07. ¿Podría Jesús simplemente haberse desmayado?

Dr. Elio M Rivera

La investigación médica de la crucifixión

  Esta es una de las objeciones más importantes que debemos analizar si queremos investigar seriamente la resurrección.

  La teoría sería la siguiente:

Jesucristo no murió realmente en la cruz. Solamente perdió el conocimiento. Después fue colocado en la tumba, recuperó la conciencia y salió.

  Si eso hubiera ocurrido, entonces no estaríamos hablando de una resurrección.

  Estaríamos hablando de una supervivencia.

  Por eso esta explicación merece ser examinada con cuidado.

Primero: la crucifixión no tenía como objetivo provocar un desmayo

  Como hemos estudiado en los artículos anteriores, la crucifixión romana era una forma de ejecución.

  Su finalidad era matar.

  Jesús había sido golpeado.

  Había sido flagelado.

  Había perdido sangre.

  Había sufrido las heridas de los clavos.

  Había permanecido suspendido en la cruz.

  Había sufrido deshidratación y un deterioro físico progresivo.

  Por eso, antes siquiera de llegar a la tumba, la teoría del desmayo ya tiene que enfrentarse con todo el proceso de la crucifixión.

  Como explico en mi libro, si alguna teoría afirmara que Jesús simplemente perdió el conocimiento, sobrevivió a la crucifixión o se recuperó posteriormente dentro del sepulcro, entonces la primera cuestión que tendría que resolver sería si realmente podía haber sobrevivido a todo lo que sufrió.

Los soldados romanos dijeron que estaba muerto

  Juan registra:

“Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas.”
Juan 19:33

  Esto es fundamental.

  Los soldados llegaron hasta Jesús con el propósito de acelerar la muerte de los crucificados.

  A los otros dos les quebraron las piernas.

  A Jesús no.

  ¿Por qué?

Porque lo vieron ya muerto.

  No estamos hablando de una conclusión tomada por uno de sus discípulos.

  Quienes lo determinaron fueron los mismos hombres responsables de ejecutar la sentencia.

Pero todavía hicieron algo más

  Uno de los soldados tomó una lanza.

  Juan escribe:

“Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.”
Juan 19:34

  En mi libro hago énfasis en que esto fue una acción adicional que no realizaron con los otros dos crucificados. Para mí, los soldados no podían dejar duda alguna acerca de la muerte de Jesucristo y por eso realizaron esta comprobación adicional.

  Por lo tanto, para sostener que Jesús solamente estaba inconsciente habría que afirmar que los soldados romanos confundieron a un hombre desmayado con un cadáver y que, además, aquel hombre sobrevivió a la herida de la lanza.

Juan estaba allí y dio testimonio

  Juan no presenta este acontecimiento como un rumor.

  Escribe:

“Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.”
Juan 19:35

  En mi libro también examino el detalle de la “sangre y agua” que Juan afirma haber observado después de que el soldado atravesó el costado de Jesús. Allí lo utilizo como parte de mi argumento médico para sostener que la muerte había ocurrido realmente.

  Para nuestra investigación, lo importante aquí es que Juan describe una comprobación física posterior a la crucifixión.

Pilato tampoco aceptó simplemente la noticia

  Después apareció José de Arimatea y pidió el cuerpo.

  Marcos dice:

“Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. E informado por el centurión, dio el cuerpo a José.”
Marcos 15:44-45

  Observe la secuencia.

  Pilato no entregó inmediatamente el cuerpo.

  Preguntó al centurión.

  Esperó la confirmación.

  Y solamente después autorizó la entrega.

  Así que la teoría del desmayo tendría que suponer también que el centurión romano se equivocó al certificar la muerte.

Después José de Arimatea tuvo el cuerpo en sus manos

  Aquí aparece otro problema para la teoría.

  José de Arimatea recibió el cuerpo.

  Nicodemo también participó en la preparación.

  Ellos no observaron a Jesús desde lejos.

  Lo tocaron.

  Lo envolvieron.

  Prepararon el cuerpo para la sepultura.

  Y lo colocaron dentro del sepulcro.

  Sus acciones hablan directamente de lo que creían estar manipulando:

un cadáver.

José y Nicodemo no trataron a Jesús como un herido

  En mi libro hago precisamente esta observación.

  José y Nicodemo compraron especias aromáticas, envolvieron el cuerpo con lienzos y realizaron la preparación funeraria conforme a la costumbre judía.

  Yo argumento que jamás habrían realizado todo este procedimiento si hubieran percibido señales de que Jesús seguía vivo.

  Si Jesús hubiera estado inconsciente pero vivo, la reacción lógica habría sido completamente diferente.

  No lo habrían preparado para sepultarlo.

  Habrían intentado auxiliarlo.

  Lo habrían llevado a un lugar donde pudiera respirar.

  Habrían buscado ayuda.

  Pero no hicieron nada de eso.

Las especias también forman parte del problema

  Juan dice que Nicodemo llevó aproximadamente cien libras de mirra y áloes.

  El cuerpo fue envuelto con los lienzos y las especias.

  En mi libro explico que estas sustancias fueron colocadas entre las vendas que envolvían el cuerpo, y hago énfasis particularmente en la mirra.

  Por lo tanto, la teoría del desmayo tendría que aceptar que un hombre gravemente traumatizado permaneció envuelto para la sepultura sin que José ni Nicodemo descubrieran que seguía vivo.

Después fue colocado dentro de una tumba

  Ahora sigamos la teoría hasta sus últimas consecuencias.

  Jesús tendría que haber sobrevivido:

  A la flagelación.

  A la pérdida de sangre.

  A los clavos.

  A la crucifixión.

  A la deshidratación.

  A la herida de lanza.

  Al examen de los soldados.

  A la certificación del centurión.

  A la manipulación de José de Arimatea y Nicodemo.

  A la preparación funeraria.

  Y después habría sido colocado dentro de una tumba excavada en roca.

  Pero todavía falta más.

La tumba fue cerrada

  José:

“Hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro.”

  Así que, según la teoría del desmayo, Jesús tendría que haber recuperado la conciencia dentro del sepulcro.

  Sin atención médica.

  Sin líquidos.

  Sin alimentos.

  Profundamente herido.

  Después tendría que liberarse de los lienzos.

  Ponerse de pie.

  Caminar sobre pies atravesados por clavos.

  Utilizar manos profundamente heridas.

  Y remover desde el interior una enorme piedra.

Y posteriormente tendría que enfrentarse a la guardia

  Más adelante estudiaremos con mucho detalle la guardia romana y el sello colocado sobre la tumba.

  Pero la teoría de la supervivencia también tendrá que explicar ese elemento.

  Un Jesús apenas recuperado de una ejecución romana tendría que abandonar el sepulcro a pesar de las medidas utilizadas para impedir que alguien sacara el cuerpo.

  Cada pieza que añadimos hace que la explicación resulte más difícil.

Y después tendría que presentarse ante sus discípulos

  Supongamos que hubiera conseguido todo lo anterior.

  Entonces aparece otro problema.

  ¿Qué habrían visto sus discípulos?

  Un hombre destrozado.

  Con heridas graves.

  Debilitado.

  Necesitado urgentemente de cuidados.

  Un hombre que apenas había logrado sobrevivir.

  ¿Habría producido aquella imagen la convicción de que Jesús había vencido gloriosamente a la muerte?

  En mi libro afirmo que, si Jesucristo hubiera sobrevivido en el estado físico que habría dejado la crucifixión, no habría podido caminar normalmente, utilizar adecuadamente sus extremidades ni presentarse como una figura de victoria; habría producido horror y lástima.

El desmayo no explica la transformación de los discípulos

  Los discípulos posteriormente comenzaron a proclamar:

“Jesús resucitó.”

  No dijeron:

“Jesús sobrevivió.”

  No dijeron:

“Encontramos a Jesús gravemente herido y lo estamos atendiendo.”

  Su convicción fue completamente diferente.

  Afirmaron haber visto al mismo Jesús que había muerto, ahora vivo.

  Por eso la teoría del desmayo no solamente tiene que explicar la supervivencia física.

  También tiene que explicar por qué quienes lo vieron posteriormente llegaron a la conclusión de que había resucitado.

La teoría requiere una cadena de errores extraordinaria

  Para aceptar que Jesús simplemente se desmayó, tendríamos que aceptar simultáneamente que:

  Los soldados romanos se equivocaron.

  El soldado de la lanza no produjo una lesión mortal.

  El centurión se equivocó al informar a Pilato.

  José de Arimatea no percibió que seguía vivo.

  Nicodemo tampoco.

  La preparación funeraria no terminó de matarlo.

  Jesús recuperó fuerzas sin recibir tratamiento.

  Se liberó de los lienzos.

  Movió la piedra.

  Salió de la tumba.

  Y después logró convencer a sus discípulos de que no era un sobreviviente gravemente herido, sino el vencedor de la muerte.

  No considero que esa explicación haga justicia al conjunto de los acontecimientos.

Mi conclusión

  En esta investigación no basta con encontrar una posibilidad imaginable.

  Necesitamos encontrar una explicación que pueda sostener todas las piezas del caso.

  La teoría del desmayo falla precisamente allí.

  No explica adecuadamente la crucifixión.

  No explica la comprobación de los soldados.

  No explica la lanza.

  No explica la confirmación del centurión.

  No explica la actuación de José y Nicodemo.

  No explica la sepultura.

  No explica la tumba cerrada.

  Y tampoco explica la transformación posterior de los discípulos.

  Por eso mi conclusión permanece firme:

Jesucristo no salió de la cruz desmayado. Jesucristo murió.

  Y esta afirmación nos conduce a la siguiente pregunta.

  Si realmente estaba muerto:

¿Quién comprobó oficialmente su muerte?

Referencias bíblicas

Mateo 27:57-60.
Marcos 15:42-46.
Lucas 23:50-56.
Juan 19:31-42.
Juan 20:24-29.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.