pero ahora aparece un problema mucho mayor para cualquier explicación alternativa.
No tenemos únicamente a María diciendo:
“Lo vi.”
Tenemos a varios discípulos reunidos afirmando:
“Lo vimos.”
Y los relatos describen interacción.
Conversación.
Observación de heridas.
La invitación a tocar.
Y alimento consumido delante de ellos.
La resurrección ya no depende de la tumba vacía
Éste es probablemente el avance más importante de este artículo.
Si solamente tuviéramos una tumba vacía, podríamos discutir indefinidamente acerca de qué ocurrió con el cadáver.
Pero el cristianismo no nació simplemente proclamando:
“No sabemos dónde está el cuerpo.”
Nació proclamando:
“Lo hemos visto vivo.”
Ésa es una afirmación completamente diferente.
Los discípulos se convierten en testigos
Jesús les dijo:
“Como me envió el Padre, así también yo os envío.”
Juan 20:21
Los hombres que estaban encerrados por miedo comenzarían poco después a proclamar públicamente aquello que afirmaban haber visto.
Y esto nos lleva nuevamente a la transformación que hemos mencionado durante toda nuestra investigación.
Antes:
Escondidos.
Después:
Predicando públicamente.
Antes:
Miedo.
Después:
Valor.
Antes:
Pensaban que todo había terminado.
Después:
“Al Señor hemos visto.”
Algo tuvo que explicar esa transformación
Podemos discutir cuál fue la causa.
Precisamente para eso estamos investigando.
Pero no podemos ignorar el cambio.
Los mismos hombres que habían huido cuando Jesús fue arrestado aparecen después proclamando públicamente que había resucitado.
Y según sus propios testimonios, la explicación era sencilla:
Lo habían visto vivo.
Pero todavía tenemos un escéptico dentro del grupo
Y esto hace que la historia sea todavía más interesante.
Tomás no estuvo presente.
Sus compañeros le dijeron:
“Al Señor hemos visto.”
Pero Tomás respondió:
“Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.”
Juan 20:25
Éste es un regalo extraordinario para nuestra investigación.
Porque ahora tendremos dentro del propio grupo apostólico a un hombre que prácticamente dice:
“No aceptaré el testimonio de ustedes. Quiero evidencia.”
Tomás quería ver.
Quería comprobar.
Quería tocar.
Y Jesucristo respondería directamente a ese desafío.
Mi conclusión
La aparición de Jesús a los discípulos representa un enorme avance en el caso de la resurrección.
Ya no tenemos solamente:
Una piedra removida.
Una tumba vacía.
Unos lienzos.
El testimonio de María Magdalena.
Ahora tenemos un grupo de personas afirmando haber tenido un encuentro con Jesucristo.
Y los Evangelios no describen una experiencia vaga.
Describen a Jesús:
Hablando.
Mostrando sus heridas.
Invitándolos a tocarlo.
Comiendo delante de ellos.
Por eso la pregunta para nuestra investigación se vuelve cada vez más exigente.
Ya no basta explicar:
¿Qué ocurrió con el cadáver?
Ahora también tenemos que explicar:
¿Qué ocurrió con los testigos?
¿Por qué María Magdalena afirmó haberlo visto?
¿Por qué los discípulos reunidos afirmaron lo mismo?
¿Por qué hombres que estaban encerrados por miedo comenzaron posteriormente a proclamar que Jesús estaba vivo?
Y antes de avanzar hacia otros testigos debemos detenernos en uno de los casos más extraordinarios.
Un hombre que conocía personalmente a Jesús.
Un hombre que conocía a los demás apóstoles.
Un hombre que escuchó directamente de ellos:
“Al Señor hemos visto.”
Y respondió:
“No creeré.”
Siguiente tema:
Tomás: el discípulo que exigió pruebas
Referencias bíblicas
Lucas 24:36-49.
Juan 20:19-25.
Hechos 1:1-3.
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