Por el Dr. Elio M Rivera
En los bosques tropicales del sudeste asiático vive un pequeño reptil que puede hacer algo completamente inesperado. Permanece aferrado verticalmente al tronco de un árbol y, cuando necesita desplazarse hacia otro, no siempre desciende hasta el suelo para volver a subir. En determinadas circunstancias se impulsa hacia el vacío, extiende dos amplias membranas a los lados de su cuerpo y comienza a desplazarse por el aire.
No posee alas como un ave. Tampoco tiene las extremidades anteriores transformadas en alas como los murciélagos. En realidad, ni siquiera realiza un vuelo propulsado. Los lagartos del género Draco, conocidos popularmente como dragones voladores o lagartos voladores, utilizan una estrategia completamente diferente: convierten parte de su caja torácica en el soporte de una superficie que les permite planear entre los árboles.
La estructura es tan sorprendente como eficaz. Varias costillas se encuentran extraordinariamente alargadas y pueden extenderse lateralmente. Sobre ellas se despliega una membrana de piel denominada patagio. Cuando el animal abre este sistema, aumenta considerablemente la superficie que interactúa con el aire y transforma una caída en un desplazamiento controlado.
Una estructura que normalmente relacionamos con la protección de los órganos internos participa aquí en algo completamente inesperado. Las costillas se convierten también en parte de un sistema de locomoción aérea.

El lagarto volador, una estructura corporal convertida en un sorprendente sistema de planeo
La Biblia invita al ser humano a observar con atención la diversidad del mundo natural. El libro de Job declara: “Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán” (Job 12:7). El lagarto volador constituye un magnífico ejemplo de cuánto puede descubrirse cuando observamos incluso a las criaturas pequeñas.
Existen más de cuarenta especies reconocidas dentro del género Draco, distribuidas en diferentes regiones del sur y sudeste de Asia. Son reptiles relativamente pequeños y arborícolas que pasan gran parte de su existencia sobre troncos y ramas. Allí encuentran alimento, territorios y lugares relacionados con la reproducción. Para un animal cuya vida ocurre principalmente a varios metros sobre el suelo, trasladarse de un árbol a otro presenta un problema evidente.
Descender por un tronco, caminar sobre el suelo y subir nuevamente requiere tiempo y energía. Además, permanecer en el suelo puede exponer a un pequeño lagarto a depredadores diferentes de aquellos que encuentra en las alturas. El planeo proporciona otra posibilidad. Si existe un árbol adecuado a cierta distancia, el animal puede utilizar la gravedad para desplazarse hacia él sin necesidad de recorrer todo el trayecto por tierra.
El principio físico parece sencillo. Un cuerpo que salta desde una altura comenzará a caer debido a la gravedad. Sin embargo, si aumenta suficientemente su superficie y controla la interacción con el aire, parte de ese descenso puede transformarse en movimiento horizontal. El lagarto continúa perdiendo altura, pero mientras lo hace avanza hacia otro punto del bosque.
Por esta razón resulta más correcto decir que planea, no que vuela. Un ave o un murciélago puede producir fuerzas aerodinámicas mediante movimientos activos de sus alas y mantener un vuelo propulsado. El Draco depende principalmente de la altura inicial y de la energía potencial asociada con ella. Cada planeo termina finalmente en un punto situado a menor altura que aquel desde donde comenzó.
Costillas que hacen mucho más que proteger
La característica anatómica central de este sistema se encuentra en varias costillas extraordinariamente alargadas. En la mayoría de los vertebrados pensamos en las costillas como elementos relacionados principalmente con la protección y el soporte del tronco. En los lagartos Draco, algunas de ellas poseen además una función completamente diferente.
Cuando el animal se encuentra sobre un tronco, las costillas pueden mantenerse relativamente plegadas y la membrana permanece junto al cuerpo. Antes del planeo, músculos especializados rotan y extienden estas estructuras hacia los lados. El patagio se despliega entonces como una superficie aerodinámica sostenida desde el interior.
Esto significa que la membrana no cuelga simplemente de los costados. Posee un armazón que determina su forma y permite controlar su extensión. Costillas, músculos, articulaciones y piel forman una unidad funcional que puede abrirse cuando el animal necesita desplazarse y cerrarse nuevamente después de aterrizar.
La capacidad de plegar el sistema resulta tan importante como poder desplegarlo. Una superficie permanentemente extendida dificultaría caminar sobre los troncos, esconderse entre la vegetación y moverse por espacios estrechos. El animal necesita una estructura grande durante unos segundos y un cuerpo relativamente compacto durante el resto del tiempo.
Cuando observamos el mecanismo completo aparece un principio semejante al encontrado en otras criaturas: una solución útil debe funcionar no solamente durante la acción principal, sino también antes y después de ella.

El lagarto volador, saltar es solamente el comienzo
Planear eficazmente requiere mucho más que abrir una membrana. El lagarto debe elegir un punto de destino, impulsar su cuerpo desde el tronco, desplegar rápidamente el patagio y mantener una orientación adecuada durante el recorrido. Después necesita modificar su postura conforme se aproxima al árbol donde pretende aterrizar.
Las extremidades participan en el control del cuerpo durante el planeo y ayudan a manejar la posición del patagio. La cola también contribuye a la estabilidad y a las maniobras. Pequeños cambios en la postura pueden modificar la trayectoria, permitiendo que el animal corrija su dirección mientras atraviesa el espacio entre dos árboles.
Las investigaciones mediante grabaciones de alta velocidad han permitido estudiar con mayor precisión estas maniobras. El planeo no es simplemente una caída con una membrana abierta. Existe control corporal durante diferentes fases del desplazamiento, incluyendo la preparación para el aterrizaje.
Esta última parte presenta un problema especialmente importante. Un vuelo que termina golpeando violentamente contra un árbol no sería demasiado útil. Conforme se aproxima a la superficie, el lagarto modifica la orientación de su cuerpo y de las extremidades para reducir el impacto y colocar las patas en posición para sujetarse.
En cuestión de segundos ha pasado de estar aferrado a un tronco a convertirse en un pequeño planeador y finalmente vuelve a ser un reptil trepador sobre otra superficie vertical.
La física escondida dentro del bosque
El Draco no necesita comprender las leyes de la aerodinámica para utilizarlas. Su cuerpo interactúa inevitablemente con ellas. El peso lo impulsa hacia abajo mientras el aire que circula alrededor del patagio genera fuerzas que modifican la trayectoria de la caída.
La relación entre el tamaño corporal y la superficie del patagio es especialmente importante. Los animales pequeños poseen ciertas ventajas para este tipo de locomoción porque su masa es relativamente reducida respecto a la superficie que pueden desplegar. Una membrana suficientemente amplia puede producir un efecto aerodinámico considerable sobre un cuerpo ligero.
La forma del patagio tampoco es accidental desde el punto de vista funcional. Su geometría, curvatura y orientación influyen en la manera en que el aire se desplaza alrededor del animal. Cambiar la postura modifica esas relaciones y permite cierto control de la trayectoria.
Aquello que desde lejos parece simplemente una pequeña lagartija saltando entre árboles constituye en realidad un magnífico encuentro entre anatomía y física. El organismo proporciona la estructura; las mismas leyes que gobiernan cualquier objeto en movimiento determinan lo que ocurre después.
Vivir sin necesidad de bajar constantemente al suelo
El planeo proporciona ventajas importantes para un animal arborícola. Puede permitir desplazamientos más eficientes entre árboles, ayudar a escapar de determinadas amenazas y facilitar el acceso a diferentes zonas de alimentación o territorio.
Los lagartos Draco consumen principalmente pequeños artrópodos, y varias especies muestran una fuerte asociación con hormigas y termitas. Pasan mucho tiempo desplazándose sobre los troncos mientras buscan alimento y vigilan el entorno. El bosque no es solamente el lugar donde viven; su arquitectura vertical determina gran parte de su comportamiento.
Los machos pueden utilizar áreas específicas de los árboles como territorios y realizar exhibiciones relacionadas con la reproducción. Muchas especies poseen además una estructura de piel debajo de la garganta conocida como papada o abanico gular, que puede desplegarse y presentar colores llamativos.
Esta estructura participa en la comunicación visual. El animal que utiliza una membrana lateral para desplazarse por el aire posee otra superficie desplegable para enviar señales a miembros de su propia especie. Una está relacionada principalmente con locomoción; la otra, con comunicación.
La vida entre árboles exige así capacidades muy diferentes: sujetarse a superficies verticales, detectar alimento, reconocer individuos, defender territorios, encontrar pareja y trasladarse entre lugares separados por espacios abiertos. El planeo es solamente una parte de una forma de vida mucho más amplia.
Un pequeño cuerpo que debe calcular el momento apropiado
El éxito de cada desplazamiento depende también de decisiones conductuales. La distancia entre árboles, la altura disponible y la posición del punto de aterrizaje determinan si un planeo resulta conveniente. Saltar desde un lugar inadecuado podría dejar al animal sin suficiente altura para alcanzar su objetivo.
Aunque no realiza cálculos matemáticos conscientes como un ingeniero, su sistema visual y nervioso debe obtener información acerca del entorno y coordinar la respuesta motora apropiada. Los ojos identifican posibles superficies; el cerebro procesa esa información; los músculos producen el salto; las costillas despliegan el patagio y las extremidades ayudan a controlar la trayectoria.
Una vez más encontramos varios sistemas trabajando de manera simultánea. El patagio por sí solo no sería suficiente. Una membrana sin control neuromuscular no garantizaría un aterrizaje seguro, del mismo modo que músculos y sentidos sin una superficie aerodinámica no permitirían realizar el mismo tipo de desplazamiento.
El valor se encuentra en la integración.
No es el único animal que ha encontrado esta solución
El Draco forma parte de un grupo fascinante de animales que utilizan el planeo para desplazarse. Existen mamíferos como las ardillas voladoras y los petauros, anfibios capaces de controlar descensos desde los árboles e incluso serpientes que modifican la forma de su cuerpo para desplazarse por el aire.
Sin embargo, el lagarto volador utiliza una solución anatómica especialmente llamativa porque el soporte principal del patagio procede de costillas alargadas. Diferentes criaturas pueden enfrentarse al mismo problema —cruzar un espacio entre árboles— mediante estructuras corporales distintas.
Esta diversidad resulta fascinante. La naturaleza no presenta una única manera de resolver cada desafío. Patagios sostenidos entre extremidades, cuerpos aplanados, membranas interdigitales y costillas extendidas pueden participar en estrategias relacionadas con el desplazamiento aéreo.
Cada solución utiliza características particulares del organismo que la posee.
Cuando una costilla se convierte en parte de un planeador
Quizá lo más sorprendente del Draco sea precisamente la transformación funcional de una estructura tan conocida. Todos comprendemos de manera general qué son las costillas y dónde se encuentran. Resulta mucho menos intuitivo imaginar que puedan extenderse lateralmente para sostener una superficie aerodinámica.
La misma estructura corporal puede cumplir más de una función. Las costillas continúan formando parte del tronco, pero algunas han adquirido proporciones y movilidad que permiten participar directamente en la locomoción.
Este principio aparece repetidamente cuando estudiamos los seres vivos. Las estructuras no existen aisladas. Huesos, músculos, piel, nervios y comportamiento pueden integrarse de maneras que solamente comprendemos cuando observamos al animal dentro de su ambiente.
Un Draco conservado e inmóvil puede parecernos simplemente una lagartija extraña con costillas largas. Observarlo lanzarse desde un árbol revela para qué sirve realmente esa arquitectura.

El lagarto volador, una pequeña criatura que utiliza grandes principios
El salmista escribió: “Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren” (Salmo 111:2). El lagarto volador muestra cómo una criatura pequeña puede conducirnos hacia preguntas relacionadas con anatomía, biomecánica, aerodinámica y comportamiento.
La Biblia no pretende explicar la relación entre sustentación y resistencia aerodinámica, calcular el ángulo de planeo de un reptil ni describir la musculatura que mueve sus costillas. Estas preguntas corresponden a disciplinas como la zoología, la física y la biomecánica. Las Escrituras nos invitan, sin embargo, a contemplar la naturaleza y reconocer la sabiduría que se manifiesta en ella.
El Salmo 104 declara: “¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios” (Salmo 104:24). En un bosque tropical, esa sabiduría puede contemplarse en una criatura de apenas unos centímetros que ha convertido parte de su caja torácica en un sistema capaz de interactuar con el aire.
El lagarto permanece sobre un tronco. Frente a él existe un espacio vacío y, varios metros más adelante, otro árbol. Entonces se impulsa, despliega las costillas, extiende el patagio y transforma la caída en un recorrido controlado. La cola y las extremidades participan en las correcciones necesarias hasta que finalmente las patas encuentran nuevamente una superficie donde sujetarse.
Desde la perspectiva bíblica, conocer la física detrás de ese movimiento no elimina la maravilla; permite apreciarla con mayor profundidad. El lagarto volador nos recuerda que la extraordinaria diversidad de la creación puede manifestarse mediante soluciones completamente inesperadas: un reptil que no posee alas, pero que utiliza sus propias costillas para desplegar una superficie que le permite abandonar un árbol y atravesar el aire hasta alcanzar el siguiente.
Referencias
Escrituras consultadas
- Génesis 1:24-25.
- Job 12:7-10.
- Salmo 104:24.
- Salmo 111:2.
- Proverbios 3:19.
Bibliografía científica
- McGuire, J. A. & Dudley, R. Investigaciones sobre biomecánica, rendimiento y evolución del planeo en lagartos del género Draco.
- Russell, A. P. & Dijkstra, L. D. Estudios sobre anatomía funcional y despliegue del patagio.
- Herrel, A. y colaboradores. Investigaciones sobre locomoción y biomecánica de lagartos.
- Kardong, K. V. Vertebrates: Comparative Anatomy, Function, Evolution. McGraw-Hill.
- Campbell, N. A. et al. Campbell Biology. Pearson.
Investigación científica especializada
- McGuire, J. A. & Dudley, R. Estudios comparativos sobre rendimiento aerodinámico y distancia de planeo en especies de Draco.
- Dudley, R. Investigaciones sobre biomecánica y evolución del vuelo y planeo animal.
- Dehling, J. M. Estudios sobre morfología, ecología y comportamiento de especies de Draco.
- Investigaciones mediante videografía de alta velocidad sobre lanzamiento, control aéreo y aterrizaje en lagartos planeadores.
- Estudios anatómicos sobre costillas alargadas, musculatura asociada y control del patagio.
Organizaciones y recursos científicos
- Smithsonian Institution. Recursos sobre reptiles, biomecánica y diversidad animal.
- International Union for Conservation of Nature (IUCN). Información sobre distribución y conservación de especies del género Draco.
- American Museum of Natural History. Recursos sobre reptiles y locomoción animal.
- National University of Singapore. Investigaciones y recursos sobre biodiversidad del sudeste asiático.
- University of California, Berkeley. Recursos científicos relacionados con biomecánica y locomoción animal.
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