7. La creación da testimonio de su Creador

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Hasta este momento hemos visto que la Biblia afirma que el universo tuvo un comienzo, que fue creado por Dios y que llegó a existir por el poder de su palabra. Sin embargo, las Escrituras dan un paso más. No solo enseñan que Dios creó el universo, sino que la propia creación continúa dando testimonio de su Creador.

  Esta es una diferencia muy importante. En este capítulo no analizaremos la complejidad del universo, el ajuste fino de las constantes físicas ni el extraordinario diseño de los seres vivos. Esos temas pertenecen a la siguiente gran evidencia: el orden y el diseño del universo. Aquí nos concentraremos en una afirmación mucho más sencilla y profundamente bíblica: la creación habla.

  Por supuesto, la creación no habla con palabras humanas. No pronuncia discursos ni escribe libros. Sin embargo, según la Biblia, existe un mensaje permanente que el universo proclama a toda la humanidad. Ese mensaje no cambia con el paso de los siglos. Se escucha en todos los idiomas, en todas las culturas y en todos los rincones del planeta.

La creación habla de su creador

Nadie expresó esta verdad con mayor belleza que el rey David:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras.”
(Salmo 19:1-4)

  Estas palabras constituyen uno de los pasajes más hermosos de toda la Biblia. David contempla el cielo y comprende que la creación está proclamando algo. Los cielos cuentan, el firmamento anuncia, los días emiten palabra y las noches declaran sabiduría. El lenguaje es poético, pero el mensaje es profundamente real.

  David no afirma que las estrellas sean Dios, ni que la naturaleza deba ser adorada. Tampoco dice que la creación posea vida espiritual propia. Lo que enseña es que toda la creación señala más allá de sí misma. Así como una obra de arte dirige nuestra atención hacia el artista que la pintó, el universo dirige nuestra mirada hacia Aquel que le dio existencia.

  Observe también otro detalle extraordinario del Salmo diecinueve. David afirma que este testimonio es universal.

“No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz.”

  La creación no necesita traducción. No habla hebreo, griego, latín, español, inglés o chino. Su mensaje puede ser contemplado por cualquier ser humano, sin importar su idioma o su nivel de educación. Un niño puede maravillarse al contemplar un cielo estrellado. Un científico puede estudiar durante toda su vida las leyes del universo. Ambos están observando el mismo testimonio.

  Muchos siglos después, el apóstol Pablo desarrolló esta misma idea en uno de los pasajes más importantes de toda la Biblia:

“Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.”
(Romanos 1:19-20)

  Estas palabras merecen ser examinadas cuidadosamente. Pablo no está diciendo que la creación revele todo acerca de Dios. La naturaleza, por sí sola, no nos explica el evangelio, ni la cruz de Cristo, ni el camino de la salvación. Para conocer esas verdades necesitamos la revelación especial de Dios contenida en las Escrituras y culminada en Jesucristo.

  Sin embargo, Pablo afirma que la creación sí revela algo muy importante: la existencia de Dios. Mediante las cosas creadas, el ser humano puede reconocer que detrás del universo existe un Creador eterno y poderoso.

  Observe las dos expresiones que utiliza el apóstol. La creación revela “su eterno poder” y “su deidad”. Es decir, al contemplar el universo, el hombre puede comprender que existe un Ser infinitamente superior a toda la creación y que ese Ser posee un poder que sobrepasa toda capacidad humana.

  Pablo llega incluso a una conclusión sorprendente:

“…de modo que no tienen excusa.”

  Esta es una de las afirmaciones más fuertes de toda la Biblia. El apóstol no dice que todos los hombres crean en Dios, sino que todos han recibido un testimonio suficiente para reconocer que existe un Creador. La creación constituye un testigo permanente que habla continuamente acerca de Dios.

  Es importante notar quién tomó la iniciativa de dar este testimonio. Pablo escribe:

“…pues Dios se lo manifestó.”

  No fue el ser humano quien descubrió por sí mismo la existencia de Dios. Fue Dios quien decidió revelarse mediante su creación. Desde el principio quiso que el universo fuera mucho más que un lugar donde habitar. Quiso que fuera también un inmenso testimonio de su poder y de su gloria.

  Cada amanecer anuncia la fidelidad del Creador. Cada noche estrellada recuerda la inmensidad de su poder. Cada montaña, cada río, cada árbol y cada ser viviente forman parte de un inmenso coro silencioso que proclama la existencia de Aquel que hizo todas las cosas.

  Por eso, cuando la Biblia invita al ser humano a contemplar la creación, no lo hace únicamente para admirar su belleza. Lo invita a mirar más allá de ella. La creación nunca pretende ocupar el lugar de Dios; su propósito es conducirnos hacia Él.

  El profeta Isaías expresó esta misma idea mediante una pregunta que sigue desafiando a cada generación:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas…”
(Isaías 40:26)

  Observe que Isaías no pregunta simplemente qué vemos en el cielo. Pregunta quién lo creó. Esa es precisamente la finalidad del testimonio de la creación: conducir la mente y el corazón del ser humano desde la obra hacia el Autor, desde el universo hacia su Creador.

  La Biblia enseña que la creación no guarda silencio. Desde el primer amanecer hasta el día de hoy continúa proclamando el mismo mensaje. Sin pronunciar una sola palabra audible, declara la gloria de Dios. Sin levantar una sola voz, anuncia la obra de sus manos. Sin escribir un solo libro, ofrece uno de los testimonios más universales que la humanidad haya recibido.   Por ello, la creación no solo constituye el escenario donde vivimos; es también uno de los primeros y más grandes testigos que Dios dejó para que toda la humanidad pudiera reconocer que existe un Creador eterno, poderoso y digno de toda honra y adoración.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.