07. La madrugada en que la piedra apareció removida

Por el Dr. Elio M Rivera

La guardia, la piedra y el sello romano

  Después de estudiar la enorme piedra, la guardia y el sello romano, llegamos finalmente a la madrugada en que todo cambió.

  Hasta ese momento, la situación parecía completamente controlada.

  El cuerpo de Jesucristo había sido colocado dentro del sepulcro.

  La entrada había sido cerrada.

  La piedra había sido sellada.

  Y soldados vigilaban el lugar.

  Los enemigos de Jesús habían hecho todo lo posible para impedir que alguien sacara el cuerpo. En mis estudios posteriores llego a decir que, sin proponérselo, habían convertido aquel sepulcro en uno de los lugares más vigilados de Jerusalén.

  Pero al amanecer del primer día de la semana ocurrió algo que ninguna de aquellas medidas pudo impedir.

La piedra apareció removida.

Las mujeres se dirigieron al sepulcro cuando comenzaba a amanecer

  Los Evangelios sitúan los acontecimientos durante las primeras horas del día.

  Mateo comienza diciendo:

“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.”
Mateo 28:1

  Marcos menciona también a María Magdalena, María la madre de Jacobo y Salomé.

  Lucas habla de varias mujeres.

  Juan concentra inicialmente su relato en María Magdalena.

  En mi libro intento armonizar estos relatos proponiendo que, apenas amanecía, probablemente dos o más grupos de mujeres se dirigían al sepulcro, algunas desde Jerusalén y otras desde Betania. Pero también aclaro expresamente que no puedo asegurar que cada detalle cronológico ocurriera exactamente en ese orden; lo presento como una reconstrucción que considero coherente.

Ellas esperaban encontrar la tumba cerrada

  Las mujeres no caminaban hacia el sepulcro esperando una resurrección.

  Tampoco esperaban encontrar la entrada abierta.

  Marcos registra su preocupación:

“Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?”
Marcos 16:3

  Esto es importantísimo.

  Mientras se acercaban, ellas daban por sentado que:

La piedra seguía en su lugar.

  Su problema era cómo conseguirían moverla.

Pero algo había ocurrido antes de que llegaran

  Mateo describe:

“Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.”
Mateo 28:2

  Aquí tenemos un cambio radical en el escenario.

  La misma piedra que José había colocado.

  La misma piedra que después había sido sellada.

  La misma piedra que una guardia vigilaba.

  Ahora estaba removida.

Los guardias presenciaron algo aterrador

  Mateo continúa:

“Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.”
Mateo 28:3-4

  Estos soldados, hombres acostumbrados a la disciplina militar, quedaron paralizados por el terror.

  En mi libro señalo que los guardias vieron a los ángeles, experimentaron el terremoto y quedaron aterrorizados; después, cuando pudieron reaccionar, abandonaron el lugar para informar de lo sucedido.

La reacción de los soldados es extraordinaria

  No debemos pasar rápidamente por encima de este detalle.

  Habíamos estudiado que abandonar una guardia podía traer consecuencias gravísimas.

  Aquellos hombres lo sabían.

  Y, sin embargo, se fueron.

  En mi libro hago una observación muy fuerte: el miedo a lo que presenciaron fue mayor que su temor a las consecuencias de abandonar el lugar que custodiaban.

  Para mí, eso significa que tuvieron que presenciar algo extraordinariamente impactante.

Cuando las mujeres llegaron, la piedra ya había sido removida

  Marcos dice:

“Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande.”
Marcos 16:4

  No dice que ellas la movieron.

  No dice que encontraron hombres intentando desplazarla.

  Cuando llegaron:

Ya estaba removida.

  La barrera que las preocupaba había desaparecido.

María Magdalena vio la tumba abierta

  Juan presenta la escena desde la perspectiva de María Magdalena:

“El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.”
Juan 20:1

  Su primera conclusión no fue:

“¡Jesús resucitó!”

  Fue completamente diferente.

  Corrió hacia Pedro y Juan y les dijo:

“Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.”
Juan 20:2

  Esto es muy importante.

  María no estaba predispuesta a interpretar inmediatamente una tumba vacía como evidencia de una resurrección.

  Pensó que alguien había movido el cuerpo.

En mi reconstrucción, María pudo haberse adelantado

  En mi libro propongo como posibilidad que María Magdalena se adelantara al resto de las mujeres, viera la tumba abierta y regresara corriendo antes de escuchar el anuncio de los ángeles.

  Después, el resto de las mujeres habría llegado y recibido el mensaje de que Jesús había resucitado.

  Nuevamente, ésta es una armonización que considero coherente, no una afirmación de que podamos demostrar cada minuto exacto de la secuencia.

  Lo fundamental para nuestra investigación es lo que todos los relatos terminan estableciendo:

La piedra estaba removida.

La tumba estaba abierta.

El cuerpo ya no estaba allí.

Las mujeres entraron

  El ángel les dijo:

“No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.”
Mateo 28:6

  La invitación es extraordinaria:

“Venid, ved.”

  No se les pidió creer sin mirar.

  Podían entrar.

  Podían observar.

  Podían comprobar que el lugar donde había sido colocado el cuerpo estaba vacío.

La piedra removida convirtió la tumba en evidencia

  Esto es fundamental.

  Mientras la piedra permaneciera cerrando el sepulcro, nadie podía observar fácilmente el interior.

  Pero una vez removida, la tumba pudo ser examinada.

  Las mujeres pudieron entrar.

  Después Pedro entraría.

  Juan entraría.

  El lugar donde había estado el cuerpo quedó expuesto a la observación.

  La piedra removida no ocultó la evidencia.

La dejó visible.

Pedro y Juan corrieron hacia la tumba

  Cuando María les dio la noticia, Pedro y Juan corrieron.

  Juan llegó primero.

  Se inclinó.

  Miró hacia dentro.

  Y vio los lienzos.

  Después Pedro entró.

  En mi armonización señalo que ambos encontraron la tumba abierta y los lienzos acomodados; Juan se retiró creyendo, mientras Pedro permaneció asombrado.

  Esto nos lleva a otra pieza importantísima que estudiaremos más adelante:

Los lienzos permanecieron dentro.

Nadie esperaba encontrar aquella escena

  Éste es uno de los aspectos más importantes de esa madrugada.

  Las mujeres no llegaron esperando una tumba vacía.

  María interpretó inicialmente la ausencia del cuerpo como un traslado.

  Los discípulos tampoco parecían estar esperando que Jesús resucitara.

  Por eso los acontecimientos comenzaron a producir sorpresa, confusión y finalmente convicción.

  No estamos leyendo la historia de un grupo que llegó al sepulcro para ejecutar un plan previamente acordado.

  Estamos leyendo acerca de personas enfrentadas con algo que no esperaban encontrar.

Los guardias también tuvieron que explicar lo ocurrido

  Mateo dice que algunos miembros de la guardia fueron a la ciudad:

“Y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.”
Mateo 28:11

  Este detalle me parece extraordinario.

  Los propios soldados encargados de impedir cualquier manipulación del sepulcro se convirtieron en quienes tuvieron que informar que la situación había cambiado.

  La piedra estaba removida.

  La tumba ya no estaba bajo su control.

Los enemigos de Jesús se enfrentaron ahora con el problema que intentaron evitar

  Habían pedido una guardia porque temían que el cuerpo desapareciera.

  Habían sellado la tumba.

  Habían asegurado la piedra.

  Y ahora precisamente eso había ocurrido:

El cuerpo ya no estaba allí.

  La medida diseñada para impedir la desaparición del cuerpo no pudo explicar su ausencia.

Mi libro no depende de establecer cada minuto exacto

  Quiero conservar aquí algo que expresé claramente en mi obra.

  Los cuatro Evangelios narran aquella mañana desde perspectivas diferentes.

  Cuando intenté armonizarlos propuse una secuencia que considero bastante coherente, pero escribí expresamente:

“No puedo asegurar que las cosas sucedieron así.”

  Porque el objetivo de mi investigación no era discutir si María llegó unos minutos antes que otra mujer.

  Mi objetivo era estudiar:

El hecho de la resurrección.

  Y sobre el punto central no existe ambigüedad en mi conclusión.

  Aquella mañana:

  La piedra había sido removida.

  La tumba estaba abierta.

  Y Jesucristo ya no estaba dentro.

Algo había ocurrido con la piedra

  Pensemos en todo lo estudiado hasta ahora.

  Era grande.

  Las mujeres sabían que no podían moverla fácilmente.

  Había sido sellada.

  Había soldados vigilándola.

  Los discípulos estaban escondidos.

  Y al amanecer:

La piedra estaba fuera de su lugar.

  Esto exige una explicación.

Para mí, Mateo proporciona esa explicación

  Mateo no atribuye la remoción de la piedra a los discípulos.

  Tampoco a las mujeres.

  Dice que:

“Un ángel del Señor… removió la piedra.”

  En mi libro creo firmemente que esto también resolvió el problema del sello: no fueron los discípulos quienes asumieron la responsabilidad de violar la protección imperial.

La madrugada que cambió completamente el caso

  Hasta esa mañana, los enemigos de Jesús tenían algo muy poderoso:

Un cadáver dentro de una tumba asegurada.

  Después de esa madrugada ya no lo tenían.

  Ahora existía otro problema:

  Una piedra removida.

  Una guardia aterrorizada.

  Un sepulcro abierto.

  Lienzos en el interior.

  Y ningún cuerpo.

  La investigación había cambiado para siempre.

La tumba estaba vacía.

  Y precisamente por eso nuestro siguiente paso deberá ser examinar el argumento que intentó explicar inmediatamente aquella ausencia:

¿Se quedaron dormidos los soldados mientras los discípulos robaban el cuerpo?

Referencias bíblicas

Mateo 28:1-15.
Marcos 16:1-8.
Lucas 24:1-12.
Juan 20:1-18.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.