Por el Dr. Elio M. Rivera
Pocas expresiones humanas poseen un poder tan extraordinario como la música. Una simple melodía puede despertar recuerdos olvidados, transmitir esperanza en medio del sufrimiento, unir a miles de personas o expresar emociones que las palabras no alcanzan a describir.
Desde las antiguas civilizaciones hasta nuestros días, la música ha acompañado prácticamente todos los momentos importantes de la vida humana. Está presente en las celebraciones, en las bodas, en el trabajo, en el duelo, en la adoración y en las grandes manifestaciones culturales.
Resulta sorprendente que una sucesión de sonidos organizados pueda producir un impacto tan profundo en la mente y en el corazón. La música constituye una de las capacidades más extraordinarias del ser humano y refleja un diseño que trasciende la simple supervivencia.
“Alabadle con trompeta; alabadle con salterio y arpa… Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya.”
— Salmo 150:3, 6

La música, un lenguaje presente en toda la humanidad
No existe una cultura conocida que carezca de música.
Cada pueblo desarrolla sus propios instrumentos.
Compone sus propias melodías.
Canta en sus celebraciones.
Acompaña con música los momentos de alegría y de tristeza.
Aunque los estilos musicales son muy diversos, la necesidad de hacer música es universal.
Esta realidad constituye uno de los rasgos compartidos por toda la humanidad.
Mucho más que entretenimiento
La música no solo entretiene.
También fortalece la memoria.
Favorece el aprendizaje.
Estimula la creatividad.
Facilita la comunicación de emociones.
Fortalece los vínculos sociales.
Desde la infancia utilizamos canciones para aprender el lenguaje, memorizar información y transmitir valores de una generación a otra.
Una extraordinaria capacidad del cerebro
Escuchar música implica una coordinación extraordinaria.
Nuestro cerebro reconoce ritmos, distingue melodías, identifica armonías, anticipa secuencias y relaciona los sonidos con emociones y recuerdos.
Todo ello ocurre en fracciones de segundo.
Pocas actividades humanas involucran simultáneamente tantos procesos mentales como la música.
La belleza escrita en el sonido
La música revela que el ser humano no vive únicamente para satisfacer necesidades materiales.
Ninguna melodía alimenta el cuerpo.
Ninguna sinfonía prolonga directamente la vida.
Y, sin embargo, todas las civilizaciones han creado música.
Esto demuestra que el ser humano posee una profunda necesidad de belleza, expresión y trascendencia.
Dios creó un universo lleno de armonía
La Biblia presenta a Dios como el autor de un universo extraordinariamente ordenado.
Los movimientos de los cuerpos celestes.
Los ritmos de la naturaleza.
Las estaciones.
Los ciclos biológicos.
Todo refleja orden, proporción y armonía.
No resulta extraño que el ser humano, creado a Su imagen, también busque el orden y la belleza mediante la música.
La música ocupa un lugar especial en la Biblia
Las Escrituras mencionan la música desde los primeros capítulos del Génesis.
Posteriormente encontramos músicos, cantores, instrumentos y coros dedicados a la adoración de Dios.
Los Salmos constituyen el libro de himnos más conocido de toda la historia.
El rey David, además de gobernante, fue compositor y músico.
La música aparece constantemente como una expresión de gratitud, confianza y alabanza.
“Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.”
— Salmo 100:1
Jesucristo y el canto
La música también estuvo presente en la vida de Jesús.
Después de celebrar la última cena con sus discípulos, los Evangelios registran que cantaron un himno antes de dirigirse al monte de los Olivos.
“Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.”
— Mateo 26:30
Aun en las horas previas a la cruz, la adoración ocupó un lugar importante en la vida del Señor.
Un don que puede glorificar a Dios
Como todas las capacidades humanas, la música puede utilizarse para el bien o para el mal.
Puede transmitir esperanza o desesperación.
Puede fortalecer la fe o alimentar la violencia.
Puede elevar el corazón hacia Dios o alejarlo de Él.
El valor de la música depende del propósito con el que se utilice.
La música en la eternidad
La Biblia describe el cielo como un lugar donde la adoración ocupa un lugar central.
Los redimidos cantan delante del trono de Dios.
Los ángeles proclaman continuamente Su santidad.
La música forma parte de la adoración eterna al Creador.
“Y cantaban un nuevo cántico…”
— Apocalipsis 5:9
La creación anuncia la gloria de Dios
Cada canción, cada instrumento y cada melodía recuerdan que el ser humano fue creado con una extraordinaria capacidad para apreciar el orden, la belleza y la armonía.
La música no es una necesidad para la supervivencia, pero sí parece ser una necesidad para el alma.
Ese profundo anhelo por cantar, componer y escuchar melodías encuentra una explicación coherente en la Biblia: fuimos creados por un Dios que ama la belleza, la armonía y la adoración.
Cada vez que una melodía llena nuestro corazón de esperanza, gratitud o reverencia, contemplamos un pequeño reflejo de la creatividad del Creador.
“Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo.”
— Salmo 33:3
Referencias
- La Santa Biblia, Reina-Valera 1960. Génesis 4:21; 1 Samuel 16:23; Salmos 33:3; Salmos 100; Salmos 150; Mateo 26:30; Efesios 5:19; Colosenses 3:16; Apocalipsis 5:9.
- National Institutes of Health. Investigaciones sobre la música, el cerebro, la memoria y las emociones.
- Society for Music Perception and Cognition. Estudios sobre percepción musical, cognición y desarrollo humano.
- The Bible Project. Recursos sobre los Salmos, la adoración y la música en la Biblia.
- Reasons to Believe. Publicaciones sobre la creatividad, la belleza y la singularidad del ser humano desde una perspectiva cristiana.
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