05. Las proteínas: Las máquinas moleculares que hacen posible la vida

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Nuestro cuerpo está formado por billones de células. Dentro de cada una de ellas ocurre una actividad tan intensa y organizada que supera con creces la complejidad de cualquier ciudad construida por el ser humano. Millones de procesos se desarrollan continuamente con extraordinaria precisión. Pero ¿quién realiza todo ese trabajo?

  La respuesta es sorprendente: en gran medida, las protagonistas son unas diminutas moléculas llamadas proteínas.

  Aunque son invisibles a simple vista, las proteínas constituyen las verdaderas máquinas moleculares de la vida. Sin ellas, ningún organismo podría respirar, moverse, pensar, crecer, reparar tejidos, defenderse de las enfermedades o reproducirse.

“Porque en él fueron creadas todas las cosas… todo fue creado por medio de él y para él.”
— Colosenses 1:16

Las proteínas, los obreros de cada célula

  Cada célula contiene miles de tipos diferentes de proteínas. Algunas actúan como enzimas que aceleran las reacciones químicas; otras forman parte de la estructura de los tejidos; muchas transportan sustancias, mientras que otras funcionan como mensajeros, receptores o sistemas de defensa.

  En realidad, prácticamente toda actividad celular depende de proteínas especializadas.

  Cada una ha sido diseñada para desempeñar una tarea específica.

Construidas con extraordinaria precisión

  Todas las proteínas están formadas por pequeñas moléculas llamadas aminoácidos.

  Existen veinte aminoácidos principales que pueden combinarse de innumerables maneras. El orden exacto en que estos aminoácidos se unen determina la forma tridimensional de la proteína y, por consiguiente, su función.

  Una pequeña modificación en esa secuencia puede alterar profundamente su funcionamiento. Esto demuestra la extraordinaria precisión con la que cada proteína debe ser construida.

Una forma que determina su función

  Las proteínas no son simples cadenas de aminoácidos. Una vez fabricadas, se pliegan cuidadosamente hasta adquirir una estructura tridimensional altamente organizada.

  Ese plegamiento resulta indispensable. Una proteína solo puede cumplir correctamente su función cuando adopta la forma adecuada.

  Muchas poseen cavidades, canales, superficies de unión y regiones móviles que les permiten interactuar con otras moléculas de manera extraordinariamente precisa.

Verdaderas máquinas microscópicas

  Algunas proteínas funcionan como auténticos motores moleculares.

  La proteína llamada miosina, por ejemplo, permite la contracción de los músculos y hace posible que caminemos, levantemos objetos o incluso que nuestro corazón lata continuamente.

  Otras proteínas transportan oxígeno, como la hemoglobina presente en los glóbulos rojos. Gracias a ella, cada célula recibe el oxígeno indispensable para producir energía.

  Los anticuerpos también son proteínas. Ellos reconocen microorganismos invasores y colaboran con el sistema inmunológico para proteger nuestro organismo.

  Incluso las enzimas digestivas que descomponen los alimentos pertenecen a esta extraordinaria familia de moléculas.

Una fábrica perfectamente organizada

  Cada proteína comienza a fabricarse siguiendo las instrucciones contenidas en el ADN.

  Dentro de la célula, unas estructuras llamadas ribosomas leen esa información y unen los aminoácidos exactamente en el orden indicado por el código genético.

  Posteriormente, otras proteínas ayudan a que la nueva molécula adopte su forma correcta, sea transportada al lugar adecuado y comience a desempeñar su función.

  Todo este proceso ocurre miles de veces por segundo en cada una de nuestras células.

Cooperación perfecta

  Las proteínas nunca trabajan aisladas.

  Miles de ellas colaboran formando complejas redes de interacción. Algunas activan a otras; ciertas proteínas regulan procesos químicos; otras reparan daños en el ADN; muchas participan en la comunicación entre células y otras supervisan el funcionamiento general del organismo.

  Cada una cumple una tarea específica dentro de un sistema perfectamente coordinado.

Una extraordinaria evidencia de organización

  Cuanto más profundamente estudia la ciencia las proteínas, mayor resulta el asombro.

  No solamente poseen una composición química extraordinaria, sino también una organización funcional que permite la vida. Cada proteína realiza tareas muy concretas dentro de un conjunto perfectamente integrado.

  La bioquímica moderna continúa descubriendo nuevos detalles acerca de estas sorprendentes moléculas, revelando niveles de organización que hace apenas unas décadas eran completamente desconocidos.

La creación refleja la sabiduría del Creador

  Mucho antes de que existieran los microscopios electrónicos o la biología molecular, la Biblia ya declaraba:

“Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.”
— Salmo 139:14

  Cada proteína constituye una pequeña maravilla de ingeniería molecular. Su precisión, su coordinación y su capacidad para realizar funciones altamente especializadas reflejan el extraordinario orden presente en la vida.

  La ciencia puede estudiar cómo funcionan estas moléculas, identificar su estructura y comprender muchas de sus funciones. Pero cada nuevo descubrimiento aumenta nuestra admiración por la extraordinaria organización que existe dentro de cada célula.

Las pequeñas obreras de la vida

  Nuestro corazón late gracias a proteínas. Nuestros músculos se mueven gracias a proteínas. Nuestra sangre transporta oxígeno mediante proteínas. Nuestro sistema inmunológico combate infecciones utilizando proteínas. Nuestros ojos, nuestro cerebro, nuestra piel y prácticamente todos los órganos del cuerpo dependen de ellas.

  Millones de estas diminutas máquinas trabajan silenciosamente desde el momento de nuestra concepción hasta el último día de nuestra vida.

  Aunque nunca podamos verlas directamente, su actividad sostiene cada instante de nuestra existencia.

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
— Salmo 104:24

  Las proteínas nos recuerdan que la verdadera grandeza no siempre se encuentra en aquello que es visible. En el mundo microscópico existe un universo de precisión, organización y cooperación que sostiene toda la vida sobre la Tierra. Al contemplar esta extraordinaria realidad, encontramos una razón más para reconocer la infinita sabiduría del Dios que hizo todas las cosas.

Referencias

  • Lehninger Principles of Biochemistry.
  • Molecular Biology of the Cell.
  • National Institutes of Health. Recursos sobre proteínas, enzimas y biología molecular.
  • Protein Data Bank.
  • Nature. Publicaciones sobre bioquímica y biología estructural.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.