5. Dios creó de la nada

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Una de las verdades más extraordinarias que enseña la Biblia acerca de la creación es que Dios no necesitó materia preexistente para crear el universo. A diferencia del ser humano, que siempre requiere materiales para construir, Dios posee un poder creador absolutamente único. Él puede llamar a la existencia aquello que antes no existía.

  Cuando un arquitecto construye una casa necesita ladrillos, cemento, acero, madera y vidrio. Un escultor requiere piedra o mármol. Un carpintero necesita madera. Incluso el artista más creativo depende siempre de materiales ya existentes para realizar su obra. Ningún ser humano puede crear materia de la nada.

  Dios, en cambio, no está limitado por esa condición. La Biblia presenta al Creador como el único Ser capaz de dar existencia a aquello que antes no existía. Ese poder pertenece exclusivamente a Él.

 Dios creo todo de la nada

 El autor de la carta a los Hebreos lo expresa de manera admirable:

“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”
(Hebreos 11:3)

  Este versículo no pretende describir el proceso físico de la creación, sino señalar su origen. Todo lo visible tuvo su principio en la acción creadora de Dios. El universo no surgió porque existiera una materia eterna esperando ser organizada; surgió porque Dios habló y ejerció su poder creador.

  Desde el primer capítulo del Génesis encontramos esta misma realidad. Una y otra vez aparece la expresión:

“Y dijo Dios…”

  Y después de cada mandato divino ocurre algo extraordinario.

“Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”
(Génesis 1:3)

“Y dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas… Y fue así.”
(Génesis 1:6-7)

“Y dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde… Y produjo la tierra…”
(Génesis 1:11-12)

  La creación responde inmediatamente a la voz del Creador. Dios no lucha contra fuerzas opuestas ni necesita herramientas para realizar su obra. Su palabra posee autoridad absoluta. Lo que Él ordena, existe.

  El salmista resumió esta verdad con una de las declaraciones más hermosas de toda la Biblia:

“Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió.”
(Salmo 33:9)

  ¡Qué diferencia tan grande existe entre el poder de Dios y el poder del hombre! Nosotros imaginamos, planeamos y trabajamos durante meses o años para construir algo. Dios simplemente habla, y aquello que no existía comienza a existir.

  El apóstol Pablo también destaca este atributo único de Dios al hablar de Abraham:

“…delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.”
(Romanos 4:17)

  Aunque Pablo utiliza este pasaje para explicar la fe de Abraham, sus palabras revelan una característica extraordinaria del Creador. Dios tiene el poder de llamar a la existencia aquello que todavía no existe. Lo que para el ser humano resulta imposible, para Dios constituye una manifestación natural de su omnipotencia.

  Esta capacidad pertenece únicamente a Dios. Ningún ángel, ningún ser humano y ninguna criatura posee semejante poder. Solo el Creador puede producir existencia donde antes no había absolutamente nada.

  El profeta Isaías también enfatiza el carácter único del Dios creador:

“Así dice Jehová, Creador de los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso… Yo soy Jehová, y no hay otro.”
(Isaías 45:18)

  Observe que Isaías relaciona directamente la creación con la identidad de Dios. Él no es simplemente un dios más entre muchos. Es el único Creador. Su capacidad para dar origen al universo lo distingue de cualquier otro ser.

  En otra ocasión, el Señor declara:

“Yo hice la tierra, y creé sobre ella al hombre; yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé.”
(Isaías 45:12)

  Estas palabras revelan que toda la creación depende completamente de Dios. El universo no posee existencia propia ni autonomía absoluta. Existe porque Dios quiso que existiera y continúa existiendo porque Él sostiene todas las cosas con su poder.

  Es importante señalar que la Biblia nunca intenta explicar detalladamente cómo Dios creó el universo. Su propósito principal no es satisfacer toda curiosidad científica, sino revelar quién lo creó. Las Escrituras concentran nuestra atención en el Autor de la creación y no en los mecanismos mediante los cuales realizó su obra.

  Precisamente por eso, la creación constituye una evidencia tan poderosa de la existencia de Dios. Si el universo pudiera explicarse completamente por sí mismo, no habría necesidad de un Creador. Pero la Biblia afirma que toda la realidad visible tuvo su origen en el poder de un Dios eterno que llamó a la existencia aquello que antes no existía.

  Esta verdad nos recuerda que el Dios de la Biblia no está limitado por las leyes que gobiernan el universo, porque Él mismo es quien las estableció. El tiempo, el espacio, la materia y la energía existen porque Él quiso que existieran. Todo depende de Dios; Dios no depende de nada.

  Quizá esa sea una de las diferencias más profundas entre el Creador y toda su creación. Nosotros siempre trabajamos con lo que ya existe. Dios, en cambio, posee el poder de hacer existir lo que jamás había existido.

  Por eso, cuando la Biblia describe el origen del universo, no dirige nuestra atención hacia la materia ni hacia procesos impersonales. La dirige hacia el Dios eterno, cuya palabra tiene poder para llamar a la existencia los cielos, la tierra y todo cuanto contienen.

  El universo no existe porque la materia fuera eterna. Existe porque el Dios eterno habló. Y cuando el Creador habló, aquello que no existía comenzó a existir. Esa es una de las manifestaciones más sublimes de su poder y una de las evidencias más extraordinarias de que el Dios revelado en las Escrituras es verdaderamente el Autor de todas las cosas.


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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.