Por el Dr. Elio M. Rivera
Una de las preguntas más profundas que el ser humano ha formulado a lo largo de la historia es esta: ¿Cómo comenzó el universo? Desde tiempos antiguos, filósofos, científicos y pensadores han intentado responder esta interrogante. Sin embargo, para el cristiano, la respuesta no comienza en un laboratorio ni en una teoría científica, sino en la revelación de Dios.
La Biblia abre con una declaración tan sencilla como majestuosa:
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
— Génesis 1:1
Estas primeras palabras establecen el fundamento de toda la cosmovisión bíblica. Antes de que existiera el universo, Dios ya existía. Él no forma parte de la creación, sino que es su Creador eterno. El tiempo, el espacio, la materia y la energía comenzaron cuando Dios decidió traerlos a la existencia por su poder.

Dios creó por medio de su palabra
A diferencia de las antiguas mitologías, que describían el origen del mundo como el resultado de luchas entre dioses, la Biblia presenta un relato profundamente diferente. Dios no necesitó combatir ni utilizar materiales preexistentes. Simplemente habló, y aquello que no existía comenzó a existir.
“Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”
— Génesis 1:3
Cada uno de los actos creativos revela el poder absoluto de la palabra de Dios. El universo no surgió por accidente ni por fuerzas ciegas, sino por la voluntad soberana del Creador.
El salmista expresó esta verdad con extraordinaria belleza:
“Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.”
— Salmo 33:6

Una creación ordenada
El relato de Génesis describe una creación caracterizada por el orden. Dios separó la luz de las tinieblas, las aguas de los cielos, la tierra seca del mar, estableció los astros para señalar los tiempos y llenó cada ambiente con seres vivos apropiados para él.
Lejos de presentar un universo caótico, la Biblia muestra un mundo cuidadosamente organizado desde el principio. El orden que observamos en las leyes de la naturaleza, en el movimiento de los cuerpos celestes y en la extraordinaria complejidad de los seres vivos es consistente con un Creador sabio que actúa con propósito.
La vida según su especie
En repetidas ocasiones, el relato bíblico afirma que Dios creó los seres vivos “según su especie” (Génesis 1:11, 21, 24 y 25).
Esta expresión destaca que cada tipo de organismo fue creado con la capacidad de reproducirse conforme a su propia naturaleza. La Biblia presenta la diversidad de la vida como resultado del diseño del Creador y no como producto de procesos accidentales.
Una creación muy buena
Al concluir su obra creadora, Dios contempló todo cuanto había hecho.
“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.”
— Génesis 1:31
Estas palabras reflejan la perfección original de la creación. El mundo fue diseñado para sostener la vida y manifestar la gloria de Dios. La armonía, el equilibrio y la belleza que todavía contemplamos son un recordatorio de esa obra perfecta, aunque hoy vivimos en un mundo afectado por las consecuencias del pecado.
El universo proclama la gloria de Dios
Cada noche, millones de personas levantan la vista hacia el cielo y contemplan las estrellas. La Biblia afirma que esa inmensidad no guarda silencio.
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
— Salmo 19:1
El universo constituye un inmenso testimonio del poder y de la sabiduría del Creador. Desde las galaxias hasta los átomos, desde las montañas hasta una sola célula, toda la creación invita al ser humano a reconocer la grandeza de Dios.
La creación apunta hacia el Creador
El apóstol Pablo escribió:
“Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas.”
— Romanos 1:20
La creación no sustituye a la Biblia, pero sí dirige nuestra atención hacia el Dios que la hizo. Cada ley de la naturaleza, cada organismo vivo y cada rincón del universo reflejan, de una u otra manera, la sabiduría y el poder del Creador.
Una cuestión de fe fundamentada en la revelación de Dios
El origen del universo es un tema sobre el cual existen diferentes interpretaciones y modelos. La perspectiva presentada en este artículo corresponde a la enseñanza de las Sagradas Escrituras y parte de la convicción de que la Biblia es la revelación inspirada de Dios.
El autor de la carta a los Hebreos resume esta convicción con estas palabras:
“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”
— Hebreos 11:3
Para el creyente, la existencia del universo no es el resultado de un accidente cósmico, sino la manifestación de la voluntad del Dios eterno. El mismo Dios que creó los cielos y la tierra sostiene hoy su creación y llama al ser humano a conocerle por medio de Jesucristo.
La primera página de la Biblia no pretende responder todas las preguntas científicas que el ser humano pueda formular, pero sí responde la más importante de todas: ¿Quién creó el universo? La respuesta bíblica permanece clara desde el primer versículo hasta el último: el universo existe porque Dios lo quiso, lo habló y lo creó para manifestar su gloria.
Referencias
- La Santa Biblia, Reina-Valera 1960.
- The Genesis Record.
- The New Answers Book.
- Institute for Creation Research.
- Answers in Genesis.
El origen del universo: La perspectiva bíblica de la creación
Por el Dr. Elio M. Rivera
Una de las preguntas más profundas que el ser humano ha formulado a lo largo de la historia es esta: ¿Cómo comenzó el universo? Desde tiempos antiguos, filósofos, científicos y pensadores han intentado responder esta interrogante. Sin embargo, para el cristiano, la respuesta no comienza en un laboratorio ni en una teoría científica, sino en la revelación de Dios.
La Biblia abre con una declaración tan sencilla como majestuosa:
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
— Génesis 1:1
Estas primeras palabras establecen el fundamento de toda la cosmovisión bíblica. Antes de que existiera el universo, Dios ya existía. Él no forma parte de la creación, sino que es su Creador eterno. El tiempo, el espacio, la materia y la energía comenzaron cuando Dios decidió traerlos a la existencia por su poder.
Dios creó por medio de su palabra
A diferencia de las antiguas mitologías, que describían el origen del mundo como el resultado de luchas entre dioses, la Biblia presenta un relato profundamente diferente. Dios no necesitó combatir ni utilizar materiales preexistentes. Simplemente habló, y aquello que no existía comenzó a existir.
“Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”
— Génesis 1:3
Cada uno de los actos creativos revela el poder absoluto de la palabra de Dios. El universo no surgió por accidente ni por fuerzas ciegas, sino por la voluntad soberana del Creador.
El salmista expresó esta verdad con extraordinaria belleza:
“Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.”
— Salmo 33:6
Una creación ordenada
El relato de Génesis describe una creación caracterizada por el orden. Dios separó la luz de las tinieblas, las aguas de los cielos, la tierra seca del mar, estableció los astros para señalar los tiempos y llenó cada ambiente con seres vivos apropiados para él.
Lejos de presentar un universo caótico, la Biblia muestra un mundo cuidadosamente organizado desde el principio. El orden que observamos en las leyes de la naturaleza, en el movimiento de los cuerpos celestes y en la extraordinaria complejidad de los seres vivos es consistente con un Creador sabio que actúa con propósito.
La vida según su especie
En repetidas ocasiones, el relato bíblico afirma que Dios creó los seres vivos “según su especie” (Génesis 1:11, 21, 24 y 25).
Esta expresión destaca que cada tipo de organismo fue creado con la capacidad de reproducirse conforme a su propia naturaleza. La Biblia presenta la diversidad de la vida como resultado del diseño del Creador y no como producto de procesos accidentales.
Una creación muy buena
Al concluir su obra creadora, Dios contempló todo cuanto había hecho.
“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.”
— Génesis 1:31
Estas palabras reflejan la perfección original de la creación. El mundo fue diseñado para sostener la vida y manifestar la gloria de Dios. La armonía, el equilibrio y la belleza que todavía contemplamos son un recordatorio de esa obra perfecta, aunque hoy vivimos en un mundo afectado por las consecuencias del pecado.
El universo proclama la gloria de Dios
Cada noche, millones de personas levantan la vista hacia el cielo y contemplan las estrellas. La Biblia afirma que esa inmensidad no guarda silencio.
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
— Salmo 19:1
El universo constituye un inmenso testimonio del poder y de la sabiduría del Creador. Desde las galaxias hasta los átomos, desde las montañas hasta una sola célula, toda la creación invita al ser humano a reconocer la grandeza de Dios.
La creación apunta hacia el Creador
El apóstol Pablo escribió:
“Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas.”
— Romanos 1:20
La creación no sustituye a la Biblia, pero sí dirige nuestra atención hacia el Dios que la hizo. Cada ley de la naturaleza, cada organismo vivo y cada rincón del universo reflejan, de una u otra manera, la sabiduría y el poder del Creador.
Una cuestión de fe fundamentada en la revelación de Dios
El origen del universo es un tema sobre el cual existen diferentes interpretaciones y modelos. La perspectiva presentada en este artículo corresponde a la enseñanza de las Sagradas Escrituras y parte de la convicción de que la Biblia es la revelación inspirada de Dios.
El autor de la carta a los Hebreos resume esta convicción con estas palabras:
“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”
— Hebreos 11:3
Para el creyente, la existencia del universo no es el resultado de un accidente cósmico, sino la manifestación de la voluntad del Dios eterno. El mismo Dios que creó los cielos y la tierra sostiene hoy su creación y llama al ser humano a conocerle por medio de Jesucristo.
La primera página de la Biblia no pretende responder todas las preguntas científicas que el ser humano pueda formular, pero sí responde la más importante de todas: ¿Quién creó el universo? La respuesta bíblica permanece clara desde el primer versículo hasta el último: el universo existe porque Dios lo quiso, lo habló y lo creó para manifestar su gloria.
Referencias
- La Santa Biblia, Reina-Valera 1960.
- The Genesis Record.
- The New Answers Book.
- Institute for Creation Research.
- Answers in Genesis.
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