01. Un día en la vida de Jesús, el teckton

Dr. Elio M Rivera

Antes de que saliera el sol — Jesús preparándose para trabajar

 Esta imagen es una recreación imaginativa de la vida cotidiana de Jesús, no un acontecimiento descrito directamente en los Evangelios. Sin embargo, resulta lógico pensar que una escena semejante pudo haber ocurrido, pues los trabajadores de Galilea acostumbraban comenzar sus jornadas muy temprano, especialmente cuando debían recorrer largas distancias para llegar al lugar de trabajo.

 Podemos imaginar a Jesús levantándose mientras todavía reinaba la oscuridad. A la tenue luz de una lámpara de aceite, preparaba sus herramientas procurando no despertar a sus hermanos, que permanecían dormidos sobre sus esteras en el suelo.

 Afuera, Nazaret todavía descansaba. El aire de la madrugada podía ser frío, y por delante le esperaba una larga jornada de esfuerzo físico. Como cualquier trabajador, Jesús necesitaba prepararse, caminar hasta su trabajo y cumplir con sus responsabilidades.

 «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros» (Juan 1:14, RVR1960).

 Y aquel Verbo que se hizo carne también conoció el sueño de las madrugadas, el frío antes del amanecer y la responsabilidad de levantarse para trabajar mientras los demás todavía dormían.

El largo camino hacia el trabajo. Caminando por los senderos de Galilea.

 Esta imagen es una recreación imaginativa de la vida laboral de Jesús, no un acontecimiento narrado directamente en los Evangelios. Sin embargo, resulta razonable pensar que una escena semejante pudo haber ocurrido, pues muchos trabajadores de Galilea debían recorrer largas distancias a pie para llegar a las construcciones donde encontraban empleo.

 Podemos imaginar a Jesús saliendo de Nazaret al amanecer, llevando sus herramientas y caminando junto a otros trabajadores por los senderos pedregosos de Galilea. Si trabajó en Séforis, como resulta históricamente plausible, habría recorrido varios kilómetros para llegar a aquella ciudad en construcción.

 El camino no siempre habría sido agradable. Durante el invierno, el viento frío golpeaba el rostro y las manos; en verano, el sol calentaba los senderos y aumentaba el cansancio. Y después de una larga jornada de esfuerzo físico, todavía quedaba el camino de regreso a casa.

 Jesús conoció verdaderamente la vida humana. Sus pies caminaron sobre la tierra de Galilea, su cuerpo estuvo expuesto a las condiciones del clima y su oficio exigió esfuerzo y resistencia.

«Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros» (Juan 1:14, RVR1960).

Y aquel Verbo que se hizo carne también caminó por los senderos de Galilea, sintió el frío de las madrugadas, soportó el calor del sol y conoció el cansancio de los hombres que recorrían largas distancias para ganarse el pan con el esfuerzo de sus manos.

También tuvo frío. Enfrentando el viento de una mañana de invierno.

 Esta imagen es una recreación imaginativa de la vida cotidiana de Jesús, no un acontecimiento narrado directamente en los Evangelios. Sin embargo, resulta lógico pensar que una escena semejante pudo haber ocurrido, pues los inviernos de Galilea podían ser fríos, húmedos y ventosos, especialmente durante las primeras horas de la mañana.

 Podemos imaginar a Jesús caminando hacia su trabajo, envolviéndose con fuerza en su manto para protegerse del viento helado. Sus manos entumecidas, su rostro contraído por el frío y sus pasos apresurados sobre los senderos húmedos nos recuerdan las dificultades que enfrentaban los trabajadores de aquella época.

 No había vehículos que lo transportaran ni calefacción que lo protegiera durante el camino. Como los demás hombres de su pueblo, debía enfrentar las condiciones del clima para cumplir con sus responsabilidades. Y al llegar a su trabajo, todavía le esperaba una larga jornada de esfuerzo físico.

 La Biblia nos recuerda que Jesús experimentó verdaderamente nuestra condición humana. El frío, el hambre, la sed y el cansancio no eran experiencias ajenas a su cuerpo.

 «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros» (Juan 1:14, RVR1960).

 Y aquel Verbo que se hizo carne también sintió el frío de las madrugadas de Galilea, se envolvió en su manto para protegerse del viento y conoció las incomodidades de los hombres que debían salir a trabajar aun cuando el clima no era favorable.

Bajo el sol de Galilea. Trabajando durante las altas temperaturas del verano.

 Esta imagen es una recreación imaginativa de la vida laboral de Jesús, no un acontecimiento narrado directamente en los Evangelios. Sin embargo, resulta lógico pensar que una escena semejante pudo haber ocurrido, pues los trabajadores de la construcción en Galilea debían realizar sus labores incluso durante los días más calurosos del verano.

 Podemos imaginar a Jesús trabajando bajo el intenso sol, levantando pesadas piedras, acomodando materiales y realizando esfuerzos físicos durante largas horas. El sudor corría por su rostro, empapaba su ropa y se mezclaba con el polvo que cubría sus brazos y sus manos.

 El calor podía resultar agobiante. La sed, el agotamiento muscular y la necesidad de encontrar un poco de sombra formaban parte de las dificultades que enfrentaban aquellos trabajadores. Y después de una jornada semejante, todavía quedaba el esfuerzo de regresar caminando a casa.

 Jesús no vivió protegido de las dificultades físicas de la existencia humana. La Biblia nos muestra que verdaderamente experimentó el cansancio y la sed (Juan 4:6-7). Su cuerpo estuvo sujeto a las mismas condiciones naturales que enfrentaban los demás hombres.

 «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros» (Juan 1:14, RVR1960).

 Y aquel Verbo que se hizo carne también sintió el ardor del sol sobre su piel, conoció el sudor que empapaba la ropa, experimentó la sed y soportó el agotamiento de los hombres que trabajaban largas jornadas bajo el intenso calor de Galilea.

El regreso a casa. Volviendo a Nazaret al atardecer.

 Esta imagen es una recreación imaginativa de la vida laboral de Jesús, no un acontecimiento narrado directamente en los Evangelios. Sin embargo, resulta lógico pensar que una escena semejante pudo haber ocurrido, pues muchos trabajadores debían regresar caminando a sus hogares después de largas jornadas de esfuerzo físico.

 Podemos imaginar a Jesús regresando a Nazaret al atardecer, con sus herramientas sobre los hombros y un odre para el agua. Sus piernas estaban cansadas, sus pies adoloridos y su ropa cubierta del polvo del trabajo. Delante de él todavía se extendía un largo camino pedregoso antes de llegar a casa.

 «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros» (Juan 1:14, RVR1960).

 Y aquel Verbo que se hizo carne también conoció el agotamiento de una jornada de trabajo, sintió el dolor de los pies cansados y recorrió los caminos de Galilea anhelando llegar a casa para descansar.

El descanso de un hombre cansado. Durmiendo después de una jornada de trabajo.

 Esta imagen es una recreación imaginativa de la vida familiar de Jesús, no un acontecimiento narrado directamente en los Evangelios. Sin embargo, resulta razonable pensar que una escena semejante pudo haber ocurrido, pues muchas familias humildes de Galilea dormían sobre esteras y mantas extendidas en el suelo.

 Podemos imaginar a Jesús profundamente dormido junto a sus hermanos, después de una larga jornada de trabajo. Su cuerpo estaba agotado, sus músculos adoloridos y sus pies cansados. Mientras María apagaba la pequeña lámpara de aceite, la humilde vivienda quedaba sumida en la oscuridad.

 Jesús conoció la necesidad humana de dormir y recuperar sus fuerzas. Los Evangelios nos muestran que incluso llegó a dormir profundamente en una barca durante una tormenta (Marcos 4:38).

 «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros» (Juan 1:14, RVR1960).

 Y aquel Verbo que se hizo carne también conoció el agotamiento del trabajo, sintió el dolor de los músculos cansados y necesitó cerrar sus ojos y dormir, como cualquier hombre que había entregado sus fuerzas durante una larga jornada.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.