08. Cuando hasta la muerte tuvo que obedecer

Por el Dr. Elio M Rivera

La frontera que ningún hombre puede cruzar por sí mismo

  A lo largo de esta serie hemos visto a Jesucristo manifestar autoridad sobre la naturaleza, sobre el mundo físico, sobre la materia y sobre el cuerpo humano.

  Pero todavía quedaba una frontera mayor.

  La muerte.

  El ser humano puede combatir enfermedades.

  Puede prolongar la vida.

  Puede intervenir médicamente en momentos críticos.

  Pero cuando la muerte se ha establecido de manera definitiva, nuestra capacidad termina.

  No podemos ordenar a un cadáver que vuelva a vivir.

  No podemos restaurar por nuestra propia autoridad aquello que ha dejado de funcionar.

  Sin embargo, los Evangelios presentan a Jesús frente a la muerte en tres escenas extraordinarias.

  Una niña.

  Un joven.

  Y un hombre que llevaba cuatro días en la tumba.

  En los tres casos, la muerte tuvo que ceder ante su palabra.

La hija de Jairo: “Niña, a ti te digo, levántate”

  Jairo era uno de los principales de la sinagoga.

  Su hija estaba gravemente enferma.

  Desesperado, buscó a Jesús.

  Marcos dice:

“Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.”
Marcos 5:23

  Jesús fue con él.

  Pero mientras avanzaban llegó la noticia que todo padre teme escuchar:

“Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?”
Marcos 5:35

  Humanamente, el caso había terminado.

  Ya no había una enferma que sanar.

  Había una niña muerta.

  Pero Jesús respondió:

“No temas, cree solamente.”
Marcos 5:36

  Cuando llegó a la casa encontró llanto, alboroto y personas lamentándose.

  Entonces entró donde estaba la niña.

  Tomó su mano.

  Y dijo:

“Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate.”
Marcos 5:41

  Marcos añade:

“Y luego la niña se levantó y andaba.”
Marcos 5:42

  Observe nuevamente la autoridad.

  Jesús no realizó una larga ceremonia.

  No pronunció una oración extensa.

  No pidió que la muerte cediera.

  Le habló a la niña.

“Levántate.”

  Y ella se levantó.

La muerte obedeció.

El hijo de la viuda de Naín: “Joven, a ti te digo, levántate”

  El segundo acontecimiento ocurrió cerca de una ciudad llamada Naín.

  Jesús se encontró con un cortejo fúnebre.

  Lucas relata:

“He aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda.”
Lucas 7:12

  La escena era profundamente dolorosa.

  La mujer ya había perdido a su esposo.

  Ahora había perdido también a su único hijo.

  El joven no estaba enfermo.

  No estaba agonizando.

  Lo llevaban a enterrar.

  Lucas dice que Jesús la vio:

“Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.”
Lucas 7:13

  Entonces Jesús se acercó.

  Tocó el féretro.

  Y pronunció estas palabras:

“Joven, a ti te digo, levántate.”
Lucas 7:14

  Y entonces:

“Se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar.”
Lucas 7:15

  Lucas no deja lugar a confusión.

  Dice:

“el que había muerto.”

  Y después:

“comenzó a hablar.”

  El hombre que era llevado al sepulcro volvió a la vida.

  Jesús no necesitó tocarlo durante horas.

  No necesitó aplicar ningún procedimiento.

  Pronunció una orden.

  Y la muerte retrocedió.

Lázaro: cuatro días dentro de la tumba

  Pero quizá el acontecimiento más impresionante de todos ocurrió en Betania.

  Lázaro, hermano de Marta y María, estaba enfermo.

  Jesús recibió la noticia.

  Pero no llegó inmediatamente.

  Cuando finalmente llegó a Betania, Juan dice:

“Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro.”
Juan 11:17

  Cuatro días.

  Esto es fundamental.

  Lázaro no acababa de morir.

  No estaba en los primeros minutos después de un colapso.

  No existía la posibilidad de confundir aquella escena con una reanimación inmediata.

  Llevaba cuatro días sepultado.

  Marta lo sabía perfectamente.

  Cuando Jesús ordenó quitar la piedra, ella respondió:

“Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.”
Juan 11:39

  El cuerpo había comenzado a experimentar los procesos naturales posteriores a la muerte.

  Humanamente:

todo había terminado.

“Yo soy la resurrección y la vida”

  Antes de llegar a la tumba, Jesús había dicho a Marta algo extraordinario:

“Tu hermano resucitará.”
Juan 11:23

  Marta respondió:

“Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”
Juan 11:24

  Entonces Jesús declaró:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”
Juan 11:25

  Observe cuidadosamente lo que Jesús no dijo.

  No dijo simplemente:

“Yo conozco acerca de la resurrección.”

  No dijo:

“Dios puede resucitar.”

  Dijo:

“Yo soy la resurrección y la vida.”

  Y poco después iba a respaldar aquellas palabras con una demostración pública.

Frente a la tumba, Jesús dio una orden

  Jesús llegó al sepulcro.

  Mandó quitar la piedra.

  Después de orar al Padre, pronunció una orden:

“¡Lázaro, ven fuera!”
Juan 11:43

  Juan continúa:

“Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.”
Juan 11:44

  Nuevamente observe la expresión:

“el que había muerto salió.”

  Jesús habló.

  Y el hombre que llevaba cuatro días en la tumba:

salió caminando.

  La muerte había retenido a Lázaro.

  Hasta que Jesús habló.

¿Qué tuvo que ocurrir en el cuerpo de Lázaro?

  Aquí podemos detenernos para comprender la magnitud del acontecimiento.

  Un cuerpo muerto no necesita solamente que el corazón vuelva a latir.

  Después de cuatro días, múltiples sistemas corporales ya han dejado de funcionar.

  El cerebro.

  La circulación.

  La respiración.

  Los tejidos.

  Los procesos celulares.

  Todo estaba detenido.

  Para que Lázaro saliera caminando era necesario que su organismo completo recuperara funcionalidad.

  El corazón debía latir.

  Los pulmones debían respirar.

  El cerebro debía funcionar.

  Los nervios debían transmitir señales.

  Los músculos debían responder.

  La conciencia debía regresar.

  La coordinación debía restablecerse.

  Y todo ocurrió bajo una sola orden:

“¡Lázaro, ven fuera!”

Tres muertos, tres órdenes, una misma autoridad

  Coloquemos ahora las tres escenas una junto a la otra.

A la hija de Jairo:

“Niña, a ti te digo, levántate.”

  Y se levantó.

Al hijo de la viuda de Naín:

“Joven, a ti te digo, levántate.”

  Y comenzó a hablar.

A Lázaro:

“¡Ven fuera!”

  Y salió de la tumba.

  Tres personas.

  Tres circunstancias distintas.

  Tres momentos diferentes.

  Pero una misma realidad:

la voz de Jesucristo tenía autoridad sobre la muerte.

La Biblia atribuye a Dios poder sobre la vida y la muerte

  Desde el Antiguo Testamento encontramos que la autoridad sobre la vida pertenece a Dios.

  Ana declaró:

“Jehová mata, y él da vida;
Él hace descender al Seol, y hace subir.”

1 Samuel 2:6

  Deuteronomio registra:

“Ved ahora que yo, yo soy,
Y no hay dioses conmigo;
Yo hago morir, y yo hago vivir.”

Deuteronomio 32:39

  La vida no está fuera del dominio de Dios.

  Y ahora los Evangelios presentan a Jesús frente a personas muertas.

  No solamente orando por ellas.

  Dándoles órdenes.

La muerte escuchaba su voz

  Hay algo profundamente impactante en la forma en que Jesús actuó.

  Ante la niña:

“Levántate.”

  Ante el joven:

“Levántate.”

  Ante Lázaro:

“Ven fuera.”

  Jesús hablaba a los muertos como si todavía pudieran oírlo.

  Y lo extraordinario es que:

lo oían.

  Esto recuerda una declaración que el propio Jesús había hecho:

“Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz.”
Juan 5:28

  Y añadió:

“Y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida.”
Juan 5:29

  En Betania, aquella declaración tuvo una demostración impresionante.

  Un hombre estaba dentro de un sepulcro.

  Jesús habló.

  Y el muerto oyó su voz.

¿Qué esperaríamos de un Dios?

  Regresemos a la pregunta que inició toda esta serie.

  ¿Qué esperaríamos de Dios?

  Esperaríamos autoridad sobre la naturaleza.

  Esperaríamos autoridad sobre la materia.

  Esperaríamos autoridad sobre el cuerpo humano.

  Y finalmente:

esperaríamos autoridad sobre la vida y la muerte.

  Eso es exactamente lo que encontramos en Jesucristo.

  La enfermedad no era una frontera para Él.

  La incapacidad física no era una frontera.

  La mutilación no era una frontera.

  Y finalmente:

la muerte tampoco lo fue.

Pero todavía faltaba la demostración más grande

  La hija de Jairo volvió a vivir.

  El hijo de la viuda volvió a vivir.

  Lázaro volvió a vivir.

  Pero los tres, con el tiempo, volverían a morir.

  Todavía faltaba algo mayor.

  Jesús había dicho:

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.”
Juan 10:17

  Y añadió:

“Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.”
Juan 10:18

  El hombre que había llamado a otros fuera de la muerte estaba anunciando que Él mismo entraría en ella.

  Y que saldría.

  Por eso, cuando estudiamos la autoridad de Jesucristo sobre la muerte, Lázaro no es el final.

  Es una preparación.

  La culminación se encuentra en:

la resurrección del propio Jesucristo.

  Ese acontecimiento merece un estudio completo, y ha sido tratado ampliamente en otra serie de Cristopedia.

  Pero aquí basta recordar algo.

  Jesús no solamente dijo:

“Yo soy la resurrección y la vida.”

  Lo demostró frente a una niña.

  Frente a un joven.

  Frente a una tumba cerrada durante cuatro días.

  Y finalmente:

frente a su propia tumba.

  El viento le obedeció.

  El mar le obedeció.

  La materia respondió a su autoridad.

  Los cuerpos fueron restaurados.

  Y cuando Jesucristo habló frente a la muerte:

hasta la muerte tuvo que obedecer.


Referencias bíblicas

Marcos 5:21-43 — Jesús resucita a la hija de Jairo. Le dice: “Talita cumi… Niña, a ti te digo, levántate”, y ella inmediatamente se levanta y camina.

Mateo 9:18-26 — Relato paralelo de la resurrección de la hija de Jairo.

Lucas 8:40-56 — Lucas también registra la resurrección de la niña.

Lucas 7:11-17 — Jesús encuentra el cortejo fúnebre del hijo único de una viuda en Naín. Ordena: “Joven, a ti te digo, levántate”, y “se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar”.

Juan 11:1-44 — Relato completo de la enfermedad, muerte y resurrección de Lázaro. Llevaba cuatro días en el sepulcro cuando Jesús ordenó: “¡Lázaro, ven fuera!”

Juan 11:25-26 — Jesús declara: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”

Juan 5:21 — “Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.”

Juan 5:28-29 — Jesús anuncia que llegará la hora cuando los que están en los sepulcros “oirán su voz” y saldrán.

Juan 10:17-18 — Jesús afirma tener autoridad para poner su vida y volverla a tomar.

1 Samuel 2:6 — “Jehová mata, y él da vida; él hace descender al Seol, y hace subir.”

Deuteronomio 32:39 — Dios declara: “Yo hago morir, y yo hago vivir.”

Juan 20:1-18 — Relato del sepulcro vacío y las primeras evidencias de la resurrección de Jesucristo.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.