Por El Dr. Elio M Rivera
La investigación médica de la crucifixión
Llegamos ahora a una de las preguntas más importantes de toda nuestra investigación.
Hasta este momento hemos estudiado Jerusalén, el Gólgota, el sepulcro de José de Arimatea, el huerto, la tumba y la enorme piedra que cerraba su entrada.
Pero existe una cuestión que debemos resolver antes de hablar seriamente de una resurrección:
¿Jesucristo realmente murió en la cruz?
La pregunta puede parecer extraña. Después de todo, los Evangelios afirman que murió, los soldados lo dieron por muerto y posteriormente su cuerpo fue preparado para ser sepultado.
Sin embargo, existe una teoría utilizada para intentar explicar la resurrección sin aceptar que Jesús verdaderamente volvió de entre los muertos.
La idea es sencilla:
¿Y si Jesús nunca murió?
¿Y si solamente perdió el conocimiento?
¿Y si fue bajado de la cruz todavía con vida?
¿Y si recuperó la conciencia dentro del sepulcro y posteriormente salió?
Si esto fuera posible, entonces no estaríamos hablando de una resurrección.
Estaríamos hablando de una supervivencia.
Por eso esta pregunta merece ser investigada cuidadosamente.
Antes de estudiar la resurrección debemos demostrar la muerte
En mi libro La resurrección de Jesucristo, ¿Verdad o mito? planteo este asunto como una condición indispensable para toda la investigación.
Si no estamos convencidos de que la crucifixión realmente mató a Jesucristo, difícilmente podremos estar convencidos de que posteriormente resucitó.
La lógica es inevitable:
Para resucitar, primero hay que morir.
Por eso, durante esta subserie vamos a detenernos en la crucifixión y examinarla paso a paso.
No solamente desde una perspectiva religiosa.
También desde una perspectiva médica.
¿Qué era realmente una crucifixión romana?
Para nosotros, la cruz se ha convertido en un símbolo del cristianismo.
La encontramos en iglesias.
La llevamos alrededor del cuello.
Aparece en pinturas y obras de arte.
Pero para una persona del siglo primero, una cruz significaba algo completamente diferente.
Era un instrumento de ejecución.
Roma no crucificaba a una persona para herirla.
La crucificaba para matarla.
En mi libro explico que la crucifixión fue utilizada durante siglos como una forma de ejecución y que los romanos llegaron a perfeccionarla hasta convertirla en una muerte lenta, dolorosa y públicamente humillante.
La crucifixión no comenzaba cuando aparecían los clavos
Éste es un punto fundamental.
Cuando pensamos en la muerte de Jesucristo, con frecuencia imaginamos inmediatamente los clavos atravesando sus manos y sus pies.
Pero el deterioro físico había comenzado antes.
Jesús había pasado por una noche de enorme tensión.
Había sido arrestado.
Había sido trasladado de un lugar a otro.
Había sido interrogado.
Había recibido golpes.
Había sido sometido a humillaciones.
Y posteriormente fue entregado para ser azotado.
Por eso, para responder si era posible sobrevivir a esta crucifixión en particular, no podemos estudiar solamente las horas en la cruz.
Tenemos que estudiar todo lo que ocurrió antes.
La flagelación romana
Antes de ser crucificado, Jesús fue azotado.
Juan registra:
“Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó.”
Juan 19:1
Esta breve frase describe un acontecimiento físicamente brutal.
La flagelación romana podía producir lesiones severas.
En mi libro describo el instrumento utilizado como un látigo formado por varias correas de cuero en cuyos extremos podían colocarse objetos capaces de producir heridas profundas. La víctima era golpeada repetidamente sobre la espalda y otras regiones del cuerpo.
Esto significa que Jesús llegó a la crucifixión después de haber sufrido un castigo corporal considerable.
Ya había perdido sangre antes de llegar a la cruz
Desde una perspectiva médica, este punto resulta importantísimo.
Una persona que pierde una cantidad considerable de sangre comienza a sufrir consecuencias fisiológicas.
El volumen circulante disminuye.
El corazón intenta compensar aumentando su trabajo.
La presión arterial puede descender.
Aparece debilidad.
La persona puede experimentar sed intensa.
Si la pérdida continúa, puede desarrollarse un estado de choque.
Por eso no debemos imaginar a Jesucristo llegando al Gólgota como un hombre físicamente sano al que simplemente colocaron sobre una cruz.
Llegó después de haber sufrido un proceso traumático considerable.
Jesús no pudo continuar cargando
Los Evangelios proporcionan un detalle que adquiere especial importancia cuando analizamos su condición física.
Los soldados obligaron a Simón de Cirene a cargar la cruz.
“Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.”
Lucas 23:26
¿Por qué tuvieron que hacerlo?
El relato nos muestra que, en algún momento del recorrido, otra persona tuvo que hacerse cargo de la carga.
Esto es perfectamente compatible con un hombre que ya había sufrido un castigo físico extremo.
Después llegaron los clavos
Finalmente Jesús llegó al Gólgota.
Allí fue crucificado.
El cuerpo quedó suspendido.
Las heridas producidas por la fijación a la cruz añadieron nuevo trauma al que ya había sufrido.
Pero el problema no eran solamente los clavos.
La posición misma del cuerpo comenzaba a producir consecuencias.
Respirar se volvía cada vez más difícil.
Moverse significaba dolor.
El agotamiento aumentaba.
La deshidratación progresaba.
Y el organismo tenía que intentar mantenerse funcionando en condiciones cada vez más adversas.
La muerte por crucifixión no dependía de un solo mecanismo
Éste es otro punto importante desde la perspectiva médica.
No necesitamos imaginar que todas las personas crucificadas morían exactamente por una sola causa.
En una ejecución de este tipo podían combinarse varios procesos:
Trauma.
Hemorragia.
Choque.
Deshidratación.
Agotamiento extremo.
Dificultad respiratoria.
Alteraciones cardiovasculares.
Y finalmente colapso del organismo.
Por eso estudiar la muerte de Jesús requiere observar el conjunto de lesiones y acontecimientos, no buscar únicamente una herida fatal.
Los romanos sabían lo que estaban haciendo
Aquí debemos recordar algo fundamental.
Los hombres encargados de aquella ejecución eran soldados romanos.
No eran discípulos intentando determinar si su Maestro todavía respiraba.
No eran familiares emocionalmente afectados.
Eran los encargados de ejecutar la sentencia.
Y tenían experiencia con la muerte.
Esto adquiere una importancia enorme cuando llegamos a las últimas horas de Jesús en la cruz.
Llegó el momento de comprobar si los crucificados habían muerto
Juan relata que, debido a que se acercaba el día de reposo, se solicitó que los cuerpos no permanecieran en las cruces.
Entonces los soldados comenzaron a quebrar las piernas de los crucificados.
“Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él.”
Juan 19:32
Pero cuando llegaron a Jesús ocurrió algo diferente:
“Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas.”
Juan 19:33
Observe cuidadosamente:
“Le vieron ya muerto.”
Los soldados examinaron a Jesús y determinaron que ya había muerto.
Pero uno de los soldados hizo algo más
Juan continúa:
“Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.”
Juan 19:34
Este acontecimiento será tan importante que merece un artículo propio dentro de esta subserie.
Por ahora quiero destacar algo muy sencillo.
Después de todo lo que Jesús había sufrido, después de horas de crucifixión y después de que los soldados determinaron que estaba muerto, todavía recibió una herida de lanza en el costado.
La teoría de que simplemente estaba desmayado tendrá que explicar también esto.
Pilato quiso asegurarse
Después apareció José de Arimatea.
Pidió el cuerpo.
Pero Pilato no simplemente respondió:
“Llévatelo.”
Marcos registra:
“Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. E informado por el centurión, dio el cuerpo a José.”
Marcos 15:44-45
Esto es extraordinariamente importante.
Tenemos una segunda comprobación.
Los soldados habían observado que Jesús estaba muerto.
Después Pilato preguntó específicamente al centurión.
Y solamente cuando recibió confirmación permitió que José se llevara el cuerpo.
En mi libro hago énfasis precisamente en esta cadena de comprobaciones.
José de Arimatea y Nicodemo tuvieron el cuerpo en sus manos
Después aparecen otros dos testigos importantes.
José de Arimatea.
Ellos no observaron a Jesús desde varios metros de distancia.
Manipularon directamente su cuerpo.
Lo bajaron.
Lo prepararon.
Lo envolvieron con lienzos y especias aromáticas.
Y lo colocaron dentro del sepulcro.
En mi libro utilizo precisamente sus acciones como evidencia de la muerte: estaban realizando los preparativos correspondientes a un cadáver, no tratando a una persona herida.
Pensemos ahora en la teoría de la supervivencia
Supongamos, por un momento, que Jesús no murió.
Aceptemos la hipótesis para examinarla.
Entonces tendríamos que creer que sobrevivió:
A los golpes.
A la flagelación.
A la pérdida de sangre.
Al camino hacia el Gólgota.
A los clavos.
A las horas suspendido en la cruz.
Al agotamiento.
A la deshidratación.
A la herida de la lanza.
Y además tendríamos que creer que los soldados romanos se equivocaron al determinar su muerte.
Que el centurión también se equivocó.
Que José de Arimatea no notó que seguía vivo.
Que Nicodemo tampoco lo notó.
Y que después fue colocado dentro de una tumba.
Pero todavía no hemos terminado.
Tendría que sobrevivir también a la sepultura
Según Juan, José y Nicodemo envolvieron el cuerpo con lienzos y especias aromáticas.
Después lo colocaron dentro del sepulcro.
La entrada fue cerrada mediante una enorme piedra.
Entonces, según la teoría de la supervivencia, Jesús tendría que haber recuperado la conciencia dentro de la tumba.
Profundamente herido.
Después de una pérdida importante de sangre.
Sin atención médica.
Sin agua.
Sin alimentos.
Y después tendría que liberarse de los lienzos.
Ponerse de pie.
Llegar hasta la entrada.
Y enfrentarse con la enorme piedra.
Y todavía faltan los guardias
Más adelante estudiaremos el sello y la guardia colocados para asegurar la tumba.
Pero si la teoría sostiene que Jesús salió físicamente del sepulcro después de recuperarse, también tendremos que explicar cómo un hombre que acababa de sufrir semejantes lesiones consiguió superar las medidas colocadas frente a la tumba.
Cada nueva pieza hace la explicación más difícil.
Y después tendría que convencer a sus discípulos de que había vencido la muerte
Supongamos incluso que hubiera conseguido salir.
¿Qué habrían visto los discípulos?
Un hombre apenas vivo.
Gravemente lesionado.
Necesitado urgentemente de atención.
Eso no habría producido naturalmente el anuncio:
“¡Ha vencido a la muerte!”
Habría producido otro:
“¡Está vivo! ¡Ayúdenlo!”
Sobrevivir a una ejecución no es lo mismo que resucitar gloriosamente de entre los muertos.
La pregunta correcta no es si alguien alguna vez sobrevivió
Al analizar este tema debemos ser precisos.
La pregunta principal no es simplemente:
¿Ha sobrevivido alguna persona alguna vez a una crucifixión?
La pregunta que realmente importa es:
¿Es razonable pensar que Jesucristo sobrevivió a todo lo que los Evangelios dicen que sufrió, fue declarado muerto por quienes lo ejecutaron, recibió una herida de lanza, fue preparado para la sepultura y colocado dentro de una tumba, y después salió por sus propias fuerzas?
Ésa es la hipótesis que debe enfrentarse con la evidencia.
Mi conclusión
Después de estudiar el proceso de la crucifixión y las circunstancias específicas de la muerte de Jesucristo, mi conclusión es firme:
Jesucristo murió en la cruz.
No considero razonable explicar los acontecimientos posteriores diciendo que simplemente perdió el conocimiento y después despertó.
Existió una ejecución romana.
Existieron lesiones graves.
Los soldados determinaron su muerte.
Un soldado atravesó su costado.
El centurión confirmó la muerte ante Pilato.
José de Arimatea recibió el cadáver.
José y Nicodemo lo prepararon para la sepultura.
Y finalmente el cuerpo fue colocado dentro de un sepulcro y encerrado detrás de una enorme piedra.
Antes de preguntarnos cómo salió de la tumba, tenemos que aceptar el punto al que nos conduce esta primera parte de la investigación:
El hombre que entró en aquella tumba estaba muerto.
Pero hemos mencionado rápidamente un acontecimiento que merece ser estudiado mucho más detenidamente.
Antes de los clavos.
Antes de la cruz.
Antes de la lanza.
Jesús sufrió un castigo brutal que por sí mismo produjo un enorme deterioro físico.
La flagelación romana.
Ese será nuestro siguiente tema.
Referencias bíblicas
Mateo 27:26-50.
Marcos 15:15-39, 42-45.
Lucas 23:26-46.
Juan 19:1-3, 16-37.
Juan 19:38-42.
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