Por el Dr. Elio M. Rivera – Cristopedia
Betania fue una pequeña aldea situada en la ladera oriental del Monte de los Olivos, a unos tres kilómetros de Jerusalén. Aunque su tamaño era modesto, ocupa un lugar extraordinario en la historia del Nuevo Testamento. Allí vivían Marta, María y Lázaro, tres de los amigos más cercanos de Jesucristo. Fue en esta aldea donde el Señor encontró descanso durante sus frecuentes visitas a Jerusalén, donde realizó uno de sus milagros más impresionantes al resucitar a Lázaro y desde donde ascendió finalmente al cielo después de su resurrección. Ningún otro pueblo, fuera de Nazaret y Capernaúm, aparece tan íntimamente relacionado con la vida personal de Jesús.
El nombre Betania probablemente significa “casa de los pobres”, “casa de la aflicción” o “casa de los dátiles”, dependiendo de la interpretación etimológica adoptada por los distintos estudiosos. Aunque el significado exacto sigue siendo objeto de debate, la mayoría coincide en que el nombre refleja el carácter humilde de esta pequeña población situada junto al camino que comunicaba Jerusalén con Jericó.
Actualmente, Betania es conocida con el nombre árabe de Al-Eizariya, que significa “el lugar de Lázaro”. Este nombre ha permanecido durante muchos siglos y constituye un extraordinario testimonio de la fuerte tradición cristiana que identifica esta aldea como el hogar del hombre que Jesús levantó de entre los muertos.
Los Evangelios mencionan a Betania en numerosas ocasiones. Allí vivían los hermanos Marta, María y Lázaro, quienes mantenían una estrecha amistad con Jesús. Juan afirma expresamente: “Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Juan 11:5). Esta sencilla declaración revela la profunda relación afectiva que existía entre el Señor y aquella familia.
La casa de Marta y María parece haber sido uno de los lugares donde Jesús descansaba cuando visitaba Jerusalén. Lucas relata que, en cierta ocasión, Marta se ocupaba de atender a los huéspedes mientras María permanecía sentada a los pies del Maestro escuchando sus enseñanzas. Cuando Marta expresó su inconformidad, Jesús respondió con una de las frases más conocidas del Evangelio: “María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:42).

La tumba de Lázaro en Betania
Sin embargo, Betania alcanzó un lugar privilegiado en la historia bíblica debido al milagro de la resurrección de Lázaro. Cuando Jesús llegó a la aldea, su amigo llevaba cuatro días sepultado. Después de consolar a Marta y María, el Señor se dirigió al sepulcro y pronunció una de las declaraciones más importantes de todo el Nuevo Testamento: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25). Acto seguido ordenó retirar la piedra y exclamó: “¡Lázaro, ven fuera!” (Juan 11:43). Ante la mirada de todos los presentes, Lázaro salió vivo del sepulcro, convirtiéndose en uno de los milagros más extraordinarios registrados en los Evangelios.
Este acontecimiento tuvo enormes consecuencias. Juan explica que muchos judíos creyeron en Jesús después de presenciar el milagro, mientras que otros informaron de lo sucedido a los principales sacerdotes y fariseos. Fue entonces cuando el Sanedrín decidió definitivamente dar muerte a Jesús (Juan 11:45-53). Paradójicamente, el milagro que devolvió la vida a Lázaro aceleró los acontecimientos que conducirían a la crucifixión del propio Salvador.
Betania también fue escenario de otro episodio inolvidable. Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a visitar la casa de sus amigos. Durante la cena, María tomó un perfume de nardo puro, de gran precio, y ungió los pies del Señor, secándolos con sus cabellos (Juan 12:1-8). Mientras Judas Iscariote criticó aquel acto de amor, Jesús declaró que María había preparado simbólicamente su cuerpo para la sepultura.
Poco después, desde las cercanías de Betania, Jesús inició su entrada triunfal en Jerusalén montado sobre un pollino, cumpliendo así la profecía de Zacarías (Mateo 21:1-11). Los Evangelios indican que durante los últimos días antes de su muerte acostumbraba salir cada tarde de Jerusalén para pasar la noche en Betania (Marcos 11:11; 11:19).
La importancia de Betania no terminó con la resurrección de Jesús. Lucas relata que, después de aparecer varias veces a sus discípulos, el Señor los condujo hasta las cercanías de Betania. Allí levantó sus manos, los bendijo y ascendió al cielo (Lucas 24:50-51). Aunque el libro de los Hechos sitúa la ascensión en el Monte de los Olivos (Hechos 1:9-12), ambos relatos son perfectamente compatibles, pues Betania se encontraba precisamente en la ladera oriental de dicho monte.
Desde el punto de vista arqueológico, Betania constituye uno de los sitios mejor estudiados de la Tierra Santa. Las primeras referencias históricas sobre la aldea aparecen en los escritos de Eusebio de Cesarea durante el siglo IV. Poco después, el Peregrino de Burdeos, Jerónimo y la peregrina Egeria describieron el lugar y la veneración que ya existía hacia la tumba de Lázaro.
Las excavaciones arqueológicas realizadas entre 1949 y 1953 por el padre franciscano Sylvester J. Saller descubrieron importantes restos de la antigua Betania. Salieron a la luz viviendas, cisternas, lagares, silos, caminos pavimentados y diversas construcciones pertenecientes al período romano y bizantino. Los arqueólogos también identificaron restos de varias iglesias edificadas desde el siglo IV sobre los lugares tradicionalmente relacionados con Lázaro, Marta y María.
Uno de los hallazgos más importantes fue la confirmación de que la aldea estuvo habitada durante el siglo primero, exactamente en la época descrita por los Evangelios. Además, las excavaciones descubrieron numerosas tumbas excavadas en la roca pertenecientes al período del Segundo Templo, entre ellas la tumba tradicionalmente identificada con Lázaro. Aunque la arqueología no puede demostrar con absoluta certeza que ese sepulcro perteneciera realmente a Lázaro, la continuidad de la tradición cristiana desde los primeros siglos convierte a este lugar en el candidato históricamente más sólido.
Hoy, Betania continúa siendo un importante centro de peregrinación para cristianos de todo el mundo. Los visitantes recorren la tumba de Lázaro, las ruinas de las antiguas iglesias y los lugares donde, según la tradición, estuvieron la casa de Marta y María y el sitio desde donde Jesús ascendió al cielo. Aunque la moderna población palestina ha transformado considerablemente el paisaje, todavía es posible imaginar el pequeño poblado que tantas veces recibió al Maestro.
Más allá de su valor arqueológico, Betania representa el hogar de la amistad. Allí Jesús lloró junto a una tumba, compartió la mesa con sus amigos, encontró descanso antes de afrontar la cruz y realizó uno de los milagros más extraordinarios de su ministerio. Ninguna otra aldea refleja de manera tan clara la humanidad del Salvador y el profundo afecto que sentía por quienes le abrieron las puertas de su hogar.
Fuentes de información
- La Santa Biblia, especialmente Mateo 21; Marcos 11; Lucas 10 y 24; Juan 11 y 12.
- Eusebio de Cesarea, Onomasticon.
- Itinerarium Burdigalense (El Peregrino de Burdeos), año 333 d.C.
- Egeria, Itinerarium (Diario de viaje a Tierra Santa).
- Jerónimo, referencias a Betania y al santuario de Lázaro.
- Sylvester J. Saller, Excavations at Bethany (1949–1953).
- Bellarmino Bagatti, estudios sobre Betania y la arqueología del Monte de los Olivos.
- Jerome Murphy-O’Connor, The Holy Land: An Oxford Archaeological Guide.
- Avraham Negev y Shimon Gibson (eds.), Archaeological Encyclopedia of the Holy Land.
- Publicaciones del Studium Biblicum Franciscanum y de la Custodia Franciscana de Tierra Santa sobre las excavaciones y restauraciones realizadas en Betania.
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