Dr. Elio M Rivera
Cuando Herodes apareció en la historia, Judea ya había perdido gran parte de su independencia.
Durante aproximadamente un siglo, la dinastía asmonea había gobernado al pueblo judío después de la rebelión de los macabeos. Pero las disputas internas por el poder terminaron abriendo la puerta a una potencia mucho mayor.
Roma entró en Judea.
En el año 63 a. C., el general romano Pompeyo intervino en la lucha entre los hermanos Hircano II y Aristóbulo II, tomó Jerusalén y colocó a Judea dentro de la esfera de dominio romano. El reino que alguna vez había recuperado su independencia ahora tendría que aprender a sobrevivir bajo la mirada de Roma.
Y en medio de aquel nuevo escenario comenzó a ascender una familia que sabía relacionarse extraordinariamente bien con los poderosos.
El padre que abrió el camino
El padre de Herodes se llamaba Antípatro.
Era idumeo y poseía una habilidad política notable. Comprendió algo que sería decisivo para el futuro de su familia: si Roma era ahora el poder dominante, había que conseguir el favor de Roma.
Antípatro apoyó a Hircano II, pero al mismo tiempo cultivó relaciones con los dirigentes romanos. Cuando Julio César necesitó apoyo durante su campaña en Egipto, Antípatro colaboró con él. Josefo relata que César posteriormente confirmó a Hircano como sumo sacerdote y concedió a Antípatro una importante posición administrativa en Judea.
Antípatro comenzó entonces a colocar a sus hijos en posiciones de responsabilidad.
A uno de ellos, Fasael, le encargó Jerusalén.
Al otro, todavía joven, le confió Galilea.
Su nombre era Herodes.
Así comenzó.
Herodes todavía no era rey.
Pero ya estaba aprendiendo a gobernar.
Herodes descubre dónde estaba el verdadero poder
Las guerras civiles romanas sacudieron constantemente el Mediterráneo durante aquellos años. Julio César fue asesinado. Casio tomó control de Siria y exigió enormes cantidades de dinero a los territorios sometidos.
Judea recibió la orden de entregar setecientos talentos.
Herodes comprendió rápidamente cómo funcionaba aquel mundo. Josefo cuenta que consiguió entregar antes que otros la cantidad exigida a su región, ganándose con ello el favor de Casio. Poco después recibió mayores responsabilidades militares.
Herodes estaba aprendiendo una lección que marcaría toda su carrera:
para gobernar Judea necesitaba conservar la confianza de Roma.
Y era extraordinariamente hábil haciéndolo.
De gobernador a tetrarca
Después de la derrota de Bruto y Casio en Filipos, el poder romano volvió a cambiar de manos.
Ahora uno de los hombres más importantes del mundo romano era Marco Antonio.
Herodes acudió a él.
Sus adversarios también fueron y presentaron acusaciones contra él y su hermano, pero Herodes consiguió conservar el favor del nuevo gobernante. Josefo relata que Marco Antonio preguntó a Hircano quiénes administraban mejor los asuntos de la nación. Hircano señaló a Herodes y a sus hombres.
El resultado fue otro ascenso.
Marco Antonio nombró tetrarcas a Herodes y a su hermano Fasael, entregándoles importantes responsabilidades sobre los asuntos de Judea.
Pero todavía faltaba el paso más extraordinario.

Herodes llega a Roma y el emperador lo reconoce como rey
La situación política de Judea volvió a derrumbarse cuando los partos intervinieron en la región y Antígono consiguió tomar el poder.
Herodes tuvo que abandonar Judea.
Su situación parecía desesperada.
Entonces hizo algo que cambiaría su vida.
Fue a Roma.
Allí se presentó ante Marco Antonio.
Herodes esperaba conseguir ayuda romana para recuperar la situación en Judea. Pero lo que sucedió superó incluso sus expectativas.
Marco Antonio apoyó su causa. Octaviano —el futuro emperador Augusto— también favoreció su nombramiento. Josefo explica que Antonio argumentó además que convenía a los intereses romanos tener a Herodes como rey en medio del conflicto contra los partos.
Entonces se reunió el Senado romano.
Y Roma tomó una decisión extraordinaria:
Herodes sería rey de Judea.
Josefo incluso señala que Herodes no esperaba recibir personalmente semejante dignidad. Pero el Senado aprobó el nombramiento y, cuando terminó la sesión, Herodes salió del edificio acompañado por Marco Antonio y Octaviano. Después se ofrecieron sacrificios y el decreto quedó depositado en el Capitolio.
Era alrededor del año 40 a. C.
Herodes tenía ahora el título.
Pero había un problema.
Roma podía llamarlo rey; eso no significaba que Judea estuviera todavía en sus manos.
Un rey sin reino
Durante aproximadamente tres años, Herodes tuvo que luchar para convertir el decreto romano en una realidad.
Roma le proporcionó apoyo militar. Finalmente, el general romano Cayo Sosio avanzó con fuerzas romanas para auxiliarlo. Jerusalén fue sitiada y cayó en el año 37 a. C.
Entonces Herodes pudo finalmente ocupar efectivamente el trono para el cual Roma lo había designado años antes. Josefo sitúa allí el comienzo de los treinta y cuatro años de gobierno efectivo de Herodes después de la conquista de Jerusalén, aunque habían transcurrido treinta y siete desde que los romanos lo declararon rey.
Pero todavía quedaba una prueba.
Herodes cambia de amigo y conserva la corona
Durante años, Herodes había dependido políticamente de Marco Antonio.
Entonces el mundo romano volvió a cambiar.
En el año 31 a. C., Octaviano derrotó a Marco Antonio y Cleopatra en la batalla de Accio. El hombre al que Herodes había estado estrechamente vinculado acababa de perder la lucha por el dominio de Roma.
La corona de Herodes podía desaparecer con él.
Herodes decidió presentarse personalmente ante Octaviano.
Y realizó una jugada política extraordinariamente audaz.
En lugar de negar su antigua amistad con Antonio, reconoció que había sido leal a él. Después ofreció esa misma lealtad al vencedor.
Funcionó.
Josefo relata que Octaviano quedó impresionado y le devolvió la diadema, confirmándolo en el trono. Más tarde Octaviano sería conocido como Augusto, el primer emperador romano.
Herodes había sobrevivido a Julio César.
Había sobrevivido a Casio.
Había conseguido el favor de Marco Antonio.
Y cuando Antonio cayó, consiguió también el favor de Augusto.
No era solamente afortunado.
Era un extraordinario sobreviviente político.
Un rey de Judea sostenido por Roma
Ahora podemos comprender mejor las palabras con las que Lucas comienza su Evangelio:
«Hubo en los días de Herodes, rey de Judea…» — Lucas 1:5.
Sí, Herodes era rey.
Pero detrás de aquella corona había toda una estructura.
El Senado romano había reconocido su título.
Marco Antonio había promovido su causa.
Octaviano había respaldado su nombramiento.
Soldados romanos habían ayudado a consolidar su reino.
Augusto había confirmado posteriormente su corona.
Herodes gobernaba Judea, pero Roma gobernaba el mundo de Herodes.
Esto nos ayuda a comprender algo fundamental acerca de aquel hombre.
Su poder era enorme, pero también dependía de otros.
Necesitaba conservar el favor de Roma.
Necesitaba demostrar que podía mantener Judea bajo control.
Necesitaba conservar su corona.
Y precisamente por eso, conforme avancemos en su historia, comenzaremos a descubrir algo inquietante:
cuanto más poder consiguió Herodes, más temió perderlo.
Pero esa parte de la historia todavía está por comenzar.
¿Qué aprendemos del corazón de Dios?
Hay un contraste silencioso que comienza a aparecer.
Herodes necesitó hombres poderosos que lo llevaran hasta el trono.
Necesitó alianzas.
Necesitó decisiones políticas.
Necesitó al Senado.
Necesitó ejércitos.
Necesitó conservar el favor de quienes estaban por encima de él.
Su reino parecía poderoso, pero descansaba sobre una compleja estructura humana que podía cambiar en cualquier momento.
Mientras tanto, Dios estaba comenzando a cumplir sus propósitos sin necesitar la autorización del Senado romano, el respaldo de Augusto ni la aprobación de Herodes.
Los hombres podían entregar coronas.
Roma podía reconocer reyes.
Los ejércitos podían conquistar ciudades.
Pero ninguno de ellos poseía autoridad absoluta sobre la historia.
Herodes había aprendido a moverse extraordinariamente bien entre los hombres que parecían gobernar el mundo.
Pronto descubriría que existían acontecimientos que ni sus alianzas, ni Roma, ni su corona podrían controlar.
Referencias bíblicas
Lucas 1:5; Daniel 2:20–21; Daniel 4:17; Daniel 7:17–18.
Referencias históricas
Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, libro XIV. Relata el ascenso de Antípatro, el gobierno temprano de Herodes en Galilea, su relación con las autoridades romanas, su nombramiento como tetrarca, su viaje a Roma, el respaldo de Marco Antonio y Octaviano, y la decisión del Senado romano de proclamarlo rey. También relata el apoyo militar romano que permitió consolidar posteriormente su reino.
Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, libro XV. Describe el encuentro de Herodes con Octaviano después de la derrota de Marco Antonio y la confirmación de Herodes en el trono por el futuro Augusto.
Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, libro XVII. Al registrar la muerte de Herodes, Josefo distingue entre los treinta y siete años transcurridos desde que Roma lo declaró rey y los treinta y cuatro años de su reinado efectivo después de consolidar el poder.
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