11. Cuando nadie pudo detenerlo: Jesús venció la muerte y salió de la tumba

Por el Dr. Elio M Rivera

¿Puede alguien detener verdaderamente a Dios?

  A lo largo de esta serie hemos visto a Jesucristo manifestar autoridad sobre la naturaleza, la materia, los animales, el cuerpo humano, el pecado y la muerte.

  Pero todavía quedaba una prueba final.

  No se trataba ya de resucitar a otra persona.

  No se trataba de llamar a Lázaro fuera de una tumba.

  Ahora Jesús mismo iba a entrar en la muerte.

  Sería arrestado.

  Golpeado.

  Crucificado.

  Declarado muerto.

  Colocado dentro de un sepulcro.

  La entrada sería cerrada con una piedra.

  Y sus enemigos intentarían asegurarse de que todo terminara allí.

  Humanamente, parecía el final perfecto.

  Pero si Jesucristo era realmente quien había afirmado ser, entonces quedaba una pregunta:

¿Podía la muerte retenerlo?

  Porque podemos detener a un hombre.

  Podemos arrestarlo.

  Podemos encadenarlo.

  Podemos encerrarlo.

  Incluso podemos matarlo.

  Pero si estamos frente a Dios:

¿quién puede detenerlo?

Jesús había anunciado que volvería a levantarse

  La resurrección no aparece en los Evangelios como una idea inventada después de su muerte.

  Jesús la anunció antes.

  Mateo registra:

“Y le matarán; mas al tercer día resucitará.”
Mateo 17:23

  Marcos dice:

“El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día.”
Marcos 9:31

  Y Jesús hizo una afirmación todavía más sorprendente acerca de su propia vida:

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.”
Juan 10:17

  Después añadió:

“Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.”
Juan 10:18

  Estas palabras son extraordinarias.

  Jesús no habló como una víctima indefensa.

  Dijo:

“Yo pongo mi vida.”

  Y después:

“Tengo poder para volverla a tomar.”

  La cruz no lo tomó por sorpresa.

  La muerte no apareció como algo fuera de su conocimiento.

  Jesús sabía hacia dónde caminaba.

Hicieron todo lo humanamente posible para terminar con Él

  Jesús fue crucificado.

  Los soldados romanos comprobaron que estaba muerto.

  Juan relata que:

“Uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.”
Juan 19:34

  Después José de Arimatea recibió el cuerpo.

  Jesús fue colocado en un sepulcro.

  Mateo dice:

“Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.”
Mateo 27:59-60

  Pero sus enemigos todavía estaban preocupados.

  Recordaban que Jesús había hablado de resucitar.

  Por eso fueron ante Pilato y dijeron:

“Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré.”
Mateo 27:63

  Pidieron que el sepulcro fuera asegurado.

  Pilato respondió:

“Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis.”
Mateo 27:65

  Y Mateo dice:

“Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.”
Mateo 27:66

  Piedra.

  Sello.

  Guardia.

  Un cuerpo dentro de la tumba.

  Todo parecía controlado.

  Pero había un problema que ningún sistema de seguridad humano podía resolver:

el hombre dentro de aquella tumba había dicho que volvería a vivir.

La muerte no pudo retenerlo

  Llegó el primer día de la semana.

  Las mujeres fueron al sepulcro.

  Y la piedra estaba removida.

  Mateo relata:

“Hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.”
Mateo 28:2

  Entonces el ángel anunció:

“No está aquí, pues ha resucitado, como dijo.”
Mateo 28:6

  Observe esas últimas palabras:

“como dijo.”

  Jesús había anunciado lo que sucedería.

  Y sucedió.

  Pedro predicó posteriormente acerca de Él:

“Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.”
Hechos 2:24

  Esa frase resume perfectamente el tema:

“era imposible que fuese retenido por ella.”

  La muerte pudo recibirlo.

  Pero no pudo conservarlo.

Una tumba podía encerrar un cuerpo, pero no al Autor de la vida

  Aquí encontramos una paradoja extraordinaria.

  Los hombres colocaron a Jesús dentro de una tumba.

  Pero Pedro lo llamaría después:

“el Autor de la vida.”
Hechos 3:15

  ¿Cómo puede la muerte retener indefinidamente al Autor de la vida?

  ¿Cómo puede una piedra convertirse en prisión para Aquel por quien fueron hechas todas las cosas?

  Juan había dicho:

“Todas las cosas por él fueron hechas.”
Juan 1:3

  Y Pablo escribiría:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas.”
Colosenses 1:16

  Una piedra podía cerrar una tumba.

  Pero esa piedra también formaba parte de la creación.

  Los soldados podían custodiar la entrada.

  Pero ellos también eran criaturas.

  La muerte podía reclamar un cuerpo.

  Pero incluso la muerte estaba frente a Aquel que había dicho:

Yo soy la resurrección y la vida.”
Juan 11:25

El Dios del Antiguo Testamento tampoco podía ser frustrado

  Esta idea posee una profunda conexión con el Antiguo Testamento.

  Job declaró acerca de Dios:

“Yo conozco que todo lo puedes,
Y que no hay pensamiento que se esconda de ti.”

Job 42:2

  Isaías registra:

“Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá?”
Isaías 14:27

  Y Daniel dice:

“Él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano.”
Daniel 4:35

  Observe la expresión:

“no hay quien detenga su mano.”

  Ese es el Dios del Antiguo Testamento.

  Nadie puede frustrar finalmente su propósito.

  Nadie puede imponerle una prisión definitiva.

  Nadie puede decirle:

“Hasta aquí llegaste.”

  Ahora mire la tumba de Jesús.

  Los hombres intentaron cerrar la historia.

  Dios todavía no había terminado.

Los hombres podían crucificarlo, pero no podían impedir su resurrección

  Aquí está una de las diferencias más impresionantes entre Jesús y cualquier otro hombre de la historia.

  Grandes líderes han muerto.

  Reyes han muerto.

  Profetas han muerto.

  Conquistadores han muerto.

  Filósofos han muerto.

  Todos han terminado finalmente bajo el poder de la muerte.

  Jesús también murió.

  Pero no permaneció muerto.

  Los hombres pudieron llevarlo a la cruz.

  Pudieron clavar sus manos.

  Pudieron comprobar su muerte.

  Pudieron colocar su cuerpo en una tumba.

  Pudieron cerrar la entrada.

  Pudieron sellarla.

  Pudieron colocar una guardia.

  Pero no pudieron impedir:

el tercer día.

  Porque la resurrección no dependía del permiso de Roma.

  No dependía del Sanedrín.

  No dependía de los soldados.

  No dependía de la piedra.

  Jesús había dicho:

“Tengo poder para volverla a tomar.”

El mismo Jesús que llamó a Lázaro salió ahora de su propia tumba

  En un artículo anterior vimos a Jesús delante de la tumba de Lázaro.

  Allí gritó:

“¡Lázaro, ven fuera!”
Juan 11:43

  Y Lázaro salió.

  Ahora Jesús mismo estaba dentro de una tumba.

  Pero existe una diferencia fundamental.

  Lázaro necesitó que otro lo llamara.

  Jesús había declarado acerca de su propia vida:

“Tengo poder para volverla a tomar.”

  Lázaro fue resucitado.

  Jesucristo:

resucitó.

  Y por eso Apocalipsis presenta a Jesús diciendo:

“Yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos.”
Apocalipsis 1:17-18

  Y añade:

“Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.”

  No solamente escapó de la muerte.

  Tiene autoridad sobre ella.

¿Qué esperaríamos de un Dios?

  Llegamos nuevamente a nuestra pregunta fundamental.

  ¿Qué esperaríamos de Dios?

  Esperaríamos que ningún poder creado pudiera derrotarlo definitivamente.

  Esperaríamos que ningún hombre pudiera frustrar su propósito final.

  Esperaríamos que ninguna prisión pudiera contenerlo para siempre.

  Y si Dios es la fuente de la vida:

esperaríamos que ni siquiera la muerte tuviera la última palabra sobre Él.

  Eso es precisamente lo que encontramos en Jesucristo.

  Lo arrestaron.

  Pero no lo derrotaron.

  Lo crucificaron.

  Pero no acabaron con Él.

  Lo enterraron.

  Pero no pudieron retenerlo.

  Sellaron la tumba.

  Pero el sello no pudo detenerlo.

  Colocaron una guardia.

  Pero la guardia no pudo impedirlo.

  La muerte misma lo recibió.

  Pero Pedro declaró:

“Era imposible que fuese retenido por ella.”

Una tumba vacía cambió la historia

  Aquella mañana las mujeres llegaron esperando encontrar un cadáver.

  Encontraron una tumba abierta.

  Los discípulos que habían huido comenzaron posteriormente a anunciar públicamente:

Jesús vive.

  Pedro, que había negado conocerlo, proclamó:

“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.”
Hechos 2:32

  La resurrección se convirtió en el centro de la proclamación cristiana.

  Porque si Jesús resucitó, entonces la cruz no fue su derrota.

  Fue el camino hacia su victoria.

  Y la tumba no fue su destino.

  Fue solamente:

un lugar temporal.

Nadie pudo detenerlo

  Tal vez podamos resumir toda la escena de una manera muy sencilla.

  Judas lo entregó.

  No pudo detenerlo.

  Las autoridades lo arrestaron.

  No pudieron detenerlo.

  Roma lo crucificó.

  No pudo detenerlo.

  Una piedra cerró su tumba.

  No pudo detenerlo.

  Una guardia vigiló el sepulcro.

  No pudo detenerlo.

  La muerte misma lo recibió.

  Tampoco pudo detenerlo.

  Porque cuando estamos hablando de Jesucristo no estamos hablando simplemente de un hombre excepcional.

  Estamos hablando de Aquel que dijo:

“Yo soy la resurrección y la vida.”

  Y después:

lo demostró.

  Por eso la pregunta final no es solamente:

¿Quién movió la piedra?

  La pregunta mucho más grande es:

¿Quién era Aquel a quien ni siquiera la muerte pudo retener?

  La respuesta del Nuevo Testamento es clara.

  Jesucristo.

  El Autor de la vida.

  El Señor sobre la muerte.

  El que estuvo muerto:

y vive por los siglos de los siglos.

Referencias bíblicas

  • Mateo 17:22-23; Marcos 9:30-31 — Jesús anuncia anticipadamente su muerte y su resurrección al tercer día.
  • Juan 10:17-18 — Jesús declara: “Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.”
  • Juan 19:30-37Muerte de Jesucristo en la cruz y comprobación de su muerte.
  • Mateo 27:57-66 — Jesús es colocado en el sepulcro; la piedra es sellada y se coloca una guardia.
  • Mateo 28:1-10 — La tumba aparece abierta y el ángel anuncia: “No está aquí, pues ha resucitado, como dijo.”
  • Lucas 24:1-8 — Las mujeres encuentran el sepulcro vacío y reciben el anuncio de la resurrección.
  • Juan 20:1-18Pedro y Juan encuentran el sepulcro vacío; Jesús resucitado se aparece a María Magdalena.
  • Hechos 2:24 — Dios levantó a Jesús, “por cuanto era imposible que fuese retenido” por la muerte.
  • Hechos 2:32 — “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.”
  • Hechos 3:15 — Pedro llama a Jesucristo “el Autor de la vida”.
  • Job 42:2 — “Yo conozco que todo lo puedes.”
  • Isaías 14:27 — “Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá?”
  • Daniel 4:35 — Acerca de Dios: “No hay quien detenga su mano.”
  • Juan 11:25 — Jesús declara: “Yo soy la resurrección y la vida.”
  • Apocalipsis 1:17-18 — Jesús declara: “Estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos” y afirma tener “las llaves de la muerte y del Hades”.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.