Dr. Elio M Rivera
La investigación médica de la crucifixión
Para comprender si Jesucristo realmente murió en la cruz, no podemos comenzar nuestro análisis cuando los clavos atravesaron su cuerpo. Su deterioro físico había comenzado mucho antes de llegar al Gólgota.
Uno de los momentos más brutales fue la flagelación romana.
El Evangelio de Juan lo describe con una frase muy breve:
“Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó.”
Juan 19:1
Mateo también registra:
“Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.”
Mateo 27:26
Para nosotros, la palabra “azotado” puede parecer simplemente un castigo con un látigo. Pero dentro del sistema romano representaba algo mucho más violento.
En mi libro describo la flagelación como un procedimiento capaz de producir lesiones extremadamente graves incluso antes de comenzar la crucifixión.
Jesús llegó a la cruz después de haber sido flagelado
Este punto es fundamental para nuestra investigación.
Jesús no comenzó la crucifixión físicamente intacto.
Cuando llegó al Gólgota ya había sido golpeado y flagelado.
Por eso, cuando posteriormente estudiemos la pérdida de sangre, el choque, la deshidratación, el agotamiento y finalmente la muerte, tendremos que recordar que el proceso no comenzó sobre la cruz.
Comenzó antes.
¿Cómo se realizaba la flagelación?
En mi libro explico que el condenado era atado a una columna y azotado repetidamente.
El instrumento utilizado podía consistir en varias tiras de cuero a las que se incorporaban fragmentos capaces de producir heridas mucho más graves que las provocadas por un látigo ordinario.
Los golpes no solamente producían dolor.
Las correas y los objetos colocados en ellas golpeaban y desgarraban los tejidos.
Por eso debemos eliminar de nuestra mente la imagen de unos cuantos latigazos superficiales.
Estamos hablando de un castigo brutal.
El látigo romano estaba diseñado para producir daño
Cuando las correas golpeaban el cuerpo, los elementos incorporados al látigo podían penetrar y lesionar los tejidos.
Con golpes repetidos, las heridas se multiplicaban.
La piel podía abrirse.
Los tejidos subyacentes podían lesionarse.
Y comenzaba la hemorragia.
Desde una perspectiva médica, este último elemento es especialmente importante.
Porque el organismo necesita mantener un determinado volumen de sangre circulando para llevar oxígeno a los tejidos y conservar la presión necesaria para sostener la vida.
Si una persona comienza a perder cantidades importantes de sangre, todo el organismo empieza a sufrir.
La pérdida de sangre comenzó antes del Gólgota
Este punto será esencial cuando estudiemos posteriormente el choque hipovolémico.
Jesús todavía no había sido clavado en la cruz y ya estaba perdiendo sangre.
Cada herida producida durante la flagelación contribuía a esa pérdida.
Por eso no podemos analizar las horas posteriores como si la crucifixión hubiera comenzado con un hombre completamente sano.
Cuando Jesús salió hacia el Gólgota, su organismo ya había sido sometido a un trauma severo.
El dolor habría sido extraordinario
También debemos considerar el efecto acumulativo del dolor.
Un golpe aislado puede ser intenso.
Ahora imagine golpes repetidos sobre una región que ya ha sido lesionada.
Cada nuevo impacto vuelve a golpear tejidos dañados.
El cuerpo responde al trauma.
El sistema nervioso se encuentra sometido a una estimulación extrema.
La frecuencia cardiaca puede aumentar.
El organismo intenta mantener la circulación.
Todo esto requiere energía en una persona que todavía tendrá que soportar la crucifixión.
Y después colocaron sobre Jesús un manto
Mateo describe lo que ocurrió inmediatamente después:
“Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata.”
Mateo 27:27-28
Imagine ese manto colocado sobre una espalda recién flagelada.
Los tejidos estaban lesionados.
Había sangre.
Había heridas abiertas.
Y todavía faltaban más agresiones.
La corona de espinas
Los soldados no se detuvieron con la flagelación.
Mateo continúa:
“Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!”
Mateo 27:29
La corona de espinas no fue solamente una burla.
Fue colocada sobre una región del cuerpo abundantemente irrigada.
Después los soldados continuaron golpeándolo.
“Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza.”
Mateo 27:30
Por lo tanto, además de las lesiones producidas por la flagelación, debemos añadir el traumatismo sobre la cabeza.
Después volvieron a quitarle el manto
Mateo dice:
“Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.”
Mateo 27:31
Piense nuevamente en lo que significa esto físicamente.
Un cuerpo flagelado.
Heridas.
Sangre.
Un manto colocado sobre ellas.
Después retirado.
Y finalmente la ropa colocada nuevamente.
Todo esto ocurrió antes de la crucifixión.
La flagelación ayuda a explicar lo que ocurrió camino al Gólgota
Después de aquel castigo, Jesús fue llevado hacia el lugar de la crucifixión.
Pero aparece un detalle muy importante:
“Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.”
Lucas 23:26
¿Por qué tuvieron que recurrir a Simón?
El texto no nos proporciona un diagnóstico médico ni explica expresamente la razón. Pero dentro de la secuencia de acontecimientos acabamos de observar a un hombre sometido a golpes, flagelación, heridas y humillación física, que posteriormente necesitó que otra persona cargara la cruz.
No debemos separar estos acontecimientos.
La flagelación era solamente la preparación
Éste quizá sea uno de los aspectos más impresionantes.
Todo lo que acabamos de describir ocurrió antes de que Jesús fuera crucificado.
Todavía faltaban los clavos.
Todavía faltaba la suspensión sobre la cruz.
Todavía faltaban horas de sufrimiento.
Todavía faltaban los efectos respiratorios y cardiovasculares.
Y finalmente todavía faltaba la lanza.
Por eso, cuando alguien propone que Jesucristo simplemente se desmayó en la cruz y posteriormente despertó dentro de la tumba, debemos comenzar nuestra respuesta mucho antes del sepulcro.
Tenemos que comenzar aquí.
En la flagelación.
Desde el punto de vista médico, el organismo ya estaba comprometido
Una persona sometida a semejante trauma tendría que enfrentarse a varios problemas simultáneamente.
Dolor extremo.
Lesiones extensas.
Pérdida de sangre.
Agotamiento.
Respuesta fisiológica al trauma.
Y progresivamente, si la pérdida sanguínea era suficientemente importante, disminución del volumen circulante.
Esto nos conduce directamente hacia uno de los conceptos médicos más importantes para comprender la condición física de Jesús:
el choque hipovolémico.
Cuando el organismo pierde suficiente sangre, comienza a luchar desesperadamente para conservar la circulación hacia órganos esenciales.
El corazón trabaja más rápido.
La presión puede disminuir.
Aparece debilidad.
La persona siente una sed intensa.
Y, si la pérdida continúa, el organismo puede comenzar a colapsar.
Una frase de Jesús adquiere entonces otro significado
Horas después, estando ya sobre la cruz, Jesús dijo:
“Tengo sed.”
Juan 19:28
No debemos convertir una sola frase en un diagnóstico médico. Pero cuando posteriormente estudiemos la pérdida de sangre y la deshidratación sufridas durante todo el proceso, estas palabras adquirirán una importancia especial.
El hombre que dijo “Tengo sed” había pasado por una flagelación brutal y después por horas de crucifixión.
La pregunta que debemos hacernos
Volvamos a nuestro tribunal imaginario.
Supongamos que alguien afirma:
“Jesús no murió. Solamente perdió el conocimiento.”
Antes de discutir siquiera lo ocurrido dentro del sepulcro, yo preguntaría:
¿Ha considerado lo que ocurrió antes de la cruz?
¿Ha considerado la flagelación?
¿Ha considerado las heridas?
¿Ha considerado la pérdida de sangre?
¿Ha considerado la corona de espinas?
¿Ha considerado los golpes posteriores?
¿Ha considerado el agotamiento físico?
Porque la crucifixión de Jesucristo no puede analizarse comenzando en el momento en que fue colocado sobre la cruz.
Tenemos que estudiar el proceso completo.
La flagelación fue el comienzo de un deterioro progresivo
No estoy diciendo que la flagelación, por sí sola, sea la prueba completa de la muerte de Jesucristo.
Todavía tenemos mucho que investigar.
Pero sí establece algo fundamental:
Jesús llegó al Gólgota gravemente traumatizado.
Su cuerpo ya había sufrido lesiones.
Ya había perdido sangre.
Ya había soportado un castigo físico brutal.
Y solamente entonces comenzó la crucifixión.
Por eso, en nuestra investigación médica debemos seguir ahora una de las consecuencias más importantes de aquellas lesiones.
La pérdida de sangre puede llevar al organismo a una condición potencialmente mortal.
Nuestro siguiente tema será:
La pérdida de sangre y el choque hipovolémico
Referencias bíblicas
Mateo 27:26-31.
Marcos 15:15-20.
Lucas 23:26.
Juan 19:1-3.
Juan 19:16-18.
Juan 19:28.
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