Por el Dr. Elio M. Rivera
Si existe un descubrimiento científico que ha maravillado a la humanidad durante el último siglo, es el ADN. Cada vez que los investigadores profundizan en su estudio descubren nuevos niveles de organización, precisión e información. Lo que hace apenas unas décadas parecía una simple molécula, hoy se reconoce como uno de los sistemas de almacenamiento de información más extraordinarios que existen en la naturaleza.
Pero este descubrimiento también plantea una pregunta profunda: ¿de dónde proviene toda esa información? ¿Cómo llegó a existir un sistema capaz de dirigir el desarrollo, funcionamiento y reproducción de prácticamente todos los seres vivos?

La molécula del ADN
La Biblia, naturalmente, no utiliza la palabra ADN. Tampoco describe la genética, la biología molecular o la estructura de los cromosomas. Sin embargo, desde hace miles de años afirma que la vida no surgió por casualidad, sino que fue diseñada por un Dios infinitamente sabio.
“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)
Esta declaración constituye el fundamento bíblico para comprender toda la complejidad de la vida. El salmista no conocía la existencia del ADN, pero sí comprendía que toda la creación reflejaba la sabiduría de su Autor.
El ADN, cuyas siglas significan ácido desoxirribonucleico, puede compararse con una inmensa biblioteca biológica. En su estructura se encuentra almacenada la información necesaria para construir, mantener y reproducir un organismo vivo. Allí están escritas las instrucciones que determinan la formación de proteínas, el crecimiento de los tejidos, el funcionamiento de los órganos y miles de procesos que ocurren continuamente dentro de cada célula.
Cada célula de nuestro cuerpo contiene una cantidad asombrosa de información. Si pudiéramos extender el ADN contenido en una sola célula humana, mediría aproximadamente dos metros de longitud. Sin embargo, esa inmensa molécula permanece cuidadosamente organizada dentro del diminuto núcleo celular. Y considerando que el cuerpo humano está formado por billones de células, resulta difícil imaginar la enorme cantidad de información que Dios colocó en nuestro organismo.
Más extraordinario aún es el hecho de que esa información no permanece estática. La célula la lee, la copia, la corrige cuando ocurren errores y la transmite a las nuevas células durante la división celular. Todo este proceso ocurre millones de veces cada segundo en nuestro cuerpo sin que tengamos conciencia de ello.
La ciencia continúa descubriendo detalles sorprendentes acerca del ADN. Sin embargo, cada nuevo descubrimiento confirma que la vida depende de sistemas de información extraordinariamente complejos. Y donde existe información organizada, inevitablemente surge una pregunta: ¿cuál es su origen?
La Biblia responde esa pregunta llevando nuevamente nuestra atención hacia el Creador.
“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.”
(Salmo 139:13)
David escribió estas palabras muchos siglos antes de que existiera la genética moderna. Sin embargo, comprendió que el desarrollo de un ser humano dentro del vientre materno no era un proceso carente de propósito, sino la obra de Dios.
Unos versículos más adelante continúa diciendo:
“Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.”
(Salmo 139:14)
Resulta difícil encontrar una descripción más apropiada del ADN. Cuanto más profundiza la ciencia en el estudio de la célula y de la información genética, más evidente resulta la extraordinaria complejidad de la vida. David no conocía las moléculas de ADN, pero sí comprendía que el ser humano era una obra maravillosa del Creador.
El profeta Isaías también afirmó:
“Así dice Jehová, tu Hacedor, y el que te formó desde el vientre…”
(Isaías 44:2)
La Biblia presenta el desarrollo de cada ser humano como una obra personal de Dios. No describe simplemente un proceso biológico, sino la acción continua del Creador, quien estableció las leyes y los mecanismos mediante los cuales la vida se desarrolla.
Es importante aclarar que la Biblia no pretende explicar los mecanismos bioquímicos del ADN. Esa tarea corresponde a la biología y a la genética. Las Escrituras responden una pregunta diferente: ¿de dónde procede la sabiduría reflejada en esos mecanismos?
Desde la perspectiva bíblica, la extraordinaria información contenida en el ADN no constituye un argumento aislado, sino una manifestación más de la sabiduría del Dios que creó todas las cosas. El mismo Dios que estableció las leyes del universo también diseñó las leyes que gobiernan la vida.
El apóstol Pablo declaró:
“Porque en él fueron creadas todas las cosas… todo fue creado por medio de él y para él.”
(Colosenses 1:16)
Esta afirmación incluye también el mundo microscópico. El Dios que sostiene las galaxias es el mismo que diseñó cada célula, cada cromosoma y cada molécula de ADN.
A lo largo de la historia, la humanidad ha construido enormes bibliotecas, complejos sistemas informáticos y sofisticados medios para almacenar información. Sin embargo, ninguno de ellos se compara con la eficiencia, la miniaturización y la precisión del ADN. Allí encontramos un verdadero lenguaje biológico que hace posible la existencia de toda forma de vida conocida.
Al contemplar esta realidad, la Biblia vuelve a dirigir nuestra atención hacia el Creador. El ADN no fue escrito para glorificarse a sí mismo. Como toda la creación, señala hacia la infinita sabiduría de Aquel que diseñó la vida.
Por ello, cada célula de nuestro cuerpo constituye un silencioso recordatorio de una verdad proclamada desde las primeras páginas de las Escrituras: el Dios que creó el universo también es el Autor de la vida. Y la extraordinaria información contenida en el ADN refleja, una vez más, la sabiduría, el poder y el propósito del Creador revelado en la Biblia.
Referencias:
- Molecular Biology of the Cell (considerado la “biblia” de la biología celular)
- Essential Cell Biology
- Lehninger Principles of Biochemistry
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