6. Los rollos y pergaminos

Por el Dr. Elio M Rivera

  En tiempos de Jesús no existían libros encuadernados como los que conocemos hoy. Las Escrituras se copiaban principalmente sobre pergaminos elaborados con pieles de animales cuidadosamente preparadas o, en algunos casos, sobre papiro. Estos documentos eran enrollados alrededor de varillas de madera, formando los conocidos rollos que se almacenaban en recipientes especiales o en lugares destinados para su conservación dentro de las sinagogas.

  Cuando una porción de las Escrituras debía leerse públicamente, el rollo era llevado al lector, quien lo desenrollaba hasta encontrar el pasaje correspondiente. Después de la lectura, volvía a enrollarlo cuidadosamente para proteger el texto. Por esta razón, la Biblia menciona frecuentemente la acción de abrir, desenrollar o entregar un libro, aunque en realidad se trataba de rollos manuscritos.

  Lucas describe precisamente una de estas escenas cuando Jesús visitó la sinagoga de Nazaret:

  «Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito…» (Lucas 4:17, RVR1960).

  La palabra traducida como “libro” en este pasaje se refiere al rollo que contenía los escritos del profeta Isaías. Jesús tuvo que desenrollarlo hasta encontrar la sección específica que deseaba leer ante la congregación.

  La producción de estos manuscritos requería una enorme inversión de tiempo, habilidad y recursos. Antes de la invención de la imprenta, cada copia de las Escrituras debía realizarse completamente a mano. Esto convertía cada rollo bíblico en una pieza sumamente valiosa.

  Los escribas dedicaban años enteros a prepararse para esta labor. Aprendían cuidadosamente las reglas de copia, la forma correcta de escribir cada letra y los procedimientos necesarios para preservar la exactitud del texto sagrado. Su trabajo era considerado una responsabilidad profundamente espiritual, pues estaban reproduciendo la Palabra de Dios.

  El proceso de copiado era extraordinariamente meticuloso. Los escribas contaban palabras, verificaban líneas y revisaban repetidamente cada sección para evitar errores. Si encontraban una equivocación importante, en muchos casos la hoja debía corregirse o incluso reemplazarse. La precisión era tan valorada que los manuscritos bíblicos llegaron a preservarse con una fidelidad sorprendente a través de los siglos.

  Los hallazgos arqueológicos modernos han confirmado este cuidado extraordinario. El descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto permitió comparar manuscritos bíblicos copiados siglos antes de Cristo con copias mucho más recientes. Los resultados demostraron que los escribas judíos transmitieron las Escrituras con un nivel de precisión notable.

  Los rollos también desempeñaban un papel central en la vida religiosa de Israel. Eran leídos en las sinagogas cada sábado, estudiados por maestros y discípulos, consultados para resolver cuestiones religiosas y utilizados durante diversas celebraciones y ceremonias. Para muchos judíos, escuchar la lectura pública de las Escrituras era una de las experiencias más importantes de la semana.

  Cuando Jesús enseñaba, citaba constantemente estos antiguos rollos. Sus oyentes no llevaban Biblias personales bajo el brazo como ocurre hoy. La mayoría dependía de las lecturas realizadas en la sinagoga y de la memorización de los textos escuchados desde la infancia.

  Comprender la importancia de los rollos y pergaminos nos ayuda a apreciar mejor el profundo respeto que el pueblo judío tenía por las Escrituras. Cada manuscrito representaba incontables horas de trabajo, generaciones de transmisión cuidadosa y el deseo de preservar fielmente la revelación divina para las futuras generaciones.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.