Por el Dr. Elio M Rivera
El peligro de convertir una posibilidad en doctrina
Después de contemplar el desarrollo de la televisión, los satélites, internet y los teléfonos móviles, resulta tentador llegar a una conclusión inmediata:
“Ahora sabemos exactamente cómo se cumplirá Apocalipsis 1:7.”
Pero esa afirmación iría más allá de lo que la Biblia revela.
La tecnología actual demuestra que una transmisión mundial es posible.
No demuestra que Dios vaya a utilizarla.
Apocalipsis anuncia el acontecimiento, pero no describe cámaras, estaciones televisivas, satélites ni plataformas digitales.
La profecía debe interpretarse a partir del texto bíblico, no obligarse a depender de los inventos de nuestra época.
Cristo no depende de las cámaras
El regreso de Jesucristo será un acto sobrenatural de Dios.
El mismo Señor que creó los cielos no necesita una cámara para hacerse visible.
El que sostiene todas las cosas con la palabra de su poder no necesita una empresa de telecomunicaciones para manifestar su gloria.
El que resucitó de los muertos no estará limitado por la curvatura de la tierra, los horarios, las condiciones atmosféricas o la disponibilidad de una conexión a internet.
Dios puede hacer que las naciones contemplen el regreso de Cristo de una manera que supere completamente nuestra comprensión.
Una manifestación sobrenatural
La Biblia presenta la segunda venida acompañada por acontecimientos sobrenaturales.
Jesús habló de señales en el cielo.
Anunció conmoción entre las naciones.
Declaró que el Hijo del Hombre aparecería con poder y gran gloria.
Apocalipsis presenta al cielo abierto y a Cristo descendiendo como Rey y Juez.
“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero.”
(Apocalipsis 19:11, RVR1960).
No estamos delante de un acontecimiento común que necesite ser engrandecido por la televisión.
Estamos delante de la irrupción visible del Rey de reyes en la historia humana.
¿Podrían utilizarse las comunicaciones mundiales?
Aunque Cristo no necesita la tecnología, es posible que los sistemas de comunicación participen en la difusión del acontecimiento.
Si las redes siguieran funcionando, las cámaras podrían captar imágenes.
Los teléfonos podrían transmitirlas.
Los medios podrían reproducirlas.
Las plataformas podrían llevarlas a millones.
Los satélites podrían ayudar a distribuirlas entre continentes.
Actualmente, organismos como la NASA y la Agencia Espacial Europea transmiten acontecimientos en vivo mediante plataformas digitales y redes de comunicación internacionales, demostrando que una audiencia distribuida mundialmente puede observar un hecho mientras sucede.
Pero esto sigue siendo una posibilidad.
No debe presentarse como una certeza profética.
El mundo conectado facilita el conocimiento simultáneo
Existe una diferencia entre afirmar que la tecnología producirá el cumplimiento y reconocer que podría facilitar su conocimiento mundial.
La tecnología no hará regresar a Cristo.
La tecnología no producirá su gloria.
La tecnología no obligará a las naciones a lamentarse.
Pero podría comunicar instantáneamente aquello que Dios esté realizando.
Una persona situada a miles de kilómetros podría observar imágenes en el mismo momento.
Otra podría recibir una alerta.
Otra podría conocerlo por una transmisión repetida.
En pocas horas, prácticamente todo el planeta conectado podría saber que algo extraordinario ocurrió.
No toda persona está conectada
También debemos reconocer una limitación importante.
Aunque miles de millones de personas utilizan internet, la conectividad todavía no es universal.
En 2025 permanecían desconectados aproximadamente dos mil doscientos millones de habitantes. Además, existen grandes diferencias entre las zonas urbanas y rurales: la proporción de usuarios de internet es considerablemente mayor en las ciudades que en las áreas rurales.
Por eso, internet por sí solo no explica completamente la frase:
“Todo ojo le verá.”
Todavía existen personas sin teléfonos.
Existen comunidades remotas.
Existen regiones con poca infraestructura.
Existen personas sin electricidad estable.
Este hecho confirma que no debemos limitar el poder de la profecía a una red humana incompleta.
El significado central no es técnico
La expresión “todo ojo le verá” no fue escrita principalmente para despertar curiosidad acerca de futuros inventos.
Fue escrita para anunciar la certeza de la segunda venida.
El mensaje central es:
Cristo regresará realmente.
Su regreso será visible.
Las naciones serán confrontadas con su presencia.
Su identidad no podrá ser ocultada.
Su autoridad no podrá ser negada.
Su juicio no podrá ser evitado.
La tecnología puede ayudarnos a imaginar la universalidad del acontecimiento.
Pero no debe distraernos de su significado espiritual.
No será un espectáculo para satisfacer la curiosidad
El mundo moderno convierte casi todo acontecimiento en entretenimiento.
Las tragedias se transmiten.
Las guerras se comentan.
Las ceremonias se convierten en espectáculos.
Los videos se comparten, se discuten y rápidamente son reemplazados por otros.
La segunda venida de Cristo no será una noticia más dentro de la programación mundial.
No será un video sorprendente que después pueda olvidarse.
Interrumpirá el curso de la historia.
Pondrá fin a la rebelión de las naciones.
Manifestará la autoridad de Cristo.
Dará comienzo a una nueva etapa del propósito de Dios.
Jesús advirtió que antes de su regreso aparecerían falsos cristos y falsos profetas.
“Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis.”
(Mateo 24:23, RVR1960).
Después explicó por qué sus discípulos no debían dejarse engañar:
“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.”
(Mateo 24:27, RVR1960).
La verdadera venida no necesitará una campaña publicitaria para convencer al mundo de que ocurrió.
No dependerá de un video dudoso.
No podrá ser fabricada mediante inteligencia artificial.
No será una aparición localizada que requiera que las personas viajen para conocer al supuesto Mesías.
Será gloriosa e inconfundible.
La tecnología también podría producir confusión
El mismo mundo conectado que permite transmitir acontecimientos verdaderos también permite distribuir engaños.
Pueden fabricarse imágenes.
Pueden imitarse voces.
Pueden alterarse videos.
Pueden difundirse rumores con enorme rapidez.
Por eso, la existencia de una imagen mundialmente difundida no demuestra que un acontecimiento sea profético.
El creyente debe juzgar todas las afirmaciones a la luz de la Escritura.
Cristo ya explicó las características generales de su venida.
Será visible.
Será gloriosa.
Estará relacionada con el juicio de las naciones.
Será imposible confundirla con la aparición privada de un impostor.
La conexión mundial como preparación histórica
La Biblia no presenta internet como señal específica del fin.
No afirma que la creación de satélites cumpla Apocalipsis 1:7.
No declara que el teléfono móvil sea una herramienta profética.
Pero el desarrollo de las comunicaciones representa un cambio histórico extraordinario.
Durante la mayor parte de la historia, la humanidad no podía contemplar un mismo acontecimiento al mismo tiempo.
Hoy puede hacerlo.
Durante siglos, las noticias viajaban lentamente.
Hoy cruzan el planeta en segundos.
Durante siglos, Jerusalén parecía distante para la mayor parte del mundo.
Hoy puede ser observada diariamente desde casi cualquier país conectado.
El escenario mundial se parece mucho más a uno en el que un acontecimiento puede alcanzar inmediatamente la atención de todas las naciones.
¿Estamos viendo cumplirse la profecía?
No debemos afirmar que Apocalipsis 1:7 ya se esté cumpliendo.
Cristo todavía no ha regresado visiblemente en las nubes.
Las naciones todavía no lo han contemplado viniendo con poder y gloria.
La lamentación mundial descrita por Juan todavía no ha ocurrido.
La tecnología no es el cumplimiento.
Es parte de un escenario histórico que hace más comprensible la dimensión mundial del anuncio.
La pregunta verdaderamente importante
La pregunta final no es:
¿Será transmitido el regreso de Cristo por televisión?
Tampoco es:
¿Cuántos satélites estarán funcionando aquel día?
La verdadera pregunta es:
¿Cómo reaccionará cada persona cuando vea al Rey?
Para algunos será el cumplimiento de la esperanza más grande.
Para otros será el encuentro con el Juez que rechazaron.
Quienes aman su venida levantarán la cabeza.
Quienes edificaron su vida contra él se lamentarán.
Conclusión general de la serie
Cuando Juan escribió:
“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá”,
vivía en un mundo donde la comunicación dependía de mensajeros, caminos y embarcaciones.
No podía observarse en Roma lo que estaba ocurriendo en Jerusalén.
No podía transmitirse una imagen entre continentes.
No podía reunirse una audiencia mundial alrededor de un acontecimiento en tiempo real.
Hoy la humanidad vive conectada por cables submarinos, redes terrestres, satélites, centros de datos, televisores y teléfonos móviles.
Miles de millones de personas pueden contemplar un mismo acontecimiento casi simultáneamente.
Eso no explica completamente la profecía.
Tampoco limita la manera en que Dios la cumplirá.
Pero demuestra que el escenario de una humanidad consciente al mismo tiempo de un acontecimiento mundial ya no resulta imposible de imaginar.
La profecía no fue producida por el mundo conectado.
Fue escrita muchos siglos antes.
La tecnología no hará regresar a Cristo.
Pero nuestra época permite comprender con una claridad especial la dimensión mundial de su regreso.
El mundo está conectado.
Las naciones observan los mismos acontecimientos.
Jerusalén ocupa nuevamente el centro de la atención internacional.
Y la promesa permanece:
“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá.”
Cristo no necesita de nuestras redes para cumplirla.
Pero cuando regrese, ningún poder humano podrá ocultarlo.
Textos bíblicos principales de la serie
- Zacarías 12:10.
- Mateo 24:23-30.
- Mateo 26:63-64.
- Hechos 1:9-11.
- 1 Tesalonicenses 4:16-17.
- 2 Tesalonicenses 1:7-10.
- Apocalipsis 1:7.
- Apocalipsis 6:15-17.
- Apocalipsis 19:11-16.
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