0. Introducción:

Por el Dr. Elio M Rivera

 Si la primera evidencia de la existencia de Dios es que el universo existe, la segunda resulta aún más sorprendente: la extraordinaria manera en que existe.

  No vivimos en un universo caótico, impredecible o gobernado por el azar absoluto. Por el contrario, el cosmos está regido por leyes precisas, constantes y extraordinariamente estables. Desde el movimiento de las galaxias hasta la estructura de un átomo; desde el desarrollo de un embrión hasta la formación de una molécula de agua, todo parece funcionar siguiendo un orden que asombra tanto a científicos como a filósofos.

  La Biblia atribuye ese orden a la sabiduría del Creador. Las Escrituras no presentan a Dios como un ser que simplemente dio origen al universo y luego lo abandonó a su suerte. Lo presentan como un Dios infinitamente sabio, que estableció un orden en toda la creación y que sostiene continuamente ese orden con su poder.

  El profeta Jeremías escribió:

“Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche… Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente.”
(Jeremías 31:35-36)

  La palabra “leyes” no debe entenderse aquí únicamente en un sentido moral. En este contexto se refiere al orden establecido por Dios para gobernar el universo. La regularidad con la que el sol sale cada mañana, las estaciones del año, el movimiento de los astros y el funcionamiento de la naturaleza no son presentados por la Biblia como simples coincidencias, sino como el reflejo de un diseño deliberado.

  De manera semejante, Dios pregunta a Job:

“¿Conoces tú las leyes de los cielos? ¿Dispondrás tú de su potestad en la tierra?”
(Job 38:33)

  La pregunta es profundamente significativa. Dios invita a Job a considerar que el universo está sujeto a leyes que el ser humano puede descubrir y estudiar, pero que jamás podría establecer. La existencia misma de esas leyes apunta hacia un Legislador infinitamente superior.

  Siglos más tarde, el autor de los Proverbios resumió esta realidad con una frase extraordinaria:

“Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia.”
(Proverbios 3:19)

  La Biblia enseña, por tanto, que el universo no solo fue creado por Dios, sino que fue diseñado con una sabiduría perfecta. Nada aparece como improvisado. Nada parece producto del desorden. Desde los movimientos de las galaxias hasta los procesos más diminutos que ocurren dentro de una célula, todo refleja armonía, precisión y propósito.

  Los avances científicos de los últimos siglos han permitido contemplar ese orden con una profundidad que las generaciones anteriores jamás imaginaron. Hoy sabemos que el universo depende de constantes físicas extraordinariamente precisas; que una mínima variación en la intensidad de la gravedad, de la fuerza electromagnética o de otras constantes fundamentales haría imposible la existencia de estrellas, planetas y de la vida misma. También conocemos que el ADN contiene enormes cantidades de información codificada con una precisión sorprendente y que innumerables sistemas biológicos funcionan mediante mecanismos de una complejidad extraordinaria.

  La Biblia, naturalmente, no utiliza el lenguaje de la física moderna, de la genética o de la biología molecular. Sin embargo, desde hace miles de años afirma una verdad que armoniza admirablemente con estos descubrimientos: la creación refleja la sabiduría, el poder y la inteligencia de su Autor.

  El salmista lo expresó con palabras sencillas, pero llenas de profundidad:

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)

  Y en otro de sus salmos declara:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
(Salmo 19:1)

  En las páginas que siguen no nos limitaremos a hacer afirmaciones generales. Examinaremos algunos ejemplos concretos de la creación que revelan un grado de precisión verdaderamente extraordinario. Observaremos las leyes que gobiernan el universo, el delicado ajuste que hace posible la vida, la inmensa cantidad de información almacenada en el ADN y la asombrosa complejidad de diversos sistemas biológicos.

  A medida que avancemos, una pregunta acompañará toda nuestra reflexión:

¿Puede un universo tan extraordinariamente ordenado ser el resultado exclusivo del azar, o constituye ese mismo orden una de las huellas más claras del Diseñador que la Biblia presenta desde sus primeras páginas?

  Nuestro propósito no será obligar al lector a aceptar una conclusión determinada. Será, simplemente, observar cuidadosamente las evidencias y permitir que sea la propia creación la que dé su testimonio. Después de todo, como afirma la Escritura, “los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

La Biblia interpreta ese orden diciendo que el universo refleja la sabiduría del Creador.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.